Petróleo
Pereyra SRLFirmaron sociedades pensadas para los diversos nichos de la actividad petrolera y gremial. Abarcan desde el transporte hasta la salud y cobranza de deudas.
Los 30 le pisaban los talones cuando decidió buscar en Neuquén una oportunidad de trabajo que no le garantizaba Bowen, su pueblito mendocino natal cerca de General Alvear.
Eran los inicios de los ´70, cuando la provincia despuntaba como fuerte proveedora de hidroelectricidad, gas y petróleo para la pampa húmeda y el litoral argentino.
Guillermo Juan Pereyra, alias El Caballo, pidió trabajar en la primera petrolera que se le cruzó. Changarín fue el puesto que le dieron. En algún momento también se lo vio como custodio de El Farolito, el recordado boliche al que iban petroleros deseosos de esparcimiento. Pero a las tres semanas consiguió algo mejor en la perforadora Astrafor. Y sin escalas pasó de ayudante de boca de pozo a enganchador de tuberías, a 27 metros de altura.
No pasó mucho tiempo hasta que se vio seducido por la actividad gremial, en un sindicato que daba sus primeros pasos al mando de Hugo Rozar. Éste vio en Pereyra -ya delegado- un hombre inquieto y con temperamento. Por eso lo invitó a integrar la comisión directiva como Secretario Administrativo. Pocos días antes del golpe del 76, Rozar murió y el gremio permaneció intervenido por los militares hasta 1983, cuando Pereyra vio la oportunidad de liderarlo. No le fue fácil. Consiguió el mando por apenas 62 votos.
Sin embargo, desde entonces no sólo nunca se despegó del poder. Lo multiplicó de tal modo que resultó imbatible para sus opositores. También para los políticos.
Hoy, a los 73 años, El Caballo lo probó todo: funcionario de Trabajo de Sobisch, diputado provincial, senador nacional, director de YPF, adjunto de la CGT y mandamás de un gremio fuerte en tres provincias.
Moviliza masas obreras por millares, y con ellas muestra fusta y presión. Domina a empresarios petroleros. En el gremio está encaramado desde hace 33 años y nadie lo sacará hasta el 2020, por lo menos. Arrasó no sólo en las elecciones sindicales; también en las legislativas que lo catapultaron en el Senado como presidente de la influyente Comisión de Minería, Energía y Combustibles. A fuerza de internas, destronó a números puestos del MPN y, hoy por hoy, se muestra en el partido como un padrino aglutinador y referencial.
Por añadidura, se convirtió en el sindicalista más mimado del presidente Mauricio Macri, por haber sido la llave de sus deseos de cambiar los convenios colectivos de trabajo para reducir costos y aumentar productividad.
Una abultada billetera
Los negocios que el senador y gremialista viene haciendo al ritmo del bombeo de crudo son millonarios (aun cuando las cifras totales manejadas representen una cuestión tabú). De todos modos, muchos de esos millones son exhibidos en edificaciones deslumbrantes para beneficio de los afiliados de una geografía vasta, pero también para ostentación de poder.
La billetera gremial, que hoy cosecharía un piso de 2.500 millones de pesos al año con la retención del 18% promedio del salario bruto de los trabajadores petroleros y del aporte patronal, podría verse engrosada en 500 millones más con la puesta en marcha de la nueva ART de la mutual petrolera propia (más detalles en la edición de mañana). Esa billetera incluye plazos fijos que, en 2015, ya eran de 1.800 millones de pesos.
Paralelamente, el entorno familiar directo del sindicalista no ha perdido la oportunidad de desarrollar negocios particulares a través de la creación de una decena de empresas, varias de las cuales -llamativamente- están relacionadas con la actividad petrolera, con requerimientos constructivos u operativos del gremio, o con sus nichos a desarrollar, como la salud.
¿Pereyra tiene intereses en estos negocios? No hay evidencia de su participación en las constituciones societarias. Sin embargo, sí se ha podido comprobar el involucramiento de sociedades integradas por familiares, amigos y hasta empleados en construcciones, cobranzas y trabajos realizados para el Sindicato de Petróleo y Gas Privado, su Mutual, su Obra Social y centros recreativos que dirige.
