Eva Perón: el pueblo en el poderPor Daniel Víctor Sosa *
Especial para El Extremo Sur
Por su origen y por su historia Evita (1919-1952) pudo ocupar el puesto de representante del pueblo en el poder. Pero en realidad su protagonismo en la vida política argentina fue mucho más importante. Ella fue, directamente, el pueblo en el poder.
Esta definición le pertenece a un académico de nombre Carlos Ciappina, ex vicerrector de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, donde en la actualidad se desempeña como profesor.
La mirada de Ciappina sobre este mito nacional es un ejemplo de supervivencia. Hoy se cumplen 71 años de su desaparición física y del comienzo de una veneración que forma parte de la identidad de multitudes, especialmente en ámbitos populares.
Evita es reconocida como una más del pueblo. Venida desde abajo, criada por una madre trabajadora, sin riquezas, propiedades o títulos académicos. En síntesis, sin vínculos de pertenencia con ninguna minoría privilegiada.
Una joven
Era apenas una joven mujer descalificada por la moral de las clases medias y altas de la época. Por su oscuro origen familiar de hija ilegítima primero. Luego por abrirse paso como actriz en la gran ciudad. Motivo suficiente, aunque sin mayores fundamentos, para generar suspicacias en una sociedad de fuerte sesgo patriarcal.
La descalificación definitiva vendría después de 1945, cuando Eva, ya convertida en gran organizadora, exhibió con pasión su defensa de los humildes y del régimen político encabezado por su compañero de vida.
Pero volvamos atrás, a sus 24 años de edad. Era entonces una más de ese ´pueblo empobrecido, explotado y sin derechos. Porque en la Argentina perduraba la infamia de gobiernos fraudulentos en beneficio de ínfimas minorías locales y extranjeras.
Las cosas empezaron a cambiar en para el país en 1943-44, cuando un coronel como figura clave impulsó la paulatina reorganización de los sindicatos y una gradual ampliación efectiva de los derechos laborales.
En medio del drástico giro en la orientación política, Evita y Juan Domingo se conocen y deciden unir sus destinos. A ella, sin embargo, le quedaba algo más de un año para transformarse en un motor inagotable del nuevo modelo socioeconómico.
Fue en la primavera de 1945 cuando nació otra época en la Argentina. Formalizada la pareja después de octubre, triunfante Perón en el comicio de febrero de 1946, Eva pronto ascendió al primer plano.
No en su carácter de primera dama, sino de pilar del flamante gobierno. Nexo con el nuevo gremialismo. Representante oficial ante paises europeos. Promotora de la organización política de las mujeres. Conductora de un generoso sistema de ayudas a los desposeídos.
Todo eso mientras agigantaba su figura con cada intervención pública. Sus artículos periodísticos y sus libros. Sus ardorosos discursos en Plaza de Mayo.
Un breve pero intenso paso por la vida política, que acabaría a las 20.25 del 26 de julio de 1952, para dolor de millones de argentinos y argentina.
Saña y temor
Distinta, desde luego, fue (es todavía) la sensación de los detractores de quien fuera designada "Jefa Espiritual de la Nación" y "Abanderada de los humildes".
Aquellos opositores solo vieron en escena a una "aventurera" y "arribista", de discursos "demagógicos", autoritaria y parte de un sistema tiránico, supresor de libertades y garantías republicanas. Por eso la colmaron de manifestaciones de desprecio aún más furiosas y, desde luego, misóginas.
La saña con que fue tratado su cadáver, una vez que la Revolución Libertadora usurpó el poder luego de derrocar a Perón, fue quizás la muestra más acabada del odio a Evita (y del temor que despertaba la creciente idolatría de sus seguidores).
Su figura, con todo, no deja de cobrar sentido cada vez que resurgen los ideales de soberanía, independencia y justicia. Es la respuesta de amplias mayorías a un ideario convertido en bandera de lucha.
Es curioso, Eva concluía muchos de sus discursos en ámbitos sindicales con una frase que podría interpretarse como de mera cortesía. "Les dejo mi corazón", se despedía. Esas palabras se transformaron en una presencia palpitante para un Pueblo que la sigue teniendo como referencia en sus luchas contra las injusticias sociales.
* Autor del libro EL MONSTRUO Y LA FIESTA, barricadas peronistas y opositoras allá lejos y hace tiempo (Ediciones Ciccus, 2023).
