Identificación de desaparecidos en dictadura: "Dar respuesta a los familiares es lo que nos mueve" Por Luciana Bertoia
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), reconocido en el mundo por su tarea, logró identificar a doce personas que estuvieron secuestradas en el campo de concentración de La Perla y que estaban desaparecidas. El hallazgo, producido en septiembre del año pasado en tierras pertenecientes al Ejército, genera grandes expectativas en las familias que hace casi medio siglo buscan saber qué hizo la dictadura con sus seres queridos. Silvana Turner, integrante del EAAF desde 1988, es quien está abocada a esta tarea en la provincia de Córdoba y dialogó con Página/12 sobre cómo se realizó la búsqueda y cómo continuará.
-¿Cómo están viviendo en el EAAF haber logrado estas doce identificaciones?
-Córdoba es una provincia donde venimos trabajando desde hace más de 20 años. Las primeras búsquedas fueron justamente en el área del Tercer Cuerpo vinculada a La Perla. Son lugares a campo abierto, muy extensos y difíciles de abordar desde lo arqueológico, lo geológico y lo antropológico, porque no hay indicios visibles ni información testimonial precisa. Hay testimonios de sobrevivientes sobre lo que escuchaban dentro del centro clandestino, pero no existen datos directos de perpetradores que permitan ubicar con exactitud los sitios. Entonces, que todo ese trabajo sostenido durante tanto tiempo dé resultados ahora nos conmueve mucho. Es algo muy importante, sobre todo teniendo siempre presente la espera de los familiares. Esa expectativa es el motor de nuestro trabajo y poder dar respuestas también es una enorme emoción para nosotros. En Córdoba, además, había una especie de deuda para el Equipo. Hubo identificaciones en la fosa del cementerio San Vicente y también en las chimeneas de cal de La Ochoa, pero en relación con la cantidad de víctimas eran pocos casos. Por eso siempre estuvimos muy pendientes de poder seguir buscando allí.
-¿Está confirmado que continúan con los trabajos el mes que viene?
-Sí. La planificación ya está presentada. Quedan algunas cuestiones administrativas por resolver, pero la intención es retomar el trabajo de campo porque seguimos trabajando en la misma área. Estamos excavando en un sector que se llama Loma del Torito. Allí ya se habían hecho excavaciones en 2004 muy cerca de donde ahora hubo hallazgos, pero esto suele pasar: uno puede estar a diez metros y no encontrar nada. El perímetro que delimitamos a partir del análisis de información todavía no se terminó de excavar. Estamos trabajando de manera exhaustiva, cubriendo toda la superficie para descartar cualquier posibilidad de que haya restos en sectores no explorados. El área total que analizamos era de unas diez hectáreas. Cuatro se descartaron por distintas razones -por ejemplo, porque ya estaban excavadas o por las características geológicas-, lo que dejó unas seis hectáreas efectivas de trabajo. De esas seis ya excavamos cuatro y nos quedan aproximadamente dos por explorar. La planificación incluye continuar en ese sector y, en paralelo, seguir analizando otros sitios dentro del mismo predio si aparecen nuevos indicios.
-¿Cómo fue el proceso de trabajo desde el hallazgo hasta las identificaciones?
-La campaña de campo empezó en septiembre del año pasado. Terminamos el trabajo en terreno a fines de noviembre. Después comenzaron los análisis antropológicos del material recuperado, que se hicieron en el Servicio de Antropología Forense de la Morgue de Córdoba, en conjunto con el Equipo. A partir de ahí se seleccionaron muestras para el análisis genético. Esas muestras se enviaron a nuestro laboratorio genético -que justamente está en Córdoba- a fines de diciembre. El laboratorio comenzó con la extracción de ADN y luego con los cotejos. Las identificaciones que se conocieron ahora corresponden a los primeros cotejos. El laboratorio sigue trabajando con el resto de las muestras, de modo que todavía pueden surgir nuevas coincidencias. Ahora se suman las notificaciones a las familias y en abril retomamos el trabajo de campo. Hay una planificación para todo el año: dos campañas de aproximadamente tres meses cada una. En paralelo se seguirá avanzando con los análisis antropológicos y genéticos a medida que aparezcan nuevos hallazgos.
