El veneno llega a la placenta: el Alto Valle frente a la amenaza de los plaguicidas, el cáncer y las malformaciones Por Lola Sánchez
Especialistas de la Universidad Nacional del Comahue encontraron plaguicidas en la placenta de mujeres del Alto Valle de Río Negro y Neuquén. El estudio es el primero de este tipo, y continúa investigando los efectos de los agrotóxicos en los cuerpos de las mujeres. Lejos de ser un caso aislado, los resultados obtenidos desnudan un avance sistemático del modelo del agronegocio en toda la Argentina, con complicidad de universidades, empresas y Gobiernos. El investigador Guillermo Folguera aportó una mirada general en la que habla de un mapa "complejo y preocupante", que tiene como principales afectados a los pueblos fumigados. Quienes viven en las inmediaciones de los cultivos sufren desde afecciones menores hasta padecimientos crónicos como el cáncer. Y en pleno año electoral "el sector dirigencial piensa en otra cosa".
El estudio es parte del adelanto de la tesis de Piuque Rodríguez, quien trabaja en la investigación junto a cinco colegas más: Natalia Guiñazú, Berta Vera, Celeste Muntaner Karina Miglioranza y Paola Ondarza. En principio, comprobaron que la presencia de plaguicidas en la placenta afecta directamente al embarazo, ya que disminuye el peso al nacer.
Los resultados fueron presentados en un congreso iberoamericano de Salud y Medio Ambiente, y fue pedido por la Sociedad Española de Salud Ambiental para publicarlo en su revista.
Los datos duros del estudio
El equipo de Rodriguez recolectó placentas de mujeres del Alto Valle, y al analizarlas, hallaron presencia de organoclorados y cloripirifios. Previamente habían demostrado que los plaguicidas provocaran que una enzima dejara de trabajar. La misma situación apareció en el estudio de las placentas.
Hasta el momento, recuperaron los resultados de 20 placentas, pero otras 85 están bajo investigación. Buscan tanto plaguicidas de uso histórico (los organoclorados) como los actuales (organofosforados, herbicida y fungicida).
La concentración total de plaguicidas supera niveles reportados en Asia, Europa y África. De hecho, en el trabajo señalan que entre los diez principales países consumidores de plaguicidas se encuentra Argentina.
Detallan que "en la Región Norpatagónica, existe una historia de uso intensivo de insecticidas para sustentar la producción de frutas de pepita, desde hace 50 años" y remarcan el uso de pesticidas prohibidos: "Históricamente, el control químico de plagas se realizaba con plaguicidas organoclorados (POCs). Argentina se adhirió al Convenio de Estocolmo, que prohibió el uso de los POCs debido a su ubicuidad, persistencia, alta afinidad lipídica y toxicidad, por lo cual, la aplicación de la mayoría de estos compuestos fue prohibida en 1998, mientras que en 2013 se restringió al insecticida endosulfán. Como consecuencia del uso intensivo histórico y actual de plaguicidas en esta zona, se ha determinado la presencia de POCs prohibidos, como DDT, clordanos, endosulfanes y HCHs, así como pesticidas de uso actual (PUA), como organofosforados y carbamatos, en diferentes matrices ambientales".
"La exposición humana a plaguicidas actuales y prohibidos es un tema de gran preocupación en América Latina, especialmente en países de ingresos medios y bajos", continúa el informe, "en Argentina, existen varios reportes relacionados con la acumulación de POCs en sangre, suero, grasa mamaria y leche materna".
Pese a que Argentina está en el tercer lugar mundial por el volumen de plaguicidas consumidos, "son escasos los estudios disponibles que indaguen el nivel de plaguicidas en poblaciones vulnerables, como son los niños y las embarazadas", revela el informe, una preocupación que comparte Folguera y quienes se dedican a investigar y denunciar las consecuencias del agronegocio.
