A 50 AÑOS DEL INICIO DE LA DICTADURA MAS CRUEL DE LA HISTORIA
Voces de víctimas de la cruel dictadura: luchas contra el silencio que pretendió ocultar las atrocidades
"Que digan dónde están". A 50 años del golpe de Estado, las víctimas de la cruel dictadura instaurada el 24 de marzo de 1976 no han dejado nunca de levantar la voz para denunciar las atrocidades a las que fueron sometidas. Con dolor, pero lejos de la venganza, hablan para que al recuerdo no lo devore el olvido. Han hecho de "Memoria, Verdad y Justicia" una bandera que trascendió los límites del país para convertirse en un manto protector de las reivindicaciones de los derechos humanos en el mundo entero. El Extremo Sur recogió sus testimonios y aquí los expone.
Hipólito Solari Yrigoyen
Senador nacional por Chubut (dos mandatos entre 1973-1976 y 1987-1995), dirigente de la Unión Cívica Radical y víctima del primer atentado de la Tiple A en el país.
Pese a las limitaciones que hoy me impone la salud, es mi deseo estar presente en este 50 aniversario del golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976 y dejar testimonio en esta fecha, que ocupa un lugar tan profundo en la memoria de nuestro pueblo.
Como senador nacional por la provincia del Chubut, víctima directa de organizaciones paraestatales como la Triple A y del terrorismo de Estado, conocí en carne propia lo que significaron la persecución, la violencia política, la cárcel y el exilio. También sufrí la pérdida de correligionarios y amigos entrañables, entre ellos Mario Abel Amaya, cuyo asesinato, junto al destino aún no esclarecido de tantos argentinos que permanecen desaparecidos, constituye una herida abierta en la conciencia democrática de la Argentina.
Nunca guardé rencor por los padecimientos sufridos junto con mi familia. Tampoco promoví denuncias en los tribunales, a los que concurrí siempre en calidad de testigo. Siempre creí que el camino para reparar aquellas heridas debía ser la consolidación de la democracia, el respeto irrestricto por los derechos humanos y la construcción de una sociedad más justa, objetivos a los que también dedicó su vida política y su acción de gobierno el doctor Raúl Alfonsín.
Cuando años más tarde el Estado argentino resolvió indemnizar a las víctimas de esos aberrantes delitos, la totalidad de las sumas que me correspondían fue donada a la provincia del Chubut para iniciar la construcción de una escuela en Puerto Madryn, en la convicción de que la educación y la memoria son herramientas fundamentales para evitar que aquellos hechos vuelvan a repetirse.
Estos recuerdos personales no pertenecen a una historia individual, sino que son parte de la tragedia colectiva que atravesó nuestro país cuando se quebró el orden constitucional y se instauró un régimen basado en el miedo, la represión y la negación de los derechos más elementales.
A 50 años de aquel golpe de Estado, la memoria sigue siendo un compromiso inclaudicable con la democracia y con las nuevas generaciones para defender las libertades públicas, los derechos humanos y el estado de derecho.
Ramón Torres Molina
Ex fiscal del Tribunal Superior de Justicia de la Provincia de Santa Cruz. Convencional Nacional Constituyente 1994. Ex profesor titular Facultad de Derecho UNLP. Presidente del Archivo Nacional de la Memoria (2007-2015).
El 24 de marzo de 1976, siendo fiscal subrogante del Tribunal Superior de Justicia de la Provincia de Santa Cruz, me tocó el raro privilegio de ver cómo se ejecutaba un golpe de Estado. Poco después de las tres de la madrugada, mientras me llevaban detenido a la cárcel de Río Gallegos (Unidad 15) vi como las fuerzas del Ejército iban ocupando los edificios públicos en una ciudad que no conocían, preguntando dónde quedaban los ministerios y reparticiones que eran sus objetivos. A mí me acababa de detener una sección de la Infantería de Marina que se desplegó alrededor de mi vivienda y me llevó directamente a la cárcel, cumpliendo así las previsiones establecidas en la Orden de Batalla que dispuso la movilización de las tropas para ejecutar el golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional. Como quienes me detuvieron no conocían la ciudad los guié yo mismo a mi lugar de detención.
Fui el único detenido ese día en la provincia de Santa Cruz y creo que también fui el único en el país con quien se cumplió esa directiva ya que los funcionarios del gobierno detenidos fueron trasladados al buque 33 Orientales situado en el puerto de Buenos Aires y la presidenta destituida fue llevada a una residencia especial.
El resto de los detenidos a lo largo del país fue llevado a lo que llamaban Lugar de reunión de detenidos (L.R.D.), que estaban al margen de toda información y control jurisdiccional, y que no fueron otra cosa que campos de concentración. Como símbolo de las atrocidades que vendrían (y que ya se aplicaban en forma encubierta durante el gobierno constitucional) en la ciudad de Buenos Aires, fuerzas que respondían al Estado Mayor del Ejército, también en horas de la madrugada, dieron muerte, arrojándolo desde un sexto piso, al coronel Bernardo Alberte, quien había sido abanderado del Colegio Militar y que a lo largo de su vida fue un auténtico luchador en las causas populares.
La represión en el sur de Chubut y en la provincia de Santa Cruz estaba centralizada en la Novena Brigada de Infantería. A los pocos días de instalada la dictadura se efectuó el primer Consejo de Guerra en Comodoro Rivadavia, previsto por la nueva legislación, condenando a integrantes del Sindicato de Panaderos a penas de prisión que llegaron hasta ocho años. Fue el primer Consejo de Guerra que estableció la dictadura.
También, en esos primeros días, se detuvo a dirigentes de Gas del Estado de Pico Truncado y al secretario general de petroleros privados en Comodoro Rivadavia. Poco después, en la ciudad de Buenos Aires, se detuvo al ex gobernador de Santa Cruz, Jorge Cépernic. También se detuvo y se hizo desaparecer a soldados que prestaban servicio en unidades militares pertenecientes a la brigada.
Como en la Patagonia Sur no hubo actividad guerrillera y los actos de violencia fueron protagonizados por grupos de derecha, entre ellos el Comando Austral de la Triple A, la inteligencia militar consideró subversivo a un grupo de la Juventud Peronista, apoyándose en una causa penal ya existente, contando para ello con el encubrimiento judicial. Vio, también, en un grupo policial de la provincia de Santa Cruz, a integrantes de una conspiración comunista. Se puso en funcionamiento, para esa actividad represiva, un L.R.D. (campo de concentración) en el lugar llamado Las Casitas en Comodoro Rivadavia, que se constituyó así en el centro ilegal de detención más austral del país. Se utilizó también, como complemento de las actividades ilegales, al propio Regimiento 8 de Infantería.
La causa 8.000, instruida y juzgada en Rawson y Comodoro Rivadavia dio cuenta de parte de los delitos de lesa humanidad cometidos en la Patagonia Sur y de sus responsables y víctimas (torturas, violaciones, privaciones ilegítimas de la libertad, violaciones de domicilio y una desaparición forzada de personas cuyo juzgamiento quedó pendiente).
Denuncié ese campo de concentración en la primera oportunidad que tuve, cuando se me permitió sacar un escrito judicial desde la Cárcel de Rawson (Unidad 6) en enero de 1981. Amplié esa denuncia en octubre de ese año, presentándome como querellante, aun cuando estaba detenido. Reconocí el centro ilegal en 1985 cuando todavía estaba en pie, participando después en otros tres reconocimientos con la construcción demolida. El campo de concentración de Comodoro Rivadavia, símbolo de la represión en la Patagonia Sur, fue designado como Sitio de la Memoria según las leyes vigentes y reconocido como tal en la sentencia dictada por el Tribunal Oral de Comodoro Rivadavia en diciembre de 2025.
Recuperé la libertad en enero de 1983, por fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que la ordenó y permanecí con libertad vigilada hasta que se me notificó su levantamiento el 17 de octubre a pocos días de las elecciones que nos permitieron recuperar el sistema constitucional. Eso me otorgó otro privilegio: ser la persona que estuvo detenida por más tiempo sin ser sometida a proceso en toda la historia argentina.
A los cincuenta años de esos hechos ese sistema constitucional con su democracia representativa ha implosionado y el objetivo por lograr nuestra segunda independencia, objetivo permanente del pueblo argentino, sigue más vigente que nunca.
Mario Cugura
Hijo de madre y padre desaparecidos, referente de Derechos Humanos en Chubut.
