Política
Comodoro: crímenes más violentos, crueldad infinita y delitos impunes; todo en medio de la indiferenciaPor Arturo Haffner (Comodoro Rivadavia Especial para EES).
Comodoro Rivadavia ya superó en estos meses la cantidad de homicidios registrados en 2015. Sin embargo, lo que más preocupa actualmente es la frecuencia con que se producen episodios de una violencia salvaje, de una magnitud que ha ido socavando la capacidad de sorpresa de una sociedad que se acostumbró peligrosamente a aceptar la impunidad y ciertas connivencias que deterioran su tejido social. Hay casos emblemáticos, mientras los tres poderes del Estado retroceden y hallan en la falta de recursos la coartada ideal para no dar respuestas a la minoría que las exige.
La aparición de un cuerpo calcinado en una playa de pescadores ubicada al norte de la ciudad no solo significó que a poco más de dos meses de concluir 2016 ya se haya superado la cantidad de homicidios de todo el año pasado en Comodoro Rivadavia, sino que puso de manifiesto una vez más que la crueldad emparentada con la sensación de impunidad llegó para quedarse.
El crimen de Claudio Boz recién fue identificado cuatro días después cerró también una semana trágica en una sociedad que ya no se conmueve por episodios que hasta ahora eran solo propios del cine clase B de Estados Unidos.
El lunes 12 de septiembre en el barrio Standart un suboficial de Prefectura al que apodaban el loco mató a sangre fría a su ex suegra; ex cuñado e hija adoptiva adolescente. El fin de semana anterior, Marcelo Soria (45 años) había dejado pagadas varias cuotas por anticipado en la escuelita de fútbol a la que asistían sus dos hijos pequeños, sobrevivientes de esa madrugada de fuego y muerte, junto a su madre. Me voy y quiero hacerlo tranquilo, comentó a sus ocasiones oyentes.
Este hecho motivó una marcha exigiendo justicia que concluyó en la sede de Prefectura. Ahora investigan si hicieron bien en devolverle el arma a quien se la habían incautado antes por una denuncia de violencia familiar.
Ese viernes, la marcha apenas superó el centenar de manifestantes. La mayoría lo hizo por un aspecto de la tragedia que todavía moviliza y conmociona: los crímenes de mujeres. Suman cuatro en lo que va de 2016 en Comodoro. Desde algún sector rápidamente se los califica de femicidios, lo cual es discutible legalmente. De cualquier forma, solo son matices.
La agresividad ha ido en crecimiento desde que en abril de 2008 un hombre mató a tiros a otro en el centro de la ciudad solamente por un lugar para estacionar. Nadie se sorprende por nada, y hasta los perros asesinan seres humanos: hubo dos casos este invierno.
Variaciones en rojo
Si bien no es para descorchar en medio de la violencia desencadenada la mayoría de los crímenes no tardan en resolverse, lo que se ve facilitado porque los homicidas son del círculo íntimo de las víctimas.
En los cuatro asesinatos de mujeres eso quedó en evidencia. A Vanesa Farías (38 años, embarazada de dos meses) la apuñaló en marzo su ex pareja, quien tres meses más tarde aparecería colgado en un oscuro departamento de Bahía Blanca.
A Valeria Palma (21 años) la mató a martillazos su esposo, que hoy pasa sus días entre la cárcel y el sector psiquiátrico del Hospital Regional
El prefecto asesino se pegó un tiro luego de haber matado a Lidia Contreras (54) y a Yasmin Espinoza (14).
De los otros 10 homicidios, la mayoría tuvieron que ver con ajustes de cuentas. Allí pagaron con su vida actores principales o de reparto de bandas que se han enquistado en amplios sectores periféricos de la zona sur de la ciudad, como informó El Extremo Sur en su edición de agosto.
Es esta cuestión deben concentrarse las autoridades para evitar males mayores. Hacen falta recursos humanos y tecnológicos. Ése es uno de los puntos de discordia entre voceros de la Secretaría de Seguridad municipal y el Ministerio de Gobierno provincial, donde quien sale a dar explicaciones no es su titular Rafael Williams, sino el jefe de Policía Juan Luis Ale, el mismo que hasta diciembre era diputado provincial por el Frente Para la Victoria (FPV) y por ende compañero de ruta del intendente de Comodoro, Carlos Linares.