Las consecuencias de exposición a pesticidas en el ambiente intrauterino son especialmente delicadas, ya que consideran que puede tener consecuencias directas en la salud de los adultos. "El ambiente intrauterino se considera el primer escenario de exposición a xenobióticos en la vida, ya que algunas sustancias químicas pueden ser transferidas a través de la placenta hacia el feto en desarrollo (...) Dentro de los plaguicidas estudiados se incluyen varios insecticidas clasificados como neurotóxicos, ya que su mecanismo de acción altera la señalización nerviosa", especifica el informe.
Subrayan que incluso las placentas estudiadas en Arusha (Tanzania), área en la que se aplica DDT para control del vector de la malaria, mostraron niveles menores que los hallados en las muestras de Norpatagonia.
Rodríguez señaló que "a mayor nivel de plaguicidas, menor índice ponderal (que tan bien nutrido se encuentra dentro del vientre materno)".
"Esto demuestra que no estamos solo expuestos a los plaguicidas por su aplicación en el campo, sino que existen otras vías adicionales de exposición que son muy importantes como los alimentos", explicó en medios de comunicación.
Ahora, el objetivo del grupo de investigadores es buscar plaguicidas en el aire y el agua.
"Es innegable que estamos todos expuestos a los plaguicidas. Con decirte que encontramos metabolitos de DDT, un plaguicida que hace 50 años que no se aplica. Es tan persistente, que aún afecta la salud humana", concluye.
"En Argentina hay productos químicos con prohibiciones en el mundo que se están tirando en nuestro ambiente"
Guillermo Folguera -biólogo e investigador del CONICET -dialogó con El Extremo Sur sobre el panorama general del agronegocio en la Argentina.
Folguera se refirió a una situación "de falta muy descontrolada". Explicó que las normativas con respecto a la fumigación son por Municipio, por lo que "son negociaciones que se hacen en cada lugar y dependen de la presión social y negociados en juego, con muchísima excepciones y personas que la rompen cotidianamente."
Al igual que se describe en el estudio de la Universidad del Comahue, el biólogo sostiene que hay efectos de los pesticidas que todavía no están siendo monitoreados, especialmente "efectos agudos y crónicos, como la tiroides o el cáncer".
Tampoco existe una política clara al respecto: "Lo vemos con la aprobación de los químicos, hoy por hoy los productos que aprueba SENASA están basados en informes de las propias empresas involucradas. Si hay un comprador, ya lo aprueba".
"En Argentina hay más de 100 productos químicos con prohibiciones en el mundo, que se están tirando en nuestro ambiente. Si se le agregan los efectos sinérgicos, es brutal. Cualquier estudio químico que se hace en un lugar, en agua o tierra, está mostrando como resultado la presencia de al menos diez productos. Hay interacciones de químicos que ni siquiera son cuantificables y cuantificados en la bibliografía, están experimentándose en nuestros cuerpos y nuestra naturaleza", agrega.
Este panorama se desarrolla en el marco de "la ausencia de una buena historia científica-ambiental en nuestro país" y un machismo subyacente en el sistema médico que increpa a las mujeres que llegan al consultorio con efectos adversos en sus embarazos, lo que da como resultado "un mapa realmente complejo y preocupante".
Impacto desigual
Si bien hay pueblos lindantes a los campos fumigados que experimentan de manera directa las consecuencias del agronegocio, Folguera subraya que hay distintos niveles de afectación en todo el país.
"Acá hay un tema de dosis. Estos problemas afectan como anillos. En primer lugar, están los pueblos fumigados, con influencia directa. Después hay una movilidad de estos químicos por agua y aire, que es brutal. En tercer lugar, tenemos la ingesta, son lugares donde se producen cosas que llegan a nuestro cuerpo a través de la comida". Para el investigador, es necesario remarcar que "nadie está a salvo": "Nosotros comemos eso. Yo vivo en Buenos Aires, y sé que, si me hacen un estudio, voy a tener químicos en la sangre".
