Seguir huellas en silencio: una temporada de pumas desde adentro Mientras la temporada sigue en curso, el guía Facu Epul comparte cómo se vive el avistaje responsable en la estepa del noroeste de Santa Cruz: tiempos largos, escucha atenta y una experiencia que no se mide solo en encuentros.
Con otro ritmo
Para Facu Epul, la temporada de avistaje de pumas que aún se está desarrollando se explica mucho más que por la cantidad de avistajes. "Más que por eso, está dejando una sensación de madurez", dice. Una madurez que se apoya, además de lo que se puede ver a través de los binoculares, en los procesos que se dan en el campo y dentro del equipo. Facu es quien impulsa El Choique Guía, un proyecto de avistaje responsable que desde hace años propone recorrer la estepa a otro ritmo.
El crecimiento del proyecto trajo nuevos desafíos. Por ejemplo, dejar atrás el trabajo como guía independiente para consolidarse como equipo y asumir responsabilidades compartidas, cuidando cada detalle de experiencias cada vez más completas.
Quienes llegan a buscar pumas lo hacen, casi siempre, con el avistaje como objetivo principal. Facu lo entiende. "Es lógico, porque es lo que estamos ofreciendo", dice. Pero también ve cómo, con el correr de los días, algo cambia. "Se van con otra cosa: una comprensión del territorio que estamos recorriendo y del lugar que ocupa el puma en este hábitat". Incluso cuando el animal no aparece, la experiencia no se vacía. Aprender a leer rastros, a distinguir si un puma pasó hace poco o hace mucho, a escuchar a los guanacos y a observar los comportamientos de otras especies forma parte del proceso. "No es un espectáculo, no es un show armado. Y eso es lo más lindo de ver: cómo cambia la expectativa inicial".
El cuerpo también aprende. Jornadas largas, frío, espera, silencio. "Nosotros tenemos otro registro del cuerpo en esos momentos", explica Facu. El cansancio y el clima siguen ahí, pero se viven distinto. "Estar en silencio y a la espera cambia el orden de los pensamientos. Bajamos un cambio". Para quienes llegan desde otros ritmos, la incomodidad aparece rápido, sobre todo el primer día. Después, algo se acomoda. "La ansiedad baja y la atención se vuelve más fina". A tal punto que, en más de una salida, fueron los propios visitantes quienes detectaron primero la presencia de fauna. "Como guía, acompañar ese proceso es hermoso".
Lenguaje común
Compartir caminatas, silencios y espera va creando un lenguaje común. "Muchas veces nos comunicamos sin hablar", dice. Solo las miradas alcanzan, grupos que se leen entre sí, incluso cuando no se conocían de antes. Al final de cada salida, se puede ver una linda camaradería. "Se genera de manera natural, sin guiones".
Con el paso de las temporadas, Facu aprendió algo clave indispensable. Y es que no hay que forzar nada. "Ni los avistajes, ni las expectativas, ni los recorridos". Hoy cuidan más los límites, los del grupo y, sobre todo, los de la fauna. Por eso recomiendan salidas de varios días. "No todo tiene que resolverse en uno solo. El parque siempre devuelve algo, aunque no siempre sea lo que imaginamos".
Si tuviera que elegir una escena que resuma lo que están buscando, no sería necesariamente un puma. Sería un momento de espera en el cañadón Caracoles: el grupo sentado, casi inmóvil, el silencio completo, apenas sin viento. Aunque pareciera que no está pasando nada, en realidad muchas cosas suceden. "Todo pasa ahí, en el paisaje, el tiempo suspendido, la atención puesta cien por ciento en la estepa".
¿Por qué seguir haciendo este trabajo? Facu reflexiona unos segundos, pero no lo duda: "Porque me sigue conmoviendo, me despierta curiosidad y me apasiona". Caminar la estepa y compartirla con otros es, para él, una forma de cuidar lo que ama y de generar conciencia desde la experiencia directa. "Guiar no es solo mostrar un lugar, es acompañar una forma de estar".
