El peronismo de Chubut es el cisne negro del Frente de Todos: expulsiones y disputas por la relación con F&F En esta provincia solo hubo festejo el domingo 27 de octubre, porque al otro día empezaron los cruces. La conducción del PJ sorprendió con el pedido de desafiliación de 141 dirigentes que este año fueron candidatos por otra fuerza, tanto en las elecciones de junio como en las PASO de agosto. En el fondo parece tratarse de una pugna por definir quiénes se convertirán en interlocutores legítimos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
El sector ortodoxo del peronismo aún no digiere la derrota del 9 de junio. En realidad, a una porción importante de la sociedad chubutense le cuesta entender cómo serán cuatro años más de gobierno de Mariano Arcioni.
Para que Arcioni se convirtiera en gobernador hubo peronistas con territorio que lo hicieron posible, como Ricardo Sastre y Adrián Maderna. También dirigentes sindicales que movilizan números interesantes de afiliados que -aunque ya no formen parte de los grandes actos ahora pasados de moda- son extremadamente importantes en la logística y también para oficiar como fiscales confiables el día de la elección propiamente dicha.
Alberto Rodríguez Saá fue el primero que dijo "hay 2019" cuando la mayoría consideraba inevitable la reelección de Macri. Fue en el verano 2017-18, luego de la aprobación de la reforma previsional que tanto dañó causó a jubilados, pensionados y otros sectores vulnerables.
El macrismo venía de ganar las elecciones de medio término y pasaría un largo año para volver a creer. Alberto Fernández fue uno de los que empezó a motorizar todo: "con Cristina sola no alcanza y sin Cristina no se puede".
La lenta reconstrucción
2018 fue pródigo en reuniones peronistas también en Chubut. En casi todos los casos no por amor a las 20 Verdades, sino por el espanto que provocaban medidas del gobierno nacional que afectaban seriamente las condiciones de vida en la Patagonia.
Mientras legisladores nacionales macristas como Gustavo Menna trataban de explicar lo inexplicable, las movilizaciones conjuntas de dirigentes políticos, gremialistas y militantes fueron quienes le pusieron freno desde la Patagonia a despropósitos tales como el intento de reducir asignaciones familiares.
Alberto Fernández estuvo en el Socios Fundadores en uno de esos encuentros, que contó con las presencias ocasionales de Sastre y Maderna, mientras Martín Buzzi -por ejemplo- se iba corriendo desde el margen al centro de la foto en forma disimulada.
El único que inevitablemente faltaba a las citas era el gobernador Mariano Arcioni, quien por entonces conversaba animadamente con Rogelio Frigerio (n) y Marcos Peña Braun sobre la posibilidad de sellar una alianza para 2019. El mandatario venía de ganar ajustadamente la elección de diputados nacionales -al final no asumió su banca por la muerte de Mario Das Neves- y estaba en condiciones de plantársele de igual a igual a los popes peronistas del Valle.
Su sostén político todavía era Chubut Somos Todos (ChuSoTo) y lo ayudaba el blindaje que tenía respecto de quienes a su lado iban cayendo como moscas tras estallar las grandes causas de corrupción conocidas como "Embrujo" y "Revelación".
Arcioni se movía al compás de su mentor más promocionado, Sergio Massa, quien aún consideraba viable liderar una tercera fuerza nacional junto a Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto.
Sin jugarse con definiciones nacionales, Arcioni decidió hace un año que iba a adelantar en 2019 las elecciones a gobernador y luego de múltiples decretos, derogaciones y contradecretos se salió con la suya.
Esa maniobra terminó impactando en un peronismo que estaba fragmentado desde hacía mucho tiempo; y la Legislatura fue su caja de resonancia porque allí los hombres estuvieron antes que el movimiento. ¿La Patria? Esa te la debo, diría uno que está de vuelta.
Cuentas pendientes
El peronismo provincial carecía de objetivos comunes porque aún no había saldado cuentas por lo ocurrido en la elección legislativa de 2017. En esos comicios el PJ tuvo seis precandidatos en la interna obligatoria. Quien finalmente llegó a la final fue un dirigente judicial de centroizquierda que empezó militando en el Partido Intransigente de Oscar Alende en 1983: Ricardo Fueyo.