Para los que tuvimos la desgracia de tener familiares desaparecidos, en mi familia fueron cuatro, este mes es diferente. Todos los años esperamos que regresen los que nos faltan. Recordar, nunca bajar los brazos para que el hallazgo de cada cuerpo nos aliente ante el horror más sangriento que tuvimos en Argentina y de ahí darles un descanso en paz.
Eran militantes peronistas, creían en sus ideales. El haberlos asesinados no pudo callar sus voces que gritaban por una patria libre, justa y soberana.
Gracias a Dios encontramos a mis tíos Juan Cugura y Olga Casado como NN en el cementerio de La Plata. Y gracias al trabajo de Las Abuelas de Plaza de Mayo pudimos dar con la hija de ellos, Silvia Cugura Casado, nieta N° 93 de Abuelas, mi prima. Aún falta, luego de medio siglo, que digan dónde están los que nos faltan, entre ellos mis viejos, José Cugura y Elisa Cayul, ella estaba embarazada aquel oscuro día cuando la secuestraron en Avellaneda.
"Tuvieron suerte" nos dijeron un día y nos devolvieron con la Policía Federal a Rawson, luego de haber estado en el orfanato de La Plata casi un año con Mariano, mi hermano más chico. Marcelo, el mediano de los tres, estaba de vacaciones con mis abuelos paternos en Rawson.
Hoy vivimos en un país que está oscurecido como aquellas épocas de horror, negacionismo, odio, querer borrar la Memoria con el insulto hacia los 30.000 compañeros que a medio siglo siguen apareciendo y pidiendo justicia.
Memoria, Verdad, Justicia es el norte, el amor es el norte, las Abuelas son el norte, los argentinos somos buena gente, solidaria. Que no nos quieran sacar las fuerzas de querer luchar por un país mejor.
Los juicios a los genocidas son lo más importante que hemos tenido como sociedad. Es la única forma que digan dónde están los 30.000. Se están muriendo todos los genocidas sin decir los lugares de exterminio.
Me tocó declarar tres veces en "El circuito Camps" y sigo como querellante en el juicio por mi madre que comienza este mes.
Lo escribí antes: lo único que nos fortalecerá como sociedad será tener nuevamente una patria libre, justa y soberana, como la soñaron ellos. José Cugura, Elisa Cayul, Juan Cugura, Olga Casado: Presentes!
Pablo Bel
Integrante de HIJOS, trabajador del Centro Cultural por la Memoria de Trelew.
Soy hijo de desaparecido: mi padre es Elvio Angel Bel. Era un maestro alberdino, rural, que vino a la Patagonia a hacer el servicio militar y armó el primer gremio docente, estuvo con otros chicos del Nacional armando la primera Universidad que hubo acá en la zona.
En los hechos de Trelew, después de lo que pasó de la masacre, que se conoce como el principio del terrorismo de Estado en Argentina, porque en el 2012 fueron juzgados por delitos de lesa humanidad. Mi padre fue el apoderado de Santucho. Había dos comisiones de solidaridad y se le daba alojamiento y comida a los familiares que venían de los presos políticos, de lo que había sido el Cordobazo, Viborazo, Rosariazo, que los traían al penal de Rawson porque era considerado un penal de máxima seguridad donde era imposible una fuga.
La fuga se organiza, se fugan los principales líderes de Montoneros, FAR y ERP, quedando un segundo grupo que llega tarde al aeropuerto en tres taxis y se entregan con las garantías del juez Godoy y Mario Abel Amaya ayuda a hacer el acta junto con el médico Viglione que es el que los revisa para que estén bien y el periodista Daniel Carrera que es el que los graba y que salga el video en todos los televisores.
El es detenido el 11 de octubre de 72 y es llevado a Villa Devoto, ya antes había estado detenido en el penal de Rawson por pedir por la libertad a un compañero de Comodoro Rivadavia del Partido Comunista.
Mi padre era el apoderado del partido y durante muchos años, en el año 76, se lo llevan conmigo nueve meses, del centro de Trelew donde tenía una zapatería; cuando mi madre vuelve el local estaba vacío. Durante mucho tiempo, en el último juicio que se lo condenó (al ex comisario) Tito Nichol, se supe que se le hizo como en la inteligencia hacia mi padre; por eso se lo condenó a cinco años a esta persona.
Cuando se lo llevan desde el grupo de tareas, se lo lleva él, se lo lleva junto conmigo de nueve meses y a mí me entregan cerca del río Chubut a un sereno con una nota que decía que me tenían que entregar en el barrio Marina dentro de una hora. Esa persona me entrega a un vecino y el vecino después me entrega a mi madre que estaba en la comisaría primera haciendo todas las averiguaciones. A mi padre a partir de ahí no se lo ve nunca más.
Tardamos un montón de años, en los 90 estuvo el punto final, la obediencia debida, los indultos y recién en el 2003 y 2004, se empezó a considerar que esas leyes de la impunidad se declararon anticonstitucionales y se derogaron. Y se los pudo juzgar nuevamente a estas personas. Hasta la gente que habían sido los asesinos del 72, pudieron ser enjuiciados nuevamente.
Es una de las pocas causas que hay en la provincia, como la causa que hubo en Comodoro, los Gugura, Cittadini, Llorente, Bou, Delgado, los desaparecidos acá en la zona son mucho menos los que hubo en otros campos de concentración en el país. Durante mucho tiempo estuvimos pidiendo justicia y se los condenó recién hace unos pocos años, en medio de la pandemia.
Esto es como una lucha de clase, al ser un obrero, un trabajador y todo lo demás, siempre es como que tenés que estar luchando en el presente, como dicen acá en los tres pilares; la memoria se construye luchando en el presente. Es una lucha permanente todas las cuestiones que tienen que ver con los derechos humanos y más que nada hoy, que hay gobiernos negacionistas. Y no es solamente eso, no es solamente el tema de las políticas de derechos humanos, sino que son las realidades económicas del país, que es por lo tanto que mi padre luchaba, por una cuestión de igualdad, de que haya mayor derecho, que los trabajadores tengan una mejor participación en la renta nacional, que se organicen, que tengan mejores escuelas, mejores universidades, mejoramos la cantidad de horas de trabajo, que es todo lo que se perdió ahora.
Jorge Taiana
Ex ministro de Defensa (2021-2023), ex Canciller (2005-2010) y senador nacional (2019-2021); actual diputado nacional.
Llegué a Rawson en el otoño de 1979. Y me quedé en la ciudad, dentro de la U6, hasta noviembre de 1982. Es decir que pasé más de tres años y entre ellos viví la guerra de Malvinas desde Rawson, que se vivía de la Patagonia, porque había mucha gente, y sobre todo los familiares del personal penitenciario, que tenían gente que estaba en el Regimiento 25 de Sarmiento y que habían ido, encabezados por (Mohamed Alí) Seineldín, a Malvinas.
Mi experiencia de Rawson es variada. No conocía la ciudad, pero sí recibía la solidaridad de la gente; de la gente del hotel provincial, que atendía con tanto afecto y respeto a nuestros familiares; de distintos sectores que nos ayudaron, familias peronistas que en ese momento, en una situación compleja, nos daban apoyo; abogados que nos ayudaron a presentar los sabias corpus y tramitar los pedidos de salir del país en opción, que en general eran negados y íbamos por vía judicial. Y en general la solidaridad de la gente, que se sentían a transmitir a los familiares.
Recuerdo los inviernos fríos, los veranos calurosos, los días largos, larguísimos en el verano, demasiado largos para los que estábamos presos porque el régimen nos hacía estar acostados 15 horas al día. Y no podías estar acostado en la cama 15 horas al día porque no dormías, era muy aburrido; pero en la siesta de día tenías que estar acostado y a la noche, que no se usaba muy tarde, también tenías que estar en la cama acostado. Recuerdo, por supuesto, el cordero; que lo que nos daban todos los días es un pedazo de cordero.
Recuerdo la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en septiembre del 79, que nos entrevistó, yo fui uno de los entrevistados como representante del pabellón y fui entrevistado por la comisión, incluso por el presidente, en el patio del penal, que habían puesto unas mesas de metal fijadas al piso para que fuera el lugar donde se hiciera la entrevista.
Tengo un orgullo y es que soy un ciudadano patagónico en el censo de 1980, porque ahí fui censado en Rawson, así que soy parte, un número en la población de Rawson de ese entonces. Era una ciudad mucho más pequeña que ahora, una ciudad muy administrativa, con mucho peso desde la Fuerza de Seguridad en ese momento, porque tenía el penal, con el Servicio Penitenciario Federal, tenía el distrito militar, tenía la sede de la Policía provincial, una delegación de la Policía Federal, sectores de Prefectura, en fin, tenía un armado del Estado fuerte en un momento en que el Estado era muy fuerte.