Habla de tres factores que se combinan en una coyuntura de crisis: "Por un lado, es una situación violentamente nueva, en 70 años cambió la realidad y el vínculo que tenemos con estos químicos. Después hay una omisión absoluta del Estado, que tendría que estar monitoreando, tomando medidas preventivas. Por último, está el silencio de los grandes medios".
Sin embargo, también rescata la presencia inminente de comunidades movilizadas: "Hace poco estuve en Exaltación de la Cruz y tienen una asamblea que funciona, protesta, despliega banderas, después lo que hay es represión. No es menor comprender que acá hay muchos factores que se entrecruzan, y en algún momento se va a romper el cordón".
"Hay que ver qué pasa cuando se rompa, cuando las comunidades entiendan que cuando pasa un mosquito está amenazando la vida de los hijos. Hay que preguntarnos que pasa cuando el veneno pasa a un embrión. Porque también es interrumpir un imaginario del escape, de decir yo me voy'", cuestiona Folguera.
"Acá estamos hablando de un país donde nadie se puede escapar a ningún lado, es duro, pero esta realidad hay que cambiarla. Y si no te entra cuando te fumigan el mosquito, te entra a través de lo que comes. Estamos viendo las consecuencias de una política absolutamente consistente a nivel municipal, provincial y nacional", agrega.
El círculo vicioso
El poder del agronegocio se sostiene en una red de complicidades entre Gobiernos, sectores científicos y empresas. Estas últimas "están en los dos lados del mostrador, porque Bayer presenta la aprobación de un insecticida y presenta también los papeles que avalan el insecticida, y publica el paper que dice que ese insecticida es inocuo, y lo toma SENASA como prueba, están en todos lados. En un contexto de elecciones, esto no aparece dentro de los problemas, el sector dirigencial de nuestro país está pensando en otra cosa".
Otro actor central en la legitimación del agronegocio es la universidad. Explica Folguera que "la reforma que se dio en la década del 90' en toda la parte legislativa y que avalo la megaminería, fracking y agronegocios también se dirigió fuertemente a cambiar las universidades. Y las cambiaron. Hoy tenemos universidades que usan distintos discursos, con promesas, con un mercado entrando a la lógica universitaria y científicos formados como empresarios".
"Yo trabajo en el CONICET y soy profesor en la Universidad de Buenos Aires. No me sorprende esto, porque tiene una génesis histórica, pero es realmente lamentable. Soñamos con una universidad para el pueblo, y hoy estamos a años de eso", resume.
La salida para un modelo insostenible
Respecto a la participación ciudadana, en el marco del agronegocio se evidencia una restricción total. Folguera subraya la falta de transparecia: "Los criterios que usan las empresas no son públicos. Las voces de las comunidades no están. Están los estudios de las propias empresas como bibliografía, es una especie de negocio, la falta de trasnparencia hoy de sanasa frente a control y criterios es absoluta, ni hablar de criterios de intervención social"
Ante todo, se trata de un sistema insostenible en el tiempo, al menos si se piensa en clave ambiental, con una perspectiva de protección de derechos y calidad de vida.
"Los niveles de gasto y deterioro ambiental se ven, los efectos sanitarios no están siendo recabados en estudios mínimos", detalla Folguera.
"Está clarísimo el gasto ambiental: tierra desgastada, sequía, contaminación química masiva. Estamos en una situación crítica, esto no se va a caer si no lo hacemos caer. Ya hay comunidades que no pueden cultivar, que pierden cosechas, y no sólo es terrible para ellos, sino que encarece precios. La parte de la inflación fue clave en la pérdida por la sequía", cuestiona.
Si bien la situación "no da para más", Folguera sostiene que es posible pensar en la continuidad del modelo si no hay organización y movilización colectiva: "Yo me puedo imaginar un siguiente verano con menor cantidad de sequía sin que explote' la situación, va a depender de lo que hagamos, de cómo nos movamos y del grado de claridad social que tengamos para que cuando haya emprendimientos de este tipo, con sobreconsumo de agua, especulación financiera, contaminación, la comunidad local y regional digan no, esto daña nuestra salud, bienestar, naturaleza, nos deteriora las formas productivas'", concluye.
