Patagonia

Malvinas, guerra, torturas y dictadura: La historia de los soldados estaqueados por los militares

A 44 años de la Guerra de Malvinas, recobran relevancia los testimonios de excombatientes que denuncian haber sufrido torturas y abusos no a manos de las fuerzas británicas, sino dentro de las propias filas argentinas. Estos relatos, conservados durante décadas en archivos personales de los veteranos, exponen un sistema de castigos físicos y psicológicos aplicado por oficiales y suboficiales en las islas.

"Me sacó la pistola y la puso en mi cabeza"

El exsoldado Juan de la Cruz Martins describió en su testimonio los métodos extremos empleados por el subteniente Taranto. De acuerdo con su relato, el oficial lo sometió a un castigo que combinaba intimidación y riesgo de vida. "Me sacó la pistola, cuando él me hablabla me decía: ‘tiene que hacer guardia hijo de una gran puta', y le digo: ‘sí mi subteniente'", recordó Martins.

El sufrimiento no se limitaba a un caso aislado. El propio Martins fue testigo del castigo aplicado a su compañero, el cabo Mani, quien fue estaqueado durante cinco días por orden del mismo superior. "Él estaba atado de las manos y de los pies. Le pusieron una carpa encima para que no le caiga la lluvia, tenía que estar ahí sí o sí, cinco días tenía que estar ahí", detalló.

"Dos culatazos acá y dos culatazos acá"

En otro fragmento de su relato, Martins describió el accionar del sargento López, a quien señaló por un hostigamiento constante tolerado por sus superiores. "Me trataba mal, me agarraba y sacaba la pistola y me encajaba dos culatazos. Después, cuando yo me levantaba, me encajaba una trompada así por abajo en la boca del estómago", narró.

El maltrato también se manifestaba en la distribución de alimentos, utilizada como forma de castigo. "Por ejemplo, daban galletitas, a todos le daban cinco y a mí una nomás. Y si los cigarrillos eran un paquete para cada uno, me daba un cigarrillo a mí. Eso, había manzanas, a los otros les daban cinco, a mí me daban uno nomás", relató. Incluso ante la orden de un superior de cesar esa práctica, el sargento "no cumplía la orden".

"Nos hacen hacer ejercicios vivos, salto de rana"

Otro testimonio, el de Roque Claudio Zabala, aporta elementos sobre la violencia sistemática dentro de la estructura militar. Según su declaración, el subteniente Gustavo Malacalza, junto a otros dos suboficiales, protagonizó episodios de agresión directa: "Nos agredían física y verbalmente, nos obligaban a hacer ejercicios vivos, de salto de rana como se dice comúnmente en la jerga militar, y nos trasladaron a un lugar próximo a las posiciones para luego estaquearnos".

Zabala señaló que, tras el castigo, los soldados quedaron abandonados sin alimento y expuestos al clima extremo. "Nos dejaban a la buena de Dios. Inclusive, horas más tarde llegaba el racionamiento para alimentarnos. Lo que llegaba era muy poco y no nos daban de comer". Según indicó, la intervención del sargento Guillermo Insaurralde fue clave: "Tomó la determinación de desatarnos porque creía que esto era un atropello y, tal vez, yendo en contra de sus jefes decide desatarnos. De esa forma un poco nos vino a salvar la vida, porque estábamos prácticamente entrando en un estado de congelación".

"Traéme una taza de té sin que se caiga y haciendo flexiones"

Por otra parte, exsoldado Orlando Gustavo Pascua centró su testimonio en el capitán Antonio Pernías, a quien describió como alguien que tenía "el trato más horripilante que podía haber con los soldados". Recordó episodios de humillación que combinaban exigencias físicas con precisión absurda: "Traéme una taza de té sin que se caiga y haciendo flexiones, ¡ay! sin que se cayera una gotita del té en el plato".

Para Pascua, estas conductas formaban parte de una lógica extendida: "Lamentablemente es común en el servicio militar obligatorio la agresión hacia el propio soldado".

"Sacó su pistola y me apuntó"

El subteniente Malacalza también fue mencionado en el testimonio de Oscar Núñez, quien describió un episodio de amenaza directa durante un castigo. "En ese momento nos dijo que no nos iba a desatar y que tampoco iba a hacer nada. Luego, sacó su pistola y me apuntó", declaró. Según su relato, respondió de manera desafiante: "Le dije que era un caballo de gato y que no tenía los huevos para tirarme, y me pegó un puntapié a la altura de la costilla".

Un esquema de violencia reiterado

Los distintos testimonios, recolectados de forma independiente y comparados entre sí, evidencian un patrón reiterado de violencia ejercida por mandos argentinos durante el conflicto. Entre las prácticas denunciadas se incluyen estaqueamientos prolongados, golpizas con armas, ejercicios físicos forzados como forma de castigo, privación de alimentos y amenazas armadas.

Mientras la dictadura militar construyó el relato de la guerra como una gesta de honor y sacrificio, estas voces revelan una realidad distinta. A más de cuatro décadas, los excombatientes comienzan a visibilizar estos hechos, con el objetivo de obtener justicia y reconocimiento por los abusos sufridos dentro de sus propias filas.

Los testimonios forman parte del libro «Malvinas y Derechos Humanos», del autor Pablo Andrés Vassel, que reconstruye la historia de las investigaciones sobre las torturas a las que fueron sometidos los soldados durante la guerra.

Fuente: Canal12