Hoy, Ale da la cara en Comodoro para reiterar el mismo discurso que tuvo cuando tenía el mismo cargo en el anterior mandato de Das Neves. Reitera promesas y aporta pocas soluciones. Los vecinalistas le piden que vuelvan las cuadrículas que impulsó el ex ministro José Glinski. Esos móviles numerados recorrían en forma continua sectores predeterminados: eran útiles para la sociedad pero mellaron la influencia de los jefes de comisaría.
Tras negar su eficacia, Ale terminó concediendo que no es posible instrumentarlos de nuevo porque aumentó la nafta, hay menos plata y falta personal. Existen jurisdicciones que solo cuentan con 9 efectivos para velar por su seguridad.
Los robos más o menos violentos continuarán hasta nuevo aviso. No solo no se puede descorchar, sino que ni siquiera se puede ir guardando la bebida en el freezer.
Príncipes de la ciudad
La connivencia de algunos policías con bandas delictivas es más evidente que la de otros sectores de poder con las mismas. Por eso, son los primeros fusibles que saltan cuando alguien comete un descuido y queda expuesto, generalmente porque se cree impune.
Eso pasó con la banda que regenteaba un departamento VIP en pleno centro de la ciudad. El caso aporta varios datos de color que sintetizan la fisonomía que adquirió Comodoro a partir de la explosión del segundo boom petrolero. El negocio en cuestión funcionaba en una vivienda usurpada en la calle Francia 510. Al frente de la misma estaba una ciudadana paraguaya que mantenía una relación con un individuo de origen dominicano, aunque también tenía vínculos con el comisario Alejando Pulley, entonces jefe de la Seccional Primera.
Para el fiscal Martín Cárcamo, el comisario le daba cobertura al establecimiento. El
hombre hoy con libertad ambulatoria restringida a Trelew y Gaiman, donde ejerce la actividad comercial era titular de la Unidad Regional de Trelew hasta el día antes de que estallara el escándalo, siempre bajo protección de Juan Luis Ale. En su defensa, Pulley arguye que la madama era una informante que le proporcionaba valiosos datos en su lucha contra el crimen.
Cuando lo trasladaron al Valle, Pulley delegó su función de Serpico en el oficial Pedro Lázaro Benítez, hoy preso en Comodoro. La banda del VIP se completaba con César Alejandro Chatrán Hernández, quien se dedicaba a proveer con autos robados a clientes del departamento. Fue el último en caer: estaba en el hotel más lujoso de Puerto Madryn junto a una joven veinteañera.
En la última década, Chatrán estuvo involucrado en delitos que van desde el hurto hasta el homicidio. Más de un iniciado en historias delictivas sospecha a esta altura que si aún camina por las calles de la provincia es porque posee algún secreto importante.
¿Y el sistema judicial?
Es relevante el papel que debería cumplir el sistema judicial. Desde hace años es evidente la falta de personal y en algunos casos de preparación para brindar soluciones que aporten sentido común. Fuera del insólito argumento de que les conceden arrestos domiciliarios a peligrosos sujetos porque en la alcaidía o en comisarías carecen de gas o porque la capacidad está desbordada, queda en evidencia una notoria falta de criterios comunes que supuestamente deberían transmitir los jefes de fiscales. En el caso de Comodoro la responsabilidad es de Emilio Porras Hernández, el número dos de Jorge Miquelarena.
Dos casos recientes hablan por sí solos. Hace dos años, Enrique Ruiz detuvo a un sujeto identificado como Gustavo Martínez, quien poco antes le había quitado el celular a su hijo adolescente. Rápidamente fue liberado, aunque la causa continuó. El hombre realizó varios trámites el año pasado, aunque el teléfono nunca volvió a funcionar.
Ahora le avisaron que podía pasar a retirar los 50 pesos que habían acordado juez y abogado defensor en un juicio abreviado del cual el fiscal no tuvo noticias. La indignación estalló en las redes sociales.
Ese mismo día un juez subrogante, Miguel Caviglia, disponía que un sujeto acusado por un homicidio ocurrido en octubre de 2015 se fuera a su casa a cumplir una prisión domiciliaria que ningún policía puede controlar. A criterio de Caviglia, el acusado no podía obstaculizar la investigación ni intimar a la testigo de identidad reservada cuyo nombre es vox populi en el expediente.
Una hora más tarde y en gran parte debido a que los familiares de la víctima estaban atentos porque siguen la causa- otros dos jueces revocaron la decisión de Caviglia, abochornándolo sin ninguna contemplación. No es la primera vez que ocurre.