Fuente: Agencia El Rompehielos
Mientras la temporada sigue en curso, el guía Facu Epul comparte cómo se vive el avistaje responsable en la estepa del noroeste de Santa Cruz: tiempos largos, escucha atenta y una experiencia que no se mide solo en encuentros.
Con otro ritmo
Para Facu Epul, la temporada de avistaje de pumas que aún se está desarrollando se explica mucho más que por la cantidad de avistajes. "Más que por eso, está dejando una sensación de madurez", dice. Una madurez que se apoya, además de lo que se puede ver a través de los binoculares, en los procesos que se dan en el campo y dentro del equipo. Facu es quien impulsa El Choique Guía, un proyecto de avistaje responsable que desde hace años propone recorrer la estepa a otro ritmo.
El crecimiento del proyecto trajo nuevos desafíos. Por ejemplo, dejar atrás el trabajo como guía independiente para consolidarse como equipo y asumir responsabilidades compartidas, cuidando cada detalle de experiencias cada vez más completas.
Quienes llegan a buscar pumas lo hacen, casi siempre, con el avistaje como objetivo principal. Facu lo entiende. "Es lógico, porque es lo que estamos ofreciendo", dice. Pero también ve cómo, con el correr de los días, algo cambia. "Se van con otra cosa: una comprensión del territorio que estamos recorriendo y del lugar que ocupa el puma en este hábitat". Incluso cuando el animal no aparece, la experiencia no se vacía. Aprender a leer rastros, a distinguir si un puma pasó hace poco o hace mucho, a escuchar a los guanacos y a observar los comportamientos de otras especies forma parte del proceso. "No es un espectáculo, no es un show armado. Y eso es lo más lindo de ver: cómo cambia la expectativa inicial".
El cuerpo también aprende. Jornadas largas, frío, espera, silencio. "Nosotros tenemos otro registro del cuerpo en esos momentos", explica Facu. El cansancio y el clima siguen ahí, pero se viven distinto. "Estar en silencio y a la espera cambia el orden de los pensamientos. Bajamos un cambio". Para quienes llegan desde otros ritmos, la incomodidad aparece rápido, sobre todo el primer día. Después, algo se acomoda. "La ansiedad baja y la atención se vuelve más fina". A tal punto que, en más de una salida, fueron los propios visitantes quienes detectaron primero la presencia de fauna. "Como guía, acompañar ese proceso es hermoso".
Lenguaje común
Compartir caminatas, silencios y espera va creando un lenguaje común. "Muchas veces nos comunicamos sin hablar", dice. Solo las miradas alcanzan, grupos que se leen entre sí, incluso cuando no se conocían de antes. Al final de cada salida, se puede ver una linda camaradería. "Se genera de manera natural, sin guiones".
Con el paso de las temporadas, Facu aprendió algo clave indispensable. Y es que no hay que forzar nada. "Ni los avistajes, ni las expectativas, ni los recorridos". Hoy cuidan más los límites, los del grupo y, sobre todo, los de la fauna. Por eso recomiendan salidas de varios días. "No todo tiene que resolverse en uno solo. El parque siempre devuelve algo, aunque no siempre sea lo que imaginamos".
Si tuviera que elegir una escena que resuma lo que están buscando, no sería necesariamente un puma. Sería un momento de espera en el cañadón Caracoles: el grupo sentado, casi inmóvil, el silencio completo, apenas sin viento. Aunque pareciera que no está pasando nada, en realidad muchas cosas suceden. "Todo pasa ahí, en el paisaje, el tiempo suspendido, la atención puesta cien por ciento en la estepa".
¿Por qué seguir haciendo este trabajo? Facu reflexiona unos segundos, pero no lo duda: "Porque me sigue conmoviendo, me despierta curiosidad y me apasiona". Caminar la estepa y compartirla con otros es, para él, una forma de cuidar lo que ama y de generar conciencia desde la experiencia directa. "Guiar no es solo mostrar un lugar, es acompañar una forma de estar".
Fuente: Agencia El Rompehielos