Por Lola Sánchez
Especialistas de la Universidad Nacional del Comahue encontraron plaguicidas en la placenta de mujeres del Alto Valle de Río Negro y Neuquén. El estudio es el primero de este tipo, y continúa investigando los efectos de los agrotóxicos en los cuerpos de las mujeres. Lejos de ser un caso aislado, los resultados obtenidos desnudan un avance sistemático del modelo del agronegocio en toda la Argentina, con complicidad de universidades, empresas y Gobiernos. El investigador Guillermo Folguera aportó una mirada general en la que habla de un mapa "complejo y preocupante", que tiene como principales afectados a los pueblos fumigados. Quienes viven en las inmediaciones de los cultivos sufren desde afecciones menores hasta padecimientos crónicos como el cáncer. Y en pleno año electoral "el sector dirigencial piensa en otra cosa".
El estudio es parte del adelanto de la tesis de Piuque Rodríguez, quien trabaja en la investigación junto a cinco colegas más: Natalia Guiñazú, Berta Vera, Celeste Muntaner Karina Miglioranza y Paola Ondarza. En principio, comprobaron que la presencia de plaguicidas en la placenta afecta directamente al embarazo, ya que disminuye el peso al nacer.
Los resultados fueron presentados en un congreso iberoamericano de Salud y Medio Ambiente, y fue pedido por la Sociedad Española de Salud Ambiental para publicarlo en su revista.
Los datos duros del estudio
El equipo de Rodriguez recolectó placentas de mujeres del Alto Valle, y al analizarlas, hallaron presencia de organoclorados y cloripirifios. Previamente habían demostrado que los plaguicidas provocaran que una enzima dejara de trabajar. La misma situación apareció en el estudio de las placentas.
Hasta el momento, recuperaron los resultados de 20 placentas, pero otras 85 están bajo investigación. Buscan tanto plaguicidas de uso histórico (los organoclorados) como los actuales (organofosforados, herbicida y fungicida).
La concentración total de plaguicidas supera niveles reportados en Asia, Europa y África. De hecho, en el trabajo señalan que entre los diez principales países consumidores de plaguicidas se encuentra Argentina.
Detallan que "en la Región Norpatagónica, existe una historia de uso intensivo de insecticidas para sustentar la producción de frutas de pepita, desde hace 50 años" y remarcan el uso de pesticidas prohibidos: "Históricamente, el control químico de plagas se realizaba con plaguicidas organoclorados (POCs). Argentina se adhirió al Convenio de Estocolmo, que prohibió el uso de los POCs debido a su ubicuidad, persistencia, alta afinidad lipídica y toxicidad, por lo cual, la aplicación de la mayoría de estos compuestos fue prohibida en 1998, mientras que en 2013 se restringió al insecticida endosulfán. Como consecuencia del uso intensivo histórico y actual de plaguicidas en esta zona, se ha determinado la presencia de POCs prohibidos, como DDT, clordanos, endosulfanes y HCHs, así como pesticidas de uso actual (PUA), como organofosforados y carbamatos, en diferentes matrices ambientales".
"La exposición humana a plaguicidas actuales y prohibidos es un tema de gran preocupación en América Latina, especialmente en países de ingresos medios y bajos", continúa el informe, "en Argentina, existen varios reportes relacionados con la acumulación de POCs en sangre, suero, grasa mamaria y leche materna".
Pese a que Argentina está en el tercer lugar mundial por el volumen de plaguicidas consumidos, "son escasos los estudios disponibles que indaguen el nivel de plaguicidas en poblaciones vulnerables, como son los niños y las embarazadas", revela el informe, una preocupación que comparte Folguera y quienes se dedican a investigar y denunciar las consecuencias del agronegocio.
