Los desiertos verdes de la Patagonia: cómo la invasión del pino agudiza los incendios forestales
Desde mediados del Siglo XX, el pino viene sustituyendo al bosque nativo patagónico, con la familia Benetton como una de las principales impulsoras. Se trata de una especie invasora con un ritmo de reproducción que supera con creces el de otros árboles regionales. Aunque desde el punto de vista económico constituyen una opción rentable, genera grandes daños ambientales. De hecho, tiene un rol preponderante en los incendios que azotaron a la Comarca en las últimas décadas, debido a su capacidad de rápida propagación del fuego. A pesar de las evidencias, los gobiernos todavía no encaran acciones coordinadas para frenar las forestaciones masivas y son las iniciativas vecinales las que hoy buscan una respuesta para salvar los bosques patagónicos.
Del plan forestal al desfinanciamiento
La historia de las especies invasoras en la Patagonia tiene larga data, concretamente las coníferas, que en las últimas décadas fueron reemplazando el bosque nativo y hoy dominan la escena por su gran capacidad de propagación. Las especies más utilizadas en las forestaciones patagónicas son el pino ponderosa, el pino murrayana y el pino oregón, especies que cuentan con antecedentes de invasión en otras regiones del mundo.
Según detalla un artículo de los investigadores Estela Raffaele, Martin Nuñez y María Relva (INIBIOMA-CONICET) el pino murrayana tiene un historial de invasión en matorrales, praderas, pasturas y bosques abiertos en Nueva Zelanda. El oregón, por ejemplo, se propagó en bosques mediterráneos en España y está haciendo lo mismo en los bosques patagónicos de Chile y Argentina. El ponderosa ha invadido sitios en Chile, mientras que en Nueva Zelanda invade praderas y arbustales.
Esta última es una de las principales especies implantadas en la Patagonia. Es originaria del oeste de Estados Unidos y fue introducida en el país en el Siglo XIX. Su explotación forestal inició en la segunda mitad del Siglo XX por iniciativa estatal. Los primeros pinos que llegaron a la Patagonia lo hicieron en la década de 1920 por decisión del Ministerio de Agricultura para poner en marcha el vivero nacional en Isla Victoria y fomentar la economía forestal introduciendo especies exóticas. En 1940 comenzaron las plantaciones masivas en algunas regiones del país. En la Patagonia se intensificó su implantación a partir de los 90.
"Desde entonces, estas poblaciones de árboles, con una gran capacidad de adaptación al fuego, fueron invadiendo, reduciendo el terreno disponible para las especies nativas", subrayan las investigadoras Jorgelina Franzese y Melisa Blackhall.
Es una de las especies más forestadas en la Patagonia: el 87% de las plantaciones corresponden a este tipo de coníferas y en la provincia de Chubut la cifra alcanza el 96%. En las últimas décadas, su avance lento ha ido reemplazando el bosque nativo en los alrededores de las ciudades cordilleranas.
Esta especie crece en la Patagonia al doble de la velocidad que en América del Norte. A diferencia de otras especies nativas, los plantines son viables en un 100% durante años, enfrentan sequías y se propagan sin control, por lo que implican un alto rédito económico. Su madera es una de las menos apreciadas y tiene escasos usos. Sus fibras largas, por el contrario, son ideales para la fabricación de pasta de celulosa, que se utiliza en productos de papel. Su rápido crecimiento motiva plantaciones masivas sin considerar el riesgo ambiental latente y la paulatina modificación del paisaje natural andino.
El proceso es difícilmente reversible sin un plan adecuado, sobre todo por la velocidad de reproducción de la especie y el rebote luego de los incendios forestales. Además, inhiben el crecimiento de otros vegetales y secan el suelo a su alrededor. Aunque está probado el papel del pino en la propagación de incendios y el agravamiento de la crisis hídrica en la región, el Gobierno no ha parado de subsidiar plantaciones industriales.
Según el documento del Plan Estratégico Forestal y Foresto Industrial Argentina publicado en 2020, el pino es la principal especie plantada en el país (62%), seguida de los eucaliptus (26%) y las salicáceas (10%). De las 1,3 millones de hectáreas actuales con implantación de pinos -de las cuales 100 mil están en Patagonia- se propone llegar a 2 millones para 2030 con el Plan Forestal.