Pero siempre tuvimos también la visita de los familiares y yo recuerdo la visita de mi madre, que iba hasta allá y que por supuesto también se desplazaba por la ciudad iba a tomar el té a Gaiman, probar la torta galesa.
Yo soy un patagónico por un tiempo y los recuerdos que tengo son lindos recuerdos de esa época salvo obviamente la angustia de la guerra de Malvinas donde veíamos aviones que salían de Trelew pasaban por arriba nuestro en Rawson e iban hacia el sur, sobre todo los Canberra los bombarderos y días después cuando volvían habían salido cinco y volvían dos o sea, era evidente lo que estaba pasando en la isla en las islas en relación al conflicto.
Así que a los amigos de Rawson y de Chubut y a las amigas un saludo de quien ha sido su comprovinciano por un tiempo, que guarda un afecto por el apoyo, por la solidaridad, por la buena voluntad, porque en esos tiempos difíciles también vivíamos en bastante comunidad y nos ayudamos entre los que estábamos detenidos. Y sabíamos que afuera había gente que la pasaba mal, por un lado, pero que al mismo tiempo extendía su solidaridad en la medida que podía hacerlo lo que no era sencillo, así que gracias por aquel apoyo y un saludo cálido y afectuoso a todos los chubutenses y en particular a todos los de Rawson, un abrazo grande.
Alejandro Simeoni
Ex preso político en Comodoro Rivadavia, geólogo y profesor jubilado en la UNPSJB.
Con el tiempo aprendimos a renombrar las cosas por su nombre. "Dictadura militar" como "Tiranía cívico-militar". Aprendimos a diferenciar a los Terroristas de Estado con manos sucias de sangre ajena o impecables uniformes, de los verdaderos intelectuales y beneficiarios del golpe.
Esos intelectuales, representados por Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía, fueron los empresarios inescrupulosos y voraces de los grupos Macri, Pérez Companc, Acindar, Loma Negra, Ford, Mercedes Benz, Fiat. Los Bancos Galicia, Italia, Francés, City, grupo Clarín y otros. En aquellos tiempos fue necesaria la dominación por el terror y la eliminación física de la oposición a ese modelo de endeudamiento y saqueo.
Los criminales nunca se arrepintieron y siguen ocultando hoy a los niños robados manteniendo el pacto de silencio. Y esos instigadores del golpe son los que con políticas recargadas llegan a nuestros días y están destruyendo el país disfrazado de demócratas.
50 años después llega la Justicia a Comodoro. Por fin se reconoció, juzgó y condenó a los militares sobrevivientes -ya que los principales responsables fueron muriendo durante medio siglo- que actuaron en el Centro Clandestino de Detención (CCD) "Las Casitas" ubicado en el Regimiento de Infantería N°8 "General O´Higgins" de Comodoro Rivadavia, uno de los más australes del país.
La Causa 8.008 desnuda el accionar cruel, cobarde y criminal de los militares que operaron en la zona, y que hasta el momento sólo era conocido por quienes lo padecieron.
Allí torturaron de las más diversas formas físicas y psicológicas, hambrearon y violaron a varios ciudadanos de Comodoro y Santa Cruz, incluyendo al todavía desaparecido "Pocho" Silveira.
50 años después de los hechos y con los principales responsables muertos, es claramente una injusticia. Pero al menos queda registro para la historia de que Comodoro y Norte de Santa Cruz, donde nunca hubo accionar guerrillero, no estuvo exento de la aplicación de la doctrina de la Seguridad Nacional impuesta desde EE.UU.
Durante medio siglo, la comunidad no percibió en toda su dimensión los movimientos del Ejército y las fuerzas de seguridad que se produjeron en la zona durante la dictadura.
Este tardío juicio, sirve también para dejar demostrada la colaboración de civiles con el terrorismo de estado, tales como el juez Omar Garzonio -entre tantos otros- quien negó la justicia a las víctimas que denunciaron las torturas y violaciones sufridas durante las detenciones ilegales.
Personalmente me tocó sufrir en carne propia la tiranía, mientras trabajaba y estudiaba en la incipiente UNP. Fui encarcelado durante 1977 sin causa ni proceso y luego de varios "interrogatorios", trasladado a la Unidad Penitenciaria N°6 (U6) de Rawson a disposición del PEN.
Me detuvieron por participar en el Movimiento Universitario, que logró concretar la fundación de la Universidad Nacional de la Patagonia luego de un duro conflicto. Otros compañeros universitarios fueron encarcelados o sufrieron el exilio involuntario tanto en el país como al exterior, hasta la caída de la tiranía.
En U6 conocí al grupo de compañeros que habían pasado interminables días en "Las Casitas", y que por fin pudieron ver la cara de los cobardes miserables que los torturaron, y recibir al menos la compensación tardía de un poco de justicia. Comparto mi alegría con ellos.
Héctor Raúl "Gato" Ossés
Músico y escritor santacruceño.
Muchas veces abordé el tema del 24 de marzo: un par de notas, algunos reportajes (la mayoría en lo que va de los años 2000) y las novedades sobre las megacausas. Pero, cada vez, no puedo sortear el hecho de ser un hombre distinto, un sobreviviente. "El observador modifica lo observado".
Tiene mucho que ver la certidumbre. El 24 de marzo antes del juicio a las Juntas era el caos. Pero en la misma fecha, después del Nunca Más, el observador (nosotros y el otro) tenía una visión muy distinta respecto de lo observado. Los que conocen la historia saben muy bien cómo funciona el péndulo. En estos días estamos en la zona roja, la zona de la incertidumbre.
Si sólo contara mi ida y vuelta hablaría del héroe individual, tal vez por eso nunca escribí un libro. Escribí una canción: "Hablo del hombre común". La huella del hombre colectivo en la cárcel de Rawson, donde pasé tres años, es una fina urdimbre de política, cooperación, disciplina, compañerismo y lucha, una lucha asimétrica donde, sin embargo, ganamos algunas batallas.
Era un establecimiento de ocho pabellones (uno vacío) donde había presos políticos de diversas procedencias con obligación de permanecer. La cárcel era el monumento a la incertidumbre porque la permanencia no tenía un tiempo establecido. Un día, como le pasó a un compañero, el celador le dijo el temible "prepárese que va a salir". "Va a salir" podía ser médico, calabozo o un traslado. Al poco tiempo nos enteramos de que el compañero "había muerto en un enfrentamiento". La dictadura tenía reglas muy duras para la cárcel de Rawson y aún más duras en otras unidades. No había visitas de contacto, se hacían a través de un vidrio y un citófono. Se podían escribir cartas a la familia una vez por semana, a tal fin las autoridades entregaban una hoja y un marcador escolar que luego debía ser devuelto junto con la hoja (de un solo lado). La carta pasaba por los ojos afiebrados de la censura.
Entre los pabellones, del uno al siete, no había comunicación posible (por lo menos así lo habían planificado mediante rejas y control absoluto) sin embargo un día, en los siete pabellones "aislados", todos los presos escribimos el mismo texto de un petitorio dirigido al juez Garzonio y lo entregamos "en la reja" como si fuera la carta familiar. No se contaba con elementos para escribir, no obstante, una noche, en mi celda, escribí la letra del hombre común en un papel recuperado con una lapicera artesanal. Ese papelito tuvo un viaje largo: ya en libertad, en una noche de canto con la militancia, una compañera me dijo que la conocía. La canción había llegado hasta la cárcel de Devoto.
En mi pabellón, el uno, todos los compañeros compraban cigarrillos, aún aquellos que no fumaban. Luego había que dárselos a los fumadores haciendo algún malabarismo. El recreo consistía en caminar de a dos en un patio durante una hora. Utilizábamos ese espacio para recibir el conocimiento del otro.
Las comidas estaban destinadas a debilitar. Salí con quince kilos menos y con la culpa de haber salido. Pero el triunfo consistía en no quebrarse. Muchos años después nos juntamos en Trelew y festejamos ese triunfo. Quebrarse hubiera significado la derrota personal del compañero y una falla del héroe colectivo.
El observador transitó por los 24 de marzo con obediencia debida y punto final, pasó por los indultos para llegar a la caída de todo eso y ver un 24 de marzo con el Equipo Argentino de Antropología Forense y Memoria, Verdad y Justicia. En estos días reina la incertidumbre (según se mire).
Mario Murphy
Docente universitario jubilado y Dr. en Letras.
