Analía Orr: "El electorado está decepcionado, las propuestas siguen siendo personalistas y no hay revolución' en la oferta"Entrevista de Lola Sánchez
Analía Orr -politóloga, docente en la UNPSJB, miembro de la Red de Politólogas "No sin Mujeres" y de la Red Federal de Investigadores Electorales de CIPPEC- advirtió en diálogo con El Extremo Sur que en Chubut no parece haber "una construcción de identidades que sea superadora de proyectos con un tinte muy personal". Destacó que es evidente la "fragmentación del sistema de partidos" y que "Nos hablan de contextos en los que es difícil construir proyectos programáticos e ideológicos", sostuvo al ofrecer una mirada crítica sobre el escenario político de la provincia. Analizó nuevos liderazgos como el de César Treffinger (PICH) -a quien define como "del estilo del peronismo de Das Neves, cuya muerte produjo cambios muy importantes" y a Ana Clara Romero como emergente con características propias.
La analista evaluó los cambios sociales a la luz de los eventos de diciembre de 2021, cuando se produjeron las mayores movilizaciones contra de la zonificación minera. Si bien habla de los hechos como un "hito" en la historia reciente, no considera que impliquen un cambio sustancial en la forma de movilización frente a las problemáticas actuales.
"Este año hubo algunos intentos de sobrellevar ese resultado electoral, hubo elecciones y los resultados fueron malos para el gobierno provincial, sumado a lo ocurrido en diciembre. Este año se presenta relativamente ordenado, comparado con la conflictividad docente y ambiental de 2021. Parece ser un año más transicional", evaluó. Pese a la presencia de dirigentes con perfiles más jóvenes y orientados a la paridad de género, explicó que por el momento no se ve "una gran revolución en la oferta electoral".
A grandes rasgos, ¿cómo caracterizás el clima político actual?
A nivel nacional estamos atravesando una situación particularmente compleja, difícil de elaborar en términos de nuestra democracia. El atentado contra la vicepresidenta es un punto de inflexión en el desarrollo de nuestra democracia, que el año que viene estaría conmemorando 40 años de su recuperación. Aparece un hecho de esta naturaleza que se inscribe en un contexto donde ha habido una creciente dimensión de violencia en el discurso público, de corrimiento de los límites de lo decible. Como país, estamos en un momento muy difícil, de deterioro de las condiciones bajo las cuales hacemos política. Hay una profundización de la violencia en los discursos y los actos, con las ramificaciones que esto está develando. Sin dudas pone un deterioro sobre condiciones de democracia.
¿Y a nivel provincial?
Hay una puesta en marcha de campañas e iniciativas, en el sentido informal, de vocaciones de poder también; que no está mal. Lógicamente, una democracia electoral requiere que esas vocaciones se expliciten. Por ahora no parecen superar ciertos personalismos, no se observa una construcción de identidades que sea superadora de proyectos que tienen siempre un tinte muy personal.
¿Qué está pasando actualmente con los partidos provinciales? ¿Hay consolidación, distancias o fragmentación?
Es difícil pensar en la consolidación para fuerzas que tienen que someterse a la expresión de las preferencias electorales. Puede que sean cambiantes en los términos del voto, que ha pasado de ser de ideológico a más estratégico. Se elige según un contexto de oferta electoral. En general, se puede ver que la fragmentación del sistema de partidos que atraviesa la provincia no es ajena a la fragmentación de partidos e identidades a nivel nacional. Nos hablan de contextos en los que es difícil construir proyectos programáticos, ideológicos; predominan esos personalismos.
¿Qué rasgos predominan en la comunicación política?
Hay algo de la comunicación pública y política que enfatiza lo personal. Pasamos de votar a un partido en términos de etiquetas, como el PJ o la UCR, luego a frentes, a personas con nombre y apellido y finalmente a nombres propios. Ha habido una personalización de la política que no solo se asocia con esa crisis de los partidos como grandes contenedores de las preferencias sino con la crisis misma de las ideologías, y la necesidad de encontrar modos de comunicación que terminan apoyándose en el personalismo para movilizar y juntar votos. Esas dos tendencias, fragmentación y personalismo se profundizan con los intentos que hay de conjurar la fragmentación a través de la formación de coaliciones.