Las consecuencias de exposición a pesticidas en el ambiente intrauterino son especialmente delicadas, ya que consideran que puede tener consecuencias directas en la salud de los adultos. "El ambiente intrauterino se considera el primer escenario de exposición a xenobióticos en la vida, ya que algunas sustancias químicas pueden ser transferidas a través de la placenta hacia el feto en desarrollo (...) Dentro de los plaguicidas estudiados se incluyen varios insecticidas clasificados como neurotóxicos, ya que su mecanismo de acción altera la señalización nerviosa", especifica el informe.
Subrayan que incluso las placentas estudiadas en Arusha (Tanzania), área en la que se aplica DDT para control del vector de la malaria, mostraron niveles menores que los hallados en las muestras de Norpatagonia.
Rodríguez señaló que "a mayor nivel de plaguicidas, menor índice ponderal (que tan bien nutrido se encuentra dentro del vientre materno)".
"Esto demuestra que no estamos solo expuestos a los plaguicidas por su aplicación en el campo, sino que existen otras vías adicionales de exposición que son muy importantes como los alimentos", explicó en medios de comunicación.
Ahora, el objetivo del grupo de investigadores es buscar plaguicidas en el aire y el agua.
"Es innegable que estamos todos expuestos a los plaguicidas. Con decirte que encontramos metabolitos de DDT, un plaguicida que hace 50 años que no se aplica. Es tan persistente, que aún afecta la salud humana", concluye.
"En Argentina hay productos químicos con prohibiciones en el mundo que se están tirando en nuestro ambiente"
Guillermo Folguera -biólogo e investigador del CONICET -dialogó con El Extremo Sur sobre el panorama general del agronegocio en la Argentina.
Folguera se refirió a una situación "de falta muy descontrolada". Explicó que las normativas con respecto a la fumigación son por Municipio, por lo que "son negociaciones que se hacen en cada lugar y dependen de la presión social y negociados en juego, con muchísima excepciones y personas que la rompen cotidianamente."
Al igual que se describe en el estudio de la Universidad del Comahue, el biólogo sostiene que hay efectos de los pesticidas que todavía no están siendo monitoreados, especialmente "efectos agudos y crónicos, como la tiroides o el cáncer".
Tampoco existe una política clara al respecto: "Lo vemos con la aprobación de los químicos, hoy por hoy los productos que aprueba SENASA están basados en informes de las propias empresas involucradas. Si hay un comprador, ya lo aprueba".
"En Argentina hay más de 100 productos químicos con prohibiciones en el mundo, que se están tirando en nuestro ambiente. Si se le agregan los efectos sinérgicos, es brutal. Cualquier estudio químico que se hace en un lugar, en agua o tierra, está mostrando como resultado la presencia de al menos diez productos. Hay interacciones de químicos que ni siquiera son cuantificables y cuantificados en la bibliografía, están experimentándose en nuestros cuerpos y nuestra naturaleza", agrega.
Este panorama se desarrolla en el marco de "la ausencia de una buena historia científica-ambiental en nuestro país" y un machismo subyacente en el sistema médico que increpa a las mujeres que llegan al consultorio con efectos adversos en sus embarazos, lo que da como resultado "un mapa realmente complejo y preocupante".
Impacto desigual
Si bien hay pueblos lindantes a los campos fumigados que experimentan de manera directa las consecuencias del agronegocio, Folguera subraya que hay distintos niveles de afectación en todo el país.
"Acá hay un tema de dosis. Estos problemas afectan como anillos. En primer lugar, están los pueblos fumigados, con influencia directa. Después hay una movilidad de estos químicos por agua y aire, que es brutal. En tercer lugar, tenemos la ingesta, son lugares donde se producen cosas que llegan a nuestro cuerpo a través de la comida". Para el investigador, es necesario remarcar que "nadie está a salvo": "Nosotros comemos eso. Yo vivo en Buenos Aires, y sé que, si me hacen un estudio, voy a tener químicos en la sangre".
Habla de tres factores que se combinan en una coyuntura de crisis: "Por un lado, es una situación violentamente nueva, en 70 años cambió la realidad y el vínculo que tenemos con estos químicos. Después hay una omisión absoluta del Estado, que tendría que estar monitoreando, tomando medidas preventivas. Por último, está el silencio de los grandes medios".