Hay distintos anillos en el universo cercano a Pereyra:
Su ex esposa Norma Martínez (con quien el gremialista prolongó una buena relación) y sus hijos Paola Alejandra, Martín Guillermo y Flavio David son empresarios en firmas de las más diversas actividades.
Hay también, familiares políticos del sindicalista que aparecen al frente de otras sociedades.
Un empleado calificado de Pereyra en el Senado constituyó una consultora ambiental junto a un hijo del gremialista.
Un antiguo empleado del sindicato integró una constructora que participó en la edificación de la suntuosa Mutual de 12 pisos, recientemente inaugurada, y de otros establecimientos del gremio.
La ex esposa y la hija, curiosamente, estuvieron durante algunos meses al frente de una de las más importantes empresas de servicios petroleros de la región, propiedad del empresario Claudio Urcera.
Hay una firma de soluciones ambientales que es señalada como muy cercana a los intereses de Pereyra, sospecha alimentada cuando el propio gremio la promocionó con énfasis. Un ex empleado municipal la creó y un simpatizante del senador la maneja. Otra empresa que administra un servicio de verificación técnica vehicular invitó a Pereyra a su inauguración y le alquila a la ex esposa el predio y el galpón.
Apasionados del transporte
Los Martínez-Pereyra generaron sociedades que apuntaron directamente a actividades subsidiarias del negocio hidrocarburífero: el transporte de combustibles, la verificación técnica de rodados y el área ambiental. Y crearon otras firmas que parecen encajar en las necesidades actuales o futuras del gremio: búsqueda de recursos humanos, cobranzas de deudas impagas, innovación tecnológica, gerenciamiento de empresas de salud, marketing y servicio de apoyo para extracción de hidrocarburos.
El área del transporte de petróleo es el que más suele reportar beneficios, siempre que -claro está- se tenga la posibilidad de ingresar en un selecto grupo de operadores. Aquí hay (o hubo durante años) dos abrepuertas del negocio que el mundo petrolero conoce bien: YPF, con su poder para orientar contratos, y el gremio, con su capacidad para allanarlos (o no entorpecerlos).
El propio Pereyra vio la veta. Siendo jefe del sindicato, no tuvo pudor en crear a inicios de 2001 la empresa Transporte Horizonte SRL. Lo hizo en sociedad con sus eternos mano derecha Ricardo Astrada, Carlos Lorenzo y Osvaldo Marín (aún forman parte de la comisión directiva del gremio). En 2002 se dio cuenta de que debía disimular el negocio y los cuatro popes gremiales transfirieron la sociedad a Norma Martínez (ex esposa) y Vicente Ventimiglia.
Un año más tarde, Transporte Horizonte mudó a Soitué SRL, creada por Norma y los tres hijos: Paola, Flavio y Martín. El objeto social señala: transporte de cargas y pasajeros. Pero en 2012 le agregaron uno más: inspección técnica obligatoria de transporte de pasajeros y carga. Más aún, crearon una página y el logo para la verificadora técnica vehicular. Coincidencia o no, en 2014 se inaugura un taller de VTV en cercanías de una curva peligrosa de la Ruta 151, cerca de Cinco Saltos, un sitio inapropiado para un emprendimiento de este tipo. El predio y la construcción pertenecen a Norma Martínez, confirmó a este diario una fuente de ITV S.A, la firma que gerencia Técnica Sur, que nació vinculada al cuartel de Bomberos de San Martín de los Andes (entidad sin fines de lucro, que no pudo evitar lucrar en este caso). Pereyra fue una de las figuras de la inauguración sin que se supiera qué tenía que ver con una verificadora.
Norma Martínez siguió con la saga Soitué y fundó en mayo de 2007 Transportes Soitué SA junto a un funcionario del Tribunal de Cuentas de Neuquén, dedicada también a servicio de transporte de pasajeros y carga con el añadido de preparación y limpieza de tanques de petróleo y cañerías.