Durante las elecciones del año pasado hablabas de un electorado "decepcionado". ¿Sigue siendo así? ¿Cuál es tu visión en torno al clima de los electores?
Creo que además de decepción, hay escepticismo. En medio de la desconfianza frente a la posibilidad de que nada se modifique, entran en juego las figuras personalistas capaces de generar alguna expectativa en términos afectivos, de confianza. Existe la idea de que "todo puede ser modificado, todo puede caer, pero yo creo en este liderazgo". Eso no ayuda a construir una política más programática, a que se discutan proyectos, propuestas, se terminan discutiendo nombres y eso reduce mucho el campo de la discusión pública.
¿Cuál es tu lectura sobre la respuesta de la ciudadanía a los sucesos de diciembre del 2021, en medio del debate por la zonificación minera?
Esa respuesta tiene que ver con la capacidad de movilizarse por algo que todos atravesamos y que nos afecta, pero también tiene que ver con una provincia donde había un liderazgo crecientemente cuestionado de su gobernador. Este año hubo algunos intentos de sobrellevar ese resultado electoral, hubo elecciones y los resultados fueron malos para el gobierno provincial, sumado a lo de diciembre. Este año se presenta relativamente ordenado, comparado con la conflictividad docente y ambiental del 2021. Parece ser un año más transicional.
En este sentido, ¿se puede hablar de una crisis de representatividad del gobierno provincial?
Puede haber un problema de legitimidad del Gobierno provincial más que una crisis de representación. Es un fenómeno más amplio, más sistémico, no personal; no atribuible a un partido o liderazgo. Una crisis de representación era lo que se estaba perfilando en diciembre de 2021. Hubo reacción frente a una legislatura provincial y un conjunto de dirigentes de distintos partidos que de una forma muy despectiva, casi silenciosa, intentaron sancionar una ley que de por sí toca una cuestión sumamente delicada y sensible, además muy rechazada por una amplia parte de la población. En ese momento, la respuesta incluso fue la impugnación de esa acción. La idea de una crisis de representación es mucho más amplia, más profunda, hay que ver cómo se realiza la transición en nuestro país el año que viene. Eso va a ser muy importante a la luz de los últimos sucesos, de los actos de violencia contra expresiones políticas.
¿Los eventos de diciembre podrían significar un quiebre para la historia de las movilizaciones en Chubut?
Creo que hay hitos, coyunturas críticas, puntos nodales en un recorrido, más que un antes y un después. La historia de la movilización ambiental en Chubut tampoco nació en diciembre de 2021. Es el hito en un recorrido. No sé si es un antes y un después en la movilización social por conflictos en torno a decisiones públicas; sería un exceso de optimismo pensar que se va a producir nuevamente el mismo tipo de movilización.
¿Cómo se perciben las causas de corrupción en la opinión pública?
En la provincia circuló mucha información sobre la corrupción, hubo muchos datos disponibles. Sin embargo, se experimenta como algo lejano, porque implica un esfuerzo cognitivo entender de qué se trató, quiénes son los protagonistas, cómo fue la operatoria. El tema del agua, en cambio, es algo concreto, muy tangible para cualquiera que abre una canilla y no sale agua. De ahí que no podemos despreciar las cuestiones materiales como grandes impulsoras de las preferencias electorales y la acción. Pero pongo en duda que haya existido un quiebre en la capacidad de movilización de Chubut por cualquier otro motivo.
De cara a las elecciones, ¿existe una tendencia a la ruptura de los perfiles más tradicionales? Pensando especialmente en las mujeres y las juventudes.
No me parece que el corrimiento de lo tradicional venga por la edad necesariamente. Miraría las prácticas, los discursos, las propuestas. No creo que haya un corrimiento de lo tradicional. Pienso en el PICH (Partido Independiente de Chubut), con un liderazgo como el de Treffinger, que apeló a estrategias electorales muy efectivas que -más que con lo nuevo- tenían que ver con un estilo muy popular, personalista, territorial y de movilización, al estilo del peronismo de Das Neves. ¿Qué es lo novedoso, en todo caso?
¿Cómo analizás la impronta de Das Neves?
