Patagonia

A 62 años de la fuga de la cárcel de Río Gallegos

Por Miguel Auzoberria

En la madrugada del 17 de marzo de 1957, desde la cárcel de Rio Gallegos un grupo de presos ligados al peronismo lograba fugarse, ocasionándole el primer golpe a la dictadura que se hacía llamar "Revolución Libertadora". Los fugados huyeron rumbo a Punta Arenas, Chile; pocos días después fue tras sus rastros uno de los periodistas más brillante del continente: el uruguayo Carlos María Gutiérrez en busca de la nota.

Carlos María Gutiérrez, nacido en Montevideo en 1926, inició en 1950 sus tareas como periodista, caricaturista político, humorista y crítico cinematográfico. No debe haber redacción de diario, revista o semanario uruguayo por la que no haya pasado. Era de la vieja escuela, de ir, ver, preguntar y después escribir una nota con ribetes literarios.

En su libro: "En la sierra maestra y otros reportajes", una fantástica selección de sus textos, con una introducción contextualizando cada artículo, encontramos: "Operación Punta Arenas", publicado en "La Mañana" del 29 de marzo de 1957.

"El cronista de diarios matutinos [escribe Gutiérrez] es un animal de una especie pálida y nocturna, cuyo sueño imposible está constituido por una semana de vacaciones a orillas del mar, yodo y salitre. En marzo de 1957 creí haber logrado esa utopía, y con una valija pronta me dirigía la plaza Libertad, para tomar el ómnibus hacia La Paloma. En la estación me esperaba una peregrina idea de Carlos Manini Ríos, director de La Mañana. En vez del ómnibus a la playa debía alcanzar un avión que salía a Santiago de Chile dos horas más tarde; después seguir hacía el Polo Sur (o tal vez me pareció en esos momentos) y entrevistar en Punta Arenas a los jerarcas peronistas prófugos de Río Gallegos."

Gutiérrez en el sur del continente lograba la nota, siendo uno de los relatos más novelescos, de una no menos novelesca fuga; protagonizada por Jorge Antonio, Héctor Cámpora, John William Cooke, José Espejo, Pedro Gómiz y Guillermo Patricio Kelly. La página lograda por Gutiérrez, como tantas otras de su producción, fue un texto inolvidable, aun cuando su florida pluma, cayera en los prejuicios antiperonistas tan característico de los uruguayos de su tiempo.

Fragmentos de "Operación Punta Arenas":

"Jorge Antonio levantó su taza de té, meditó un momento mirando el monograma de la Armada chilena en el recipiente y después dijo, sonriendo: "En toda mi vida, ha sido la operación que me salió más barata" Con la frase mitad chiste, mitad desafío, contestaba a mi pregunta sobre el costo de la "Operación Punta Arenas" (como llaman irónicamente a la fuga de sus autores)"

"En la cámara de oficiales del transporte, los seis fugados de Río Gallegos, interrumpiéndose mutuamente, levantando a veces la voz hasta merecer una reconvención del teniente Ross - marino chileno, que discretamente apartado, asistió a la entrevista - (...) Relegados al inhóspito extremo sur del Continente, en una pequeña población donde el viento polar silba incesantemente entre las casitas de zinc y madera, quienes todavía eran cabezas visibles de la superestructura peronista - Cooke y Cámpora, el partido; Espejo y Gómiz, los sindicatos; Jorge Antonio, las finanzas; Kelly, las fuerzas de choque - eran en ese momento sólo seis presos, pero sus maneras y su lenguaje no evidenciaban desesperanza.

- No hablo mucho por ahora - dijo Cooke - porque me reservo para cuando caigan varios, cuando llegue el momento, que ya está próximo.

- ¿Dónde será eso? -le pregunté.

-En la Argentina, por supuesto. Ya les queda poco.

Por el ojo de buey del Pinto se veía la borrasca rizando las aguas negras del Estrecho de Magallanes y la costa blanquecina de Tierra del Fuego, esfumada en la llovizna: el eterno viento de Punta Arenas silbaba sobre la cubierta. Adentro distribuidos en los sillones de cretona floreada o acodados en un pequeño bar, estaban todos: el abogado John William Cooke, al que los gruesos zapatones y la tricota marrón acentuaban un absurdo aire infantil (sus familiares lo llaman "Bebe"); Guillermo Patricio Kelly, el siniestro líder de la Alianza Nacionalista, con aire jovial del profesor de ski que entretiene a los turistas en el hall de un hotel de Bariloche; el dentista Héctor Cámpora, ex presidente de la Cámara de Diputados, de sienes grises y aspecto distinguido; José Espejo, ubicado por Evita Duarte en la Secretaria General de la CGT y caído en desgracia antes de la caída de Perón y Pedro Gómiz, dirigente de los obreros del petróleo y ex diputado, ambos con aire descolocado, la vestimenta burguesa y el acento xeneise típico de los grasas que la señora llevo al poder; Jorge Antonio, moreno, de habla reposada pero con un latente ardor polémico (de todos, fue el único que dirigió amargos reproches al Uruguay: "ustedes nos criticaban, pero ningún uruguayo que vino a verme se fue con las manos vacías").

Sobre "La Fuga":

"- ¿A qué hora se escaparon?

