Claudio Katz: "Lo que ocurre en Gaza confirma el rol coimperial de Israel"Por Leandro Albani*
La hipótesis de no aislar a la Franja de Gaza y entender que el genocidio israelí se da en un extenso marco histórico, pero también en una coyuntura política y social internacional que se estremece con de correr de los meses, es uno de los puntos que resalta el economista y analista Claudio Katz en su último libro «La epopeya palestina», publicado recientemente por Batalla de Ideas en Argentina. En diálogo con LoQueSomos, Katz toma como punto de partida a Gaza para desentrañar las pujas, tensiones y resistencias a nivel global, siempre centrado en las responsabilidades de Estados Unidos a la hora de desestabilizar países en los cinco continentes, con el apoyo perpetuo de Israel. Y analiza la situación general en un Medio Oriente cada vez más inestable y volátil.
El genocidio que comete Israel en la Franja de Gaza no es un hecho puntual y localizado, como lo intenta mostrar un grupo de poder donde se entremezclan el liderazgo sionista, militares y funcionarios israelíes -con Benjamin Netanyahu a la cabeza-, la administración de Donald Trump y los grandes medios de comunicación. Ese grupo, en el que sus integrantes mantienen relaciones de todo tipo, busca aislar a Gaza, al pueblo palestino que vive en la franja costera, y distorsionar con excusas y una buena dosis de desinformación lo que sucede realmente: que a partir de 7 de octubre de 2023, el Estado israelí profundizó su política de limpieza étnica contra los y las habitantes de la franja, una pequeña porción de territorio palestino que, casi en soledad, resiste a la barbarie occidental.
La hipótesis de no aislar a la Franja de Gaza y entender que el genocidio israelí se da en un extenso marco histórico, pero también en una coyuntura política y social internacional que se estremece con de correr de los meses, es uno de los puntos que resalta el economista y analista Claudio Katz en su último libro "La epopeya palestina", publicado recientemente por Batalla de Ideas en Argentina.
En diálogo con LoQueSomos, Katz toma como punto de partida a Gaza para desentrañar las pujas, tensiones y resistencias a nivel global, siempre centrado en las responsabilidades de Estados Unidos a la hora de desestabilizar países en los cinco continentes, con el apoyo perpetuo de Israel.
En "La epopeya palestina", el también Doctor en Geografía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor de numerosos libros, despliega una multiplicidad de análisis, tesis e ideas que cruzan los cuatro puntos cardinales. Katz levanta puentes de reflexión que unen la resistencia del pueblo palestino y la actual situación en Medio Oriente, la impunidad "coimperial" de Estados Unidos e Israel con los recientes ataques militares a Venezuela y el recrudecimiento del bloqueo económico a Cuba, y el declive económico de Washington y los movimientos geopolíticos de Rusia y China.
La entrevista al analista argentino se realizó unos días antes de los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán -que le costaron la vida a más de doscientas personas, incluido el asesinato del Líder Supremo Ali Jamenei-, y la respuesta masiva de Teherán contra bases militares norteamericanas en la región y contra Tel Aviv y otras regiones israelíes.
-¿Cómo observás la situación actual en la Franja de Gaza?
-La masacre en Gaza continúa. Parece que perdió la primera plana, pero ya murieron seiscientos palestinos desde el alto el fuego, Israel violó 875 veces el alto el fuego, hay nueve mil presos palestinos y el 75% de la población en Gaza sigue con riesgo de hambre, a lo que se suman las torturas y las violaciones. Es importante resaltar la tragedia humanitaria, la carnicería premeditada, el cementerio de niños, la crueldad, el terrorismo de Estado, el hecho de que por cada fallecido israelí hay sesenta palestinos asesinados. Por lo tanto, es una matanza, no es una guerra, y continúa. En eso hay que poner la atención, porque no estamos en una tregua.
-¿Qué objetivos tenías con la escritura de "La epopeya palestina"?
-Una de las tesis del libro es que la violencia que ejerce Israel obedece al colonialismo de colonos, el cual difiere del colonialismo tradicional, porque es un modelo de exterminio y no de explotación. Esto explica la continuidad de la masacre. El proceso subyacente, que es la Nakba necesaria, la expansión étnica estructural, es lo que explica por qué continúa la masacre en Gaza, por qué se sigue invisibilizando a los palestinos y por qué Israel aprovecha esta situación para dar un salto cualitativo en la anexión de Cisjordania. Esto es lo que pasó en los últimos dos meses: hay una decisión israelí muy definitoria de aprobar un registro de las tierras de Cisjordania como propiedad estatal, que es el paso directo a la anexión: una tierra palestina estatal automáticamente convertida en parte de Israel.
La estrategia del Gran Israel está lanzada a pleno, ese mapa está en la cabeza de todo el funcionariado israelí, con fronteras muy pero muy abiertas, que ya incluyen la anexión de una parte de Siria, que siempre tienen muy presente a Líbano, con obviamente Cisjordania incorporada y que tiene proyecciones geográficas abiertas. Por ejemplo, Israel acaba de reconocer como país a Somalilandia, un lugar perdido de África, que desde 1991 está en un estatus ambiguo, al lado de Somalia, que es un lugar estratégico. Ahora Israel va a poner una base militar en ese país. Está consolidando lazos. Ya lo hizo en Sudán. No es que África va a ser parte del Gran Israel, pero habla de la proyección de expansión necesaria de un colonialismo de colonos.
-¿La solución de los dos Estados, uno israelí y otro palestino, puede ser una opción para detener a Tel Aviv?
-La ficción de los dos Estados está definitivamente sepultada. Si Gaza ya demostró que los dos Estados era una fantasía, lo que está ocurriendo ahora en Cisjordania lo confirma. El embajador de Estados Unidos en Israel declaró que por razones bíblicas Israel tenía derecho a vivir en Israel. El embajador es uno de estos evangelistas del sur y es una voz oficial de Trump. Netanyahu declaró abiertamente que no va a haber dos Estado, por lo tanto se consolida esta nueva etapa de colonialismo de colonos y el fin de los dos Estados.
-En el libro analizás el concepto de "coimperialismo" para, por un lado, revelar la alianza entre Estados Unidos e Israel, pero también para polemizar sobre algunas posturas al respecto.