Si uno piensa que en la provincia de Chubut hubo una persona que fue tres veces gobernador, con presencia sistemática, importante en toda la agenda pública, todo lo que implique nombres o figuras emergentes, es un cambio. Pero no veo ahí tanta novedad, veo más bien diversificación de liderazgos que poco a poco intentan promoverse. Pienso en Ana Clara Romero, otro liderazgo que si uno lo ve en la historia provincial es bastante reciente. Me pregunto si lo reciente es necesariamente novedoso No veo tanto nuevo. Si se miran los datos de preferencias electorales, se nota que las opciones de tipo peronista, independientemente de etiquetas, han ido perdiendo caudal electoral lentamente. Aparece la coalición de Juntos por el Cambio, el intento de generar un partido político provincial con el PICH, con un registro territorial. Hay liderazgos que son más recientes, emergentes, pero por ahora no veo una gran revolución en la oferta.
¿Cuáles son, en la actualidad, los reclamos con más impacto en el ámbito electoral?
Lo que hay es una historia. Cada elección, cada campaña se inscribe sobre una historia. No se inscribe sobre un contexto nuevo. La historia en los últimos años indica que hay un conjunto de demandas insatisfechas, algunas que suscitaron una reacción amplia por parte de la ciudadanía. Esas demandas no parecen estar resueltas ni haberse corregido de otra manera, están ahí esperando una respuesta. Lo que hay es una necesidad de constituir liderazgos que puedan dar respuesta a esas demandas. Sin dudas el cambio que introdujo la muerte de Das Neves es muy importante a nivel provincial. El crecimiento etario de las élites políticas también demanda una renovación, no una reposición de candidatos y candidatas.
Más allá de la dimensión normativa y discursiva, ¿las demandas de género están hoy contempladas en la agenda política?
Hay una creciente presencia del tema. No sólo hay una regulación, un marco normativo que promueve la igualdad de género, agencias públicas como Ministerios y secretarías con la diferenciación institucional, sino que también hay una presencia cada vez mayor de las preocupaciones de género. Eso tracciona una presencia mayor en la política. No transforma miles de años de patriarcado, pero sí empieza a cambiar el marco de reglas en las cuales se juega la política.
Entrevista de Lola Sánchez
Analía Orr -politóloga, docente en la UNPSJB, miembro de la Red de Politólogas "No sin Mujeres" y de la Red Federal de Investigadores Electorales de CIPPEC- advirtió en diálogo con El Extremo Sur que en Chubut no parece haber "una construcción de identidades que sea superadora de proyectos con un tinte muy personal". Destacó que es evidente la "fragmentación del sistema de partidos" y que "Nos hablan de contextos en los que es difícil construir proyectos programáticos e ideológicos", sostuvo al ofrecer una mirada crítica sobre el escenario político de la provincia. Analizó nuevos liderazgos como el de César Treffinger (PICH) -a quien define como "del estilo del peronismo de Das Neves, cuya muerte produjo cambios muy importantes" y a Ana Clara Romero como emergente con características propias.
La analista evaluó los cambios sociales a la luz de los eventos de diciembre de 2021, cuando se produjeron las mayores movilizaciones contra de la zonificación minera. Si bien habla de los hechos como un "hito" en la historia reciente, no considera que impliquen un cambio sustancial en la forma de movilización frente a las problemáticas actuales.
"Este año hubo algunos intentos de sobrellevar ese resultado electoral, hubo elecciones y los resultados fueron malos para el gobierno provincial, sumado a lo ocurrido en diciembre. Este año se presenta relativamente ordenado, comparado con la conflictividad docente y ambiental de 2021. Parece ser un año más transicional", evaluó. Pese a la presencia de dirigentes con perfiles más jóvenes y orientados a la paridad de género, explicó que por el momento no se ve "una gran revolución en la oferta electoral".
A grandes rasgos, ¿cómo caracterizás el clima político actual?