El Gobierno de Javier Milei no ha delineado un plan específico en relación a las políticas ambientales. Al contrario, se caracteriza por la falta de planificación y el paulatino desfinanciamiento de los fondos. Sin embargo, la eliminación del Fondo Fiduciario para la Protección Ambiental de Bosques Nativos -realizada mediante el decreto 888/2024, gracias a los poderes otorgados por el Congreso a través de la Ley Bases- suscita un gran interrogante sobre cómo evolucionarán las implantaciones y la protección del bosque nativo, además de profundizar la discrecionalidad del manejo de los fondos.
El forestador de pinos más grande de Chubut
"Tenemos que decir que en la Patagonia hay miles de hectáreas forestadas y que Benetton es el forestador más grande de Chubut. No ha parado de forestar en esta pandemia", explicaba el investigador Lino Pizzolón a este medio en 2021, en ocasión de los incendios de la Comarca Andina.
La familia Benetton posee en Argentina 920 mil hectáreas destinadas a la producción agropecuaria y forestal, de las cuales 600.000 se encuentran en la zona cordillerana de Río Negro y Chubut distribuidas en distintas estancias. Ahí se concentra una implantación de pinos que asciende a más de 9.000 hectáreas, entre las localidades de El Maitén y Epuyén. La Compañía de Tierras Sud Argentino, empresa que administra las estancias, comenzó la implantación masiva en 1992, un año después de que los Benetton adquirieron las tierras.
Desde entonces no ha parado y, de hecho, la empresa busca duplicar la superficie y mantenerla estable en unas 16.000 hectáreas, cortando y plantando en la misma proporción. Aunque se hacen ensayos con otras especies como los pinos murrayana y oregón, el pino ponderosa acapara el terreno y conforma el 95% de las forestaciones de los Benetton.
La forestación fue impulsada en gran parte por los sucesivos gobiernos, que amparan y subsidian la actividad a través de un marco legal. La Ley 25080/98 de Inversiones para Bosques Cultivados promovió muchas de las forestaciones incipientes en la región, y en 2008 incluso fue reformada y prorrogada.
Según el artículo de Raffaele, Nuñez y Relva, en el noroeste de la Patagonia, desde la década de los 70, la tendencia del ritmo de forestación es creciente y el potencial de la región es grande. Estudios de aptitud forestal estiman que la superficie apta para ser forestada alcanza las 800.000 hectáreas. Algunos incluso calculan 2 millones. Sin embargo, la invasión de pinos también implica grandes riesgos ambientales y sociales para los pobladores.
La sinergia de las especies exóticas y el fuego
Según explican los investigadores del INIBIOMA-CONICET entre el efecto del fuego y la invasión de coníferas exóticas existe una "sinergia", una evidente relación que comenzó a ser estudiada con más atención en los últimos años. La rápida propagación del pino que supone un alto rendimiento económico también conlleva riesgos ambientales. El pino pertenece a las especies pirófitas, es decir, altamente inflamables. Es uno de los principales responsables de la propagación de los incendios forestales: transmite el fuego cinco veces más rápido que el bosque nativo, más aún si se trata de estepa.
Las plantaciones generan y acumulan grandes cantidades de combustible seco e inflamable (sobre todo cuando no son manejadas) y la probabilidad de fuegos en copa puede aumentar ya que sirven como escalera de biomasa.
Por otro lado, sus semillas son resistentes al fuego y germinan en buenas condiciones después de un incendio. Así lo comprobaron los pobladores de la región afectada, quienes registraron múltiples brotes de pino emergiendo de suelos quemados.
Otro estudio elaborado por investigadores del INIBIOMA (CONICET-UNComahue) señala que los paisajes dominados por pinos generan una "retroalimentación negativa" para los incendios, por la carga de combustible, la densidad de árboles y la conectividad vertical que aumentan con el tiempo. Cada incendio genera más masa combustible, dando lugar a incendios cada vez más intensos y frecuentes.
En un contexto climático adverso, continuar con las plantaciones masivas y no coordinar un buen manejo del ritmo de propagación implica agravar los escenarios para futuros incendios.
La presencia de pinares en los puntos donde se originan focos es la constante de los últimos años. En el incendio de marzo de 2021 en el Paralelo 42 de la Comarca Andina -que dejó tres fallecidos, 500 viviendas destruidas y más de 14.000 hectáreas de bosque nativo quemado- los pinares implantados favorecieron la rápida propagación, similar a lo que ya había ocurrido en un incendio previo en Cuesta del Ternero.
