El desafío de pobladores y científicos para controlar el pino en la Patagonia: "La acción ciudadana no es suficiente, hace falta una intención más dirigida""Reconocimos que la ciencia publicaba papers, servía para sacar tesis, hacer carreras científicas, pero no resolvía problemas porque el problema estaba en otra cancha, en el imaginario que tiene la gente del pino", explica Pedro Laterra, biólogo y referente de Red Pinos, una iniciativa ciudadana de Bariloche que ensaya respuestas frente a la invasión de esta especie exótica. Conformada por científicos, pobladores y ambientalistas, el grupo trabaja en la desmitificación del imaginario social en torno al pino como símbolo del paisaje patagónico y la generación conciencia sobre su rol preponderante en la alteración de ecosistemas y la propagación de incendios forestales.
Invasión silenciosa
La forestación de pinos en la Patagonia tienen larga data: muchas iniciaron en la década de 1970 por iniciativa estatal. Se trata de una especie exótica que rápidamente colonizó el paisaje nativo y hoy se propaga en toda la región. Hace poco más de una década la ciencia comenzó a advertir la relación entre esta especie y el fuego, debido a una serie de adaptaciones que la hacen resistente e incluso propicia a los incendios. Este vínculo hoy es ampliamente conocido por los pobladores y la acción se vuelve necesaria en un contexto ambiental caracterizado por incendios cada vez más intensos y frecuentes. Los últimos eventos en la Comarca Andina muestran un horizonte complejo en el que los pinos juegan un rol fundamental.
Es en este escenario que surge Red Pinos, una iniciativa compuesta por investigadores, organizaciones y ciudadanos de Bariloche que trabaja con principios de gobernanza ambiental. Según explica el biólogo y referente de la organización, Pablo Laterra, la Red Pinos surgió en 2021 en el marco de la Agenda Bosque Bariloche (ABB) dentro de la Agenda Científica Participativa (ACP).
"Había bastante conocimiento científico en ese momento en Bariloche que fundamentaba la necesidad de avanzar hacia el control de estas especies como forma de amortiguar el impacto de los incendios, la intensidad, la frecuencia, sobre todo en zonas de interfase sin perder el vista de que no son la única fuente de origen de los incendios, sino que son un agravante importante", subraya.
La relación de los pinos con los incendios no era la única preocupación de los integrantes sino también "las evidencias disponibles sobre el impacto de estas especies en la biodiversidad nativa". Laterra lo ejemplifica con su propia experiencia: "Yo en ese entonces no hacía tanto que estaba por Bariloche, pero conocía la zona. Y lo que me disparó de alguna manera fue haber vuelto a la zona después de un tiempo largo, yo lo había conocido unos 25 años atrás, maravillado por las araucarias, pero cuando volví después de eso de ese tiempo, me encontré con un desastre biológico, una invasión que prácticamente tapaba las araucarias en muchas zonas".
"Recorriendo Bariloche no fue difícil hacerme la película, encontrar acá estadios tempranos de ese proceso de invasión en distintas zonas, sabiendo que en poco tiempo podíamos extrapolar una situación parecida", agrega. El escenario es especialmente complejo, con condiciones climáticas cada vez más adversas, veranos secos, déficit de lluvias y el avance del pino, que tiene la característica de generar combustible altamente inflamable.
Laterra explica que es la tendencia natural de la especie, que tiene amplias capacidades de propagación del fuego: "Además ese combustible se dispone en una continuidad horizontal, porque van uniendo parches entre sí y vertical, porque un fuego de superficie lo pueden trasladar a un fuego de copa por el hecho de que hay individuos de distintas edades, desde los juveniles, preadolescentes, intermedios, hasta adultos y eso convierte un fuego medianamente controlable en un fuego muy difícilmente de controlar cuando se genera el fuego de la copa, que es lo que viene ocurriendo en la comarca".
El imaginario social del pino
Consultado sobre el proceso de formación de Red Pinos, el investigador subrayó: "Primero fue reconociendo que la ciencia publicaba papers, servía para sacar tesis, hacer carreras científicas, pero no resolvía problemas porque el problema estaba en otra cancha, en el imaginario que tiene la gente del pino en general".
