Géneros

Día del Trabajador en clave de género: las mujeres, las más afectadas por la crisis y el ajuste

En medio de la crisis, el Día del Trabajador y la Trabajadora aparece como una fecha para visibilizar las brechas de género que persisten en el mercado laboral. En Argentina, si bien la recesión en materia de derechos laborales afecta al grueso de la población, también intensifica las desigualdades sobre mujeres y diversidades. En los últimos años se registran avances en algunos indicadores económicos, aunque subyacen brechas salariales que en regiones como la Patagonia superan el 30%. Por otro lado, el reconocimiento de las tareas domésticas sigue siendo una deuda y un obstáculo para el acceso al mundo laboral. A pesar de los discursos que niegan la existencia de las desigualdades y apuestan por la mano invisible del mercado, las últimas cifras del INDEC muestran que las mujeres se concentran en los grupos de mayor desempleo, informalidad y pobreza.

Lo que muestran las cifras

Las últimas cifras de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC muestran que las mujeres registran mayores niveles de desempleo, informalidad y pluriempleo en comparación con los varones, una tendencia que se ha mantenido relativamente estable en los últimos años.

En el cuarto trimestre de 2025, la tasa de actividad femenina (es decir, la proporción de mujeres que trabajan o buscan empleo) fue del 32,4%, muy por debajo del 70% registrado entre los varones, lo que supone una brecha de casi 40 puntos porcentuales. La tasa de empleo, por otro lado, fue del 48,2% para las mujeres y del 65% para los varones.

La tasa de actividad, sin embargo, se encuentra en niveles históricamente altos, consolidando una tendencia creciente en los últimos años, a excepción del 2020, año de la crisis sanitaria del Covid-19.

La tasa de desempleo, cuya tendencia ha mostrado amplia brecha entre varones y mujeres, se igualó para este período: con una media de 7,5% general, fue de 7,9% para las mujeres y 7,2% para los varones. En el caso de las mujeres, se mantuvo prácticamente igual en comparación con el trimestre anterior (7,4%), mientras que en el caso de los varones se registró un aumento de más de un punto (5,9%).

En el caso de Patagonia, la distancia entre las tasas de desocupación por género (0.5 puntos porcentuales) es menor que en otras regiones (las más altas se registran en la región de Cuyo, con 2,3 p.p y Gran Buenos Aires, con 2,8 p.p). También es menor la proporción de mujeres que trabajan en empleos no registrados, con un 38,2% frente a valores cercanos al 50% en áreas como Cuyo. A nivel nacional, cerca de cuatro de cada diez mujeres ocupadas están en la informalidad, una cifra 3.1 p.p mayor a la de los varones.

Según un análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la crisis económica de los últimos tres años afectó de manera desigual a varones y mujeres: en 2024, la tasa de desempleo de las mujeres jóvenes creció 3,4 puntos porcentuales respecto al tercer trimestre de 2023, mientras que la tasa de desocupación de los varones jóvenes lo hizo en 1,7 puntos porcentuales. Por otro lado, la brecha en la tasa de desocupación entre varones y mujeres se triplicó en apenas un año (0,8 en el tercer trimestre de 2023 vs. 2,5 en el tercer trimestre de 2024).

Otro rasgo distintivo de la precarización femenina es una mayor informalidad: de acuerdo a CEPA, con datos del INDEC correspondientes al tercer trimestre 2025, la tasa de informalidad alcanza al 43,2% de las personas ocupadas, pero para las mujeres fue del 38% y entre los varones se ubicó en el 35,5%.

En este sentido, persiste la subrepresentación de las mujeres en actividades con menores salarios y mayor precarización, como el servicio doméstico, la enseñanza o la salud, mientras que su participación es marginal en sectores de mayor remuneración asociados a la industria o la minería.

En el sector de trabajo en casas particulares, que posee uno de los menores salarios de la economía y una alta tasa de informalidad, nuclea 98,1% de trabajadoras. En la enseñanza y la salud las mujeres también están sobrerrepresentadas (73,11% y 70,9% respectivamente). Por el contrario, en sectores con mejores perspectivas salariales, como industria y minería, las mujeres sólo representan el 27,07% y 16,16% respectivamente.

Esta situación se acentúa en provincias como Chubut, con gran presencia de actividades primarias: según el informe "Las brechas de género en las provincias argentinas" (Mesa Federal de Políticas Económicas con Perspectiva de Género) casi la totalidad de los trabajadores de áreas como la minería o la construcción son varones. A la inversa, casi la totalidad de trabajadores concentrados en Enseñanza y Trabajo en Casas Particulares son mujeres. Para ese momento, las mujeres en Chubut registraban una tasa de empleo del 47,9% versus 64,1% de los varones, con una brecha de ingresos del 35,9%, una de las más altas en los últimos años.