Cooke vacila y consulta con la mirada a Kelly. Después dice: - De noche. - ¿Pero a qué hora-

-Si lo decimos, pueden perjudicar a un guardia inocente - salta Kelly -

- ¡Que me importa la guardia! - se ríe Cooke - ¡Cuantos más echen, mejor!

Jorge Antonio, que había salido un momento, vuelve con unos papeles: - Nos escapamos a primera hora de la madrugada. No es cierto que estuviéramos armados, como dicen. Las armas que usamos fueron éstas.

Y deposita sobre la mesa un mapa y una brújula. (...)

Se me ocurre que la ironía de que dos elementos procedan precisamente de las fuerzas que debían vigilar a los fugados, no es tan casual.

-Que quiere decir -indago- que consiguieron la carta y la brújula, adentro.

-Saque las conclusiones que quiera - dice Kelly -

-Yo he visto el plano de la prisión - les señalo - y sé que debían atravesar un corredor con centinelas y salir a la calle, bajo la observación de una garita con ametralladoras y reflectores. Pero también sé que esa noche había una fiesta en una estancia y el jefe del penal y otros, habían ido. ¿O hicieron la vista gorda?

-Perdone que no contemos esa parte - señala Jorge Antonio - Y Kelly añade: "Secreto profesional".

-Lo que le puedo decir, - sigue Jorge Antonio - es que en ese trecho hasta la puerta nos jugamos la vida. No había complicidad que valiera. (...)

- ¿De dónde sacaron el auto?

-Secreto profesional.

- ¿Tenia chapa chilena?

- No, era de Río Gallegos.

- ¿Y no les pareció que un auto amarillo era demasiado llamativo, si los seguían?

-Precisamente - responde Kelly - Era tan llamativo que nadie podía imaginarnos adentro.

Jorge Antonio sigue el relato: - Viajamos cerca de ocho horas, cambiando continuamente de ruta. Una hora después, levantó vuelo un avión de la base de Río Gallegos, que nos buscó infructuosamente. Imagínese: llevaba una bomba.

- ¿Cómo saben lo del avión?

-Pregúntele a los chilenos. En total nos buscaron tres aviones y dos de ellos con bombas. Volaron sobre territorio de Chile y aterrizaron a varios kilómetros de este lado de la frontera, pidiendo permiso por falta de combustible.

- ¿Por dónde pasaron ustedes la frontera?

-Secreto profesional.

-Les digo entonces que no van a comprometer a ningún carabinero chileno con sus declaraciones: el Ministerio del Interior - llegando a una salomónica solución que evitaba investigar y no creaba conflictos internacionales - declaro en Santiago haber probado que "los prófugos cruzaron la línea divisoria por un sitio sin vigilancia". Pero Jorge Antonio no quiere contestar. "Me lo reservo -dice- porque este plancito, que ya tenemos patentado, quizás sirva para otros compañeros". 1

La nota continua con discusiones entre Gutiérrez y Kelly sobre si era no un pistolero y otras cuestiones. Pero esto es lo poco que contaron los protagonistas sobre la fuga. Definitivamente la fuga fue un hecho político impactante, tal como lo expresa Florencio Monzón hijo, en su libro Llegó carta de Perón: "Hasta el momento en que Cooke, Antonio y el resto huyeron del Penal de Río Gallegos, solo las huelgas de los obreros peronistas y las acciones clandestinas de agitación y propaganda de los militantes de la Resistencia habían dado trabajo a los gorilas. Pero nada de eso había trascendido tanto como "la fuga", que mereció inclusive el tratamiento de la prensa internacional." 2

Así también lo entiende un protagonista de la fuga, como lo fue el empresario peronista Jorge Antonio: "Allí [al llegar a Chile] comprendimos que el primer triunfo del peronismo, después de 1955había sido la fuga. Le gustara o no a los gorilas, ésa era la verdad. A partir de allí todo comenzaría a caminar, lentamente, pero sin pausa, a favor de nuestro Movimiento." 3 Otro histórico de los militantes de la resistencia, Jorge Rulli, aquel joven que integro la fundación de la Juventud Peronista en 1959 y de la Fuerzas Armadas Peronista (FAP) en 1963, uno de los detenidos por el Plan Conintes, escribió sobre la fuga: "cuando se pasaron a Chile en un operativo extraordinario, se hace posible entonces recordar la exaltación en las barriadas, buscando noticias que no se iban a encontrar en los medios, porque la censura era total por parte de la dictadura. Esta estaba anonadada, paralizada y derrotada por un hecho asombroso... se les

había escapado de una de las cárceles más seguras, toda la dirección del movimiento peronista".4

1 Gutiérrez, Carlos María: "Operación Punta Arenas" en su libro: En la Sierra Maestra y otros Reportajes. Ediciones Tauro, 1967. 2 Monzón, Florencio (H). Llegó carta de Perón. Rapsodia de la Resistencia 1955 - 1959. Editorial Corregidor. 2006. Pág. 417. 3 Antonio, Jorge. "Y ahora qué?" Folleto editado en 1970 en Bs As. Pág. 142. Citado por Florencio Monzón (H), en Llegó carta de Perón. Rapsodia de la Resistencia 1955 - 1959. Editorial Corregidor, 2006. Pág. 417. 4Rulli, Jorge: Peronismo cuentas pendientes. Apuntes sobre la resistencia, vigencia y proyecciones. El asunto milena cacerola. 1°ed. 2013. Pág. 98.