El trabajo inicial estuvo orientado a "diagnosticar la relación entre la sociedad y el pino": "Hicimos una encuesta a la gente de a pie, en la calle, usando una teoría de los memes, que los memes son ideas básicamente que se transmiten de cabeza en cabeza y van constituyendo eso más complejo que llamamos los imaginarios. La hipótesis es que había un imaginario demasiado favorable a los pinos. No era el imaginario que necesitábamos para poder convencer a nadie de la necesidad de trabajar sobre los pinos".
Frente a la palabra "pino", los investigadores pedían a los encuestados que dijeran lo primero que se les vinieran a la mente, una manera de "extraer qué es lo que traemos adentro sin filtrarlo por lo políticamente correcto, porque la idea es que el imaginario guía nuestras conductas en forma casi consciente. Entonces, si vos tenés un imaginario favorable al pino, no vas a dudar mucho en plantar uno en tu jardín".
"El asunto es que palabras como verde, natural, paz, vinculadas a esa a la palabra pino, aparecieron siete o diez veces más frecuentemente que palabras como fuego, pérdida de biodiversidad, exóticas, invasoras. Entonces era claro cuál era la visión dominante en Bariloche sobre este tema", remarca.
El interés era trasladar la inquietud por fuera del mundo académico, por lo que paulatinamente se incorporaron otros actores sociales, como juntas vecinales, ONG's y ambientalistas: "Había gente que, por supuesto, ya tenía dentro de su imaginario una mirada adversa hacia los pinos. Esa gente se fue acercando porque encontró un ámbito donde canalizar esa inquietud".
"Recientemente estaba subiendo a un cerro cercano a Bariloche y me encontré con una cantidad de pinos antiguos anillados. El anillado es descortezarlo en la base, se hace un anillo libre de corteza y el pino adulto, que es difícil de extraer, va muriendo en pie. Y encontré eso en un cerro muy cercano a un barrio, porque se usa mucho para caminatas. Eso da la pauta de que había gente muy consciente del problema que venía haciendo su trabajo aisladamente, pero efectivo desde mucho tiempo atrás. O sea, esto no nació con Red Pinos", sostiene el investigador.
De hecho, indica que "hoy en Bariloche la mirada sobre los pinos es otra, lo cual alienta la idea de que esto se puede replicar". La problemática toma una dimensión cada vez mayor entre los pobladores de la región, sobre todo después de los incendios en la Comarca que consumieron más de 50 mil hectáreas y en algunos casos su rápida propagación se explicó, entre otras cosas, por la presencia de pinares.
"La acción ciudadana no es suficiente"
Hasta el momento, la acción gubernamental en torno a la invasión de los pinos ha estado orientada a algunas acciones concretas por parte de municipios, pero todavía no hay planes a mayor escala que evidencien la problemática como una prioridad en la agenda ambiental.
"Nosotros querríamos que esto no fuera una mera iniciativa participativa ciudadana, sino que también tomaran la posta los organismos públicos que tienen otra capacidad de actuar", indica Laterra. En este sentido, hace referencia a un caso reciente que esperan que se replique: "Una junta vecinal logró convocar a la delegación municipal de Bariloche que le correspondía, junto a la ayuda del Ejército -porque los alrededores de esa junta vecinal están bajo jurisdicción del Ejército- y la Red Pinos, y por primera vez logramos hacer limpieza de ejemplares adultos, con motosierras y camiones para levantar el material, trasladarlo y procesarlo a otro lado".
Subraya que "fue una movida de gran escala" y que hasta el momento sólo habían protagonizado jornadas participativas de remoción de renovales, es decir, los individuos más jóvenes, "que son los que Bosques te permite remover sin tener que conseguir permisos especiales". La jornada tuvo, para el investigador, un doble propósito: mitigar la invasión en lugares críticos y ampliar la difusión en redes sociales y prensa.
Laterra insiste en que son conscientes "que la acción espontánea, ciudadana, organizada, no es suficiente. Necesitamos gente con motosierras, con camiones que remuevan el material". Indicó que recientemente se reunieron con Claudia Contreras, subsecretaria de Bosques de Río Negro, para encarar acciones en conjunto: "De hecho, Red Pinos generó un mapa de invasiones para las zonas de interfaz de Bariloche y ahora nos queremos encontrar para estudiarlo y ver si podemos definir prioridades de acción".