-Lo que está ocurriendo en Gaza confirma el rol coimperial de Israel. Hay que tener mucho cuidado en observar siempre los dos elementos: un interés específico, el Gran Israel, y un interés mucho más importante, mucho más estructural, que es el rol de Israel como instrumento del imperialismo estadounidense. Aquí lo central es evitar la confusión muy corriente de suponer que el lobby israelí le fija el guion al Departamento de Estado. Esto es clave, porque si se mira con la visión superficial de que hay un grupo poderoso que está torciendo el rumbo de la política estadounidense, estaríamos en una anomalía que se corrige reequilibrando. Si ves lo que hace Israel como la estrategia actual del imperialismo estadounidense, entonces no es Israel, es Estados Unidos.
El punto clave es que Estados Unidos está lanzado a remodelar Medio Oriente y colocó y delegó en Israel esta función para manejar el petróleo, las rutas comerciales, con un principio, que es el que guía toda la política actual de Estados Unidos: compensar su declive económico con la agresión militar. Por eso, es importante ver lo de Gaza inserto en Irak, Afganistán, Yemen, Siria. Es toda la estrategia de Estados Unidos en la región.
-¿Qué opinión te merece el Consejo de Paz creado por el propio Donald Trump para controlar Gaza?
-El llamado plan de paz es lo que ahora domina la estrategia de Estados Unidos y significa consagrar el genocidio. Es un plan de paz mientras se bombardea la zona, una contradicción en sí misma, porque ni siquiera es un armisticio, una tregua, un alto de fuego. Es hacer la paz no sobre los viejos cadáveres, sino sobre los nuevos cadáveres. Y es un plan muy ilustrativo del tipo de política imperial de Trump. El plan de paz es un plan de multimillonarios, de genocidas, de ladrones. Tiene como pilar un negocio. Se formó un consejo, cada miembro tiene que aportar mil millones de dólares. Se arma un fondo de diez mil millones que manejan Trump y sus allegados. Y ese fondo es para hacer cosas terroríficas, como un balneario turístico sobre las cenizas y los cadáveres sin desenterrar en Gaza. Es una especie de nepoestado, porque ese organismo tiene algo parecido a la Compañía de las Indias de la era precapitalista. Es una novedad y desde hace siglos no se veía esta modalidad.
En los últimos dos siglos, en las formas del colonialismo clásico y del colonialismo de colonos, es el Estado el que se apropia de un lugar y fija una estrategia. Ahora hay una junta que la preside un funcionario vitalicio que ya no representa el Estado, porque cuando Trump termine su mandato seguirá al mando. Tony Blair es un actor privado, y los integrantes participan en forma privada en tanto aportan el dinero. En el modelo de la Compañía de Indias, el Estado le daba el soporte. Era una compañía de accionistas que se hacían cargo del "emprendimiento" de conquistar la India y después hacerse con el negocio. Por lo tanto, era como una junta de accionistas. Cuando se fundió, el Estado se hizo cargo y comenzó el colonialismo más contemporáneo. Pero hay una regresión a todas las formas de ultraprivatización. Es un modelo ultracolonial extremadamente privado, cuya viabilidad es una gran incógnita.
El Consejo de Paz sepulta la idea de los dos Estados, porque ya ni siquiera se habla del Estado palestino. Ni lo consideran. Es una junta sin palestinos. Va a haber uno, un tecnócrata, un servidor de Trump, ni siquiera está la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Es un modelo de lo que se viene con el proyecto Trump, en el sentido de que es paralelo a las Naciones Unidas. La idea de Trump es regir la política internacional con modalidades impuestas por Estados Unidos al margen de cualquier legislación y legalidad internacional. La legalidad internacional es la que va a fijar Estados Unidos al margen de cualquier organismo. El Consejo de Paz, paralelo al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es un anticipo de esto. Trump tiene la complicidad del mundo árabe que participa en el consejo. Europa está metida, aunque tiene una franja de disidencia. Israel no está totalmente de acuerdo. Pero hay que seguirlo muy bien, porque de la misma manera que Gaza es el anticipo de las guerras próximas, el Consejo de Paz es el anticipo del modelo colonial para consagrar lo que sucederá a las guerras que se vienen.
-¿Qué hechos positivos rescatás con respecto a Gaza?
-El primero es la mundialización del conflicto. Lo segundo es la regionalización específica. La mundialización está en el nivel de apoyo a la causa palestina, que nunca se había visto. Es el gran cambio. Hoy todo el mundo sabe lo que pasa en Palestina. Hace unos años atrás, uno tendría que haber explicado qué es Palestina. Hoy todo el mundo lo sabe. Y hay una solidaridad fuerte y una divisoria de campos muy nítida.
También es importante la nueva regionalización. Estados Unidos tiene el dilema de atacar o no atacar a Irán, porque tiene que sopesarlo. Israel está involucrado en un incendio general de Medio Oriente, donde algunas cosas le han salido muy bien. Por ejemplo, Siria, donde ha logrado el principal éxito, por lejos muy superior al de Palestina. Tumbó un régimen históricamente hostil y puso un hombre suyo, que va a balcanizar el país.
Mientras tanto, Trump dice: viendo a Siria, a Venezuela, me lanzo. Después viene Líbano, donde la cosa está empatada. Israel bombardea y bombardea, pero no se atreve a entrar. Es un poco parecido a Irán. Bombardea, pero no entra. Y después está el caso más importante, que es Yemen. ¿Por qué? Porque un pequeño país cambia la correlación de fuerzas con una solidaridad muy consistente con Palestina. Disparando misiles da vuelta el panorama. Es el anticipo de lo que puede hacer Irán si cierra el Estrecho de Ormuz: producir una catástrofe económica de la cual Trump se arrepentirá toda su vida. Y entonces se acabó su proyecto de reelección.
-Desde el 7 de octubre de 2023 surgieron debates sobre la legitimidad o no de las formas de resistencia del pueblo palestino. ¿Qué pensás al respecto?
-El libro justamente se llama "La epopeya palestina" para contrapesarlo con la idea de conflicto o tragedia: poner de relieve que se trata de una resistencia y donde la denominación de terrorismo le cabe a Israel y no a los resistentes palestinos. Lo primero en lo que hay que insistir es en la legitimidad de la lucha palestina, el carácter heroico de su lucha. Tenemos que reconocer la ejemplaridad de lo que están haciendo en todos los planos. Es el principal debate político sobre la cuestión palestina hoy: ya no es si tienen derecho o no tienen derecho, es que la resistencia que ellos desenvuelven es una resistencia típica de un pueblo oprimido. Y esa es la valoración del 7 de octubre de 2023. Juzgar si fue equivocado o no fue equivocado no nos cabe a nosotros, no es un juicio que podamos hacer los analistas del tema o los que tenemos una posición de solidaridad.