El golpe del 24 de marzo de 1976 de parte de las Fuerzas Armadas contra el gobierno de Isabel Perón fue un quiebre del sistema constitucional, como ya lo había sido el de 1966. Lo que nadie imaginaba en ese momento era el grado de crueldad y alevosía que llegaría a tener.
El régimen a cargo de Videla llevó a cabo detenciones, desapariciones, torturas y todo tipo de ataques a las libertades democráticas. El impacto fue devastador. Aparte de los delitos de lesa humanidad ya mencionados, en lo personal me tocó pagar por el exilio junto a mi mujer y dos hijos de cuatro y dos años. Militancia en el gremio de Gas del Estado y mi activa participación en lo que fuera la lucha por la creación de la Universidad Nacional de la Patagonia me marcaron como "subversivo" en una ciudad relativamente pequeña como Comodoro, donde no había tantos hechos de público conocimiento.
Mientras tanto, yo había recibido varias amenazas de muerte de las AAA y el allanamiento de mi domicilio. En definitiva, me fui a vivir a Italia con mi familia y permanecí en el exilio con ellos hasta el regreso a la democracia en 1983.
Párrafo aparte merece el juicio que finalmente culminó en Comodoro Rivadavia el año pasado por delitos de lesa humanidad que sufrieron compañeros conocidos nuestros de esta ciudad, que sufrieron detenciones, desapariciones y torturas. Eso fue un hecho inédito tantos años después que conmovió realmente a la comunidad comodorense.
Hoy, pasados 50 años de aquellos hechos deleznables, debemos reivindicar todo lo que conlleva la palabra democracia y en ese sentido repudiar firmemente el accionar del actual gobierno negacionista y anti argentino que sólo gobierna para las corporaciones y atropella día a día a trabajadores, jubilados, pequeñas y medianas empresas de industrias, el industricidio es terrible y va a costar muchísimo revertirlo; desfinanciaron la educación, la salud, las expresiones artísticas e infinidad de logros que en estos años de democracia se habían obtenido.
Ni hablar de la gestión a nivel internacional, deleznable totalmente y cómplice de los genocidas que desde ese momento están sacando varios pueblos en el mundo. Por todo lo expuesto y por aquel Nunca Más gritado a los cuatro vientos en 1983, sigue vigente el deseo de una nación libre, justa y soberana. Brindo por una verdadera democracia, parafraseando a Borges: "Me duele la Argentina en todo el cuerpo".
María Ana González Villar
Hija de Alberto González Villar y Adriana Casajus, ambos desaparecidos, e integrante de HIJOS Regional La Plata.
Había terminado la dictadura. Yo tendría 11 años. Hacía cuatro que vivía con mis abuelos en La Plata. Los días de semana con mis abuelos maternos y los fines de semana con mis abuelos paternos. Ese fue el arreglo cuando mi mamá me dejó a cargo de ellos en Mar del Plata prometiendo que iba a volver.
Era fin de semana, sonó el timbre en la casa de mis abuelos paternos, eran el Ruso y Nora, recién habían salido de estar presos. Me saltó el corazón al verlos, hacía unos años atrás habíamos vivido en Rada Tilly, estaban aún con vida mi mamá y mi papá, era una casa donde convivíamos con más "tíos" como les solía decir, estaba cerca del mar. Los vi y corrí a abrazarlos. Mis abuelos me hicieron entrar a la casa, no sé qué hablaron con ellos, pero no los volví a ver y lo peor es que no pude preguntarles lo que tanto esperaba, alguna noticia de mi mamá y mi papá.
Era 1995, yo estaba en la oficina de mi lugar de trabajo. Hacía tiempo que había dejado de hablar de mis padres. Suena el teléfono interno y me avisan que en la entrada había una persona que quería hablar conmigo. Ahí estaba el Ruso. Se presentó como un amigo de mi papá y yo le dije: cómo no me voy a acordar. No esperamos más y al día siguiente estaba cenando en su casa, con Nora, con sus hijos Paula y Germán, que sabían mi nombre y mi historia. Me dijo que mis abuelos le habían pedido que no se relacionen conmigo. Parte del dolor por lo que tuvieron que pasar los sobrevivientes fue la incomprensión de los familiares de quienes habían perdido a sus seres queridos. Sin embargo, ellos de algún modo u otro se iban enterando de mi vida. "Ahora sos grande" me dijo, "y podés escuchar lo que tenemos para contar". Entre anécdotas, emociones, fuimos recuperando que había sido de nuestras vidas. Les conté de un recuerdo que por momentos se confundía con un sueño, la casa de Rada Tilly, la playa inmensa. Buscó una foto y ahí estábamos en la playa los tres: él, mi papá y yo.
Nora y el Ruso se sumaron a esa gran familia elegida, junto a mis compañeros de HIJOS (hijos por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio). Fue gracias a ellos que me acerqué a la agrupación. Que conocí a ex compañeros y compañeras de militancia. Que entre todos y todas iban reconstruyendo la parte vital de mis padres, el amor, la militancia, los proyectos.
En los cumpleaños del Ruso, en cenas interminables, en cada acto de memoria se juntaban los sobrevivientes, los ex presos y presas políticas, sus hijos y nosotros, los hijos de los muertos y desaparecidos. Eran los 90, sobre las leyes de impunidad (obediencia debida, punto final e indulto) se concretaba el saqueo sobre nuestra patria. Pero con ellos y ellas resistimos, exigimos justicia. Juntos rompimos el olvido y el silencio al que nos pretendían condenar y fuimos menos huérfanos.
Nota de la redacción: El "Ruso" Jorge Demitrio fue detenido en Comodoro Rivadavia a principios de 1976, antes del golpe, y su esposa Nora Carpenzano fue detenida en la Plata en junio de ese mismo año.
Juan Navarrete
Ex delegado en la sección tintorería de la planta de Km 8 de Guilford en 1976.
El golpe militar, empresario y religioso, fue un ataque a la clase obrera y sectores de trabajadores y clase media que luchábamos por un país más igualitario y digno.
Este ideal chocaría con las políticas de la oligarquía (Sociedad Rural Argentina) y los industriales UIA que querían ceder a la política imperial de EE.UU de la época, igual que sucede en la actualidad. Achicar o cerrar la industria nacional, entregar las riquezas naturales (petróleo, minería y alimentos), achicar el Estado de bienestar en beneficio de los más ricos. En cada sector del país lo sufrimos, muchos nos exiliamos dentro o fuera de la Argentina; pero seguimos luchando.
Con los años nos enteramos de la persecución de compañeros de trabajo perseguidos, secuestrados, torturados y presos por años. Su pecado fue luchar por salarios o por recuperar el sindicato con democracia, esto lo sufrieron en Comodoro Rivadavia muchas mujeres y hombres dignos, fue muy injusto.
Este fue el acuerdo y política del golpe del 76, se atacó a todo sector pensante, disidente. Pero la resistencia por abajo continuó en cada trabajo, eso lo ligó a las organizaciones de derechos humanos que terminaron desnudando ante la sociedad y el mundo un genocidio. Desaparición de 30.000 o más personas, secuestro, muerte y torturas, algo que Nunca Más debemos dejar que pase.
Hoy la lucha por justicia, dignidad y la soberanía es urgente en Argentina. No olvidamos y no nos reconciliamos.
Adriana Reydó
Hija de Raúl Jorge Reydó, trabajador de YPF. Detenido desaparecido el 20 de mayo de 1977 en la ciudad de La Plata, era nacido y educado en Comodoro Rivadavia.
A 50 años, del último genocidio cívico-militar en argentina, debemos recordar el porqué del amor y la entrega total de los trabajadores, militantes políticos y sindicales de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Todos sus trabajadores, altamente calificados y con una formación histórico-humana que los definía y los comprometía no sólo con la producción de excelencia, la innovación tecnológica, la capacitación constante y la lucha por la salvaguarda de los recursos naturales y estratégicos, sino también con el país y las futuras generaciones.
Los sureños, ypefianos, habían crecido en la inmensidad del sur. Vivían en consonancia con su geografía -infinita y profunda-, y sabían que las riquezas que allí habitaban conformaban el seguro del futuro del país. Prioritariamente conocían los intereses foráneos que siempre quisieron apoderarse del "oro negro" invaluable, que anidaba en la Patagonia argentina y que ellos a puro esfuerzo, desdén y amor cavaban y cavaban, hasta hacer flotar esas fuentes inagotables, que les devolvía el oxígeno perdido entre tanto esfuerzo aboral, y sus pulmones se llenaban de orgullo y aire de patria.