"El SPLIF (Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales) también tiene entre sus objetivos y obligaciones la prevención, además del ataque del fuego tienen tareas de prevención que obviamente deberían estar ubicadas en otro momento del año, no en la época de fuegos. Tal es así que en invierno SPLIF aborda la remoción de material combustible en zonas delicadas. Pero eso es lo que hace falta, una intencionalidad más dirigida", sostiene.
La intención de Red Pinos es que las iniciativas que hasta ahora se llevaron adelante en municipios puedan replicarse en otras localidades y expandirse en la región para dar respuesta a una problemática de larga data que se ha agravado en los últimos años.
"Hay que convivir con este problema"
El investigador hace hincapié en la necesidad de la remoción de pinos en sus estadíos más jóvenes y advierte que más que una erradicación completa hay que apuntar a "respuestas adaptativas".
"Hay que tomar conciencia tarde o temprano. Después de un fuego hay una ventana de oportunidad relativamente corta para remover pinos en forma efectiva porque después de que se quema abajo salen pinitos como si fueran almácigos en gran cantidad. Y en ese estadio es muy fácil extraerlos, pero a medida que pasa el tiempo eso se convierte en árboles y ya la logística y los costos son otros, al punto de que difícilmente se aborde la remoción en ese caso. Es mucho más complicado", explica.
"Cuando son pinitos chiquitos es posible organizar y removerlos masivamente a mano, en ese caso puede ser realista cuando uno quiere quitarlos de un área muy pequeña, muy localizada. También con herbicidas. Es un tema que yo sé que a muchos les provoca escozor, pero hay que considerar cuál es el costo beneficio y ver en qué situaciones podría llegarse a utilizar esa esa alternativa por la eficacia que tiene", opina.
Indica que la acción debe ser planificada: "Tiene que haber un grupo de personas que con distintos criterios desde la ciencia, pero también desde el conocimiento del territorio, desde la necesidad, establezcan prioridades. No vamos a poder empezar con todo junto y a la vez. Hagamos experiencias, hagamos prácticas y a partir de esa experiencia saquemos aprendizajes para volcarlo en el control cada vez más efectivo. Cuando se tiene algún éxito, eso estimula a seguir adelante. Pero hay que empezar por algún lado, sacar la experiencia, que es un poco lo que hicimos aquí".
"Definimos al principio arbitrariamente por dónde empezar, ver qué nivel de convocatoria lográbamos, cuánta gente venía, con qué eficacia y por persona removíamos los renovales, y ahí íbamos, fuimos sacando experiencia. Pero es una sucesión de etapas", relata.
Y expresa: "El político tiene que darse cuenta que la ciudadanía le importa, que ya no está mirando para otro lado, porque de nuevo, el gobierno también tiene otras demandas, otros problemas. Si no hay una demanda ciudadana por abordar este problema desde las capacidades institucionales que tiene el gobierno, difícilmente lo vas a encarar en forma espontánea. Entonces es la ciudadanía la que tiene que ejercer cierta presión".
Actualmente, la organización trabaja en replicar la iniciativa en otras regiones. Recientemente se organizó un grupo similar en la Comarca Andina, "no con la intención de reproducir Red Pinos, sino que esta experiencia sirva para tener organizaciones con cualquier otro nombre pero que cumplan un rol parecido".
"Estamos tratando de plasmar los pasos que dimos en una especie de guía, manuales de intervención y que esto realmente sirva en otros lugares", afirma y advierte que "si no actuamos a tiempo, se van a ir reproduciendo una y mil veces. Lamentablemente lo digo, pero tenemos que ser conscientes de eso. Y para eso sirven estas organizaciones de base, pero que tienen que ser bien diversas, tienen que tener, por supuesto, un componente técnico que evalúe las situaciones, recomiende vías de acción, pero es fundamental que se involucren las organizaciones de base, barriales, juntas vecinales, ambientalistas, ciudadanos. Esto no se trata de erradicar para siempre, hay que convivir con este problema, pero dando respuestas adaptativas".
El trabajo se vuelve impostergable en un escenario signado por condiciones climáticas adversas y una pérdida incontable de recursos, bosque y viviendas frente al avance de los incendios, al tiempo que obliga a una mirada alternativa al imaginario que durante décadas tomó al pino como símbolo del paisaje patagónico: "La sociedad tiene que adaptarse a los cambios para generar respuestas adaptativas y reducir los impactos que hoy cobran una importancia de primer orden. Yo estoy convencido de que se puede lograr. Si no, no estaríamos haciendo lo que hacemos".