En el libro lo que intento recoger es la historia de esta epopeya. La idea de que la lucha palestina no nació ahora. Ya tuvieron una lucha excepcional en el famoso levantamiento de la década de 1930. Es uno de los pueblos con mayor historia de lucha del siglo XX. Por eso es un emblema de la lucha anticolonial en el siglo XXI. Y con una característica que, investigando el tema, me llamó mucho la atención. Es una singularidad paradójica y heroica al mismo tiempo: que de cada tragedia palestina surgió una nueva oleada de lucha. Vino la Nakba en 1948 y de ella nace Al Fatah. Vino la terrible derrota de la Guerra de los Seis Días, y de eso surge todo el proceso de radicalización del movimiento palestino. Se produjo la espantosa masacre en la década de 1980 en Líbano, y de ahí nacen las dos intifadas. Cuando uno ve esta secuencia, Gaza es la forma que tiene esta dinámica de tremendas tragedias que hacen surgir otra etapa de grandes luchas.
-¿Cómo analizás el impacto de la situación en Medio Oriente en la política interna estadounidense?
-Todo se puede sintetizar en una idea organizadora de lo que está pasando: 2025 fue el año del fracaso económico del plan económico de Trump. Él llegó para hacer grande a Estados Unidos, repuntando la economía, el dólar, fijando con los aranceles la nueva estrategia económica internacional. Y definiendo un punto de partida para la reindustrialización de Estados Unidos a partir de la supremacía en el campo de la revolución digital. Pero eso falló, porque básicamente China se puso firme y todos los demás no aceptaron sostener el dólar. Nadie aceptó, ni siquiera Europa aceptó adaptar toda la política del euro a lo que necesite el dólar.
Además, la Corte Suprema de Estados Unidos acaba de decir que la política arancelaria no va más. Lo dice porque está olfateando el efecto económico inverso que ya está teniendo en materia inflacionaria. Los datos económicos son muy malos: ni empleo, ni producción, ni que hablar de la productividad frente a China. Se está creando la paradoja que, un poco como en Argentina, el plan económico de Trump hace que cuanto más agredas a China, más te vende China, sobre todo productos intermedios. Frente a esto, Trump pegó el giro con Venezuela, Irán y Cuba. Es el giro belicista, que es lo que no quería hacer. Entonces volvemos a la política de los neoconservadores y de los globalistas. El estilo Trump ahora es belicismo de amenazas sin belicismo de intervención. Y eso es una contradicción en sí misma. Belicismo de amenaza no existe. Belicismo es si mostrás capacidad, después no hay nada.
-En el libro reflexionás en profundidad sobre las consecuencias geopolíticas que surgen del genocidio en Gaza. ¿Cómo ves los movimientos de las grandes potencias?
-Es un escenario que cada vez más se aproxima a una de las tesis del libro, que es la conformación de bloques mundiales de naturaleza bélica. Lo que separa Occidente de los BRICS no es una estrategia económica, no es la multipolaridad. Es quién no quiere el belicismo, quién no quiere paz, quién no quiere guerra comercial o el proteccionismo. Hay un bloque que quiere la guerra y el otro quiere defenderse de la guerra.
Rusia y China se van amoldando al cambio de situación: el belicismo de Estados Unidos sigue y sigue. Por eso, China y Rusia se han lanzado a sostener a Irán, porque se dan cuenta que ahí está la madre de todas las batallas. No es Palestina, es Irán. Por lo tanto, están proveyendo a Irán de todo lo que necesita: misiles, instrumental antiaéreo, todo lo que necesita para afrontar la guerra.
-¿Pensás que entre la población israelí existe algún cambio después del genocidio en Gaza?
-El mundo está cambiando, hay un cambio generacional, un cambio político difícil de aceptar por generaciones educadas en la idealización de Israel. Israel es como la Segunda Guerra Mundial, es un mito, pero es un mito en el cual se educaron tres o cuatro generaciones. La idea de que la Segunda Guerra Mundial fue una lucha victoriosa de los ejércitos aliados contra la Alemania nazi a partir del Día D, simplemente olvida que esa fue una batalla secundaria. La guerra se ganó en el frente oriental por la Unión Soviética. Las pérdidas que tuvieron los aliados ahí son insignificantes. En ese mismo mito, el mito de la libertad, se creó la idealización de Israel. Y está muy incorporado en el pensamiento. Pero eso se está rompiendo. Hay una generación de israelíes que dicen "no", dicen "basta". Eso explica el declive del sionismo. Ese rompimiento también tiene que ver no sólo con Israel, sino con el sionismo como ideología. Porque a veces se escucha hablar de Israel como una cuestión mítica. Pero poco se habla del sionismo como ideología colonialista, racista, que tiene características similares a cualquier otra ideología de ese tipo.
-En el libro también abordás un tema muy tergiversado como es el sionismo como ideología y su relación con el Estado israelí y con el pueblo judío.
-Ahí está la gran ruptura ideológica actual: la diferenciación entre el sionismo e Israel. Porque la diferenciación entre judíos ya es algo que hace mucho tiempo está establecida. Más o menos todo el mundo sabe qué es ser judío: una cultura, una religión, una identidad, un pasado. En cambio, el tema de Israel es mucho más conflictivo, porque recién ahora hay plena conciencia de que Israel es una nación. Este es un tema que incluso es conflictivo. Todavía es conflictivo en sectores de la izquierda, en sectores del mundo palestino. Israel es una nación con derechos nacionales. Hay seis millones de personas que son de nacionalidad israelí, que al cabo de dos, tres, cuatro generaciones han constituido un tipo de organización con todas las características subjetivas y objetivas de la nacionalidad. Lo que ocurre es que una cosa es la nacionalidad israelí, que tiene la misma legitimidad que la nacionalidad palestina, y otra cosa es el Estado de Israel como un Estado sionista colonial. Es un Estado de apartheid. Por eso la comparación con Sudáfrica es perfecta. Existe la nación sudafricana compuesta por muchas naciones. En Sudáfrica se hablan siete u ocho idiomas, además de los dos europeos, del africano y el inglés. Y la nación y la estructura nacional sudafricana existe integrando varias naciones.
-¿Cómo ves la alineación del gobierno de Javier Milei con Israel y Estados Unidos?