-¿Tuvieron dificultades para trabajar en el predio, teniendo en cuenta que pertenece al Ejército?
-No. El Juzgado Federal 3 de Córdoba es el que coordina todas las tareas y ha hecho las gestiones necesarias. El predio tiene una medida de no innovar, por lo que cualquier actividad que el Ejército quiera realizar debe consultarse previamente con el tribunal. En nuestro caso hemos tenido sobre todo apoyo logístico. Es un lugar al que no se accede de manera directa, por lo que se necesitan coordinaciones para ingresar y trasladarse dentro del predio. El Ejército colaboró con cuestiones logísticas, como carpas o traslados dentro del área. El resguardo del sitio lo realizó Gendarmería. Además hubo apoyo de distintas instituciones: brigadas de explosivos que hicieron tareas de detección previa, la provincia de Córdoba, la municipalidad, la Universidad Nacional de Córdoba y estudiantes de antropología que participaron como asistentes. También contamos con el trabajo de especialistas, como el geólogo Guillermo Sagripanti, de la Universidad Nacional de Río Cuarto. En general fue un trabajo muy coordinado entre distintas instituciones.
-¿Los hallazgos respaldan la hipótesis de que los cuerpos fueron removidos en 1979?
-La fecha exacta del evento no puede determinarse, pero sí podemos afirmar que hubo alteraciones posteriores a los entierros. La hipótesis inicial, cuando se hicieron las primeras excavaciones en 2004, era que existían fosas primarias, es decir, enterramientos donde los cuerpos estaban completos y articulados. Con esa hipótesis se buscaba. Con el tiempo apareció el testimonio de (Guillermo) Bruno Laborda, que mencionó una operación de "limpieza" realizada con máquinas retroexcavadoras en esta zona. A partir de ese testimonio empezamos a buscar no fosas, sino rastros de movimiento de suelo en imágenes aéreas cercanas a esa época. Ese análisis lo realizó principalmente el geólogo Sagripanti. Detectó rasgos en imágenes de 1979 que no podían explicarse por las prácticas militares ni por trabajos agrícolas que se habían hecho en el predio. A partir de esa información delimitamos el área de búsqueda en la Loma del Torito. Lo que encontramos ahora es consistente con esa hipótesis: vemos cortes en el suelo producidos por máquinas retroexcavadoras y sedimentos alterados. Esos perfiles muestran incluso las marcas de los dientes de las palas mecánicas. En esos sedimentos alterados aparecen restos óseos fragmentados y desarticulados, que son justamente lo que habría quedado después de una remoción.
-En la sentencia de la megacausa La Perla se mencionaban enterramientos clandestinos, pero sin poder ubicar el lugar exacto. ¿Estos hallazgos ayudan a completar ese cuadro?
-Sí, en ese sentido son muy importantes. Desde el primer hallazgo hubo una fuerte indicación de que estábamos encontrando lo que buscábamos. Informamos al juzgado ese mismo día con bastante certeza. A diferencia de otros contextos -como cementerios, donde puede haber restos óseos pero no necesariamente vinculados con lo que se investiga-, aquí no había otra explicación posible para la presencia de restos humanos en ese lugar.
-¿Qué mensaje les darías a las familias que siguen buscando?
-Es muy importante que quienes tuvieron contacto con el EAAF actualicen sus datos de contacto si cambiaron o si la persona que tuvo el contacto falleció. También es fundamental que los familiares que aún no lo hicieron aporten su muestra de sangre para el banco genético del EAAF. Eso es lo que permite realizar los cotejos y concretar las identificaciones. Invitamos además a quienes tengan dudas sobre si su muestra fue tomada o procesada correctamente a que se comuniquen a través de los canales públicos del EAAF. Pueden consultar y recibir una respuesta.