El trabajo era contante, duro, y sin muchas garantías de salubridad, pero eso no contaba para ellos ya que estaban sembrando futuro. Y lo hicieron aun entregando sus vidas, luchando contra las corporaciones nacionales e internacionales. Ellos sabían que el camino sería duro, difícil, peligroso, sin embargo, no dudaron nunca, el futuro del país estaba en juego y con él el porvenir de las futuras generaciones.
Eran fuertes, leales, capaces y sabían que cada paso, cada logro, garantizaría la preservación de Argentina. Conocían perfectamente el contexto internacional de esa época, sabían contra quienes luchaban desde cada ámbito, no rastreaban premios ni honores, sus premios eran cada pozo de petrolero que se habría, sus honores eran el abrazo de cada compañero después de una extenuante jornada, sus armaduras de valientes caballeros sureños eran sus cascos protectores, sus guantes duros de trabajo y sus mamelucos inigualables.
Eran inmensos como sus geografías, eran silenciosos porque los fuertes vientos siempre los envolvían, miraban siempre en alto y al horizonte -tal vez acostumbrados a observar la majestuosidad de sus golfos marítimos, interminables-.
Eran profundamente trabajadores y solidarios, sabían muy bien donde ponían sus pasos, conocían profundamente a quienes pretendían apropiarse las riquezas petroleras del país. Y lo dieron todo, hasta sus vidas.
Sí, es verdad hoy hacen mucha falta, ante la desintegración a la que estamos asistiendo. También es verdad que, si el genocidio no se los hubiera llevado, otra sería la Argentina. Sin dudas es hora de retomar sus banderas y no permitir que nos roben el destino de nuestro país. Que así sea.
(En memoria de todos los trabajadores Detenidos-Desaparecidos de YPF, víctimas de la última dictadura cívico-militar en Argentina).
Patricio Torne
Ex preso político detenido en Trelew, poeta, periodista y militante de DDHH.
A 50 años del golpe militar, pensar la Patagonia trae para mí un aire de familiaridad que pendula entre la tragedia y la alegría. Tragedia que podríamos decir que comienza en lo que fue la cárcel de Ushuaia, vuelta ya museo; pasa por la Patagonia Trágica y sus fusilamientos a los trabajadores rurales, por los compañeros asesinados en la Base Almirante Zar aquel 22 de agosto de 1972; por la huelga de Hipasam en Sierra Grande, el encarcelamiento de prácticamente todos los que reclamaban, y por la cárcel de Rawson, que padecí tantos años por mis "subversivas" ideas de transformar el mundo en algo más justo. Y alegría, claro que sí, mucha alegría, por haber vivido en ese extenso territorio, haber conocido su gente, y madurar mis sueños hasta comprometerme con causas humanitarias y políticas que en el presente se ven devaluadas por el ejercicio de un poder "democrático" en el que cabalgan los cómplices civiles de lo más nefasto de la historia, incluido el golpe y sus crímenes.
Pensar la Patagonia es sentirme orgulloso de los compañeros y todos los que resistieron y resisten; es pensar en la Comisión de ayuda a los familiares de aquellos presos políticos en la dictadura de Lanusse; es pensar en el flaco Bell y todos los desaparecidos; es pensar en Encarnación, esa mujer que simboliza la resistencia y su esposo Adolfo Beltrán Mulhall que tuvo un papel destacado en la justicia chubutense, ése que dictó la prisión a los represores como Acdel Vilas y Carlos Barbot, en el contexto de las detenciones ilegales, sucediendo en el cargo al juez Garzonio, cómplice de los genocidas.
Pensar la Patagonia a 50 años del golpe, justo ahora cuando el descaro fascista y negacionista hace alarde de su existencia, es emocionarme por la resistencia que ejercen los jóvenes, por los espacios que resguardan la memoria y los que allí trabajan, por haber llevado a cabo ese acto de reparación que es la Causa 8.008, primer juicio de lesa humanidad en Comodoro Rivadavia, que a todos los comprometidos en la causa de los DDHH, nos da fuerzas para saber que no todo está perdido, muy por el contrario, la Patagonia sigue dándome alegrías.
Raúl Belcastro
Ex secretario general del Sindicato de Trabajadores Judiciales de Chubut.
El golpe cívico militar de 1976, me encontró, en mi cuarto año de la secundaria, recuerdo la mirada triste de mi padre y percibí su preocupación. Tengo muy presentes sus palabras "esto no es bueno, cuídate"
Con un grupo de compañeros éramos voceros de reclamos, ante las autoridades del Colegio, habíamos comenzado a hablar sobre la necesidad de un centro de estudiantes. Eran épocas donde la información no era tan fluida. Con el correr del año empezaban a llegarnos noticias que se habían llevado gente de sus casas. Mi padre continuaba preocupado, una noche vino a quedarse con nosotros mi primo Puño Montoya, mi padre se alegró mucho al verlo, yo sabía del aprecio que le tenía y pude ver que es amor era mutuo, ya que recordaron cuando lo lleva en el camión y otras historias. Al terminar la cena ambos se fueron al comedor a hablar. Al otro día cuando me levanté y se había marchado, y volví a sentir esa preocupación en mi padre, nunca más lo volvimos a ver.
En 1977, mi hermana se va a estudiar a la universidad nacional de La Plata, nuestra comunicación era por cartas y me fui enterando lo que sucedía. Un día, mi padre recibió una carta donde mi hermana le contó que había conocido a un muchacho, estudiante de Ingeniería Civil y que estaban en sus tiempos libres, haciendo apoyo escolar en un grupo de la iglesia, eran los conocidos como padres villeros, que trabajaban en los barrios más humildes. La noticia, volvió a poner la preocupación en el rostro de mi padre, lo supe después que él ya sabía lo que estaba pasando, al menos creía como muchos en las grandes ciudades.
Gracias a mi actividad gremial, he podido, participar en innumerables encuentros de formación, y conocer muchos compañeros y compañeras que militaban al momento del golpe. Y me entere que en Chubut también hubo desaparecidos. La decisión de mi gremio en apoyar la creación de la Cátedra de Derechos Humanos. Me dio la posibilidad de hoy ya jubilado seguir en el Consejo Asesor de la misma y poder seguir el desarrollo de la causa 8008 y acompañar acciones que nuestro Consejo desarrollo.
Hoy más que nunca, debemos decir Memoria, Verdad y Justicia, fueron mas de 30.000. No olvidamos, no perdonamos.
Jerónimo García
Ex secretario de Trabajo y ministro Coordinador de Gabinete de Chubut, dos mandatos como diputado provincial.
Yo fui primera generación de la JUP. Cuando se fusionan FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros se fusionan las expresiones universitarias que eran FUR, Federación Universitaria de la Revolución Nacional, que respondía a Montoneros y FAEP (Frente de Agrupaciones Eva Perón) de La Plata, era Néstor Kirchner, de ahí la relación mía con él. Él era jefe de unidad, que me llevaba a la carrera. Yo entraba y él ya estaba terminando la carrera. Bueno, milité en el frente universitario, cuando viene el golpe nos pasan a toda la estructura militar.
Yo estaba en agitación y propaganda. Bueno, se desató una represión brutal en La Plata, nos desenganchamos, yo me fui para Rosario, caí ahí y estuve en tres chupaderos, estuve en "Fisherton", estuve en "La Escuelita" en Bahía Blanca porque yo terminé la secundaria en Bahía y en Bahía había militado en la UES y en "La Cacha" de La Plata.
Después me blanquean y yo voy a Coronda (Santa Fe), así que, periplo interesante, con 20 añitos, que he mirado ahora para traer. Una anécdota linda es que cuando, antes de la democracia, o no, o en el primer año de la democracia, estaba Gustavo Peralta, que era un compañero de la JP de Rawson, que había estado exiliado en Suecia, había vuelto. Cachín Romero, un periodista del diario Jornada, que había sido jefe de prensa de Atilio López, que había buscado el exilio interno, se había venido de Córdoba para acá, es el hermano de la que fue ministra de Educación, Mirta Romero, con Das Neves y el caso mío, que era, digamos, los que estuvimos presos. O sea que la discusión nacional se daba entre los tres tipos, los exiliados, los del exilio interno y los que estuvieron en casa.
Y una cosa que lo reivindica a Das Neves. En el gobierno de Das Neves estuvo Guillermo Firmenich, el hermano del Pepe, como ministro de Educación. Estuvo Mirta, la hermana de Cachín Romero, y Carlota Marambio. Estuve yo y un montón de compañeros más. Y por lo menos cuatro o cinco compañeros más. Y fueron todos presos. Presos políticos.