"Reconocimos que la ciencia publicaba papers, servía para sacar tesis, hacer carreras científicas, pero no resolvía problemas porque el problema estaba en otra cancha, en el imaginario que tiene la gente del pino", explica Pedro Laterra, biólogo y referente de Red Pinos, una iniciativa ciudadana de Bariloche que ensaya respuestas frente a la invasión de esta especie exótica. Conformada por científicos, pobladores y ambientalistas, el grupo trabaja en la desmitificación del imaginario social en torno al pino como símbolo del paisaje patagónico y la generación conciencia sobre su rol preponderante en la alteración de ecosistemas y la propagación de incendios forestales.
Invasión silenciosa
La forestación de pinos en la Patagonia tienen larga data: muchas iniciaron en la década de 1970 por iniciativa estatal. Se trata de una especie exótica que rápidamente colonizó el paisaje nativo y hoy se propaga en toda la región. Hace poco más de una década la ciencia comenzó a advertir la relación entre esta especie y el fuego, debido a una serie de adaptaciones que la hacen resistente e incluso propicia a los incendios. Este vínculo hoy es ampliamente conocido por los pobladores y la acción se vuelve necesaria en un contexto ambiental caracterizado por incendios cada vez más intensos y frecuentes. Los últimos eventos en la Comarca Andina muestran un horizonte complejo en el que los pinos juegan un rol fundamental.
Es en este escenario que surge Red Pinos, una iniciativa compuesta por investigadores, organizaciones y ciudadanos de Bariloche que trabaja con principios de gobernanza ambiental. Según explica el biólogo y referente de la organización, Pablo Laterra, la Red Pinos surgió en 2021 en el marco de la Agenda Bosque Bariloche (ABB) dentro de la Agenda Científica Participativa (ACP).
"Había bastante conocimiento científico en ese momento en Bariloche que fundamentaba la necesidad de avanzar hacia el control de estas especies como forma de amortiguar el impacto de los incendios, la intensidad, la frecuencia, sobre todo en zonas de interfase sin perder el vista de que no son la única fuente de origen de los incendios, sino que son un agravante importante", subraya.
La relación de los pinos con los incendios no era la única preocupación de los integrantes sino también "las evidencias disponibles sobre el impacto de estas especies en la biodiversidad nativa". Laterra lo ejemplifica con su propia experiencia: "Yo en ese entonces no hacía tanto que estaba por Bariloche, pero conocía la zona. Y lo que me disparó de alguna manera fue haber vuelto a la zona después de un tiempo largo, yo lo había conocido unos 25 años atrás, maravillado por las araucarias, pero cuando volví después de eso de ese tiempo, me encontré con un desastre biológico, una invasión que prácticamente tapaba las araucarias en muchas zonas".
"Recorriendo Bariloche no fue difícil hacerme la película, encontrar acá estadios tempranos de ese proceso de invasión en distintas zonas, sabiendo que en poco tiempo podíamos extrapolar una situación parecida", agrega. El escenario es especialmente complejo, con condiciones climáticas cada vez más adversas, veranos secos, déficit de lluvias y el avance del pino, que tiene la característica de generar combustible altamente inflamable.
Laterra explica que es la tendencia natural de la especie, que tiene amplias capacidades de propagación del fuego: "Además ese combustible se dispone en una continuidad horizontal, porque van uniendo parches entre sí y vertical, porque un fuego de superficie lo pueden trasladar a un fuego de copa por el hecho de que hay individuos de distintas edades, desde los juveniles, preadolescentes, intermedios, hasta adultos y eso convierte un fuego medianamente controlable en un fuego muy difícilmente de controlar cuando se genera el fuego de la copa, que es lo que viene ocurriendo en la comarca".
El imaginario social del pino
Consultado sobre el proceso de formación de Red Pinos, el investigador subrayó: "Primero fue reconociendo que la ciencia publicaba papers, servía para sacar tesis, hacer carreras científicas, pero no resolvía problemas porque el problema estaba en otra cancha, en el imaginario que tiene la gente del pino en general".