Sin embargo, también rescata la presencia inminente de comunidades movilizadas: "Hace poco estuve en Exaltación de la Cruz y tienen una asamblea que funciona, protesta, despliega banderas, después lo que hay es represión. No es menor comprender que acá hay muchos factores que se entrecruzan, y en algún momento se va a romper el cordón".
"Hay que ver qué pasa cuando se rompa, cuando las comunidades entiendan que cuando pasa un mosquito está amenazando la vida de los hijos. Hay que preguntarnos que pasa cuando el veneno pasa a un embrión. Porque también es interrumpir un imaginario del escape, de decir yo me voy'", cuestiona Folguera.
"Acá estamos hablando de un país donde nadie se puede escapar a ningún lado, es duro, pero esta realidad hay que cambiarla. Y si no te entra cuando te fumigan el mosquito, te entra a través de lo que comes. Estamos viendo las consecuencias de una política absolutamente consistente a nivel municipal, provincial y nacional", agrega.
El círculo vicioso
El poder del agronegocio se sostiene en una red de complicidades entre Gobiernos, sectores científicos y empresas. Estas últimas "están en los dos lados del mostrador, porque Bayer presenta la aprobación de un insecticida y presenta también los papeles que avalan el insecticida, y publica el paper que dice que ese insecticida es inocuo, y lo toma SENASA como prueba, están en todos lados. En un contexto de elecciones, esto no aparece dentro de los problemas, el sector dirigencial de nuestro país está pensando en otra cosa".
Otro actor central en la legitimación del agronegocio es la universidad. Explica Folguera que "la reforma que se dio en la década del 90' en toda la parte legislativa y que avalo la megaminería, fracking y agronegocios también se dirigió fuertemente a cambiar las universidades. Y las cambiaron. Hoy tenemos universidades que usan distintos discursos, con promesas, con un mercado entrando a la lógica universitaria y científicos formados como empresarios".
"Yo trabajo en el CONICET y soy profesor en la Universidad de Buenos Aires. No me sorprende esto, porque tiene una génesis histórica, pero es realmente lamentable. Soñamos con una universidad para el pueblo, y hoy estamos a años de eso", resume.
La salida para un modelo insostenible
Respecto a la participación ciudadana, en el marco del agronegocio se evidencia una restricción total. Folguera subraya la falta de transparecia: "Los criterios que usan las empresas no son públicos. Las voces de las comunidades no están. Están los estudios de las propias empresas como bibliografía, es una especie de negocio, la falta de trasnparencia hoy de sanasa frente a control y criterios es absoluta, ni hablar de criterios de intervención social"
Ante todo, se trata de un sistema insostenible en el tiempo, al menos si se piensa en clave ambiental, con una perspectiva de protección de derechos y calidad de vida.
"Los niveles de gasto y deterioro ambiental se ven, los efectos sanitarios no están siendo recabados en estudios mínimos", detalla Folguera.
"Está clarísimo el gasto ambiental: tierra desgastada, sequía, contaminación química masiva. Estamos en una situación crítica, esto no se va a caer si no lo hacemos caer. Ya hay comunidades que no pueden cultivar, que pierden cosechas, y no sólo es terrible para ellos, sino que encarece precios. La parte de la inflación fue clave en la pérdida por la sequía", cuestiona.
Si bien la situación "no da para más", Folguera sostiene que es posible pensar en la continuidad del modelo si no hay organización y movilización colectiva: "Yo me puedo imaginar un siguiente verano con menor cantidad de sequía sin que explote' la situación, va a depender de lo que hagamos, de cómo nos movamos y del grado de claridad social que tengamos para que cuando haya emprendimientos de este tipo, con sobreconsumo de agua, especulación financiera, contaminación, la comunidad local y regional digan no, esto daña nuestra salud, bienestar, naturaleza, nos deteriora las formas productivas'", concluye.