-En el caso argentino, me parece bastante evidente que Milei supera todos los precedentes: sometimiento total a Estados Unidos. De la misma manera que entrega los recursos del país a Estados Unidos, firma un tratado de libre comercio que le da todo a ellos y nada a nosotros, que permite a los marines instalarse en Ushuaia (ciudad de la provincia de Tierra del Fuego, en la Patagonia).En el caso de Gaza hay una apuesta más fuerte. Milei está muy metido en el Consejo de Paz y su proyecto es enviar tropas. El objetivo de Milei es reconstituir el papel del ejército a partir de eso. No es solamente un entramado de negocios, de exportación de armamento de Israel o de Argentina. Hay una estrategia que es convertir al ejército argentino en una especie de gendarme, como fueron los paramilitares colombianos o guatemaltecos.
-¿Pensás que el ejército argentino aceptaría algo así?
-Si te preguntaba si pensabas que Milei iba a ser presidente, vos, como el 99,9% de los argentinos, hubieras dicho que era algo impensable. Que Milei sea presidente ya abre toda posibilidad. Hoy es impensable. ¿Y si es reelecto en 2027, es impensable? No lo sabemos. Lo que sabemos de Milei es que está a la ofensiva con un modelo tremendamente frágil. Por lo tanto, depende de que siga Trump. Si a Trump le va mal, Milei no existe.
Por otra parte, la relación que el Estado argentino tiene con el Estado de Israel desde la época de Carlos Menem, hace ya tres décadas, es el retrato exacto del declive argentino. Obedece a ese declive. La pérdida de soberanía frente a Israel comenzó con Menem, con los atentados a la embajada israelí y a la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), y con la voladura de la fábrica militar de Río Tercero (en la provincia de Córdoba). A partir de ahí, la cancillería argentina se transformó en una oficina del Estado de Israel dedicada a operar a escala mundial contra Irán. Esa pérdida de soberanía es el retrato de lo que viene ocurriendo con el país. Y eso no fue revertido por el kirchnerismo. Lo inició Menem, lo profundizó Mauricio Macri, pero no lo revirtió el kirchnerismo. Y eso es muy llamativo, porque el kirchnerismo sí tuvo políticas autónomas frente al ALCA, con Evo Morales, en el Mercosur, en la CELAC. Pero no en el tema de Israel. Al contrario, dio manotazos de ahogado. Primero, con una mayor subordinación al nombrar a Alberto Nisman como fiscal de la causa AMIA e intentar un memorándum (con Irán) sin ningún propósito, además de no investigar el caso AMIA, no abrir los archivos sobre el atentado.
Lo que ocurre es que hay una penetración en distintos planos del Estado argentino por parte del sionismo, en una forma muy parecida a lo que el AIPAC (American Israel Public Affairs Committee) hace en Estados Unidos. Una especie de lobby sionista operando de la misma manera. Y es paralelo al declive de la soberanía argentina.
-Por último, ¿qué similitudes observás en la política estadounidense con respecto a Palestina y a América Latina?
-Lo palestino está conectado directamente al universo regional. Está conectado por la intifada global que se ha creado en estos últimos años. A nosotros, en América Latina, el tema palestino nos toca por dos lugares importantes. El primero es Venezuela, porque es un caso extremo de una tendencia general. Estados Unidos quiere Medio Oriente para apropiarse del petróleo, al igual que quiere a América Latina. La brutalidad que Trump aplica en Medio Oriente también la aplica acá. Dice que el Canal de Panamá le pertenece, que Groenlandia es de su propiedad y que va a hacer lo que quiera en Gaza y en Irán. En el caso de Venezuela, es como el Consejo de Paz, es el primer experimento. Trump secuestró a Nicolás Maduro con el método israelí del secuestro o asesinato de dirigentes. Trump lo secuestró, Israel directamente los mata, pero lo podría haber asesinado. Eligió no asesinarlo por un cálculo político. Pero el método es el mismo, es el terrorismo de Estado con formas gangsteriles. En general, en las relaciones bélicas entre países, el terrorismo es excluido por una razón milenaria: las guerras no empezaron ayer, y los dos contendientes saben que si se asesina o secuestra a la cabeza del bando opuesto, hay solo guerra y no hay negociación. Y la guerra es negociación. No hay guerras absolutas nunca ni en ningún caso. Siempre, en algún momento, hay negociación hasta que uno se rinde. Pero cuando se rinde alguien, hay que firmar la paz con ese alguien. ¿Por qué? Porque si no se firma la paz con alguien, ¿quién va a hacerse cargo de la organización interna de la colonia? Devastaste un país, ¿pero quién va a gobernar ese país? Alguien. Y ese alguien tiene que firmar. Pero si lo matás, ¿quién va a firmar? Esa es la base. El terrorismo junto a lo gangsteríl se diferencia en que no hay relaciones de Estados. Por eso tiene forma de asesinatos sin un patrón definido. En Venezuela, Estados Unidos aplicó el método de terrorismo en el Estado. Trump ha dicho que se va a apropiar del petróleo y convertir a Gaza en un balneario. Y ha dicho que él va a gobernar Venezuela como piensa gobernar Gaza.
¿Por qué es importante hoy Venezuela? Por el tema clave de América Latina, que es Cuba. Estados Unidos se ha largado a liquidar a Cuba en un acto de guerra. Está provocando adrede una crisis humanitaria. La crisis humanitaria, si continúa en los términos que está planteando Trump, conduce a una situación como en Haití o en Gaza. Entonces, viendo lo que pasó en Haití y en Gaza, defender a Cuba es la prioridad. Los cubanos mismos se defienden, ellos ya han puesto en marcha un programa de emergencia. Pero hay una deuda que tiene América Latina con el pueblo de Cuba, que es la deuda con los médicos cubanos, es la deuda por la educación, la deuda del humanismo cubano, y por eso Cuba empieza a ser, o podría llegar a ser, el emblema del 2026, como fue Palestina en 2025. Un emblema que combina la solidaridad política con la defensa humanitaria. Para finales de marzo está prevista una flotilla palestina, pero va a haber una flotilla a Cuba, y los que están organizando la flotilla que va a salir de México para Cuba son los que han tenido la experiencia de la flotilla a Gaza. La relación es con Cuba y es con Gaza. Y el movimiento de solidaridad empieza a ser entendido no como una solidaridad puntual de la izquierda latinoamericana, sino una campaña global que va más allá de América Latina e involucra a los mismos actores que se han solidarizado con Palestina.
*Periodista y escritor argentino, con cuatro libros publicados sobre Kurdistán, además de otros títulos: No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino, y Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas. Ha realizado coberturas desde Venezuela, Bolivia, México, Cuba, Ecuador, España, Bélgica, Irán y Bashur (Kurdistán iraquí).