El trabajo inicial estuvo orientado a "diagnosticar la relación entre la sociedad y el pino": "Hicimos una encuesta a la gente de a pie, en la calle, usando una teoría de los memes, que los memes son ideas básicamente que se transmiten de cabeza en cabeza y van constituyendo eso más complejo que llamamos los imaginarios. La hipótesis es que había un imaginario demasiado favorable a los pinos. No era el imaginario que necesitábamos para poder convencer a nadie de la necesidad de trabajar sobre los pinos".
Frente a la palabra "pino", los investigadores pedían a los encuestados que dijeran lo primero que se les vinieran a la mente, una manera de "extraer qué es lo que traemos adentro sin filtrarlo por lo políticamente correcto, porque la idea es que el imaginario guía nuestras conductas en forma casi consciente. Entonces, si vos tenés un imaginario favorable al pino, no vas a dudar mucho en plantar uno en tu jardín".
"El asunto es que palabras como verde, natural, paz, vinculadas a esa a la palabra pino, aparecieron siete o diez veces más frecuentemente que palabras como fuego, pérdida de biodiversidad, exóticas, invasoras. Entonces era claro cuál era la visión dominante en Bariloche sobre este tema", remarca.
El interés era trasladar la inquietud por fuera del mundo académico, por lo que paulatinamente se incorporaron otros actores sociales, como juntas vecinales, ONG's y ambientalistas: "Había gente que, por supuesto, ya tenía dentro de su imaginario una mirada adversa hacia los pinos. Esa gente se fue acercando porque encontró un ámbito donde canalizar esa inquietud".
"Recientemente estaba subiendo a un cerro cercano a Bariloche y me encontré con una cantidad de pinos antiguos anillados. El anillado es descortezarlo en la base, se hace un anillo libre de corteza y el pino adulto, que es difícil de extraer, va muriendo en pie. Y encontré eso en un cerro muy cercano a un barrio, porque se usa mucho para caminatas. Eso da la pauta de que había gente muy consciente del problema que venía haciendo su trabajo aisladamente, pero efectivo desde mucho tiempo atrás. O sea, esto no nació con Red Pinos", sostiene el investigador.
De hecho, indica que "hoy en Bariloche la mirada sobre los pinos es otra, lo cual alienta la idea de que esto se puede replicar". La problemática toma una dimensión cada vez mayor entre los pobladores de la región, sobre todo después de los incendios en la Comarca que consumieron más de 50 mil hectáreas y en algunos casos su rápida propagación se explicó, entre otras cosas, por la presencia de pinares.
"La acción ciudadana no es suficiente"
Hasta el momento, la acción gubernamental en torno a la invasión de los pinos ha estado orientada a algunas acciones concretas por parte de municipios, pero todavía no hay planes a mayor escala que evidencien la problemática como una prioridad en la agenda ambiental.
"Nosotros querríamos que esto no fuera una mera iniciativa participativa ciudadana, sino que también tomaran la posta los organismos públicos que tienen otra capacidad de actuar", indica Laterra. En este sentido, hace referencia a un caso reciente que esperan que se replique: "Una junta vecinal logró convocar a la delegación municipal de Bariloche que le correspondía, junto a la ayuda del Ejército -porque los alrededores de esa junta vecinal están bajo jurisdicción del Ejército- y la Red Pinos, y por primera vez logramos hacer limpieza de ejemplares adultos, con motosierras y camiones para levantar el material, trasladarlo y procesarlo a otro lado".
Subraya que "fue una movida de gran escala" y que hasta el momento sólo habían protagonizado jornadas participativas de remoción de renovales, es decir, los individuos más jóvenes, "que son los que Bosques te permite remover sin tener que conseguir permisos especiales". La jornada tuvo, para el investigador, un doble propósito: mitigar la invasión en lugares críticos y ampliar la difusión en redes sociales y prensa.
Laterra insiste en que son conscientes "que la acción espontánea, ciudadana, organizada, no es suficiente. Necesitamos gente con motosierras, con camiones que remuevan el material". Indicó que recientemente se reunieron con Claudia Contreras, subsecretaria de Bosques de Río Negro, para encarar acciones en conjunto: "De hecho, Red Pinos generó un mapa de invasiones para las zonas de interfaz de Bariloche y ahora nos queremos encontrar para estudiarlo y ver si podemos definir prioridades de acción".
"El SPLIF (Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales) también tiene entre sus objetivos y obligaciones la prevención, además del ataque del fuego tienen tareas de prevención que obviamente deberían estar ubicadas en otro momento del año, no en la época de fuegos. Tal es así que en invierno SPLIF aborda la remoción de material combustible en zonas delicadas. Pero eso es lo que hace falta, una intencionalidad más dirigida", sostiene.