Mensajes en una pelota
A fines de septiembre, con la presencia de los jefes de la Unidad Regional en el acto de apertura, comenzó a disputarse en Comodoro Rivadavia el torneo de fútbol policial que se realiza desde hace 38 años. Lleva el nombre de Simón Esteban Saiegg, un oficial de la Brigada de Investigaciones que murió el pasado 21 de febrero, luego de agonizar seis días en el Hospital Regional por quemaduras sufridas mientras estaba en su casa junto a su novia, el hermano de ésta y otras personas.
De acuerdo a la versión oficial, el policía de 31 años se hallaba limpiando la parrilla a las 2 de la mañana cuando se desencadenó la tragedia a partir de un líquido que utilizó, altamente inflamable.
Pasaron varias horas hasta que llamaron a la ambulancia, ya que en principio los presentes le habrían tratado de prestar los primeros auxilios, que incluyeron ponerlo en la bañadera y abrir la ducha.
La madre y hermanos de Saiegg que viajaron desde Trelew de donde son oriundos pusieron en tela de juicio desde un primer momento la versión y dieron cuenta de varias irregularidades, como que con posterioridad al episodio manos anónimas se llevaron el disco rígido de la PC del policía.
Siete meses después, y mientras aguardan los resultados de las pericias efectuadas por personal de Gendarmería bajo la coordinación de la fiscal Cecilia Codina, los Saiegg mantienen sus dudas y siguen apuntándole a la novia de Simón, Mayra Bustos, hija del último jefe de Policía de Martín Buzzi.
Por Arturo Haffner (Comodoro Rivadavia Especial para EES).
Comodoro Rivadavia ya superó en estos meses la cantidad de homicidios registrados en 2015. Sin embargo, lo que más preocupa actualmente es la frecuencia con que se producen episodios de una violencia salvaje, de una magnitud que ha ido socavando la capacidad de sorpresa de una sociedad que se acostumbró peligrosamente a aceptar la impunidad y ciertas connivencias que deterioran su tejido social. Hay casos emblemáticos, mientras los tres poderes del Estado retroceden y hallan en la falta de recursos la coartada ideal para no dar respuestas a la minoría que las exige.
La aparición de un cuerpo calcinado en una playa de pescadores ubicada al norte de la ciudad no solo significó que a poco más de dos meses de concluir 2016 ya se haya superado la cantidad de homicidios de todo el año pasado en Comodoro Rivadavia, sino que puso de manifiesto una vez más que la crueldad emparentada con la sensación de impunidad llegó para quedarse.
El crimen de Claudio Boz recién fue identificado cuatro días después cerró también una semana trágica en una sociedad que ya no se conmueve por episodios que hasta ahora eran solo propios del cine clase B de Estados Unidos.
El lunes 12 de septiembre en el barrio Standart un suboficial de Prefectura al que apodaban el loco mató a sangre fría a su ex suegra; ex cuñado e hija adoptiva adolescente. El fin de semana anterior, Marcelo Soria (45 años) había dejado pagadas varias cuotas por anticipado en la escuelita de fútbol a la que asistían sus dos hijos pequeños, sobrevivientes de esa madrugada de fuego y muerte, junto a su madre. Me voy y quiero hacerlo tranquilo, comentó a sus ocasiones oyentes.
Este hecho motivó una marcha exigiendo justicia que concluyó en la sede de Prefectura. Ahora investigan si hicieron bien en devolverle el arma a quien se la habían incautado antes por una denuncia de violencia familiar.
Ese viernes, la marcha apenas superó el centenar de manifestantes. La mayoría lo hizo por un aspecto de la tragedia que todavía moviliza y conmociona: los crímenes de mujeres. Suman cuatro en lo que va de 2016 en Comodoro. Desde algún sector rápidamente se los califica de femicidios, lo cual es discutible legalmente. De cualquier forma, solo son matices.
La agresividad ha ido en crecimiento desde que en abril de 2008 un hombre mató a tiros a otro en el centro de la ciudad solamente por un lugar para estacionar. Nadie se sorprende por nada, y hasta los perros asesinan seres humanos: hubo dos casos este invierno.
Variaciones en rojo
Si bien no es para descorchar en medio de la violencia desencadenada la mayoría de los crímenes no tardan en resolverse, lo que se ve facilitado porque los homicidas son del círculo íntimo de las víctimas.