Para ratificar que el transporte de combustibles es lo suyo, Norma Martínez también fue presidenta en 2012 de VDN SA -con una participación social de 1.600.000 pesos de entonces-, y su hija Paola directora suplente. VDN y TSB son las principales compañías del grupo del empresario cipoleño Claudio Urcera, padre del consagrado piloto de TC Manuel. VDN está radicada en Buenos Aires pero opera en la región. Resulta llamativo que Urcera haya cedido por seis meses el control total de esa empresa que moviliza enormes camiones-tanque a la esposa de Pereyra, allá por diciembre de 2011. Legisladores neuquinos detectaron ese mes importantes movimientos financieros realizados entre VDN y una cuenta bancaria que pertenecía a Norma Martínez y a Martín Pereyra. Registros societarios confirman que la ex esposa de Guillermo Pereyra ya venía desempeñándose como accionista de VDN en 2010.
Otro empresario, Mario Cifuentes, investigado por este diario por su meteórico emporio de 20 empresas asociadas al petróleo, habría prestado sus camiones a la firma. Con Pereyra somos buenos amigos, reconoció Cifuentes a este diario.
Personas muy cercanas al oficialismo nacional no descartaron que, en breve, los Pereyra obtengan autorización para operar una verificadora de camiones, colectivos y autos en general. Coincidiría con las buenas migas entre Nación y el senador, y el hecho de que Técnica Sur no mantendría hoy aceitado vínculo con la locadora, ex mujer del gremialista.
Fuente: Río Negro
Firmaron sociedades pensadas para los diversos nichos de la actividad petrolera y gremial. Abarcan desde el transporte hasta la salud y cobranza de deudas.
Los 30 le pisaban los talones cuando decidió buscar en Neuquén una oportunidad de trabajo que no le garantizaba Bowen, su pueblito mendocino natal cerca de General Alvear.
Eran los inicios de los ´70, cuando la provincia despuntaba como fuerte proveedora de hidroelectricidad, gas y petróleo para la pampa húmeda y el litoral argentino.
Guillermo Juan Pereyra, alias El Caballo, pidió trabajar en la primera petrolera que se le cruzó. Changarín fue el puesto que le dieron. En algún momento también se lo vio como custodio de El Farolito, el recordado boliche al que iban petroleros deseosos de esparcimiento. Pero a las tres semanas consiguió algo mejor en la perforadora Astrafor. Y sin escalas pasó de ayudante de boca de pozo a enganchador de tuberías, a 27 metros de altura.
No pasó mucho tiempo hasta que se vio seducido por la actividad gremial, en un sindicato que daba sus primeros pasos al mando de Hugo Rozar. Éste vio en Pereyra -ya delegado- un hombre inquieto y con temperamento. Por eso lo invitó a integrar la comisión directiva como Secretario Administrativo. Pocos días antes del golpe del 76, Rozar murió y el gremio permaneció intervenido por los militares hasta 1983, cuando Pereyra vio la oportunidad de liderarlo. No le fue fácil. Consiguió el mando por apenas 62 votos.
Sin embargo, desde entonces no sólo nunca se despegó del poder. Lo multiplicó de tal modo que resultó imbatible para sus opositores. También para los políticos.
Hoy, a los 73 años, El Caballo lo probó todo: funcionario de Trabajo de Sobisch, diputado provincial, senador nacional, director de YPF, adjunto de la CGT y mandamás de un gremio fuerte en tres provincias.
Moviliza masas obreras por millares, y con ellas muestra fusta y presión. Domina a empresarios petroleros. En el gremio está encaramado desde hace 33 años y nadie lo sacará hasta el 2020, por lo menos. Arrasó no sólo en las elecciones sindicales; también en las legislativas que lo catapultaron en el Senado como presidente de la influyente Comisión de Minería, Energía y Combustibles. A fuerza de internas, destronó a números puestos del MPN y, hoy por hoy, se muestra en el partido como un padrino aglutinador y referencial.
Por añadidura, se convirtió en el sindicalista más mimado del presidente Mauricio Macri, por haber sido la llave de sus deseos de cambiar los convenios colectivos de trabajo para reducir costos y aumentar productividad.