Fuente: Página 12
Por Luciana Bertoia
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), reconocido en el mundo por su tarea, logró identificar a doce personas que estuvieron secuestradas en el campo de concentración de La Perla y que estaban desaparecidas. El hallazgo, producido en septiembre del año pasado en tierras pertenecientes al Ejército, genera grandes expectativas en las familias que hace casi medio siglo buscan saber qué hizo la dictadura con sus seres queridos. Silvana Turner, integrante del EAAF desde 1988, es quien está abocada a esta tarea en la provincia de Córdoba y dialogó con Página/12 sobre cómo se realizó la búsqueda y cómo continuará.
-¿Cómo están viviendo en el EAAF haber logrado estas doce identificaciones?
-Córdoba es una provincia donde venimos trabajando desde hace más de 20 años. Las primeras búsquedas fueron justamente en el área del Tercer Cuerpo vinculada a La Perla. Son lugares a campo abierto, muy extensos y difíciles de abordar desde lo arqueológico, lo geológico y lo antropológico, porque no hay indicios visibles ni información testimonial precisa. Hay testimonios de sobrevivientes sobre lo que escuchaban dentro del centro clandestino, pero no existen datos directos de perpetradores que permitan ubicar con exactitud los sitios. Entonces, que todo ese trabajo sostenido durante tanto tiempo dé resultados ahora nos conmueve mucho. Es algo muy importante, sobre todo teniendo siempre presente la espera de los familiares. Esa expectativa es el motor de nuestro trabajo y poder dar respuestas también es una enorme emoción para nosotros. En Córdoba, además, había una especie de deuda para el Equipo. Hubo identificaciones en la fosa del cementerio San Vicente y también en las chimeneas de cal de La Ochoa, pero en relación con la cantidad de víctimas eran pocos casos. Por eso siempre estuvimos muy pendientes de poder seguir buscando allí.
-¿Está confirmado que continúan con los trabajos el mes que viene?
-Sí. La planificación ya está presentada. Quedan algunas cuestiones administrativas por resolver, pero la intención es retomar el trabajo de campo porque seguimos trabajando en la misma área. Estamos excavando en un sector que se llama Loma del Torito. Allí ya se habían hecho excavaciones en 2004 muy cerca de donde ahora hubo hallazgos, pero esto suele pasar: uno puede estar a diez metros y no encontrar nada. El perímetro que delimitamos a partir del análisis de información todavía no se terminó de excavar. Estamos trabajando de manera exhaustiva, cubriendo toda la superficie para descartar cualquier posibilidad de que haya restos en sectores no explorados. El área total que analizamos era de unas diez hectáreas. Cuatro se descartaron por distintas razones -por ejemplo, porque ya estaban excavadas o por las características geológicas-, lo que dejó unas seis hectáreas efectivas de trabajo. De esas seis ya excavamos cuatro y nos quedan aproximadamente dos por explorar. La planificación incluye continuar en ese sector y, en paralelo, seguir analizando otros sitios dentro del mismo predio si aparecen nuevos indicios.
-¿Cómo fue el proceso de trabajo desde el hallazgo hasta las identificaciones?
-La campaña de campo empezó en septiembre del año pasado. Terminamos el trabajo en terreno a fines de noviembre. Después comenzaron los análisis antropológicos del material recuperado, que se hicieron en el Servicio de Antropología Forense de la Morgue de Córdoba, en conjunto con el Equipo. A partir de ahí se seleccionaron muestras para el análisis genético. Esas muestras se enviaron a nuestro laboratorio genético -que justamente está en Córdoba- a fines de diciembre. El laboratorio comenzó con la extracción de ADN y luego con los cotejos. Las identificaciones que se conocieron ahora corresponden a los primeros cotejos. El laboratorio sigue trabajando con el resto de las muestras, de modo que todavía pueden surgir nuevas coincidencias. Ahora se suman las notificaciones a las familias y en abril retomamos el trabajo de campo. Hay una planificación para todo el año: dos campañas de aproximadamente tres meses cada una. En paralelo se seguirá avanzando con los análisis antropológicos y genéticos a medida que aparezcan nuevos hallazgos.