Fuente: LoQueSomos
Por Leandro Albani*
La hipótesis de no aislar a la Franja de Gaza y entender que el genocidio israelí se da en un extenso marco histórico, pero también en una coyuntura política y social internacional que se estremece con de correr de los meses, es uno de los puntos que resalta el economista y analista Claudio Katz en su último libro «La epopeya palestina», publicado recientemente por Batalla de Ideas en Argentina. En diálogo con LoQueSomos, Katz toma como punto de partida a Gaza para desentrañar las pujas, tensiones y resistencias a nivel global, siempre centrado en las responsabilidades de Estados Unidos a la hora de desestabilizar países en los cinco continentes, con el apoyo perpetuo de Israel. Y analiza la situación general en un Medio Oriente cada vez más inestable y volátil.
El genocidio que comete Israel en la Franja de Gaza no es un hecho puntual y localizado, como lo intenta mostrar un grupo de poder donde se entremezclan el liderazgo sionista, militares y funcionarios israelíes -con Benjamin Netanyahu a la cabeza-, la administración de Donald Trump y los grandes medios de comunicación. Ese grupo, en el que sus integrantes mantienen relaciones de todo tipo, busca aislar a Gaza, al pueblo palestino que vive en la franja costera, y distorsionar con excusas y una buena dosis de desinformación lo que sucede realmente: que a partir de 7 de octubre de 2023, el Estado israelí profundizó su política de limpieza étnica contra los y las habitantes de la franja, una pequeña porción de territorio palestino que, casi en soledad, resiste a la barbarie occidental.
La hipótesis de no aislar a la Franja de Gaza y entender que el genocidio israelí se da en un extenso marco histórico, pero también en una coyuntura política y social internacional que se estremece con de correr de los meses, es uno de los puntos que resalta el economista y analista Claudio Katz en su último libro "La epopeya palestina", publicado recientemente por Batalla de Ideas en Argentina.
En diálogo con LoQueSomos, Katz toma como punto de partida a Gaza para desentrañar las pujas, tensiones y resistencias a nivel global, siempre centrado en las responsabilidades de Estados Unidos a la hora de desestabilizar países en los cinco continentes, con el apoyo perpetuo de Israel.
En "La epopeya palestina", el también Doctor en Geografía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor de numerosos libros, despliega una multiplicidad de análisis, tesis e ideas que cruzan los cuatro puntos cardinales. Katz levanta puentes de reflexión que unen la resistencia del pueblo palestino y la actual situación en Medio Oriente, la impunidad "coimperial" de Estados Unidos e Israel con los recientes ataques militares a Venezuela y el recrudecimiento del bloqueo económico a Cuba, y el declive económico de Washington y los movimientos geopolíticos de Rusia y China.
La entrevista al analista argentino se realizó unos días antes de los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán -que le costaron la vida a más de doscientas personas, incluido el asesinato del Líder Supremo Ali Jamenei-, y la respuesta masiva de Teherán contra bases militares norteamericanas en la región y contra Tel Aviv y otras regiones israelíes.
-¿Cómo observás la situación actual en la Franja de Gaza?
-La masacre en Gaza continúa. Parece que perdió la primera plana, pero ya murieron seiscientos palestinos desde el alto el fuego, Israel violó 875 veces el alto el fuego, hay nueve mil presos palestinos y el 75% de la población en Gaza sigue con riesgo de hambre, a lo que se suman las torturas y las violaciones. Es importante resaltar la tragedia humanitaria, la carnicería premeditada, el cementerio de niños, la crueldad, el terrorismo de Estado, el hecho de que por cada fallecido israelí hay sesenta palestinos asesinados. Por lo tanto, es una matanza, no es una guerra, y continúa. En eso hay que poner la atención, porque no estamos en una tregua.
-¿Qué objetivos tenías con la escritura de "La epopeya palestina"?
-Una de las tesis del libro es que la violencia que ejerce Israel obedece al colonialismo de colonos, el cual difiere del colonialismo tradicional, porque es un modelo de exterminio y no de explotación. Esto explica la continuidad de la masacre. El proceso subyacente, que es la Nakba necesaria, la expansión étnica estructural, es lo que explica por qué continúa la masacre en Gaza, por qué se sigue invisibilizando a los palestinos y por qué Israel aprovecha esta situación para dar un salto cualitativo en la anexión de Cisjordania. Esto es lo que pasó en los últimos dos meses: hay una decisión israelí muy definitoria de aprobar un registro de las tierras de Cisjordania como propiedad estatal, que es el paso directo a la anexión: una tierra palestina estatal automáticamente convertida en parte de Israel.
La estrategia del Gran Israel está lanzada a pleno, ese mapa está en la cabeza de todo el funcionariado israelí, con fronteras muy pero muy abiertas, que ya incluyen la anexión de una parte de Siria, que siempre tienen muy presente a Líbano, con obviamente Cisjordania incorporada y que tiene proyecciones geográficas abiertas. Por ejemplo, Israel acaba de reconocer como país a Somalilandia, un lugar perdido de África, que desde 1991 está en un estatus ambiguo, al lado de Somalia, que es un lugar estratégico. Ahora Israel va a poner una base militar en ese país. Está consolidando lazos. Ya lo hizo en Sudán. No es que África va a ser parte del Gran Israel, pero habla de la proyección de expansión necesaria de un colonialismo de colonos.
-¿La solución de los dos Estados, uno israelí y otro palestino, puede ser una opción para detener a Tel Aviv?
-La ficción de los dos Estados está definitivamente sepultada. Si Gaza ya demostró que los dos Estados era una fantasía, lo que está ocurriendo ahora en Cisjordania lo confirma. El embajador de Estados Unidos en Israel declaró que por razones bíblicas Israel tenía derecho a vivir en Israel. El embajador es uno de estos evangelistas del sur y es una voz oficial de Trump. Netanyahu declaró abiertamente que no va a haber dos Estado, por lo tanto se consolida esta nueva etapa de colonialismo de colonos y el fin de los dos Estados.
-En el libro analizás el concepto de "coimperialismo" para, por un lado, revelar la alianza entre Estados Unidos e Israel, pero también para polemizar sobre algunas posturas al respecto.