Luján Gutiérrez
Militante de Derechos Humanos en Comodoro Rivadavia.
Me es imposible decir en tan poco tiempo lo que sucedió el 24 de marzo de 1976, dado que, como sabemos, los hechos históricos no se producen en un día, sino que se van dando en un proceso.
Entonces, por lo menos tendría que partir de mediados de 1975, cuando era común ver a algunos empresarios reunidos con burócratas sindicales corruptos que tenían sus propios grupos de choque con los cuales perseguían, amedrantaban y hasta mataban a trabajadores y trabajadoras.
También es bueno tener en cuenta que en 1975 ya se habían firmado los decretos que autorizaban aniquilar a lo que ellos llamaban subversión y que fueron firmados durante un gobierno elegido por el voto popular.
En noviembre de 1975, yo tendría 21 años, vivía en Mar del Plata, y estaba incluida en un listado de personas que iban a ser detenidas o iban a ser desaparecidas. En mi caso, estaba destinada a ser desaparecida. En noviembre de 1975, también según informes rescatados de archivos de la DIPPBA (Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Bs. As.), fuerzas conjuntas dan cuenta de cómo habían sido desmanteladas en Mar del Plata las organizaciones armadas a tal punto de que ya no tenían posibilidad operativa.
Entonces me pregunto, ¿por qué seguían camiones del Ejército armados hasta los dientes yendo a lo que era nuestra casa? Se robaron todo, saquearon todo, cargaron todo sobre los camiones del Ejército y se lo robaron. ¿Por qué en noviembre, diciembre y posteriores meses seguían buscando a una piba de 20 años si ya todo estaba desmantelado? ¿Tan peligrosa podía ser? La respuesta es no. Pero sí detuvieron a mi hermano. Lo torturaron alevosamente. Mi hermano no conocía un arma. El único delito de mi hermano que ellos podían encontrar era que era un trabajador integrante de la comisión interna de la fábrica donde trabajaba.
A mí me secuestraron en abril de 1976. Me llevaron a un centro clandestino de detención. Pasé por torturas y pude escapar milagrosamente. Por eso lo puedo contar, porque estaba destinada a ser desaparecida. Entonces, queda la muestra que no querían el enfrentamiento a contra una lucha armada, era la lucha contra proyectos políticos.
¿Deberíamos preguntarnos qué proponían esos proyectos políticos que fueron derrotados? ¿Por qué no se habló? Claro, no se habló porque fuimos derrotados, no se habló porque fuimos silenciados, no se habló porque fuimos perseguidos y lo que triunfó y formateó el país fue el proyecto dominador. Formatearon nuestro país para el saqueo y esas leyes con las cuales se modificó las estructuras de nuestro país para poder robarlo, para poder saquearlo siguen existiendo y se siguieron rigiendo por esas leyes para gobernar y para dominar.
Y la política que triunfó junto a los políticos corruptos, a los sindicalistas corruptos, es la que triunfó y la que sobrevivió y la que debemos debatir hoy si queremos que la historia no se repita, porque hoy se está produciendo o se está repitiendo con otros métodos, con otras maneras, con otras formas de utilizar nuestras instituciones, también para la dominación y para la entrega.
No es que estamos volviendo ni al 76 ni al 2001. No, nunca se marcha hacia atrás en los procesos de desarrollo. Siempre se avanza hacia algo mejor o hacia algo peor. Y si los que nos están dirigiendo son aquellos que triunfaron en 1976, por lo menos ese proyecto, evidentemente no vamos avanzando. Vamos hacia algo peor.
Y hoy, como ayer, la esperanza está en un proyecto de país diferente, que lo construyamos entre todos y que la opción es tirar de la política. Y no estoy hablando de partidos políticos, estoy hablando de la política como herramienta de construcción y de rescate de la vida, para poner nuestros bienes comunes al servicio de todos y todas. Es la opción como ayer, patria o colonia, que es hoy elegir entre la vida o la muerte, entre un futuro de vida o un futuro de muerte.
Miguel Ángel de Boer
Ex detenido, médico psiquiatra de Comodoro Rivadavia, presidente honorario del Capítulo: Salud Mental, DDHH y Tortura de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).
Hace quince años escribí estas palabras, en marzo de 2011, al acercarse un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Hoy, al releerlas, me doy cuenta de que muchas de las cosas que allí decía siguen teniendo una dolorosa vigencia. Otras, por suerte, han encontrado caminos de memoria, justicia y reparación gracias a la lucha incansable de tantos hombres y mujeres. Decidí compartir nuevamente este texto tal como fue escrito entonces, porque creo que la memoria no es un ejercicio del pasado, sino una responsabilidad del presente. Y porque, como tantas veces se ha dicho, la memoria no es para quedarnos en el pasado, sino para que el pasado no vuelva a repetirse.
Dolor: Cada vez que se acerca el 24 de marzo no puedo evitar que se me estruje el corazón, que mis vísceras se retuerzan de angustia y que mi espíritu busque sosiego en el recuerdo de quienes, aunque ya no estén, siguen presentes para siempre.
Fue lo que escribí en Facebook hace unos días, lo cual motivó numerosas respuestas que agradezco profundamente. Esas palabras, a su vez, suscitaron una reflexión de mi parte que hoy quiero compartir.
Gracias a todos por su solidaridad y afecto. Pero quiero decirles que mi dolor va más allá de lo personal. Al fin y al cabo, por traumático que haya sido lo que me tocó vivir, sigo vivo y todavía puedo hacer muchas de las cosas que deseo, incluso con alegría.
Lo que sigue espantándome es lo que ocurrió en este país -y en cualquier lugar del mundo donde haya injusticia-: la crueldad sin límites de la dictadura, las torturas, las violaciones, los niños asesinados (como el Negrito Avellaneda), la complicidad de sectores de la jerarquía católica, de políticos advenedizos que hoy se presentan como demócratas.
Me espanta recordar cómo se dictaron decretos como el 2772 firmado por Cafiero, o cómo dirigentes como Balbín hablaron de "aniquilar la guerrilla fabril", señalando a los trabajadores organizados.
Me duele el deterioro económico, social y educativo que produjo todo ese proceso, impulsado en nombre de Dios y de la Patria, cuando en realidad buscaba garantizar mayores ganancias para unos pocos y asegurar que nunca más -ese "nunca más" que ellos querían imponer- a nadie se le ocurriera rebelarse contra la explotación y los privilegios.
Me duele que todavía se siga repitiendo la llamada teoría de los dos demonios, cuando las luchas de liberación fueron, en gran medida, el resultado de años de proscripciones, persecuciones y cercenamiento de derechos.
Me duele la complicidad de quienes hoy, con total hipocresía y movidos por sus propios intereses, prefieren tener "mala memoria". Son los mismos que reclaman que "no volvamos al pasado" y que "miremos hacia adelante", como si no hubiera todavía heridas abiertas.
Son también los mismos que hablan de "los derechos humanos para los delincuentes", mientras desconfían de la justicia y añoran los tiempos de la represión y el exterminio.
Me duele que muchos crean que todo ya pasó.
Que no se advierta que los efectos de aquella dictadura persisten todavía en nuestra vida cotidiana: en la violencia social, en el autoritarismo de muchas relaciones humanas, en el machismo y la discriminación, en el vaciamiento ideológico e histórico que se expresa en la ignorancia de muchos jóvenes que desconocen las razones de su propio presente.
Me duele que todavía haya hambre.
Que todavía haya enfermedades evitables.
Me duele saber que aún existen familias de desaparecidos que nunca pudieron denunciar la pérdida de sus seres queridos. Yo mismo conozco casos de familias enteras.
Y me duele, hasta lo más profundo de mi ser, Julio López.
Nada de esto impide, como dije antes, que también haya muchas cosas que me alegren. Pero de esas alegrías hablan otros textos que he escrito, que están en mi perfil, en mi blog, en la web, en mis libros y, sobre todo, en mi trabajo y en mi vida.
Una vida que intento honrar todos los días.
Víctor Tomaselli
Ex detenido político 1975-1982.
Es relativamente fácil escribirlo. Pero cuando cada uno de esos años se sintió en el cuerpo, cuando vemos las fotos de los frutos de la barbarie y hay muchos rostros conocidos y queridos, la cosa no se hace sencilla.