Por Daniel Víctor Sosa *
Especial para El Extremo Sur
Por su origen y por su historia Evita (1919-1952) pudo ocupar el puesto de representante del pueblo en el poder. Pero en realidad su protagonismo en la vida política argentina fue mucho más importante. Ella fue, directamente, el pueblo en el poder.
Esta definición le pertenece a un académico de nombre Carlos Ciappina, ex vicerrector de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, donde en la actualidad se desempeña como profesor.
La mirada de Ciappina sobre este mito nacional es un ejemplo de supervivencia. Hoy se cumplen 71 años de su desaparición física y del comienzo de una veneración que forma parte de la identidad de multitudes, especialmente en ámbitos populares.
Evita es reconocida como una más del pueblo. Venida desde abajo, criada por una madre trabajadora, sin riquezas, propiedades o títulos académicos. En síntesis, sin vínculos de pertenencia con ninguna minoría privilegiada.
Una joven
Era apenas una joven mujer descalificada por la moral de las clases medias y altas de la época. Por su oscuro origen familiar de hija ilegítima primero. Luego por abrirse paso como actriz en la gran ciudad. Motivo suficiente, aunque sin mayores fundamentos, para generar suspicacias en una sociedad de fuerte sesgo patriarcal.
La descalificación definitiva vendría después de 1945, cuando Eva, ya convertida en gran organizadora, exhibió con pasión su defensa de los humildes y del régimen político encabezado por su compañero de vida.
Pero volvamos atrás, a sus 24 años de edad. Era entonces una más de ese ´pueblo empobrecido, explotado y sin derechos. Porque en la Argentina perduraba la infamia de gobiernos fraudulentos en beneficio de ínfimas minorías locales y extranjeras.
Las cosas empezaron a cambiar en para el país en 1943-44, cuando un coronel como figura clave impulsó la paulatina reorganización de los sindicatos y una gradual ampliación efectiva de los derechos laborales.
En medio del drástico giro en la orientación política, Evita y Juan Domingo se conocen y deciden unir sus destinos. A ella, sin embargo, le quedaba algo más de un año para transformarse en un motor inagotable del nuevo modelo socioeconómico.
Fue en la primavera de 1945 cuando nació otra época en la Argentina. Formalizada la pareja después de octubre, triunfante Perón en el comicio de febrero de 1946, Eva pronto ascendió al primer plano.
No en su carácter de primera dama, sino de pilar del flamante gobierno. Nexo con el nuevo gremialismo. Representante oficial ante paises europeos. Promotora de la organización política de las mujeres. Conductora de un generoso sistema de ayudas a los desposeídos.
Todo eso mientras agigantaba su figura con cada intervención pública. Sus artículos periodísticos y sus libros. Sus ardorosos discursos en Plaza de Mayo.
Un breve pero intenso paso por la vida política, que acabaría a las 20.25 del 26 de julio de 1952, para dolor de millones de argentinos y argentina.
Saña y temor
Distinta, desde luego, fue (es todavía) la sensación de los detractores de quien fuera designada "Jefa Espiritual de la Nación" y "Abanderada de los humildes".
Aquellos opositores solo vieron en escena a una "aventurera" y "arribista", de discursos "demagógicos", autoritaria y parte de un sistema tiránico, supresor de libertades y garantías republicanas. Por eso la colmaron de manifestaciones de desprecio aún más furiosas y, desde luego, misóginas.
La saña con que fue tratado su cadáver, una vez que la Revolución Libertadora usurpó el poder luego de derrocar a Perón, fue quizás la muestra más acabada del odio a Evita (y del temor que despertaba la creciente idolatría de sus seguidores).
Su figura, con todo, no deja de cobrar sentido cada vez que resurgen los ideales de soberanía, independencia y justicia. Es la respuesta de amplias mayorías a un ideario convertido en bandera de lucha.
Es curioso, Eva concluía muchos de sus discursos en ámbitos sindicales con una frase que podría interpretarse como de mera cortesía. "Les dejo mi corazón", se despedía. Esas palabras se transformaron en una presencia palpitante para un Pueblo que la sigue teniendo como referencia en sus luchas contra las injusticias sociales.
* Autor del libro EL MONSTRUO Y LA FIESTA, barricadas peronistas y opositoras allá lejos y hace tiempo (Ediciones Ciccus, 2023).