-Lo que está ocurriendo en Gaza confirma el rol coimperial de Israel. Hay que tener mucho cuidado en observar siempre los dos elementos: un interés específico, el Gran Israel, y un interés mucho más importante, mucho más estructural, que es el rol de Israel como instrumento del imperialismo estadounidense. Aquí lo central es evitar la confusión muy corriente de suponer que el lobby israelí le fija el guion al Departamento de Estado. Esto es clave, porque si se mira con la visión superficial de que hay un grupo poderoso que está torciendo el rumbo de la política estadounidense, estaríamos en una anomalía que se corrige reequilibrando. Si ves lo que hace Israel como la estrategia actual del imperialismo estadounidense, entonces no es Israel, es Estados Unidos.
El punto clave es que Estados Unidos está lanzado a remodelar Medio Oriente y colocó y delegó en Israel esta función para manejar el petróleo, las rutas comerciales, con un principio, que es el que guía toda la política actual de Estados Unidos: compensar su declive económico con la agresión militar. Por eso, es importante ver lo de Gaza inserto en Irak, Afganistán, Yemen, Siria. Es toda la estrategia de Estados Unidos en la región.
-¿Qué opinión te merece el Consejo de Paz creado por el propio Donald Trump para controlar Gaza?
-El llamado plan de paz es lo que ahora domina la estrategia de Estados Unidos y significa consagrar el genocidio. Es un plan de paz mientras se bombardea la zona, una contradicción en sí misma, porque ni siquiera es un armisticio, una tregua, un alto de fuego. Es hacer la paz no sobre los viejos cadáveres, sino sobre los nuevos cadáveres. Y es un plan muy ilustrativo del tipo de política imperial de Trump. El plan de paz es un plan de multimillonarios, de genocidas, de ladrones. Tiene como pilar un negocio. Se formó un consejo, cada miembro tiene que aportar mil millones de dólares. Se arma un fondo de diez mil millones que manejan Trump y sus allegados. Y ese fondo es para hacer cosas terroríficas, como un balneario turístico sobre las cenizas y los cadáveres sin desenterrar en Gaza. Es una especie de nepoestado, porque ese organismo tiene algo parecido a la Compañía de las Indias de la era precapitalista. Es una novedad y desde hace siglos no se veía esta modalidad.
En los últimos dos siglos, en las formas del colonialismo clásico y del colonialismo de colonos, es el Estado el que se apropia de un lugar y fija una estrategia. Ahora hay una junta que la preside un funcionario vitalicio que ya no representa el Estado, porque cuando Trump termine su mandato seguirá al mando. Tony Blair es un actor privado, y los integrantes participan en forma privada en tanto aportan el dinero. En el modelo de la Compañía de Indias, el Estado le daba el soporte. Era una compañía de accionistas que se hacían cargo del "emprendimiento" de conquistar la India y después hacerse con el negocio. Por lo tanto, era como una junta de accionistas. Cuando se fundió, el Estado se hizo cargo y comenzó el colonialismo más contemporáneo. Pero hay una regresión a todas las formas de ultraprivatización. Es un modelo ultracolonial extremadamente privado, cuya viabilidad es una gran incógnita.
El Consejo de Paz sepulta la idea de los dos Estados, porque ya ni siquiera se habla del Estado palestino. Ni lo consideran. Es una junta sin palestinos. Va a haber uno, un tecnócrata, un servidor de Trump, ni siquiera está la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Es un modelo de lo que se viene con el proyecto Trump, en el sentido de que es paralelo a las Naciones Unidas. La idea de Trump es regir la política internacional con modalidades impuestas por Estados Unidos al margen de cualquier legislación y legalidad internacional. La legalidad internacional es la que va a fijar Estados Unidos al margen de cualquier organismo. El Consejo de Paz, paralelo al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es un anticipo de esto. Trump tiene la complicidad del mundo árabe que participa en el consejo. Europa está metida, aunque tiene una franja de disidencia. Israel no está totalmente de acuerdo. Pero hay que seguirlo muy bien, porque de la misma manera que Gaza es el anticipo de las guerras próximas, el Consejo de Paz es el anticipo del modelo colonial para consagrar lo que sucederá a las guerras que se vienen.
-¿Qué hechos positivos rescatás con respecto a Gaza?
-El primero es la mundialización del conflicto. Lo segundo es la regionalización específica. La mundialización está en el nivel de apoyo a la causa palestina, que nunca se había visto. Es el gran cambio. Hoy todo el mundo sabe lo que pasa en Palestina. Hace unos años atrás, uno tendría que haber explicado qué es Palestina. Hoy todo el mundo lo sabe. Y hay una solidaridad fuerte y una divisoria de campos muy nítida.
También es importante la nueva regionalización. Estados Unidos tiene el dilema de atacar o no atacar a Irán, porque tiene que sopesarlo. Israel está involucrado en un incendio general de Medio Oriente, donde algunas cosas le han salido muy bien. Por ejemplo, Siria, donde ha logrado el principal éxito, por lejos muy superior al de Palestina. Tumbó un régimen históricamente hostil y puso un hombre suyo, que va a balcanizar el país.
Mientras tanto, Trump dice: viendo a Siria, a Venezuela, me lanzo. Después viene Líbano, donde la cosa está empatada. Israel bombardea y bombardea, pero no se atreve a entrar. Es un poco parecido a Irán. Bombardea, pero no entra. Y después está el caso más importante, que es Yemen. ¿Por qué? Porque un pequeño país cambia la correlación de fuerzas con una solidaridad muy consistente con Palestina. Disparando misiles da vuelta el panorama. Es el anticipo de lo que puede hacer Irán si cierra el Estrecho de Ormuz: producir una catástrofe económica de la cual Trump se arrepentirá toda su vida. Y entonces se acabó su proyecto de reelección.
-Desde el 7 de octubre de 2023 surgieron debates sobre la legitimidad o no de las formas de resistencia del pueblo palestino. ¿Qué pensás al respecto?
-El libro justamente se llama "La epopeya palestina" para contrapesarlo con la idea de conflicto o tragedia: poner de relieve que se trata de una resistencia y donde la denominación de terrorismo le cabe a Israel y no a los resistentes palestinos. Lo primero en lo que hay que insistir es en la legitimidad de la lucha palestina, el carácter heroico de su lucha. Tenemos que reconocer la ejemplaridad de lo que están haciendo en todos los planos. Es el principal debate político sobre la cuestión palestina hoy: ya no es si tienen derecho o no tienen derecho, es que la resistencia que ellos desenvuelven es una resistencia típica de un pueblo oprimido. Y esa es la valoración del 7 de octubre de 2023. Juzgar si fue equivocado o no fue equivocado no nos cabe a nosotros, no es un juicio que podamos hacer los analistas del tema o los que tenemos una posición de solidaridad.