En los cuatro asesinatos de mujeres eso quedó en evidencia. A Vanesa Farías (38 años, embarazada de dos meses) la apuñaló en marzo su ex pareja, quien tres meses más tarde aparecería colgado en un oscuro departamento de Bahía Blanca.
A Valeria Palma (21 años) la mató a martillazos su esposo, que hoy pasa sus días entre la cárcel y el sector psiquiátrico del Hospital Regional
El prefecto asesino se pegó un tiro luego de haber matado a Lidia Contreras (54) y a Yasmin Espinoza (14).
De los otros 10 homicidios, la mayoría tuvieron que ver con ajustes de cuentas. Allí pagaron con su vida actores principales o de reparto de bandas que se han enquistado en amplios sectores periféricos de la zona sur de la ciudad, como informó El Extremo Sur en su edición de agosto.
Es esta cuestión deben concentrarse las autoridades para evitar males mayores. Hacen falta recursos humanos y tecnológicos. Ése es uno de los puntos de discordia entre voceros de la Secretaría de Seguridad municipal y el Ministerio de Gobierno provincial, donde quien sale a dar explicaciones no es su titular Rafael Williams, sino el jefe de Policía Juan Luis Ale, el mismo que hasta diciembre era diputado provincial por el Frente Para la Victoria (FPV) y por ende compañero de ruta del intendente de Comodoro, Carlos Linares.
Hoy, Ale da la cara en Comodoro para reiterar el mismo discurso que tuvo cuando tenía el mismo cargo en el anterior mandato de Das Neves. Reitera promesas y aporta pocas soluciones. Los vecinalistas le piden que vuelvan las cuadrículas que impulsó el ex ministro José Glinski. Esos móviles numerados recorrían en forma continua sectores predeterminados: eran útiles para la sociedad pero mellaron la influencia de los jefes de comisaría.
Tras negar su eficacia, Ale terminó concediendo que no es posible instrumentarlos de nuevo porque aumentó la nafta, hay menos plata y falta personal. Existen jurisdicciones que solo cuentan con 9 efectivos para velar por su seguridad.
Los robos más o menos violentos continuarán hasta nuevo aviso. No solo no se puede descorchar, sino que ni siquiera se puede ir guardando la bebida en el freezer.
Príncipes de la ciudad
La connivencia de algunos policías con bandas delictivas es más evidente que la de otros sectores de poder con las mismas. Por eso, son los primeros fusibles que saltan cuando alguien comete un descuido y queda expuesto, generalmente porque se cree impune.
Eso pasó con la banda que regenteaba un departamento VIP en pleno centro de la ciudad. El caso aporta varios datos de color que sintetizan la fisonomía que adquirió Comodoro a partir de la explosión del segundo boom petrolero. El negocio en cuestión funcionaba en una vivienda usurpada en la calle Francia 510. Al frente de la misma estaba una ciudadana paraguaya que mantenía una relación con un individuo de origen dominicano, aunque también tenía vínculos con el comisario Alejando Pulley, entonces jefe de la Seccional Primera.
Para el fiscal Martín Cárcamo, el comisario le daba cobertura al establecimiento. El
hombre hoy con libertad ambulatoria restringida a Trelew y Gaiman, donde ejerce la actividad comercial era titular de la Unidad Regional de Trelew hasta el día antes de que estallara el escándalo, siempre bajo protección de Juan Luis Ale. En su defensa, Pulley arguye que la madama era una informante que le proporcionaba valiosos datos en su lucha contra el crimen.
Cuando lo trasladaron al Valle, Pulley delegó su función de Serpico en el oficial Pedro Lázaro Benítez, hoy preso en Comodoro. La banda del VIP se completaba con César Alejandro Chatrán Hernández, quien se dedicaba a proveer con autos robados a clientes del departamento. Fue el último en caer: estaba en el hotel más lujoso de Puerto Madryn junto a una joven veinteañera.
En la última década, Chatrán estuvo involucrado en delitos que van desde el hurto hasta el homicidio. Más de un iniciado en historias delictivas sospecha a esta altura que si aún camina por las calles de la provincia es porque posee algún secreto importante.
¿Y el sistema judicial?