El Informe Nacional de Peligro de Incendios correspondiente a ese período señalaba un índice muy alto de combustible, a lo que se sumó un déficit de precipitaciones y temperaturas con valores superiores a las normales, todas condiciones favorables para la propagación de incendios. Es la misma combinación que caracteriza al actual verano patagónico, donde hasta al momento se consumieron unas 45 mil hectáreas.
De acuerdo a lo expuesto por los investigadores Estela Raffaele, Martín Nuñez y María Relva en su artículo "Plantaciones de coníferas exóticas en Patagonia: los riesgos de plantar sin un manejo adecuado", en la Reserva de Usos Múltiples Lago Epuyén existen plantaciones adultas de pino radiata, oregón y murrayna que desde los 80 han sido afectadas por incendios de grandes magnitudes (1987, 1999, 2012 y 2015). El incendio de 1987, por ejemplo, afectó a 8100 hectáreas de las cuales 4000 volvieron a incendiarse en 2012. En el medio, las distintas especies de pino invadieron la zona y la convirtieron en tierras improductivas.
La invasión se multiplica después de los incendios: se quema el bosque nativo pero el pino resiste y se propaga. Aunque varía la cantidad de pinos por hectárea -se registran desde menos de mil hasta cerca de 100 mil- en todos los casos se observa una invasión muy alta después de un incendio. Así lo indica el artículo "Una nueva degradación de la tierra en Patagonia: retroalimentación positiva entre fuego e invasión de pinos", de Estela Raffaele, Jorgelina Franzese, Ramiro Ripa, Alejandra Moreyra, Clara Pissolito y Melisa Blackhall.
Puerto Patriada y otras extensiones
Los investigadores señalan que en Puerto Patriada se registra una invasión con mayor agresividad de la especie pino radiata luego de los incendios de 1987, 2012 y 2015, alcanzando las 465 mil plántulas de pino por hectárea. La retroalimentación fuego-invasión-fuego implica "un nuevo tipo de disturbio que determina una profunda degradación del ambiente natural".
Este escenario genera múltiples consecuencias ambientales y socioeconómicas para la población de la zona. Respecto a lo ambiental, la multiplicación de pino radiata está vinculada con mayor peligrosidad de incendios en la medida en que las condiciones post-fuego favorecen la germinación y crecimiento de las plántulas. Por otro lado, las hojas de los pinos presentan altos porcentajes de ignición a partir de los 5 años de edad, a diferencia de otras especies nativas.
El círculo vicioso de la invasión y los incendios deriva en tierras improductivas que afectan de manera directa las oportunidades económicas de los pobladores. Según indican los investigadores, en Puerto Patriada los incendios forestales afectaron el área en un 70% en la última década. Los incendios más recientes, que aceleraron la invasión de pinos, frenaron las principales actividades de la comunidad al volver gran parte de las tierras "inaccesibles e improductivas".
La presencia de pinares también se asocia a déficits hídricos y obstáculos con el acceso al agua para los pobladores. Según evidencias de otras regiones del hemisferio sur, los pinos invasores utilizan más agua que otras especies, por lo que los científicos teorizan que la escasez de agua podría estar agravada por la implantación de estas especies. En la región patagónica, donde la tendencia a las precipitaciones está disminuyendo, la propagación de pinos podría agravar la crisis hídrica en el Valle Inferior del Río Chubut.
"En Patagonia la conversión de bosque nativo a plantaciones de pinos para la explotación forestal constituyó un cambio en el uso de la tierra, que en algunas zonas reemplazó principalmente a la actividad ganadera", indica la investigación. La nueva condición de deterioro ambiental reactivó la actividad turística como alternativa de ingresos, sobre todo a partir de la década de los 90.
El abandono de pinares es otro de los agravantes: las plantaciones que no cuentan con el debido mantenimiento acumulan material altamente combustible que actúa como factor determinante en la propagación del fuego. De hecho, en el incendio reciente de Puerto Patriada se quemaron pinos implantados en la década de los 60 para un proyecto forestal que fue abandonado.