El dirigente social se quedó sin banca al quedar tercero, detrás de Menna y Arcioni, que ganó porque Das Neves vivía y aún tenía aparato que le respondía, como el de Madryn que dirigía Ricardo Sastre, o el de Trelew.
De todos modos, como entonces tanto el actual intendente de Madryn, al igual que el de Trelew, tenían aspiraciones de suceder a Das Neves, jugaron a media máquina; como para que Arcioni no hiciera mucha diferencia.
Aún así, la muerte de Das Neves los durmió y Arcioni empezó a tallar en el mapa político. Pagaba los sueldos en forma escalonada, pero las cuentas se las manejaba Luis Tarrío y todavía había previsibilidad y cumplimiento en cuanto a las fechas de pago.
Por extrañas circunstancias, la dirigencia docente no agitó a las bases en esa oportunidad. Santiago Goodman hablaba poco y nada, y la más combativa Regional Sur recién se reponía de la dura batalla que dieron casi en soledad durante el gobierno de Buzzi.
Tiempos de caudillos
El peronismo de Chubut se caracterizó a lo largo de su reciente historia por contar con caudillos de peso que supieron negociar cuando la cuerda se tensaba demasiado. Además de las apetencias personales, se dividía por regionalismos que encarnan divisiones a veces feroces: Comodoro vs. Valle.
César Mac Karthy supo ser el gran líder del norte provincial y todavía hoy se sospecha que mucho tuvo que ver para que en 1983 el gobernador no fuera peronista. En Trelew siempre se respiró política las 24 horas, mientras en el sur se hacía poco esfuerzo para que la causa sumara más adeptos.
Mario Morejón finalizó sus dos periodos como intendente tras sortear un juicio político y el primer gobernador post dictadura del peronismo fue un dirigente de Esquel al que no le dejaron terminar el mandato. Pero sirvió para mantener las aguas calmas en los primeros años.
El surgimiento de Marcelo Guinle fue visto con recelo en el norte y en 1991 el partido aprobó una elección con Ley de Lemas para evitar lo que se preanunciaba como una tormentosa interna.
En este sentido, fueron pioneros de lo que en 2003 implementaría Eduardo Duhalde para elegir a su sucesor. En esa elección presidencial se presentaron Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá.
En Chubut la Ley de Lemas no le sirvió al PJ porque aún siendo el lema más votado, debió ir a segunda vuelta. Osvaldo Sala -otro ex caudillo que hoy se gana la vida administrando el puerto de Madryn- le ganó a Guinle, pero no pudo con Carlos Maestro.
Recién doce años después el peronismo volvía al poder. Fue con Mario Das Neves y se consideró un premio a la constancia. Cuatro años antes, solo un puñado de votos lo habían salvado del papelón de no ser electo diputado nacional, al perder con Maestro y Fortunato Rafael Cambareri (no había entonces cupo femenino obligatorio).
Se quedaron en la quinta
En 2003 ni la propia dirigencia peronista creía tener chances de éxito. Es que Mac Karthy se hallaba desgastado por su paso como senador y funcionario menemista; a Sala y José Corchuelo Blasco les pasaban facturas por cierta condescendencia con el radicalismo gobernante en la provincia y Guinle se había convertido en una pieza irremplazable en el Parlamento que respondía a Néstor Kirchner.
Fue entonces que Comodoro optó por resignar espacios de poder en el peronismo provincial, ya que ni siquiera quiso ser candidato a vicegobernador más de un dirigente desencantado con el dasnevismo.
Por eso el que acompañó a Das Neves en sus primeros mandatos fue Mario Vargas, un empresario ganadero de Esquel.
El peronismo comodorense solo estuvo en condiciones de volver a discutir poder cuando llegó a la Casa Rosada el matrimonio Kirchner. El esposo encarriló a Néstor Di Pierro y la señora orientó a Martín Buzzi cuando fue electo gobernador.
Pero a la hora de gobernar, a uno le interesó poco estar en su ciudad y el otro profundizó la división partidaria al no elegir las cartas adecuadas en momentos cruciales. No entendió la idiosincrasia peronista de Trelew, por ejemplo.