La intención de Red Pinos es que las iniciativas que hasta ahora se llevaron adelante en municipios puedan replicarse en otras localidades y expandirse en la región para dar respuesta a una problemática de larga data que se ha agravado en los últimos años.
"Hay que convivir con este problema"
El investigador hace hincapié en la necesidad de la remoción de pinos en sus estadíos más jóvenes y advierte que más que una erradicación completa hay que apuntar a "respuestas adaptativas".
"Hay que tomar conciencia tarde o temprano. Después de un fuego hay una ventana de oportunidad relativamente corta para remover pinos en forma efectiva porque después de que se quema abajo salen pinitos como si fueran almácigos en gran cantidad. Y en ese estadio es muy fácil extraerlos, pero a medida que pasa el tiempo eso se convierte en árboles y ya la logística y los costos son otros, al punto de que difícilmente se aborde la remoción en ese caso. Es mucho más complicado", explica.
"Cuando son pinitos chiquitos es posible organizar y removerlos masivamente a mano, en ese caso puede ser realista cuando uno quiere quitarlos de un área muy pequeña, muy localizada. También con herbicidas. Es un tema que yo sé que a muchos les provoca escozor, pero hay que considerar cuál es el costo beneficio y ver en qué situaciones podría llegarse a utilizar esa esa alternativa por la eficacia que tiene", opina.
Indica que la acción debe ser planificada: "Tiene que haber un grupo de personas que con distintos criterios desde la ciencia, pero también desde el conocimiento del territorio, desde la necesidad, establezcan prioridades. No vamos a poder empezar con todo junto y a la vez. Hagamos experiencias, hagamos prácticas y a partir de esa experiencia saquemos aprendizajes para volcarlo en el control cada vez más efectivo. Cuando se tiene algún éxito, eso estimula a seguir adelante. Pero hay que empezar por algún lado, sacar la experiencia, que es un poco lo que hicimos aquí".
"Definimos al principio arbitrariamente por dónde empezar, ver qué nivel de convocatoria lográbamos, cuánta gente venía, con qué eficacia y por persona removíamos los renovales, y ahí íbamos, fuimos sacando experiencia. Pero es una sucesión de etapas", relata.
Y expresa: "El político tiene que darse cuenta que la ciudadanía le importa, que ya no está mirando para otro lado, porque de nuevo, el gobierno también tiene otras demandas, otros problemas. Si no hay una demanda ciudadana por abordar este problema desde las capacidades institucionales que tiene el gobierno, difícilmente lo vas a encarar en forma espontánea. Entonces es la ciudadanía la que tiene que ejercer cierta presión".
Actualmente, la organización trabaja en replicar la iniciativa en otras regiones. Recientemente se organizó un grupo similar en la Comarca Andina, "no con la intención de reproducir Red Pinos, sino que esta experiencia sirva para tener organizaciones con cualquier otro nombre pero que cumplan un rol parecido".
"Estamos tratando de plasmar los pasos que dimos en una especie de guía, manuales de intervención y que esto realmente sirva en otros lugares", afirma y advierte que "si no actuamos a tiempo, se van a ir reproduciendo una y mil veces. Lamentablemente lo digo, pero tenemos que ser conscientes de eso. Y para eso sirven estas organizaciones de base, pero que tienen que ser bien diversas, tienen que tener, por supuesto, un componente técnico que evalúe las situaciones, recomiende vías de acción, pero es fundamental que se involucren las organizaciones de base, barriales, juntas vecinales, ambientalistas, ciudadanos. Esto no se trata de erradicar para siempre, hay que convivir con este problema, pero dando respuestas adaptativas".
El trabajo se vuelve impostergable en un escenario signado por condiciones climáticas adversas y una pérdida incontable de recursos, bosque y viviendas frente al avance de los incendios, al tiempo que obliga a una mirada alternativa al imaginario que durante décadas tomó al pino como símbolo del paisaje patagónico: "La sociedad tiene que adaptarse a los cambios para generar respuestas adaptativas y reducir los impactos que hoy cobran una importancia de primer orden. Yo estoy convencido de que se puede lograr. Si no, no estaríamos haciendo lo que hacemos".