Es relevante el papel que debería cumplir el sistema judicial. Desde hace años es evidente la falta de personal y en algunos casos de preparación para brindar soluciones que aporten sentido común. Fuera del insólito argumento de que les conceden arrestos domiciliarios a peligrosos sujetos porque en la alcaidía o en comisarías carecen de gas o porque la capacidad está desbordada, queda en evidencia una notoria falta de criterios comunes que supuestamente deberían transmitir los jefes de fiscales. En el caso de Comodoro la responsabilidad es de Emilio Porras Hernández, el número dos de Jorge Miquelarena.
Dos casos recientes hablan por sí solos. Hace dos años, Enrique Ruiz detuvo a un sujeto identificado como Gustavo Martínez, quien poco antes le había quitado el celular a su hijo adolescente. Rápidamente fue liberado, aunque la causa continuó. El hombre realizó varios trámites el año pasado, aunque el teléfono nunca volvió a funcionar.
Ahora le avisaron que podía pasar a retirar los 50 pesos que habían acordado juez y abogado defensor en un juicio abreviado del cual el fiscal no tuvo noticias. La indignación estalló en las redes sociales.
Ese mismo día un juez subrogante, Miguel Caviglia, disponía que un sujeto acusado por un homicidio ocurrido en octubre de 2015 se fuera a su casa a cumplir una prisión domiciliaria que ningún policía puede controlar. A criterio de Caviglia, el acusado no podía obstaculizar la investigación ni intimar a la testigo de identidad reservada cuyo nombre es vox populi en el expediente.
Una hora más tarde y en gran parte debido a que los familiares de la víctima estaban atentos porque siguen la causa- otros dos jueces revocaron la decisión de Caviglia, abochornándolo sin ninguna contemplación. No es la primera vez que ocurre.
Mensajes en una pelota
A fines de septiembre, con la presencia de los jefes de la Unidad Regional en el acto de apertura, comenzó a disputarse en Comodoro Rivadavia el torneo de fútbol policial que se realiza desde hace 38 años. Lleva el nombre de Simón Esteban Saiegg, un oficial de la Brigada de Investigaciones que murió el pasado 21 de febrero, luego de agonizar seis días en el Hospital Regional por quemaduras sufridas mientras estaba en su casa junto a su novia, el hermano de ésta y otras personas.
De acuerdo a la versión oficial, el policía de 31 años se hallaba limpiando la parrilla a las 2 de la mañana cuando se desencadenó la tragedia a partir de un líquido que utilizó, altamente inflamable.
Pasaron varias horas hasta que llamaron a la ambulancia, ya que en principio los presentes le habrían tratado de prestar los primeros auxilios, que incluyeron ponerlo en la bañadera y abrir la ducha.
La madre y hermanos de Saiegg que viajaron desde Trelew de donde son oriundos pusieron en tela de juicio desde un primer momento la versión y dieron cuenta de varias irregularidades, como que con posterioridad al episodio manos anónimas se llevaron el disco rígido de la PC del policía.
Siete meses después, y mientras aguardan los resultados de las pericias efectuadas por personal de Gendarmería bajo la coordinación de la fiscal Cecilia Codina, los Saiegg mantienen sus dudas y siguen apuntándole a la novia de Simón, Mayra Bustos, hija del último jefe de Policía de Martín Buzzi.
Comodoro Rivadavia ya superó en estos meses la cantidad de homicidios registrados en 2015. Sin embargo, lo que más preocupa actualmente es la frecuencia con que se producen episodios de una violencia salvaje, de una magnitud que ha ido socavando la capacidad de sorpresa de una sociedad que se acostumbró peligrosamente a aceptar la impunidad y ciertas connivencias que deterioran su tejido social. Hay casos emblemáticos, mientras los tres poderes del Estado retroceden y hallan en la falta de recursos la coartada ideal para no dar respuestas a la minoría que las exige.
La aparición de un cuerpo calcinado en una playa de pescadores ubicada al norte de la ciudad no solo significó que a poco más de dos meses de concluir 2016 ya se haya superado la cantidad de homicidios de todo el año pasado en Comodoro Rivadavia, sino que puso de manifiesto una vez más que la crueldad emparentada con la sensación de impunidad llegó para quedarse.
El crimen de Claudio Boz recién fue identificado cuatro días después cerró también una semana trágica en una sociedad que ya no se conmueve por episodios que hasta ahora eran solo propios del cine clase B de Estados Unidos.