Los 141 de la discordia
En estos tiempos, resurge la rivalidad Comodoro-Valle en determinados dirigentes, agudizada con la desafiliación de los 141 que ya demostraron que pueden ir a una elección con nombres que se les ocurran en el momento.
Puede que haya una lectura -adecuada o incorrecta, el tiempo dirá- de que una vez en el gobierno Alberto y Cristina tendrán soldados propios en la reserva. Por eso en la Patagonia sur todos intentan alistarse.
Lo que parece estar claro es que de un lado quedaron en Chubut los peronistas K más reacios a hacer concesiones, como el intendente de Comodoro Carlos Linares, que fue quien sostuvo la candidatura de Fueyo hace un par de años.
"Este partido les dio muchas oportunidades, amnistías; desde Esquel, desde Comodoro Rivadavia, más de una prueba de que queríamos estar todos juntos. Me parece que llegó un momento donde no es para enojarse, y seguramente el tiempo pondrá las cosas en su lugar", dijo luego del congreso del sábado en el que se aprobó la desafiliación de los 141.
Entre estos está Ricardo Sastre, próximo vicegobernador de Chubut. "La posición de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, con todos adentro, se ve que no la entienden", afirma quien desde el peronismo saltara al ProVeCh en 2007 para que Das Neves tuviera dos tercios en la Legislatura; en 2011 fue electo intendente por el Modelo Chubut; reelecto por el ChuSoTo y ahora elegido vicegobernador por Chubut al Frente.
También fue desafiliado un K de la última década, Martín Buzzi, aunque no otros dirigentes que desde este espacio se cambiaron de camiseta en 2015, como Néstor Di Pierro, quien desde la dirección de YPF afirma que "no me cabe ninguna duda del peronismo de Adrián Maderna, de Ricardo Sastre, de Alfredo Beliz. Con odio y rencor no se construye política".
El ex intendente de Comodoro va más allá aún e incluye al gobernador Arcioni como referente del peronismo que viene para trabajar en conjunto con Alberto Fernández. "Está sentado al lado del presidente electo y la vicepresidenta. Los peronistas somos verticalistas. Vienen tiempos en donde se debe reconstruir un país", añade el inefable y pragmático "Tano".
En esta provincia solo hubo festejo el domingo 27 de octubre, porque al otro día empezaron los cruces. La conducción del PJ sorprendió con el pedido de desafiliación de 141 dirigentes que este año fueron candidatos por otra fuerza, tanto en las elecciones de junio como en las PASO de agosto. En el fondo parece tratarse de una pugna por definir quiénes se convertirán en interlocutores legítimos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
El sector ortodoxo del peronismo aún no digiere la derrota del 9 de junio. En realidad, a una porción importante de la sociedad chubutense le cuesta entender cómo serán cuatro años más de gobierno de Mariano Arcioni.
Para que Arcioni se convirtiera en gobernador hubo peronistas con territorio que lo hicieron posible, como Ricardo Sastre y Adrián Maderna. También dirigentes sindicales que movilizan números interesantes de afiliados que -aunque ya no formen parte de los grandes actos ahora pasados de moda- son extremadamente importantes en la logística y también para oficiar como fiscales confiables el día de la elección propiamente dicha.
Alberto Rodríguez Saá fue el primero que dijo "hay 2019" cuando la mayoría consideraba inevitable la reelección de Macri. Fue en el verano 2017-18, luego de la aprobación de la reforma previsional que tanto dañó causó a jubilados, pensionados y otros sectores vulnerables.
El macrismo venía de ganar las elecciones de medio término y pasaría un largo año para volver a creer. Alberto Fernández fue uno de los que empezó a motorizar todo: "con Cristina sola no alcanza y sin Cristina no se puede".
La lenta reconstrucción
2018 fue pródigo en reuniones peronistas también en Chubut. En casi todos los casos no por amor a las 20 Verdades, sino por el espanto que provocaban medidas del gobierno nacional que afectaban seriamente las condiciones de vida en la Patagonia.
Mientras legisladores nacionales macristas como Gustavo Menna trataban de explicar lo inexplicable, las movilizaciones conjuntas de dirigentes políticos, gremialistas y militantes fueron quienes le pusieron freno desde la Patagonia a despropósitos tales como el intento de reducir asignaciones familiares.