-¿Tuvieron dificultades para trabajar en el predio, teniendo en cuenta que pertenece al Ejército?
-No. El Juzgado Federal 3 de Córdoba es el que coordina todas las tareas y ha hecho las gestiones necesarias. El predio tiene una medida de no innovar, por lo que cualquier actividad que el Ejército quiera realizar debe consultarse previamente con el tribunal. En nuestro caso hemos tenido sobre todo apoyo logístico. Es un lugar al que no se accede de manera directa, por lo que se necesitan coordinaciones para ingresar y trasladarse dentro del predio. El Ejército colaboró con cuestiones logísticas, como carpas o traslados dentro del área. El resguardo del sitio lo realizó Gendarmería. Además hubo apoyo de distintas instituciones: brigadas de explosivos que hicieron tareas de detección previa, la provincia de Córdoba, la municipalidad, la Universidad Nacional de Córdoba y estudiantes de antropología que participaron como asistentes. También contamos con el trabajo de especialistas, como el geólogo Guillermo Sagripanti, de la Universidad Nacional de Río Cuarto. En general fue un trabajo muy coordinado entre distintas instituciones.
-¿Los hallazgos respaldan la hipótesis de que los cuerpos fueron removidos en 1979?
-La fecha exacta del evento no puede determinarse, pero sí podemos afirmar que hubo alteraciones posteriores a los entierros. La hipótesis inicial, cuando se hicieron las primeras excavaciones en 2004, era que existían fosas primarias, es decir, enterramientos donde los cuerpos estaban completos y articulados. Con esa hipótesis se buscaba. Con el tiempo apareció el testimonio de (Guillermo) Bruno Laborda, que mencionó una operación de "limpieza" realizada con máquinas retroexcavadoras en esta zona. A partir de ese testimonio empezamos a buscar no fosas, sino rastros de movimiento de suelo en imágenes aéreas cercanas a esa época. Ese análisis lo realizó principalmente el geólogo Sagripanti. Detectó rasgos en imágenes de 1979 que no podían explicarse por las prácticas militares ni por trabajos agrícolas que se habían hecho en el predio. A partir de esa información delimitamos el área de búsqueda en la Loma del Torito. Lo que encontramos ahora es consistente con esa hipótesis: vemos cortes en el suelo producidos por máquinas retroexcavadoras y sedimentos alterados. Esos perfiles muestran incluso las marcas de los dientes de las palas mecánicas. En esos sedimentos alterados aparecen restos óseos fragmentados y desarticulados, que son justamente lo que habría quedado después de una remoción.
-En la sentencia de la megacausa La Perla se mencionaban enterramientos clandestinos, pero sin poder ubicar el lugar exacto. ¿Estos hallazgos ayudan a completar ese cuadro?
-Sí, en ese sentido son muy importantes. Desde el primer hallazgo hubo una fuerte indicación de que estábamos encontrando lo que buscábamos. Informamos al juzgado ese mismo día con bastante certeza. A diferencia de otros contextos -como cementerios, donde puede haber restos óseos pero no necesariamente vinculados con lo que se investiga-, aquí no había otra explicación posible para la presencia de restos humanos en ese lugar.
-¿Qué mensaje les darías a las familias que siguen buscando?
-Es muy importante que quienes tuvieron contacto con el EAAF actualicen sus datos de contacto si cambiaron o si la persona que tuvo el contacto falleció. También es fundamental que los familiares que aún no lo hicieron aporten su muestra de sangre para el banco genético del EAAF. Eso es lo que permite realizar los cotejos y concretar las identificaciones. Invitamos además a quienes tengan dudas sobre si su muestra fue tomada o procesada correctamente a que se comuniquen a través de los canales públicos del EAAF. Pueden consultar y recibir una respuesta.
Fuente: Página 12