El lunes 12 de septiembre en el barrio Standart un suboficial de Prefectura al que apodaban el loco mató a sangre fría a su ex suegra; ex cuñado e hija adoptiva adolescente. El fin de semana anterior, Marcelo Soria (45 años) había dejado pagadas varias cuotas por anticipado en la escuelita de fútbol a la que asistían sus dos hijos pequeños, sobrevivientes de esa madrugada de fuego y muerte, junto a su madre. Me voy y quiero hacerlo tranquilo, comentó a sus ocasiones oyentes.
Este hecho motivó una marcha exigiendo justicia que concluyó en la sede de Prefectura. Ahora investigan si hicieron bien en devolverle el arma a quien se la habían incautado antes por una denuncia de violencia familiar.
Ese viernes, la marcha apenas superó el centenar de manifestantes. La mayoría lo hizo por un aspecto de la tragedia que todavía moviliza y conmociona: los crímenes de mujeres. Suman cuatro en lo que va de 2016 en Comodoro. Desde algún sector rápidamente se los califica de femicidios, lo cual es discutible legalmente. De cualquier forma, solo son matices.
La agresividad ha ido en crecimiento desde que en abril de 2008 un hombre mató a tiros a otro en el centro de la ciudad solamente por un lugar para estacionar. Nadie se sorprende por nada, y hasta los perros asesinan seres humanos: hubo dos casos este invierno.
Variaciones en rojo
Si bien no es para descorchar en medio de la violencia desencadenada la mayoría de los crímenes no tardan en resolverse, lo que se ve facilitado porque los homicidas son del círculo íntimo de las víctimas.
En los cuatro asesinatos de mujeres eso quedó en evidencia. A Vanesa Farías (38 años, embarazada de dos meses) la apuñaló en marzo su ex pareja, quien tres meses más tarde aparecería colgado en un oscuro departamento de Bahía Blanca.
A Valeria Palma (21 años) la mató a martillazos su esposo, que hoy pasa sus días entre la cárcel y el sector psiquiátrico del Hospital Regional
El prefecto asesino se pegó un tiro luego de haber matado a Lidia Contreras (54) y a Yasmin Espinoza (14).
De los otros 10 homicidios, la mayoría tuvieron que ver con ajustes de cuentas. Allí pagaron con su vida actores principales o de reparto de bandas que se han enquistado en amplios sectores periféricos de la zona sur de la ciudad, como informó El Extremo Sur en su edición de agosto.
Es esta cuestión deben concentrarse las autoridades para evitar males mayores. Hacen falta recursos humanos y tecnológicos. Ése es uno de los puntos de discordia entre voceros de la Secretaría de Seguridad municipal y el Ministerio de Gobierno provincial, donde quien sale a dar explicaciones no es su titular Rafael Williams, sino el jefe de Policía Juan Luis Ale, el mismo que hasta diciembre era diputado provincial por el Frente Para la Victoria (FPV) y por ende compañero de ruta del intendente de Comodoro, Carlos Linares.
Hoy, Ale da la cara en Comodoro para reiterar el mismo discurso que tuvo cuando tenía el mismo cargo en el anterior mandato de Das Neves. Reitera promesas y aporta pocas soluciones. Los vecinalistas le piden que vuelvan las cuadrículas que impulsó el ex ministro José Glinski. Esos móviles numerados recorrían en forma continua sectores predeterminados: eran útiles para la sociedad pero mellaron la influencia de los jefes de comisaría.
Tras negar su eficacia, Ale terminó concediendo que no es posible instrumentarlos de nuevo porque aumentó la nafta, hay menos plata y falta personal. Existen jurisdicciones que solo cuentan con 9 efectivos para velar por su seguridad.
Los robos más o menos violentos continuarán hasta nuevo aviso. No solo no se puede descorchar, sino que ni siquiera se puede ir guardando la bebida en el freezer.
Príncipes de la ciudad
La connivencia de algunos policías con bandas delictivas es más evidente que la de otros sectores de poder con las mismas. Por eso, son los primeros fusibles que saltan cuando alguien comete un descuido y queda expuesto, generalmente porque se cree impune.
Eso pasó con la banda que regenteaba un departamento VIP en pleno centro de la ciudad. El caso aporta varios datos de color que sintetizan la fisonomía que adquirió Comodoro a partir de la explosión del segundo boom petrolero. El negocio en cuestión funcionaba en una vivienda usurpada en la calle Francia 510. Al frente de la misma estaba una ciudadana paraguaya que mantenía una relación con un individuo de origen dominicano, aunque también tenía vínculos con el comisario Alejando Pulley, entonces jefe de la Seccional Primera.