Una abultada billetera
Los negocios que el senador y gremialista viene haciendo al ritmo del bombeo de crudo son millonarios (aun cuando las cifras totales manejadas representen una cuestión tabú). De todos modos, muchos de esos millones son exhibidos en edificaciones deslumbrantes para beneficio de los afiliados de una geografía vasta, pero también para ostentación de poder.
La billetera gremial, que hoy cosecharía un piso de 2.500 millones de pesos al año con la retención del 18% promedio del salario bruto de los trabajadores petroleros y del aporte patronal, podría verse engrosada en 500 millones más con la puesta en marcha de la nueva ART de la mutual petrolera propia (más detalles en la edición de mañana). Esa billetera incluye plazos fijos que, en 2015, ya eran de 1.800 millones de pesos.
Paralelamente, el entorno familiar directo del sindicalista no ha perdido la oportunidad de desarrollar negocios particulares a través de la creación de una decena de empresas, varias de las cuales -llamativamente- están relacionadas con la actividad petrolera, con requerimientos constructivos u operativos del gremio, o con sus nichos a desarrollar, como la salud.
¿Pereyra tiene intereses en estos negocios? No hay evidencia de su participación en las constituciones societarias. Sin embargo, sí se ha podido comprobar el involucramiento de sociedades integradas por familiares, amigos y hasta empleados en construcciones, cobranzas y trabajos realizados para el Sindicato de Petróleo y Gas Privado, su Mutual, su Obra Social y centros recreativos que dirige.
Hay distintos anillos en el universo cercano a Pereyra:
Su ex esposa Norma Martínez (con quien el gremialista prolongó una buena relación) y sus hijos Paola Alejandra, Martín Guillermo y Flavio David son empresarios en firmas de las más diversas actividades.
Hay también, familiares políticos del sindicalista que aparecen al frente de otras sociedades.
Un empleado calificado de Pereyra en el Senado constituyó una consultora ambiental junto a un hijo del gremialista.
Un antiguo empleado del sindicato integró una constructora que participó en la edificación de la suntuosa Mutual de 12 pisos, recientemente inaugurada, y de otros establecimientos del gremio.
La ex esposa y la hija, curiosamente, estuvieron durante algunos meses al frente de una de las más importantes empresas de servicios petroleros de la región, propiedad del empresario Claudio Urcera.
Hay una firma de soluciones ambientales que es señalada como muy cercana a los intereses de Pereyra, sospecha alimentada cuando el propio gremio la promocionó con énfasis. Un ex empleado municipal la creó y un simpatizante del senador la maneja. Otra empresa que administra un servicio de verificación técnica vehicular invitó a Pereyra a su inauguración y le alquila a la ex esposa el predio y el galpón.
Apasionados del transporte
Los Martínez-Pereyra generaron sociedades que apuntaron directamente a actividades subsidiarias del negocio hidrocarburífero: el transporte de combustibles, la verificación técnica de rodados y el área ambiental. Y crearon otras firmas que parecen encajar en las necesidades actuales o futuras del gremio: búsqueda de recursos humanos, cobranzas de deudas impagas, innovación tecnológica, gerenciamiento de empresas de salud, marketing y servicio de apoyo para extracción de hidrocarburos.
El área del transporte de petróleo es el que más suele reportar beneficios, siempre que -claro está- se tenga la posibilidad de ingresar en un selecto grupo de operadores. Aquí hay (o hubo durante años) dos abrepuertas del negocio que el mundo petrolero conoce bien: YPF, con su poder para orientar contratos, y el gremio, con su capacidad para allanarlos (o no entorpecerlos).
El propio Pereyra vio la veta. Siendo jefe del sindicato, no tuvo pudor en crear a inicios de 2001 la empresa Transporte Horizonte SRL. Lo hizo en sociedad con sus eternos mano derecha Ricardo Astrada, Carlos Lorenzo y Osvaldo Marín (aún forman parte de la comisión directiva del gremio). En 2002 se dio cuenta de que debía disimular el negocio y los cuatro popes gremiales transfirieron la sociedad a Norma Martínez (ex esposa) y Vicente Ventimiglia.