En el libro lo que intento recoger es la historia de esta epopeya. La idea de que la lucha palestina no nació ahora. Ya tuvieron una lucha excepcional en el famoso levantamiento de la década de 1930. Es uno de los pueblos con mayor historia de lucha del siglo XX. Por eso es un emblema de la lucha anticolonial en el siglo XXI. Y con una característica que, investigando el tema, me llamó mucho la atención. Es una singularidad paradójica y heroica al mismo tiempo: que de cada tragedia palestina surgió una nueva oleada de lucha. Vino la Nakba en 1948 y de ella nace Al Fatah. Vino la terrible derrota de la Guerra de los Seis Días, y de eso surge todo el proceso de radicalización del movimiento palestino. Se produjo la espantosa masacre en la década de 1980 en Líbano, y de ahí nacen las dos intifadas. Cuando uno ve esta secuencia, Gaza es la forma que tiene esta dinámica de tremendas tragedias que hacen surgir otra etapa de grandes luchas.
-¿Cómo analizás el impacto de la situación en Medio Oriente en la política interna estadounidense?
-Todo se puede sintetizar en una idea organizadora de lo que está pasando: 2025 fue el año del fracaso económico del plan económico de Trump. Él llegó para hacer grande a Estados Unidos, repuntando la economía, el dólar, fijando con los aranceles la nueva estrategia económica internacional. Y definiendo un punto de partida para la reindustrialización de Estados Unidos a partir de la supremacía en el campo de la revolución digital. Pero eso falló, porque básicamente China se puso firme y todos los demás no aceptaron sostener el dólar. Nadie aceptó, ni siquiera Europa aceptó adaptar toda la política del euro a lo que necesite el dólar.
Además, la Corte Suprema de Estados Unidos acaba de decir que la política arancelaria no va más. Lo dice porque está olfateando el efecto económico inverso que ya está teniendo en materia inflacionaria. Los datos económicos son muy malos: ni empleo, ni producción, ni que hablar de la productividad frente a China. Se está creando la paradoja que, un poco como en Argentina, el plan económico de Trump hace que cuanto más agredas a China, más te vende China, sobre todo productos intermedios. Frente a esto, Trump pegó el giro con Venezuela, Irán y Cuba. Es el giro belicista, que es lo que no quería hacer. Entonces volvemos a la política de los neoconservadores y de los globalistas. El estilo Trump ahora es belicismo de amenazas sin belicismo de intervención. Y eso es una contradicción en sí misma. Belicismo de amenaza no existe. Belicismo es si mostrás capacidad, después no hay nada.
-En el libro reflexionás en profundidad sobre las consecuencias geopolíticas que surgen del genocidio en Gaza. ¿Cómo ves los movimientos de las grandes potencias?
-Es un escenario que cada vez más se aproxima a una de las tesis del libro, que es la conformación de bloques mundiales de naturaleza bélica. Lo que separa Occidente de los BRICS no es una estrategia económica, no es la multipolaridad. Es quién no quiere el belicismo, quién no quiere paz, quién no quiere guerra comercial o el proteccionismo. Hay un bloque que quiere la guerra y el otro quiere defenderse de la guerra.
Rusia y China se van amoldando al cambio de situación: el belicismo de Estados Unidos sigue y sigue. Por eso, China y Rusia se han lanzado a sostener a Irán, porque se dan cuenta que ahí está la madre de todas las batallas. No es Palestina, es Irán. Por lo tanto, están proveyendo a Irán de todo lo que necesita: misiles, instrumental antiaéreo, todo lo que necesita para afrontar la guerra.
-¿Pensás que entre la población israelí existe algún cambio después del genocidio en Gaza?
-El mundo está cambiando, hay un cambio generacional, un cambio político difícil de aceptar por generaciones educadas en la idealización de Israel. Israel es como la Segunda Guerra Mundial, es un mito, pero es un mito en el cual se educaron tres o cuatro generaciones. La idea de que la Segunda Guerra Mundial fue una lucha victoriosa de los ejércitos aliados contra la Alemania nazi a partir del Día D, simplemente olvida que esa fue una batalla secundaria. La guerra se ganó en el frente oriental por la Unión Soviética. Las pérdidas que tuvieron los aliados ahí son insignificantes. En ese mismo mito, el mito de la libertad, se creó la idealización de Israel. Y está muy incorporado en el pensamiento. Pero eso se está rompiendo. Hay una generación de israelíes que dicen "no", dicen "basta". Eso explica el declive del sionismo. Ese rompimiento también tiene que ver no sólo con Israel, sino con el sionismo como ideología. Porque a veces se escucha hablar de Israel como una cuestión mítica. Pero poco se habla del sionismo como ideología colonialista, racista, que tiene características similares a cualquier otra ideología de ese tipo.
-En el libro también abordás un tema muy tergiversado como es el sionismo como ideología y su relación con el Estado israelí y con el pueblo judío.
-Ahí está la gran ruptura ideológica actual: la diferenciación entre el sionismo e Israel. Porque la diferenciación entre judíos ya es algo que hace mucho tiempo está establecida. Más o menos todo el mundo sabe qué es ser judío: una cultura, una religión, una identidad, un pasado. En cambio, el tema de Israel es mucho más conflictivo, porque recién ahora hay plena conciencia de que Israel es una nación. Este es un tema que incluso es conflictivo. Todavía es conflictivo en sectores de la izquierda, en sectores del mundo palestino. Israel es una nación con derechos nacionales. Hay seis millones de personas que son de nacionalidad israelí, que al cabo de dos, tres, cuatro generaciones han constituido un tipo de organización con todas las características subjetivas y objetivas de la nacionalidad. Lo que ocurre es que una cosa es la nacionalidad israelí, que tiene la misma legitimidad que la nacionalidad palestina, y otra cosa es el Estado de Israel como un Estado sionista colonial. Es un Estado de apartheid. Por eso la comparación con Sudáfrica es perfecta. Existe la nación sudafricana compuesta por muchas naciones. En Sudáfrica se hablan siete u ocho idiomas, además de los dos europeos, del africano y el inglés. Y la nación y la estructura nacional sudafricana existe integrando varias naciones.
-¿Cómo ves la alineación del gobierno de Javier Milei con Israel y Estados Unidos?
