Preocupación en Camarones por manchas de aceite en el mar cerca de la playa de uso público
La convivencia entre la actividad pesquera industrial y la vida comunitaria en Camarones alcanzó un punto crítico tras la difusión de imágenes que muestran la presencia de hidrocarburos en un sector de la playa que es de uso público. Lo que hasta hace poco era un debate técnico sobre la expansión del puerto se ha transformado en una alerta sanitaria tangible para los habitantes de la localidad.
La evidencia más reciente proviene de los propios vecinos. Un video capturado en la playa, en la zona inmediatamente contigua al muelle donde operan los barcos pesqueros, muestra con claridad manchas de aceite flotando en el agua. El material visual deja expuesto un escenario de contaminación directa en un espacio utilizado históricamente por la comunidad para fines recreativos.
Riesgos inminentes
Esta situación puso en alerta a organizaciones ambientales y especialistas que siguen de cerca el desarrollo de la actividad en la región. Se confirmó la existencia de relevamientos técnicos en curso que, de manera preliminar, indicarían una incompatibilidad directa entre la intensidad de la zafra pesquera y el uso público de la playa. Los hallazgos sobre el manejo de residuos peligrosos en el área portuaria y la falta de infraestructura para contener derrames son elementos centrales que se están integrando a estos análisis.
Juan Coustet, de la Fundación Sin Azul No Hay Verde, consideró que el escenario actual amerita un tratamiento exhaustivo. "Se debería evaluar si las condiciones de salubridad están dadas para que esté funcionando el puerto y la gente esté metiéndose al mar tan cerca. Ante la evidencia de las manchas de aceite y ante la circulación de buques entrando y saliendo. Más allá de que ya termina el verano, es algo para evaluar y planificar de cara al año que viene, si es que continúa la prospección", detalló.
A la contaminación por hidrocarburos se le suma "una amenaza silenciosa derivada del mantenimiento de la flota comercial". Investigadores del Centro Nacional Patagónico (CENPAT) confirmaron los efectos tóxicos de las pinturas antiincrustantes utilizadas para proteger los cascos de las embarcaciones. Estos productos liberan estaño, un compuesto que genera alteraciones reproductivas severas en la fauna costera mediante un fenómeno conocido como imposex. Un informe técnico sobre la región advierte que en el puerto de Camarones un alto porcentaje de los moluscos analizados presenta anomalías físicas por la exposición a estos químicos.
Frente a este panorama, Lorenzo, un vecino involucrado en los reclamos ambientales de la zona, advirtió que la comunidad en general desconoce la gravedad de estos temas y percibe que "no se habla de esas cosas" en el pueblo. El habitante reconoció que la playa del puerto es el espacio de mayor concurrencia durante el verano, aunque aclaró que prefirió ser cauto con la información sobre el estaño porque "aún no se demostró el riesgo en salud humana por exposición por piel" al bañarse en el mar. Sin embargo, remarcó que el peligro real radica en la posible ingesta de caracoles o bivalvos extraídos del área y consideró que el impacto ambiental resulta "claro pero limitado a las zonas portuarias".
Incertidumbre
La posibilidad de clausurar el sector público de la costa generaría un fuerte impacto social para los habitantes y el turismo de Camarones. Sin embargo, las imágenes que muestran los derrames sobre el agua, y el contexto ambiental general, están forzando una reevaluación de las prioridades, poniendo sobre la mesa la necesidad de garantizar la seguridad de la comunidad antes que los intereses comerciales.
¿Y la red de agua potable?
El riesgo ambiental en Camarones trasciende la zona costera y afecta directamente el suministro básico de los hogares. Un estudio oficial realizado el 10 de febrero de 2026 por el Ministerio de Salud de Chubut y entregado a la Defensoría del Pueblo arrojó resultados alarmantes sobre las fuentes de abastecimiento. El documento constata que en todos los puntos de la red municipal el agua supera los límites de sodio establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
El análisis químico reveló además que los niveles de arsénico superan hasta ocho veces la norma permitida en la cisterna de La Lochiel y triplican el máximo tolerable en la red del pueblo. Aunque el suministro se considera bacteriológicamente apto, el informe ministerial advierte que el cloro residual resulta insuficiente para garantizar la potabilidad. Las autoridades provinciales le advirtieron a la Municipalidad sobre la necesidad urgente de revisar la estrategia de cloración debido a que el aditivo se pierde durante los 35 kilómetros de acueducto y no llega de forma adecuada a las viviendas.
El exceso de fluoruro y los altos valores de cloruros terminan de configurar un recurso hídrico de baja calidad y sabor salobre. La ingesta prolongada de agua con estas características eleva las probabilidades de desarrollar complicaciones para la salud de las personas.