Un año más tarde, Transporte Horizonte mudó a Soitué SRL, creada por Norma y los tres hijos: Paola, Flavio y Martín. El objeto social señala: transporte de cargas y pasajeros. Pero en 2012 le agregaron uno más: inspección técnica obligatoria de transporte de pasajeros y carga. Más aún, crearon una página y el logo para la verificadora técnica vehicular. Coincidencia o no, en 2014 se inaugura un taller de VTV en cercanías de una curva peligrosa de la Ruta 151, cerca de Cinco Saltos, un sitio inapropiado para un emprendimiento de este tipo. El predio y la construcción pertenecen a Norma Martínez, confirmó a este diario una fuente de ITV S.A, la firma que gerencia Técnica Sur, que nació vinculada al cuartel de Bomberos de San Martín de los Andes (entidad sin fines de lucro, que no pudo evitar lucrar en este caso). Pereyra fue una de las figuras de la inauguración sin que se supiera qué tenía que ver con una verificadora.
Norma Martínez siguió con la saga Soitué y fundó en mayo de 2007 Transportes Soitué SA junto a un funcionario del Tribunal de Cuentas de Neuquén, dedicada también a servicio de transporte de pasajeros y carga con el añadido de preparación y limpieza de tanques de petróleo y cañerías.
Para ratificar que el transporte de combustibles es lo suyo, Norma Martínez también fue presidenta en 2012 de VDN SA -con una participación social de 1.600.000 pesos de entonces-, y su hija Paola directora suplente. VDN y TSB son las principales compañías del grupo del empresario cipoleño Claudio Urcera, padre del consagrado piloto de TC Manuel. VDN está radicada en Buenos Aires pero opera en la región. Resulta llamativo que Urcera haya cedido por seis meses el control total de esa empresa que moviliza enormes camiones-tanque a la esposa de Pereyra, allá por diciembre de 2011. Legisladores neuquinos detectaron ese mes importantes movimientos financieros realizados entre VDN y una cuenta bancaria que pertenecía a Norma Martínez y a Martín Pereyra. Registros societarios confirman que la ex esposa de Guillermo Pereyra ya venía desempeñándose como accionista de VDN en 2010.
Otro empresario, Mario Cifuentes, investigado por este diario por su meteórico emporio de 20 empresas asociadas al petróleo, habría prestado sus camiones a la firma. Con Pereyra somos buenos amigos, reconoció Cifuentes a este diario.
Personas muy cercanas al oficialismo nacional no descartaron que, en breve, los Pereyra obtengan autorización para operar una verificadora de camiones, colectivos y autos en general. Coincidiría con las buenas migas entre Nación y el senador, y el hecho de que Técnica Sur no mantendría hoy aceitado vínculo con la locadora, ex mujer del gremialista.
Fuente: Río Negro
Los 30 le pisaban los talones cuando decidió buscar en Neuquén una oportunidad de trabajo que no le garantizaba Bowen, su pueblito mendocino natal cerca de General Alvear.
Eran los inicios de los ´70, cuando la provincia despuntaba como fuerte proveedora de hidroelectricidad, gas y petróleo para la pampa húmeda y el litoral argentino.
Guillermo Juan Pereyra, alias El Caballo, pidió trabajar en la primera petrolera que se le cruzó. Changarín fue el puesto que le dieron. En algún momento también se lo vio como custodio de El Farolito, el recordado boliche al que iban petroleros deseosos de esparcimiento. Pero a las tres semanas consiguió algo mejor en la perforadora Astrafor. Y sin escalas pasó de ayudante de boca de pozo a enganchador de tuberías, a 27 metros de altura.
No pasó mucho tiempo hasta que se vio seducido por la actividad gremial, en un sindicato que daba sus primeros pasos al mando de Hugo Rozar. Éste vio en Pereyra -ya delegado- un hombre inquieto y con temperamento. Por eso lo invitó a integrar la comisión directiva como Secretario Administrativo. Pocos días antes del golpe del 76, Rozar murió y el gremio permaneció intervenido por los militares hasta 1983, cuando Pereyra vio la oportunidad de liderarlo. No le fue fácil. Consiguió el mando por apenas 62 votos.