-En el caso argentino, me parece bastante evidente que Milei supera todos los precedentes: sometimiento total a Estados Unidos. De la misma manera que entrega los recursos del país a Estados Unidos, firma un tratado de libre comercio que le da todo a ellos y nada a nosotros, que permite a los marines instalarse en Ushuaia (ciudad de la provincia de Tierra del Fuego, en la Patagonia).En el caso de Gaza hay una apuesta más fuerte. Milei está muy metido en el Consejo de Paz y su proyecto es enviar tropas. El objetivo de Milei es reconstituir el papel del ejército a partir de eso. No es solamente un entramado de negocios, de exportación de armamento de Israel o de Argentina. Hay una estrategia que es convertir al ejército argentino en una especie de gendarme, como fueron los paramilitares colombianos o guatemaltecos.
-¿Pensás que el ejército argentino aceptaría algo así?
-Si te preguntaba si pensabas que Milei iba a ser presidente, vos, como el 99,9% de los argentinos, hubieras dicho que era algo impensable. Que Milei sea presidente ya abre toda posibilidad. Hoy es impensable. ¿Y si es reelecto en 2027, es impensable? No lo sabemos. Lo que sabemos de Milei es que está a la ofensiva con un modelo tremendamente frágil. Por lo tanto, depende de que siga Trump. Si a Trump le va mal, Milei no existe.
Por otra parte, la relación que el Estado argentino tiene con el Estado de Israel desde la época de Carlos Menem, hace ya tres décadas, es el retrato exacto del declive argentino. Obedece a ese declive. La pérdida de soberanía frente a Israel comenzó con Menem, con los atentados a la embajada israelí y a la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), y con la voladura de la fábrica militar de Río Tercero (en la provincia de Córdoba). A partir de ahí, la cancillería argentina se transformó en una oficina del Estado de Israel dedicada a operar a escala mundial contra Irán. Esa pérdida de soberanía es el retrato de lo que viene ocurriendo con el país. Y eso no fue revertido por el kirchnerismo. Lo inició Menem, lo profundizó Mauricio Macri, pero no lo revirtió el kirchnerismo. Y eso es muy llamativo, porque el kirchnerismo sí tuvo políticas autónomas frente al ALCA, con Evo Morales, en el Mercosur, en la CELAC. Pero no en el tema de Israel. Al contrario, dio manotazos de ahogado. Primero, con una mayor subordinación al nombrar a Alberto Nisman como fiscal de la causa AMIA e intentar un memorándum (con Irán) sin ningún propósito, además de no investigar el caso AMIA, no abrir los archivos sobre el atentado.
Lo que ocurre es que hay una penetración en distintos planos del Estado argentino por parte del sionismo, en una forma muy parecida a lo que el AIPAC (American Israel Public Affairs Committee) hace en Estados Unidos. Una especie de lobby sionista operando de la misma manera. Y es paralelo al declive de la soberanía argentina.
-Por último, ¿qué similitudes observás en la política estadounidense con respecto a Palestina y a América Latina?
-Lo palestino está conectado directamente al universo regional. Está conectado por la intifada global que se ha creado en estos últimos años. A nosotros, en América Latina, el tema palestino nos toca por dos lugares importantes. El primero es Venezuela, porque es un caso extremo de una tendencia general. Estados Unidos quiere Medio Oriente para apropiarse del petróleo, al igual que quiere a América Latina. La brutalidad que Trump aplica en Medio Oriente también la aplica acá. Dice que el Canal de Panamá le pertenece, que Groenlandia es de su propiedad y que va a hacer lo que quiera en Gaza y en Irán. En el caso de Venezuela, es como el Consejo de Paz, es el primer experimento. Trump secuestró a Nicolás Maduro con el método israelí del secuestro o asesinato de dirigentes. Trump lo secuestró, Israel directamente los mata, pero lo podría haber asesinado. Eligió no asesinarlo por un cálculo político. Pero el método es el mismo, es el terrorismo de Estado con formas gangsteriles. En general, en las relaciones bélicas entre países, el terrorismo es excluido por una razón milenaria: las guerras no empezaron ayer, y los dos contendientes saben que si se asesina o secuestra a la cabeza del bando opuesto, hay solo guerra y no hay negociación. Y la guerra es negociación. No hay guerras absolutas nunca ni en ningún caso. Siempre, en algún momento, hay negociación hasta que uno se rinde. Pero cuando se rinde alguien, hay que firmar la paz con ese alguien. ¿Por qué? Porque si no se firma la paz con alguien, ¿quién va a hacerse cargo de la organización interna de la colonia? Devastaste un país, ¿pero quién va a gobernar ese país? Alguien. Y ese alguien tiene que firmar. Pero si lo matás, ¿quién va a firmar? Esa es la base. El terrorismo junto a lo gangsteríl se diferencia en que no hay relaciones de Estados. Por eso tiene forma de asesinatos sin un patrón definido. En Venezuela, Estados Unidos aplicó el método de terrorismo en el Estado. Trump ha dicho que se va a apropiar del petróleo y convertir a Gaza en un balneario. Y ha dicho que él va a gobernar Venezuela como piensa gobernar Gaza.
¿Por qué es importante hoy Venezuela? Por el tema clave de América Latina, que es Cuba. Estados Unidos se ha largado a liquidar a Cuba en un acto de guerra. Está provocando adrede una crisis humanitaria. La crisis humanitaria, si continúa en los términos que está planteando Trump, conduce a una situación como en Haití o en Gaza. Entonces, viendo lo que pasó en Haití y en Gaza, defender a Cuba es la prioridad. Los cubanos mismos se defienden, ellos ya han puesto en marcha un programa de emergencia. Pero hay una deuda que tiene América Latina con el pueblo de Cuba, que es la deuda con los médicos cubanos, es la deuda por la educación, la deuda del humanismo cubano, y por eso Cuba empieza a ser, o podría llegar a ser, el emblema del 2026, como fue Palestina en 2025. Un emblema que combina la solidaridad política con la defensa humanitaria. Para finales de marzo está prevista una flotilla palestina, pero va a haber una flotilla a Cuba, y los que están organizando la flotilla que va a salir de México para Cuba son los que han tenido la experiencia de la flotilla a Gaza. La relación es con Cuba y es con Gaza. Y el movimiento de solidaridad empieza a ser entendido no como una solidaridad puntual de la izquierda latinoamericana, sino una campaña global que va más allá de América Latina e involucra a los mismos actores que se han solidarizado con Palestina.
*Periodista y escritor argentino, con cuatro libros publicados sobre Kurdistán, además de otros títulos: No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino, y Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas. Ha realizado coberturas desde Venezuela, Bolivia, México, Cuba, Ecuador, España, Bélgica, Irán y Bashur (Kurdistán iraquí).
Fuente: LoQueSomos