Para el fiscal Martín Cárcamo, el comisario le daba cobertura al establecimiento. El
hombre hoy con libertad ambulatoria restringida a Trelew y Gaiman, donde ejerce la actividad comercial era titular de la Unidad Regional de Trelew hasta el día antes de que estallara el escándalo, siempre bajo protección de Juan Luis Ale. En su defensa, Pulley arguye que la madama era una informante que le proporcionaba valiosos datos en su lucha contra el crimen.
Cuando lo trasladaron al Valle, Pulley delegó su función de Serpico en el oficial Pedro Lázaro Benítez, hoy preso en Comodoro. La banda del VIP se completaba con César Alejandro Chatrán Hernández, quien se dedicaba a proveer con autos robados a clientes del departamento. Fue el último en caer: estaba en el hotel más lujoso de Puerto Madryn junto a una joven veinteañera.
En la última década, Chatrán estuvo involucrado en delitos que van desde el hurto hasta el homicidio. Más de un iniciado en historias delictivas sospecha a esta altura que si aún camina por las calles de la provincia es porque posee algún secreto importante.
¿Y el sistema judicial?
Es relevante el papel que debería cumplir el sistema judicial. Desde hace años es evidente la falta de personal y en algunos casos de preparación para brindar soluciones que aporten sentido común. Fuera del insólito argumento de que les conceden arrestos domiciliarios a peligrosos sujetos porque en la alcaidía o en comisarías carecen de gas o porque la capacidad está desbordada, queda en evidencia una notoria falta de criterios comunes que supuestamente deberían transmitir los jefes de fiscales. En el caso de Comodoro la responsabilidad es de Emilio Porras Hernández, el número dos de Jorge Miquelarena.
Dos casos recientes hablan por sí solos. Hace dos años, Enrique Ruiz detuvo a un sujeto identificado como Gustavo Martínez, quien poco antes le había quitado el celular a su hijo adolescente. Rápidamente fue liberado, aunque la causa continuó. El hombre realizó varios trámites el año pasado, aunque el teléfono nunca volvió a funcionar.
Ahora le avisaron que podía pasar a retirar los 50 pesos que habían acordado juez y abogado defensor en un juicio abreviado del cual el fiscal no tuvo noticias. La indignación estalló en las redes sociales.
Ese mismo día un juez subrogante, Miguel Caviglia, disponía que un sujeto acusado por un homicidio ocurrido en octubre de 2015 se fuera a su casa a cumplir una prisión domiciliaria que ningún policía puede controlar. A criterio de Caviglia, el acusado no podía obstaculizar la investigación ni intimar a la testigo de identidad reservada cuyo nombre es vox populi en el expediente.
Una hora más tarde y en gran parte debido a que los familiares de la víctima estaban atentos porque siguen la causa- otros dos jueces revocaron la decisión de Caviglia, abochornándolo sin ninguna contemplación. No es la primera vez que ocurre.
Mensajes en una pelota
A fines de septiembre, con la presencia de los jefes de la Unidad Regional en el acto de apertura, comenzó a disputarse en Comodoro Rivadavia el torneo de fútbol policial que se realiza desde hace 38 años. Lleva el nombre de Simón Esteban Saiegg, un oficial de la Brigada de Investigaciones que murió el pasado 21 de febrero, luego de agonizar seis días en el Hospital Regional por quemaduras sufridas mientras estaba en su casa junto a su novia, el hermano de ésta y otras personas.
De acuerdo a la versión oficial, el policía de 31 años se hallaba limpiando la parrilla a las 2 de la mañana cuando se desencadenó la tragedia a partir de un líquido que utilizó, altamente inflamable.
Pasaron varias horas hasta que llamaron a la ambulancia, ya que en principio los presentes le habrían tratado de prestar los primeros auxilios, que incluyeron ponerlo en la bañadera y abrir la ducha.
La madre y hermanos de Saiegg que viajaron desde Trelew de donde son oriundos pusieron en tela de juicio desde un primer momento la versión y dieron cuenta de varias irregularidades, como que con posterioridad al episodio manos anónimas se llevaron el disco rígido de la PC del policía.
Siete meses después, y mientras aguardan los resultados de las pericias efectuadas por personal de Gendarmería bajo la coordinación de la fiscal Cecilia Codina, los Saiegg mantienen sus dudas y siguen apuntándole a la novia de Simón, Mayra Bustos, hija del último jefe de Policía de Martín Buzzi.