Sin embargo, desde entonces no sólo nunca se despegó del poder. Lo multiplicó de tal modo que resultó imbatible para sus opositores. También para los políticos.
Hoy, a los 73 años, El Caballo lo probó todo: funcionario de Trabajo de Sobisch, diputado provincial, senador nacional, director de YPF, adjunto de la CGT y mandamás de un gremio fuerte en tres provincias.
Moviliza masas obreras por millares, y con ellas muestra fusta y presión. Domina a empresarios petroleros. En el gremio está encaramado desde hace 33 años y nadie lo sacará hasta el 2020, por lo menos. Arrasó no sólo en las elecciones sindicales; también en las legislativas que lo catapultaron en el Senado como presidente de la influyente Comisión de Minería, Energía y Combustibles. A fuerza de internas, destronó a números puestos del MPN y, hoy por hoy, se muestra en el partido como un padrino aglutinador y referencial.
Por añadidura, se convirtió en el sindicalista más mimado del presidente Mauricio Macri, por haber sido la llave de sus deseos de cambiar los convenios colectivos de trabajo para reducir costos y aumentar productividad.
Una abultada billetera
Los negocios que el senador y gremialista viene haciendo al ritmo del bombeo de crudo son millonarios (aun cuando las cifras totales manejadas representen una cuestión tabú). De todos modos, muchos de esos millones son exhibidos en edificaciones deslumbrantes para beneficio de los afiliados de una geografía vasta, pero también para ostentación de poder.
La billetera gremial, que hoy cosecharía un piso de 2.500 millones de pesos al año con la retención del 18% promedio del salario bruto de los trabajadores petroleros y del aporte patronal, podría verse engrosada en 500 millones más con la puesta en marcha de la nueva ART de la mutual petrolera propia (más detalles en la edición de mañana). Esa billetera incluye plazos fijos que, en 2015, ya eran de 1.800 millones de pesos.
Paralelamente, el entorno familiar directo del sindicalista no ha perdido la oportunidad de desarrollar negocios particulares a través de la creación de una decena de empresas, varias de las cuales -llamativamente- están relacionadas con la actividad petrolera, con requerimientos constructivos u operativos del gremio, o con sus nichos a desarrollar, como la salud.
¿Pereyra tiene intereses en estos negocios? No hay evidencia de su participación en las constituciones societarias. Sin embargo, sí se ha podido comprobar el involucramiento de sociedades integradas por familiares, amigos y hasta empleados en construcciones, cobranzas y trabajos realizados para el Sindicato de Petróleo y Gas Privado, su Mutual, su Obra Social y centros recreativos que dirige.
Hay distintos anillos en el universo cercano a Pereyra:
Su ex esposa Norma Martínez (con quien el gremialista prolongó una buena relación) y sus hijos Paola Alejandra, Martín Guillermo y Flavio David son empresarios en firmas de las más diversas actividades.
Hay también, familiares políticos del sindicalista que aparecen al frente de otras sociedades.
Un empleado calificado de Pereyra en el Senado constituyó una consultora ambiental junto a un hijo del gremialista.
Un antiguo empleado del sindicato integró una constructora que participó en la edificación de la suntuosa Mutual de 12 pisos, recientemente inaugurada, y de otros establecimientos del gremio.
La ex esposa y la hija, curiosamente, estuvieron durante algunos meses al frente de una de las más importantes empresas de servicios petroleros de la región, propiedad del empresario Claudio Urcera.
Hay una firma de soluciones ambientales que es señalada como muy cercana a los intereses de Pereyra, sospecha alimentada cuando el propio gremio la promocionó con énfasis. Un ex empleado municipal la creó y un simpatizante del senador la maneja. Otra empresa que administra un servicio de verificación técnica vehicular invitó a Pereyra a su inauguración y le alquila a la ex esposa el predio y el galpón.