Nunca pensamos que la barbarie se iba a desatar de la manera tan sangrienta como se desató. Esa es la verdad. Cuando los malos fueron malos de toda maldad. Hoy el país ve casi instalado el negacionismo. Pero nos da fuerzas ver que las jóvenes generaciones repiten sin cesar el Nunca Más.
Es necesario seguir ahondando en las responsabilidades, porque esos fueron crímenes de lesa humanidad. Sin duda. Pero a su vez ahondar en las responsabilidades militares, civiles y eclesiásticas es la única verdad que nos hará libres en serio.
Las banderas siguen intactas. Mejor casi en sentido que todo por lo que peleamos y sufrimos, y dimos nuestra sangre como juventud, hoy está contenido, desde 2015 en los 17 principios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que Naciones Unidas denomina Agenda 2030.
Todo lo que digamos es accesorio. Las banderas siguen siendo Memoria, Verdad y Justicia. Las generaciones venideras lo reclaman. Con un apretado abrazo.
Jorge "El Pampa" Álvaro
Supo ser conducción nacional de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y ex detenido en el Pabellón 2 de la U6 de Rawson.
Se acerca otro aniversario del 24 de marzo, del golpe militar de 1976. El último que se vivió en nuestro país. Al menos del modo ocupación total de las instituciones estatales de todos los niveles por parte de las fuerzas armadas y sus aliados-personeros civiles.
Personalmente quiero confesar a quienes recuerdo en el día de la memoria, aclarando que, si bien hay símbolos que resumen el todo, "los 30.000" lo son, no se hace verdadera justicia con todos los que resistieron...y sobrevivieron a la barbarie. Justamente a ellos los quiero recordar y a los varios que me leerán y forman parte de ese grupo de imprescindibles argentinos va especialmente dirigida esta especie de confesión.
En primer lugar, a los que conocí en la cárcel y de primera mano afirmo que es cierto que la verdadera laya de los hombres y de las mujeres se conoce en situaciones límites; que esa larga resistencia fue posible porque nadie aflojó. Hubo mayores o menores dosis de coraje, pero no hubo excepciones. Al menos en los lugares donde yo estuve. Quizás será por eso que sueño con una potente organización popular. Porque a pequeña escala la conocí. Fue secreto de supervivencia. Exitoso. Naturalmente que hubiera sido imposible si los que permanecieron cerca del otro lado de la reja no hubieran tenido una actitud similar...a veces hasta más frontal en la confrontación. No ha sido justa la historia con ellos. Quizás por el peso de la tragedia de los que nunca volvieron.
Recuerdo también a los que cayeron combatiendo. Las más de las veces acorralados en sus casas combatiendo hasta el final. Con los fierros en la mano, porque los habían agarrado tiempo atrás jugados en derrotar a los que entregaban el país sentados arriba de las bayonetas y encima se creían los dueños de la historia; el inmenso juez mesiánico dueño de la vida y hacienda de los argentinos. Ya sé que no fue una estrategia feliz. Que no era para el "palo y palo" como en el boxeo. Ahora lo sé... antes no.
Están también todos aquellos anónimos que resistieron en silencio; que ayudaron generosamente al clandestino; al familiar del prisionero que necesitaba una mano; que confrontaron por sus derechos sin sentirse necesariamente parte de alguna estrategia de poder. No fueron pocos, si no los horribles no se hubieran ido. De los que no sumo al afectuoso recuerdo...mejor no acordarse. Nadie se acuerda de los que se cruzan de vereda cuando capaz que con una guiñada nomás alcanza para ser buena gente. Seguramente habrá más hilo en el carretel, o habré usado muchas palabras para decir que la memoria no es (o no debe ser) sólo para los caídos. Hasta cada 24.
Eduardo Roberts
Dirigente regional del PST. Fue el "objetivo" de una bomba de la Triple A.
Hablar el 24 de Marzo de 1976 en Comodoro Rivadavia me remite al da 23 cuando me encontraba en una importante imprenta de un amigo que no voy a nombrar, porque no he podido pedirle permiso, tratando de confeccionar las placas offset de un boletín de informaciones del Partido Socialista de los Trabajadores de la zona.
Estaba en el establecimiento casualmente la novia del dueño que se me acerca y me dice: "Esta noche es el golpe, ya está todo resuelto, están designadas las nuevas autoridades, ese Boletín estará completamente desactualizado, no le interesará a nadie". Le faltó decir: "y ustedes posiblemente todos presos".
Yo, portador de la arrogancia típica de los dirigentes de izquierda, pensé que esa mujer no sabía nada, que si eso fuera así, ya me habría anoticiado la muy apreciada Norita Cioppone, dirigente nacional del partido con quien había estado conferenciando esa misma tarde. Ella me había impuesto de una impresionante "alza" de la lucha de clases que habría en el país y que nuestra tarea era ponernos al frente de esa lucha en la medida de que pudiéramos, y que en ese sentido era conveniente trabajar el Boletín en forma masiva, sin sectarismo.
Para ser justo también me preguntó si no había notado algún movimiento de vehículos militares porque se hablaba de un golpe de Estado. La conversación terminó allí sin darle mucha importancia al asunto del golpe.
Lo cierto es que me fui de la imprenta con las placas terminadas a imprimir el Boletín y ocupar, sin mucha convicción, el lugar que las circunstancias me imponían. Cuando llegué a mi casa en la avenida Yrigoyen sucedió un encuentro casi emblemático, en sentido hacia el centro de la ciudad venía una marcha de obreros de Guilford encabezada por el compañero Juan Navarrete. Pensé para mis adentros "este es el colosal avance del que me hablaba Norita".
Esa noche dormí tranquilo hasta que de madrugada sonó el teléfono en la casa de mis suegros donde yo estaba instalado. El llamado era de mi madre que casi sin aliento me cuenta: los verdes te están buscando- ¿qué verdes? - los militares. Antes del mediodía estaba con el cinturón de seguridad bien colocado en en un avioncito Twin Otter de la Fuerza Aérea con destino desconocido. Me acompañaba en el viaje además de los milicos el conocido dirigente petrolero Osvaldo Rosales. La aeronave tocó tierra en el aeropuerto de Río Gallegos. Se escuchaba por los parlantes de los camiones militares que nos rodeaban las proclamas que decían algo mas o menos así: "se comunica a la población que el país se encuentra bajo el control operativo de la Fuerzas Armadas y por tanto los ciudadanos deberan obedecer las órdenes e indicaciones que surjan de autoridad military. Firmado Videla Masera Agosti"
Finalmente nos trasladaron a la Unidad 15 del Servicio Penitenciario Federal (Cárcel de Río Gallegos) donde, con los días, nos encontramos con otros desafortunados. Los primeros en aparecer fueron los muchachos de Gas del Estado que se habían refugiado en una parroquia católica de una pequeña localidad santacruceña, eran tres y solo recuerdo a Esteban Mazclans por su importancia y porque pude desarrollar, con el tiempo, una cierta amistad. No recuerdo en qué orden, tal vez estaba antes que nosotros, apareció el doctor Ramón Torres Molina, fiscal de la Justicia santacruceña.
Después aparecieron "los panaderos" que fueron puestos en las celdas aparte dado que su caso era diverso ideológicamente e incluía un ridículo atentado con un artefacto explosivo casero.
Mi detención duró apenas dos meses. Fui el único liberado de ese grupo, los demás fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo. Solo decir que fuimos héroes un poco desubicados ya que el golpe militar contaba con un amplio consenso popular como pudimos comprobar después. Hubo episodios de represión posteriores como los del Regimiento 8 que pasaron desapercibidos por la intensa represión y por el miedo y la autocensura.
Una cosa que quiero mencionar es que pese a mi detención no fui despedido de YPF donde trabajaba y que el Ejército me extendió un certificado donde constaba que mi detención obedeció a razones de seguridad y en averiguación de antecedentes y que no habiendo causales había sido liberado. Tengo que destacar que tomo como un gran honor haber sido considerado una amenaza a la seguridad del golpe de Estado, honor desproporcionado ya que ni yo personalmente ni mi pequeña organización de abnegados militantes estábamos en condiciones de interponer el más mínimo obstáculo a la determinación de los comandantes militares.
Diana Piza
Secuestrada, torturada, presa política por 5 años; parte de una familia destruida por la dictadura y militante de DDHH.
Este 24 de marzo creo que no es cualquier conmemoración, creo que es especial. Hay muchas personas, muchos jóvenes participando en los actos, en los homenajes, en esto de dibujar y escribir pañuelos, en preguntar, conocer, hacerse cargo de la historia y creo que eso es muy importante y muy conmovedor. Pero para mí en particular, creo que pongo la vida por delante y el 24 de marzo es un canto a la vida justamente porque nació mi primer hijo, que es Manuel, y fue fantástico. Estábamos todavía en dictadura y después de todo lo que habíamos pasado, como familia, como sociedad y como espacio político también, fue toda una compensación maravillosa.