Alberto Fernández estuvo en el Socios Fundadores en uno de esos encuentros, que contó con las presencias ocasionales de Sastre y Maderna, mientras Martín Buzzi -por ejemplo- se iba corriendo desde el margen al centro de la foto en forma disimulada.
El único que inevitablemente faltaba a las citas era el gobernador Mariano Arcioni, quien por entonces conversaba animadamente con Rogelio Frigerio (n) y Marcos Peña Braun sobre la posibilidad de sellar una alianza para 2019. El mandatario venía de ganar ajustadamente la elección de diputados nacionales -al final no asumió su banca por la muerte de Mario Das Neves- y estaba en condiciones de plantársele de igual a igual a los popes peronistas del Valle.
Su sostén político todavía era Chubut Somos Todos (ChuSoTo) y lo ayudaba el blindaje que tenía respecto de quienes a su lado iban cayendo como moscas tras estallar las grandes causas de corrupción conocidas como "Embrujo" y "Revelación".
Arcioni se movía al compás de su mentor más promocionado, Sergio Massa, quien aún consideraba viable liderar una tercera fuerza nacional junto a Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto.
Sin jugarse con definiciones nacionales, Arcioni decidió hace un año que iba a adelantar en 2019 las elecciones a gobernador y luego de múltiples decretos, derogaciones y contradecretos se salió con la suya.
Esa maniobra terminó impactando en un peronismo que estaba fragmentado desde hacía mucho tiempo; y la Legislatura fue su caja de resonancia porque allí los hombres estuvieron antes que el movimiento. ¿La Patria? Esa te la debo, diría uno que está de vuelta.
Cuentas pendientes
El peronismo provincial carecía de objetivos comunes porque aún no había saldado cuentas por lo ocurrido en la elección legislativa de 2017. En esos comicios el PJ tuvo seis precandidatos en la interna obligatoria. Quien finalmente llegó a la final fue un dirigente judicial de centroizquierda que empezó militando en el Partido Intransigente de Oscar Alende en 1983: Ricardo Fueyo.
El dirigente social se quedó sin banca al quedar tercero, detrás de Menna y Arcioni, que ganó porque Das Neves vivía y aún tenía aparato que le respondía, como el de Madryn que dirigía Ricardo Sastre, o el de Trelew.
De todos modos, como entonces tanto el actual intendente de Madryn, al igual que el de Trelew, tenían aspiraciones de suceder a Das Neves, jugaron a media máquina; como para que Arcioni no hiciera mucha diferencia.
Aún así, la muerte de Das Neves los durmió y Arcioni empezó a tallar en el mapa político. Pagaba los sueldos en forma escalonada, pero las cuentas se las manejaba Luis Tarrío y todavía había previsibilidad y cumplimiento en cuanto a las fechas de pago.
Por extrañas circunstancias, la dirigencia docente no agitó a las bases en esa oportunidad. Santiago Goodman hablaba poco y nada, y la más combativa Regional Sur recién se reponía de la dura batalla que dieron casi en soledad durante el gobierno de Buzzi.
Tiempos de caudillos
El peronismo de Chubut se caracterizó a lo largo de su reciente historia por contar con caudillos de peso que supieron negociar cuando la cuerda se tensaba demasiado. Además de las apetencias personales, se dividía por regionalismos que encarnan divisiones a veces feroces: Comodoro vs. Valle.
César Mac Karthy supo ser el gran líder del norte provincial y todavía hoy se sospecha que mucho tuvo que ver para que en 1983 el gobernador no fuera peronista. En Trelew siempre se respiró política las 24 horas, mientras en el sur se hacía poco esfuerzo para que la causa sumara más adeptos.
Mario Morejón finalizó sus dos periodos como intendente tras sortear un juicio político y el primer gobernador post dictadura del peronismo fue un dirigente de Esquel al que no le dejaron terminar el mandato. Pero sirvió para mantener las aguas calmas en los primeros años.
El surgimiento de Marcelo Guinle fue visto con recelo en el norte y en 1991 el partido aprobó una elección con Ley de Lemas para evitar lo que se preanunciaba como una tormentosa interna.