Apasionados del transporte
Los Martínez-Pereyra generaron sociedades que apuntaron directamente a actividades subsidiarias del negocio hidrocarburífero: el transporte de combustibles, la verificación técnica de rodados y el área ambiental. Y crearon otras firmas que parecen encajar en las necesidades actuales o futuras del gremio: búsqueda de recursos humanos, cobranzas de deudas impagas, innovación tecnológica, gerenciamiento de empresas de salud, marketing y servicio de apoyo para extracción de hidrocarburos.
El área del transporte de petróleo es el que más suele reportar beneficios, siempre que -claro está- se tenga la posibilidad de ingresar en un selecto grupo de operadores. Aquí hay (o hubo durante años) dos abrepuertas del negocio que el mundo petrolero conoce bien: YPF, con su poder para orientar contratos, y el gremio, con su capacidad para allanarlos (o no entorpecerlos).
El propio Pereyra vio la veta. Siendo jefe del sindicato, no tuvo pudor en crear a inicios de 2001 la empresa Transporte Horizonte SRL. Lo hizo en sociedad con sus eternos mano derecha Ricardo Astrada, Carlos Lorenzo y Osvaldo Marín (aún forman parte de la comisión directiva del gremio). En 2002 se dio cuenta de que debía disimular el negocio y los cuatro popes gremiales transfirieron la sociedad a Norma Martínez (ex esposa) y Vicente Ventimiglia.
Un año más tarde, Transporte Horizonte mudó a Soitué SRL, creada por Norma y los tres hijos: Paola, Flavio y Martín. El objeto social señala: transporte de cargas y pasajeros. Pero en 2012 le agregaron uno más: inspección técnica obligatoria de transporte de pasajeros y carga. Más aún, crearon una página y el logo para la verificadora técnica vehicular. Coincidencia o no, en 2014 se inaugura un taller de VTV en cercanías de una curva peligrosa de la Ruta 151, cerca de Cinco Saltos, un sitio inapropiado para un emprendimiento de este tipo. El predio y la construcción pertenecen a Norma Martínez, confirmó a este diario una fuente de ITV S.A, la firma que gerencia Técnica Sur, que nació vinculada al cuartel de Bomberos de San Martín de los Andes (entidad sin fines de lucro, que no pudo evitar lucrar en este caso). Pereyra fue una de las figuras de la inauguración sin que se supiera qué tenía que ver con una verificadora.
Norma Martínez siguió con la saga Soitué y fundó en mayo de 2007 Transportes Soitué SA junto a un funcionario del Tribunal de Cuentas de Neuquén, dedicada también a servicio de transporte de pasajeros y carga con el añadido de preparación y limpieza de tanques de petróleo y cañerías.
Para ratificar que el transporte de combustibles es lo suyo, Norma Martínez también fue presidenta en 2012 de VDN SA -con una participación social de 1.600.000 pesos de entonces-, y su hija Paola directora suplente. VDN y TSB son las principales compañías del grupo del empresario cipoleño Claudio Urcera, padre del consagrado piloto de TC Manuel. VDN está radicada en Buenos Aires pero opera en la región. Resulta llamativo que Urcera haya cedido por seis meses el control total de esa empresa que moviliza enormes camiones-tanque a la esposa de Pereyra, allá por diciembre de 2011. Legisladores neuquinos detectaron ese mes importantes movimientos financieros realizados entre VDN y una cuenta bancaria que pertenecía a Norma Martínez y a Martín Pereyra. Registros societarios confirman que la ex esposa de Guillermo Pereyra ya venía desempeñándose como accionista de VDN en 2010.
Otro empresario, Mario Cifuentes, investigado por este diario por su meteórico emporio de 20 empresas asociadas al petróleo, habría prestado sus camiones a la firma. Con Pereyra somos buenos amigos, reconoció Cifuentes a este diario.
Personas muy cercanas al oficialismo nacional no descartaron que, en breve, los Pereyra obtengan autorización para operar una verificadora de camiones, colectivos y autos en general. Coincidiría con las buenas migas entre Nación y el senador, y el hecho de que Técnica Sur no mantendría hoy aceitado vínculo con la locadora, ex mujer del gremialista.
Fuente: Río Negro