Patagonia

Custodiar el territorio, contra las llamas y la desidia de Parques Nacionales

Por Susana Lara (especial para EES)

Los pobladores criollos que viven en tierras bajo la jurisdicción del Parque Nacional Los Alerces, en el noroeste de Chubut, viven las horas más difíciles desde que se detectó el incendio del bosque el 9 de diciembre pasado. Una docena de familias entrelazadas, unas doscientas personas que continúan el asentamiento de dos de ellas para 1895, según la memoria oral y la documentación histórica.

Seis frentes de fuego

Arden sin control al menos seis frentes, los extremos de una estrella ardiente que nació con un rayo, durante una tormenta eléctrica, en el brazo sur del lago Menéndez. Desde allí, se extendió hacia el noreste, a ambos lados del lago Rivadavia, donde alcanzó el miércoles a la noche a la pequeña villa urbana construída en la cabecera amenazando a la localidad de Cholila, ubicada a unos pocos kilómetros al este. Antes ya había alcanzado el lago Verde y los animales, pastizales y galpones de dos poblaciones del lugar. Desde allí, uno de los frentes corrió hacia el sur, sobre la costa norte del lago Futalafquen, que amenaza a varios pobladores e infraestructura para el turismo.

A pocos kilómetros unx de otrx, junto a la costa del lago Futalafquen, dos poblaciones miden el humo y el color de las llamas desde el foco hasta sus pies, dispuestos a dar la pelea. Rebeca Gallegos (77 años), nieta de María Eulalia Vázquez y Rudecindo Rosales, una de las dos familias que se asentaron hace 131 años, ve rugir el fuego a pocos kilómetros. Un poco más al sur, sobre la misma costa este del lago, Juan Zuoza (51 años), un guía de turismo y prestador de servicios que vive hace 25 años en el lugar, casado con una mujer integrante de las vieja familias pobladoras. Ambos integran la asociación de pobladores y asistieron a una reunión en la que reclamaron por la gestión política y técnica del incendio a Sergio Martín Alvarez, presidente del directorio de la Administración Nacional de Parques Nacionales. No fueron invitados, supieron de la reunión y reclamaron ser escuchados.

"Una tragedia"

Desde Los Tapúes, Rebeca ve las llamas a menos de cuatro kilómetros, que pasó por encima los cortafuegos. "Resistimos con mangueras de jardín y poca agua que trae el arroyo. En ningún momento ofrecieron un tanque de agua, nada. No es sólo el fuego y la sequía, sino la indiferencia de las autoridades que ni siquiera informan. Si no fuera por una radio FM y periodistas de Esquel no nos enteramos de nada". En sus años, nunca vivió nada comparable. "Es una tragedia", resumió.

Defendió la existencia de los parques nacionales como modelo de conservación, pero cuestionó duramente las gestiones locales, las que padece directamente. "Toda una historia para sacar un pino, no te dejan ni sacar madera caída para leña y ahora....". Está indignada, busca palabra que expresen lo que piensa y siente: "todo es tan oscuro, ¡¿le van a echar la culpa a los mapuche del fuego que empezó en los riscos?! Con más de un metro de hojarazca seca, lo dejaron avanzar".

En noviembre de 1985, se quemó la hostería y los galpones de la población Gallegos, la histórica que construyó el abuelo. "Fue provocado. No pudimos recuperarla. No tuvimos la posibilidad de sacar un crédito porque no tenemos un título de propiedad. Parques busca agotar a los pobladores para que nos vayamos. Nos han hecho de todo". Recordó otros incendios durante la gobernación de Mario Das Neves, que abrieron la puerta para operaciones de compra-venta de tierras junto al lago Cholila.

"Cuando en 1937 se fundó el Parque Los Alerces ya estábamos", reafirmó y enumeró los apellidos de la docena de familias que permanecen y resisten.

"No evacuaremos"

Sobre la misma costa este del Futalafquen, en la bahía Anacleto, la familia de Juan está dispuesta a resistir el avance del fuego, para lo que se están preparando desde semanas. Desde el lunes 19 tienen un frente que avanza en su dirección a unos 4 kilómetros, el que seguía activo pero más apaciguado al momento de cerrar esta nota. Ampliaron el camino de conexión a la ruta 71 y el acceso al lago para facilitar el trabajo de camiones y motobombas, en caso de ser necesario. Y se equiparon para permanecer defendiendo el lugar, aseguró el hombre. "Se perdió un mes sin convocar a los pobladores a la intendencia (del Parque Los Alerces). Hubo negligencia o por lo menos desinteligencias en el ataque inicial. Recién después que estuvo el presidente del organismo llegaron los recursos".

Juan es secretario de la Asociación de Pobladores, organización que cuenta con un padrón de 200 personas que viven en su gran mayoría en el área de reserva y unos pocos en el parque de mayor protección medioambiental. A un año de otro incendio en la zona, "quedó expuesto que no cuentan con un plan para proteger la biodiversidad y la gente".

El foco ubicado más hacia el oeste, cerca del origen del incendio, es el que representa una amenaza a los manchones de alerces milenarios y al glaciar Torrecillas. Son siete los espacios con alerces milenarios, de los cuales uno solamente está abierto al público, el que contiene al abuelo de 2600 años. Todavía no ha podido volver a recorrer las zonas afectadas, que por lo general es su radio de trabajo con turistas. Parte de la infraestructura se salvó (como la pasarela sobre el río Arrayanes), pero muchos senderos tendrán que ser reconstruidos.

"No vamos a evacuar. Tenemos herramientas. Vamos a pelearla".