En este sentido, fueron pioneros de lo que en 2003 implementaría Eduardo Duhalde para elegir a su sucesor. En esa elección presidencial se presentaron Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá.
En Chubut la Ley de Lemas no le sirvió al PJ porque aún siendo el lema más votado, debió ir a segunda vuelta. Osvaldo Sala -otro ex caudillo que hoy se gana la vida administrando el puerto de Madryn- le ganó a Guinle, pero no pudo con Carlos Maestro.
Recién doce años después el peronismo volvía al poder. Fue con Mario Das Neves y se consideró un premio a la constancia. Cuatro años antes, solo un puñado de votos lo habían salvado del papelón de no ser electo diputado nacional, al perder con Maestro y Fortunato Rafael Cambareri (no había entonces cupo femenino obligatorio).
Se quedaron en la quinta
En 2003 ni la propia dirigencia peronista creía tener chances de éxito. Es que Mac Karthy se hallaba desgastado por su paso como senador y funcionario menemista; a Sala y José Corchuelo Blasco les pasaban facturas por cierta condescendencia con el radicalismo gobernante en la provincia y Guinle se había convertido en una pieza irremplazable en el Parlamento que respondía a Néstor Kirchner.
Fue entonces que Comodoro optó por resignar espacios de poder en el peronismo provincial, ya que ni siquiera quiso ser candidato a vicegobernador más de un dirigente desencantado con el dasnevismo.
Por eso el que acompañó a Das Neves en sus primeros mandatos fue Mario Vargas, un empresario ganadero de Esquel.
El peronismo comodorense solo estuvo en condiciones de volver a discutir poder cuando llegó a la Casa Rosada el matrimonio Kirchner. El esposo encarriló a Néstor Di Pierro y la señora orientó a Martín Buzzi cuando fue electo gobernador.
Pero a la hora de gobernar, a uno le interesó poco estar en su ciudad y el otro profundizó la división partidaria al no elegir las cartas adecuadas en momentos cruciales. No entendió la idiosincrasia peronista de Trelew, por ejemplo.
Los 141 de la discordia
En estos tiempos, resurge la rivalidad Comodoro-Valle en determinados dirigentes, agudizada con la desafiliación de los 141 que ya demostraron que pueden ir a una elección con nombres que se les ocurran en el momento.
Puede que haya una lectura -adecuada o incorrecta, el tiempo dirá- de que una vez en el gobierno Alberto y Cristina tendrán soldados propios en la reserva. Por eso en la Patagonia sur todos intentan alistarse.
Lo que parece estar claro es que de un lado quedaron en Chubut los peronistas K más reacios a hacer concesiones, como el intendente de Comodoro Carlos Linares, que fue quien sostuvo la candidatura de Fueyo hace un par de años.
"Este partido les dio muchas oportunidades, amnistías; desde Esquel, desde Comodoro Rivadavia, más de una prueba de que queríamos estar todos juntos. Me parece que llegó un momento donde no es para enojarse, y seguramente el tiempo pondrá las cosas en su lugar", dijo luego del congreso del sábado en el que se aprobó la desafiliación de los 141.
Entre estos está Ricardo Sastre, próximo vicegobernador de Chubut. "La posición de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, con todos adentro, se ve que no la entienden", afirma quien desde el peronismo saltara al ProVeCh en 2007 para que Das Neves tuviera dos tercios en la Legislatura; en 2011 fue electo intendente por el Modelo Chubut; reelecto por el ChuSoTo y ahora elegido vicegobernador por Chubut al Frente.
También fue desafiliado un K de la última década, Martín Buzzi, aunque no otros dirigentes que desde este espacio se cambiaron de camiseta en 2015, como Néstor Di Pierro, quien desde la dirección de YPF afirma que "no me cabe ninguna duda del peronismo de Adrián Maderna, de Ricardo Sastre, de Alfredo Beliz. Con odio y rencor no se construye política".
El ex intendente de Comodoro va más allá aún e incluye al gobernador Arcioni como referente del peronismo que viene para trabajar en conjunto con Alberto Fernández. "Está sentado al lado del presidente electo y la vicepresidenta. Los peronistas somos verticalistas. Vienen tiempos en donde se debe reconstruir un país", añade el inefable y pragmático "Tano".