A nivel nacional estamos atravesando una situación particularmente compleja, difícil de elaborar en términos de nuestra democracia. El atentado contra la vicepresidenta es un punto de inflexión en el desarrollo de nuestra democracia, que el año que viene estaría conmemorando 40 años de su recuperación. Aparece un hecho de esta naturaleza que se inscribe en un contexto donde ha habido una creciente dimensión de violencia en el discurso público, de corrimiento de los límites de lo decible. Como país, estamos en un momento muy difícil, de deterioro de las condiciones bajo las cuales hacemos política. Hay una profundización de la violencia en los discursos y los actos, con las ramificaciones que esto está develando. Sin dudas pone un deterioro sobre condiciones de democracia.
¿Y a nivel provincial?
Hay una puesta en marcha de campañas e iniciativas, en el sentido informal, de vocaciones de poder también; que no está mal. Lógicamente, una democracia electoral requiere que esas vocaciones se expliciten. Por ahora no parecen superar ciertos personalismos, no se observa una construcción de identidades que sea superadora de proyectos que tienen siempre un tinte muy personal.
¿Qué está pasando actualmente con los partidos provinciales? ¿Hay consolidación, distancias o fragmentación?
Es difícil pensar en la consolidación para fuerzas que tienen que someterse a la expresión de las preferencias electorales. Puede que sean cambiantes en los términos del voto, que ha pasado de ser de ideológico a más estratégico. Se elige según un contexto de oferta electoral. En general, se puede ver que la fragmentación del sistema de partidos que atraviesa la provincia no es ajena a la fragmentación de partidos e identidades a nivel nacional. Nos hablan de contextos en los que es difícil construir proyectos programáticos, ideológicos; predominan esos personalismos.
¿Qué rasgos predominan en la comunicación política?
Hay algo de la comunicación pública y política que enfatiza lo personal. Pasamos de votar a un partido en términos de etiquetas, como el PJ o la UCR, luego a frentes, a personas con nombre y apellido y finalmente a nombres propios. Ha habido una personalización de la política que no solo se asocia con esa crisis de los partidos como grandes contenedores de las preferencias sino con la crisis misma de las ideologías, y la necesidad de encontrar modos de comunicación que terminan apoyándose en el personalismo para movilizar y juntar votos. Esas dos tendencias, fragmentación y personalismo se profundizan con los intentos que hay de conjurar la fragmentación a través de la formación de coaliciones.
Durante las elecciones del año pasado hablabas de un electorado "decepcionado". ¿Sigue siendo así? ¿Cuál es tu visión en torno al clima de los electores?
Creo que además de decepción, hay escepticismo. En medio de la desconfianza frente a la posibilidad de que nada se modifique, entran en juego las figuras personalistas capaces de generar alguna expectativa en términos afectivos, de confianza. Existe la idea de que "todo puede ser modificado, todo puede caer, pero yo creo en este liderazgo". Eso no ayuda a construir una política más programática, a que se discutan proyectos, propuestas, se terminan discutiendo nombres y eso reduce mucho el campo de la discusión pública.
¿Cuál es tu lectura sobre la respuesta de la ciudadanía a los sucesos de diciembre del 2021, en medio del debate por la zonificación minera?
Esa respuesta tiene que ver con la capacidad de movilizarse por algo que todos atravesamos y que nos afecta, pero también tiene que ver con una provincia donde había un liderazgo crecientemente cuestionado de su gobernador. Este año hubo algunos intentos de sobrellevar ese resultado electoral, hubo elecciones y los resultados fueron malos para el gobierno provincial, sumado a lo de diciembre. Este año se presenta relativamente ordenado, comparado con la conflictividad docente y ambiental del 2021. Parece ser un año más transicional.
En este sentido, ¿se puede hablar de una crisis de representatividad del gobierno provincial?
Puede haber un problema de legitimidad del Gobierno provincial más que una crisis de representación. Es un fenómeno más amplio, más sistémico, no personal; no atribuible a un partido o liderazgo. Una crisis de representación era lo que se estaba perfilando en diciembre de 2021. Hubo reacción frente a una legislatura provincial y un conjunto de dirigentes de distintos partidos que de una forma muy despectiva, casi silenciosa, intentaron sancionar una ley que de por sí toca una cuestión sumamente delicada y sensible, además muy rechazada por una amplia parte de la población. En ese momento, la respuesta incluso fue la impugnación de esa acción. La idea de una crisis de representación es mucho más amplia, más profunda, hay que ver cómo se realiza la transición en nuestro país el año que viene. Eso va a ser muy importante a la luz de los últimos sucesos, de los actos de violencia contra expresiones políticas.