Ya estaba Julia con nosotros, la hija de mi hermana Liliana que está desaparecida, que era chiquita, así que llegó Manuel, luego llegó Mariano, después llegó Martín y ahora hay nietos y nietas. Es toda una motivación seguir trabajando y luchando por la democracia, por el bienestar para todos, por garantizar un futuro para estos pibes y pibas y para nosotros mismos y para las futuras generaciones, por sobre todas las cosas.
Creo que tenemos que recordar integralmente lo que fue ese 24 de marzo, tenemos que saber también que ya venía un proceso de deterioro de calidad democrática muy importante, y que eso también es lo que posibilitó que hubiese una represión muy grande a todos los que no estaban de acuerdo, y comenzó ahí un descabezamiento de todas las instituciones, espacios y nucleamientos críticos; y sobre todo los espacios de organización de la comunidad, organización social, organizaciones políticas, estudiantiles, gremiales. Y eso se iba desarrollando a través de los grupos de ultraderecha y de una banda para policiales como la AAA.
Ya en noviembre del 75 se institucionaliza a través de un decreto de persecución y exterminio de lo que ellos llamaron dictado y subversión. La subversión en realidad es una creación de un enemigo interno que lo venían gestando, señalando a esas organizaciones que fueron combatiendo con sus integrantes, como para quitar esa entidad, mintiendo, como para poder reprimirla sin que el conjunto de la sociedad reclame por ello o se alarme porque eran elementos a eliminar.
O sea que llega el gobierno de facto, que ya había tomado el mando del control de la calle, del control operacional, del control total, y se hacen cargo los militares del gobierno. Estamos en dictadura. Y ahí es donde se ve cómo operaron los grandes intereses, los grandes empresarios, sectores de la iglesia, partidos políticos de ultraderecha, con la violencia y el apoyo de, sobre todo Estados Unidos, que era como que venía operando ya en otros países latinoamericanos, venían obviamente también de otros continentes, en todo lo que era el sector de países del tercer mundo, la periferia, y llevan adelante un plan represivo más feroz, es para poder aplicar ese programa económico financiero de empobrecimiento de la población, de control territorial, de recursos de las empresas del Estado, pero sobre todo a partir de la aplicación de la ley de identidad financiera, de control financiero y hacer la gran bicicleta, que es la que les garantizó los grandes negocios.
Y eso, bueno, lo fueron aplicando hasta que llegó un punto de debilitamiento, después de los siete años, viene Malvinas, donde también distraen con eso, nos obturan la posibilidad de recuperar a Malvinas por vía diplomática, y dejan 30.000 desaparecidos, 10.000 presos políticos, miles de muertos, miles y miles de exiliados, las instituciones destruidas, las empresas del Estado destruidas y una gran deuda externa que se fue arrastrando, arrastrando a lo largo de las décadas y que nos comprometió y que nos arrodilló frente al FMI, que tenía obviamente el control del país.
Alfonsín asume en el 83 con una gran debilidad, lo que implica tener que aplicar, promulgar las leyes de impunidad de evidencia debido a punto final, que luego se abrocharán con el indulto del menemismo. En el 85 se lleva adelante el juicio a las Juntas, que es un hecho sumamente importante, que también demostró que se podía hacer; que es el primer juicio de esas características en el mundo, en la historia. Por eso que es fundamental, es central. Pero quedaron todo el resto de los genocidas en libertad, que son los que van apretando para que no se juzgue al resto. Solamente las cúpulas son las que quedan en presión, luego Menem indulta y sale de libertad.
Llegamos al 2003 cuando se habilitan los juicios por delitos de lesa humanidad, con la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, y comienzan los juicios en donde se va desentrañando toda la metodología represiva perversa que había llevado adelante la dictadura.
Hemos sido querellantes como familia, familia golpeadísima. Primero nos detuvieron con mi esposo, a mi papá, mi suegro salió enseguida, pero mi papá estuvo un año y medio hasta que secuestraron a mi hermana. A Liliana la secuestran y queda mi sobrinita de cinco meses, a su esposo en el acto lo matan. Nos destruyeron como familia, pero le seguimos dando batalla y logramos condenas importantes en el juicio de "La Cacha" y también fuimos testigos en los juicios de Bahía Blanca.
Y yo hice una denuncia en Rawson por nuestro secuestro y torturas y por el accionar del juez Garzonio. Y tuvimos la fortuna que, no es suerte tampoco porque es una construcción, a fines del 2023, se llevan adelante las audiencias por ese juicio que se venía instruyendo, con apelaciones, a lo largo de muchos años. Y tanto con el desempeño del fiscal como del tribunal del juicio de Rawson, como después se evidenció en el juicio de Comodoro Rivadavia, hay dos cuestiones que me parecen centrales.
Uno es que una de las herramientas que utilizó la dictadura para control, para represión, fue el terrorismo de Estado. Usando el Estado, no solamente para hacer negocios, sino que a través del Estado, las Fuerzas Armadas y de Seguridad hicieron el control y la represión. Ese Estado, a través del fiscal que es su representante, es el que a nosotros nos habilita la justicia, es el que denuncia el procedimiento indebido e ilegal de juez Garzonio, es el que demuestra que hay un plan sistemático desde el '75 para la eliminación de personas y grupos políticos y nos abre la puerta para que después de casi 50 años nosotros tengamos una compensación de todo lo que pasamos. Nunca se borra, nunca se compensa totalmente, pero por lo menos decimos hay como una esperanza de que si eso se va agrandando tengamos como un país más justo, una democracia en serio. Y también como el tribunal hace lugar a los planteos del fiscal respecto al cuestionamiento de agentes de la justicia, en este caso de un juez, ni más ni menos, y de un aparato judicial que tampoco se opuso a lo que el juez estaba haciendo, eso también hay que decirlo.
Creo que es fundamental remarcar esto, tanto el fiscal como el tribunal abrieron una puerta fundamental en la Patagonia, que es ese territorio tan vasto, tan abandonado, salvo para extraer recursos, energía, petróleo, para compartir con el resto del país, pero tan lejano de las decisiones en Buenos Aires. Porque acá también en la Patagonia pasaron cosas y también hubo represión, pero también en la Patagonia hay tribunales que nos reivindican. Entonces yo creo que eso es fundamental decirlo y para cada una de las víctimas y los familiares de las víctimas también ha sido importante.
Entonces me parece que en estos momentos donde hay un Gobierno nacional que está planteando el probable indulto a los genocidas que están condenados, indulto o amnistía, que no solamente es negacionista, sino que es reivindicador de la represión y de las atrocidades que cometió la dictadura; un gobierno que aplica un plan económico calcado al de la dictadura y que genera más hambre en la Argentina, destrucción del aparato productivo, destrucción de las pymes, que está regalando las Malvinas, regalando la soberanía nacional, por eso me parece que es fundamental hacer paralelismo con las políticas de la dictadura y aunque este gobierno asumió con el voto popular, también utiliza las herramientas de dominación como son los medios de comunicación, como son las mentiras, todo un modelo que destruye la política como herramienta de transformación.
Reivindicar el número de 30.000, más allá del número simbólico, pensamos que hasta eran más, fueron más los desaparecidos, porque hay muchas familias que no hicieron las denuncias por falta de posibilidades a lo largo del país, lo conocemos. Y de última, tampoco es cuestionable un número, es cuestionable un hecho, aunque sea uno solo. Y también hubo muchos muertos, muchos prisioneros, muchos desaparecidos sobre los que no hay juicio porque no hubo la posibilidad y los recursos de rastrillar cada uno de los hechos represivos, porque fueron miles, y los juicios de lesa humanidad se han hecho sobre grupos importantes o sobre denuncias que se fueron desarrollando, pero de grupos de gente, de centros clandestinos de detención y exterminio.
Eso también hay que tenerlo en cuenta, que quedó mucha gente sin ni siquiera nombrar, muchos desaparecidos que no fueron nombrados en ningún juicio, en ningún listado son cosas a tenerlas en cuenta. Es importantísimo dar el presente por todos, cada 24, que están aquí con nosotros y que el futuro también es por su nombre, por su recuerdo, y en función de eso continúan las políticas de Memoria, Verdad y Justicia.
Recopilación de testimonios: Marcelo García, El Extremo Sur.