La Asamblea de Vecinos Afectados de Epuyén, junto a otros vecinos, organizaciones ambientales y sociales, realizaron el pasado sábado un corte intermitente en la Ruta 40, a la altura del puente del Río de la Mina, para exigir respuestas a los múltiples frentes que abren los incendios y la falta de planificación.
Afirmaron que a muchos no les llegaron los fondos para la reconstrucción de las viviendas que se perdieron en el incendio del 2025 y que se agrava la crisis habitacional, además de apuntar contra la falta de mantenimiento del cableado de electricidad, que ocasiona constantes incendios de viviendas. Otro punto fundamental del reclamo tiene que ver con la ausencia de controles en los pinares abandonados, y el impacto de las plantaciones exóticas en la desertificación, la sequía y la pérdida de bosque nativo. La relación entre pinos e incendios comenzó a ser estudiada en el ámbito académico hace algunos años, y está entre las principales demandas de los pobladores. Sin embargo, todavía no penetra por completo en la agenda ambiental de los gobiernos.
La odisea vecinal de frenar la invasión
Hasta el momento no hay planes concretos de los organismo estatales (nacionales, provinciales, municipales) para dar una respuesta coordinada a la invasión de pinos y su incidencia en los incendios forestales, cada vez más intensos. No obstante, existen iniciativas comunitarias y una importante sensibilización de los pobladores de las distintas regiones de la Patagonia Norte. Es el caso de Red Pinos, un grupo conformado por vecinos, investigadores, trabajadores de instituciones públicas, miembros de organizaciones no gubernamentales y de participación ciudadana, orientado a restaurar el bosque nativo y reducir la amenaza de incendios.
La Red fue creada en 2021 y a la fecha completaron numerosas jornadas comunitarias de erradicación de pinos exóticos, así como campañas vecinales y educativas. Además, trabajan en un mapeo colaborativo de los focos de invasión, lo que permite un control más exhaustivo sobre los puntos críticos.
"Hay que intervenir en los próximos años sobre la regeneración, ir y sacar esa regeneración porque se va a tapar de pinos con una densidad altísima. Eso hay que sacarlo de alguna forma. El momento más adecuado es ahora. Si esperamos diez años será imposible porque con los árboles de mayor tamaño, se requiere mayor inversión en maquinaria y traslado, el momento es ya", advirtió Mario Pastorino, ingeniero forestal, doctor en Ciencias Forestales e investigador del INTA y CONICET, en una entrevista reciente con Diario El Cordillerano.
Sostuvo que no tiene conocimiento de proyectos orientados a la extirpación de pinos jóvenes, pero que es "el momento clave para intervenir antes que la invasión sea mayor". Respecto al objetivo de la Red Pinos, de la cual forma parte, buscan "que haya una gobernanza participativa, que la sociedad se involucre y accione en la medida de sus posibilidades".
Los investigadores Raffaele, Nuñez y Relva advierten que la etapa actual de desarrollo forestal en la Patagonia se presenta como una oportunidad única para evitar una invasión a gran escala, lo que derivaría en más dificultades y costos mayores. El ritmo de avance todavía es "un proceso predecible y lento" comparado al de otras especies, lo que abre una ventana para el monitoreo y control con "alta probabilidad de éxito".
A medida que aumenta el área forestada aumenta el riesgo de invasión, por lo que el mejor abordaje en este momento es la prevención y el control temprano. Las buenas prácticas forestales podrían, al menos, minimizar las problemáticas que hasta ahora han generado los pinares. La clave es frenar el ciclo de realimentación para aminorar el riesgo de incendios futuros en la Patagonia, que hoy atraviesa una catástrofe ambiental agravada por las condiciones climáticas extremas y la ausencia de políticas de prevención.
La defensora ambiental india, Vandana Shiva, utiliza el término "desiertos verdes" para describir los paisajes colonizados por monocultivos industriales, como bien podría ser el caso del pino. Se trata de implantaciones masivas que reemplazan la biodiversidad nativa y en ocasiones afectan la fertilidad del suelo y el acceso al agua. La forestación de pinos en la Patagonia empieza a mostrar sus consecuencias más allá del rédito económico, en un combo de alto riesgo al que se une la falta de planificación, el ajuste en políticas ambientales y un clima poco favorable. El paisaje patagónico, colonizado y azotado por la catástrofe, hoy demanda una visión alternativa que permita la supervivencia de sus bosques.