¿Los eventos de diciembre podrían significar un quiebre para la historia de las movilizaciones en Chubut?
Creo que hay hitos, coyunturas críticas, puntos nodales en un recorrido, más que un antes y un después. La historia de la movilización ambiental en Chubut tampoco nació en diciembre de 2021. Es el hito en un recorrido. No sé si es un antes y un después en la movilización social por conflictos en torno a decisiones públicas; sería un exceso de optimismo pensar que se va a producir nuevamente el mismo tipo de movilización.
¿Cómo se perciben las causas de corrupción en la opinión pública?
En la provincia circuló mucha información sobre la corrupción, hubo muchos datos disponibles. Sin embargo, se experimenta como algo lejano, porque implica un esfuerzo cognitivo entender de qué se trató, quiénes son los protagonistas, cómo fue la operatoria. El tema del agua, en cambio, es algo concreto, muy tangible para cualquiera que abre una canilla y no sale agua. De ahí que no podemos despreciar las cuestiones materiales como grandes impulsoras de las preferencias electorales y la acción. Pero pongo en duda que haya existido un quiebre en la capacidad de movilización de Chubut por cualquier otro motivo.
De cara a las elecciones, ¿existe una tendencia a la ruptura de los perfiles más tradicionales? Pensando especialmente en las mujeres y las juventudes.
No me parece que el corrimiento de lo tradicional venga por la edad necesariamente. Miraría las prácticas, los discursos, las propuestas. No creo que haya un corrimiento de lo tradicional. Pienso en el PICH (Partido Independiente de Chubut), con un liderazgo como el de Treffinger, que apeló a estrategias electorales muy efectivas que -más que con lo nuevo- tenían que ver con un estilo muy popular, personalista, territorial y de movilización, al estilo del peronismo de Das Neves. ¿Qué es lo novedoso, en todo caso?
¿Cómo analizás la impronta de Das Neves?
Si uno piensa que en la provincia de Chubut hubo una persona que fue tres veces gobernador, con presencia sistemática, importante en toda la agenda pública, todo lo que implique nombres o figuras emergentes, es un cambio. Pero no veo ahí tanta novedad, veo más bien diversificación de liderazgos que poco a poco intentan promoverse. Pienso en Ana Clara Romero, otro liderazgo que si uno lo ve en la historia provincial es bastante reciente. Me pregunto si lo reciente es necesariamente novedoso No veo tanto nuevo. Si se miran los datos de preferencias electorales, se nota que las opciones de tipo peronista, independientemente de etiquetas, han ido perdiendo caudal electoral lentamente. Aparece la coalición de Juntos por el Cambio, el intento de generar un partido político provincial con el PICH, con un registro territorial. Hay liderazgos que son más recientes, emergentes, pero por ahora no veo una gran revolución en la oferta.
¿Cuáles son, en la actualidad, los reclamos con más impacto en el ámbito electoral?
Lo que hay es una historia. Cada elección, cada campaña se inscribe sobre una historia. No se inscribe sobre un contexto nuevo. La historia en los últimos años indica que hay un conjunto de demandas insatisfechas, algunas que suscitaron una reacción amplia por parte de la ciudadanía. Esas demandas no parecen estar resueltas ni haberse corregido de otra manera, están ahí esperando una respuesta. Lo que hay es una necesidad de constituir liderazgos que puedan dar respuesta a esas demandas. Sin dudas el cambio que introdujo la muerte de Das Neves es muy importante a nivel provincial. El crecimiento etario de las élites políticas también demanda una renovación, no una reposición de candidatos y candidatas.
Más allá de la dimensión normativa y discursiva, ¿las demandas de género están hoy contempladas en la agenda política?
Hay una creciente presencia del tema. No sólo hay una regulación, un marco normativo que promueve la igualdad de género, agencias públicas como Ministerios y secretarías con la diferenciación institucional, sino que también hay una presencia cada vez mayor de las preocupaciones de género. Eso tracciona una presencia mayor en la política. No transforma miles de años de patriarcado, pero sí empieza a cambiar el marco de reglas en las cuales se juega la política.