Opinión

La guerra contra la conciencia palestina: propaganda, colonialismo y resistencia de la memoria

Por Jaldía Abubakra* 

De la manipulación mediática al intento de borrar la identidad: cómo el proyecto sionista intentó dominar la narrativa y por qué el pueblo palestino ha resistido

El objetivo del colonialismo no es solo ocupar la tierra, sino remodelar la conciencia del pueblo colonizado-

 Walid Daqqa

La batalla por la conciencia: propaganda, colonialismo y resistencia en Palestina

En toda lucha de liberación existe una dimensión que va más allá del terreno militar o político: la batalla por la conciencia, la memoria y la narrativa. En el caso de Palestina, esta dimensión ha sido central desde los orígenes del proyecto sionista. Mucho antes de consolidar su control territorial, el movimiento sionista comprendió que dominar la percepción internacional y moldear la conciencia colectiva era una condición fundamental para sostener su proyecto colonial.

Desde finales del siglo XIX, y especialmente tras la creación del Estado de Israel en 1948, el aparato político sionista desarrolló una estrategia sistemática destinada a influir en los medios de comunicación internacionales, la producción académica, la industria cultural y los centros de poder político en Occidente. Esta estrategia no solo buscaba justificar la colonización de Palestina, sino también reconfigurar el propio lenguaje con el que se interpreta la realidad.

Uno de los pilares de esta operación ha sido la construcción de una narrativa que presenta el proyecto colonial como una empresa civilizatoria o defensiva. La ocupación se describe como "seguridad", la colonización como "asentamientos", el apartheid como "conflicto" y la resistencia palestina como "terrorismo". Este desplazamiento semántico no es accidental: forma parte de una arquitectura discursiva diseñada para transformar una relación colonial de dominación en una supuesta disputa simétrica entre dos partes equivalentes.

Durante décadas, numerosos medios occidentales han reproducido de forma acrítica estos marcos interpretativos. El resultado ha sido una representación profundamente distorsionada de la realidad palestina: los palestinos aparecen a menudo únicamente como víctimas pasivas o como actores violentos irracionales, mientras que la estructura colonial que produce esa violencia queda sistemáticamente invisibilizada.

Walid Daqqa y la guerra contra la conciencia

El prisionero palestino Walid Daqqa dedicó gran parte de su pensamiento a analizar precisamente esta dimensión menos visible del colonialismo: la guerra contra la conciencia colectiva.

En su ensayo " " (Kayy al-Wa‘i) - "Cauterizar la conciencia", Daqqa explica que el objetivo último del poder colonial no es únicamente controlar el territorio o los cuerpos, sino transformar la forma en que el pueblo colonizado se percibe a sí mismo.

El término "kay" significa literalmente cauterizar con fuego una herida. Daqqa utiliza esta metáfora para describir el intento de quemar o anestesiar la conciencia política de un pueblo hasta que pierda su capacidad de resistencia.

"La prisión no es solo un lugar de castigo; es un laboratorio donde el colonizador experimenta técnicas de control que luego aplica a toda la sociedad." - Walid Daqqa

Las cárceles israelíes ocupan un lugar central en este sistema. Daqqa describía las prisiones como un laboratorio político donde se experimentan técnicas de control social que posteriormente se aplican al conjunto de la sociedad palestina.

Por ello hablaba de dos niveles de encierro:

la pequeña prisión: las cárceles israelíesla gran prisión: Palestina bajo ocupación

La fragmentación de la sociedad, el control del movimiento, la vigilancia permanente y la manipulación de la información forman parte de un mismo sistema de dominación.

Cuando la conciencia nacional se fragmenta, la ocupación se convierte en una administración cotidiana

Walid Daqqa

La memoria como resistencia

A pesar de esta estrategia sistemática de manipulación narrativa y guerra psicológica, el proyecto colonial no ha logrado destruir la identidad colectiva palestina.

La memoria de la Nakba, transmitida de generación en generación; la literatura, la poesía y el arte; la cultura popular; las redes familiares y comunitarias; y la experiencia compartida de lucha han mantenido viva una conciencia nacional que el colonialismo no ha conseguido extinguir.

La resistencia palestina ha demostrado, durante más de un siglo, que la memoria puede convertirse en una forma de resistencia política.

El escritor y revolucionario palestino Ghassan Kanafani expresó esta relación entre identidad, conciencia y lucha con una claridad extraordinaria:

La causa palestina no es la causa de los palestinos solamente, sino la causa de todos los revolucionarios dondequiera que estén

Ghassan Kanafani

Kanafani comprendía que el intento de borrar la identidad palestina no era solo un proyecto colonial local, sino parte de un sistema global que busca neutralizar las luchas de liberación.

En este sentido, la producción y circulación de conocimiento se convierte en una forma de resistencia. Recuperar la memoria histórica, defender la verdad frente a la propaganda y construir narrativas propias son pasos esenciales para romper el cerco informativo impuesto durante décadas.

Las propias cárceles israelíes -pensadas para destruir la conciencia política palestina- se transformaron en espacios de educación, organización y producción intelectual. Numerosos prisioneros palestinos se convirtieron en escritores, pensadores y educadores que contribuyeron a preservar y fortalecer la conciencia colectiva del pueblo palestino.

El Diluvio de Al-Aqsa y la ruptura del cerco narrativo

Los acontecimientos iniciados con el Diluvio de Al-Aqsa también han puesto en evidencia las grietas crecientes en el monopolio narrativo que durante décadas sostuvo el proyecto colonial.

La circulación masiva de imágenes, testimonios y narrativas provenientes directamente de Palestina ha erosionado significativamente el control tradicional de los grandes medios occidentales sobre la interpretación del conflicto. Las redes sociales, los medios independientes y las voces de la diáspora palestina han contribuido a romper parcialmente el cerco informativo que durante tanto tiempo invisibilizó la realidad del colonialismo, la ocupación y el apartheid.

Este proceso no significa que la guerra mediática haya terminado. Por el contrario, la batalla por la narrativa se ha intensificado. Sin embargo, la creciente capacidad de los pueblos para producir y difundir sus propias narrativas está alterando un equilibrio que durante décadas pareció inamovible.

En términos del análisis de Walid Daqqa, este momento histórico también refleja los límites del intento de "cauterizar la conciencia". A pesar de décadas de propaganda, fragmentación y represión, la conciencia colectiva palestina -y la solidaridad internacional que la acompaña- continúa regenerándose y encontrando nuevas formas de expresión.

La historia reciente de Palestina demuestra que ningún proyecto colonial puede consolidarse únicamente mediante la fuerza militar o la manipulación de la narrativa. Durante décadas, el régimen sionista ha intentado controlar no solo la tierra, sino también el lenguaje, la memoria y la conciencia colectiva. Sin embargo, la persistencia de la identidad palestina -transmitida a través de la memoria, la cultura y la experiencia compartida de resistencia- ha demostrado los límites de ese intento de dominación total. Palestina demuestra que la memoria puede sobrevivir a la prisión, a la propaganda y al exilio. Mientras exista una conciencia colectiva que recuerde la injusticia y afirme el derecho a la liberación, el intento de borrar a un pueblo está condenado a fracasar.

*Activista palestina y miembro del movimiento de mujeres palestinas Alkarama