La conclusión de CEPA es que las mujeres muestran una mayor participación entre la población más pobre, y cuando se avanza en los deciles, se observa una relación inversa: a medida que los ingresos aumentan, la presencia femenina se diluye. Estas cifras muestran una fuerte feminización de la pobreza en Argentina que parece haberse acentuado en los últimos años, así como su correlativa masculinización de la riqueza.

Eso que llaman amor es trabajo no pago

Las diferencias de género en los indicadores económicos no son arbitrarias: se explican a partir de prácticas de discriminación en el mercado laboral así como una carga desigual de las tareas domésticas y de cuidado sobre las mujeres, un factor que incide en su capacidad para dedicarse a la formación o la actividad profesional.

La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), elaborada por el INDEC, mide cómo la población mayor de 14 años distribuye su tiempo diario en actividades remuneradas, no remuneradas y personales. Al año 2021 (último dato disponible) el 40% de los hogares en Argentina tiene al menos una persona demandante de cuidado, y el 85,5% de esos demandantes son menores de 13 años.

El análisis encontró amplias diferencias de acuerdo al género: las mujeres dedican dos horas y cuarenta minutos (2:40) menos que los varones a su inserción laboral y absorben más de cuatro horas (4:10) en trabajo no remunerado, es decir, tareas domésticas y de cuidado. En síntesis, las mujeres destinan en promedio casi una hora más cada jornada al trabajo, ya sea remunerado o no remunerado.

Existe entonces una brecha de casi tres horas (2:51) en promedio entre varones y mujeres en la dedicación diaria a las tareas domésticas. Las brechas se profundizan en hogares con demandantes de cuidado: las horas promedio destinadas al trabajo no remunerado se ubican en nueve horas (8:59) en mujeres y apenas cuatro horas y media (4:36) en varones, incrementando la brecha a cuatro horas y veintitrés minutos (4:23), casi 3 horas superior a la brecha en hogares sin demandantes de cuidado (1:30 hora).

"Esto significa que, frente a una mayor necesidad de cuidado en un hogar, las mujeres son quienes garantizan la cobertura a través de la dedicación de más horas de tareas no remuneradas y menor inserción en el mercado de trabajo remunerado", advierte el informe del CEPA.

Si bien la última medición del uso del tiempo del INDEC data del 2021, desde el organismo señalan que muestra poca variación respecto de los datos que arrojó el módulo de la Encuesta Permanente de Hogares sobre uso del tiempo precedente, del año 2013, también a cargo del INDEC, lo que revela "la rigidez que posee el reparto de tareas de cuidado y la necesidad de implementar políticas específicas que aborden el fenómeno".

Según el informe de la Mesa Federal de Políticas Económicas con Perspectiva de Género del 2022, en Chubut las mujeres tienen una tasa de participación del 93,6% en en las tareas no remuneradas, con un promedio de más de cinco horas diarias (5:36) mientras que la de los varones de 77% con un promedio de casi tres horas y media (3:28). Esto muestra, en línea con los indicadores nacionales, una brecha de dos horas en el tiempo invertido en estas tareas.

Reconocer y equilibrar la distribución de las tareas no remuneradas sigue siendo una política pendiente en toda la región. Las brechas de tiempo entre varones y mujeres fundamentan otras brechas de índole salarial y fenómenos como el techo de cristal o el piso pegajoso que impiden el pleno acceso de las mujeres al mercado laboral.

Pese a las expresiones que deslegitiman esta asimetría -como el tuit reciente de la vicejefa de Gobierno de Buenos Aires, Clara Muzzio- las tareas domésticas y de cuidado constituyen un motor fundamental para la economía.

De acuerdo a los cálculos de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, perteneciente al Ministerio de Economía, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 16% del PBI (2022). Por otro lado, es la actividad con mayor aporte a la economía, por encima de la actividad industrial (13,2%) y comercio (13%). En términos monetarios, se trata de un aporte de unos 4.000 millones de pesos. Es decir, las mujeres aportan 3 veces más al PBI en el sector con mayor relevancia y más invisibilizado de toda la economía nacional.

Chubut, con marcadas brechas salariales

La brecha salarial es otro de los principales indicadores de las desigualdades de género en el mercado de trabajo. La diferencia entre los salarios puede registrarse en situaciones en que varones y mujeres perciben ingresos diferentes por una misma tarea. Sin embargo, el fenómeno es más amplio y se explica por otros factores de índole social, económica y cultural que condicionan el acceso de las mujeres a empleos de calidad.

En Argentina, la brecha salarial por ocupación principal se ubica entre el 25% y 30%, según el INDEC, agravándose en el sector informal, donde supera el 40%. En este escenario, Chubut vuelve a ubicarse entre las provincias con mayor brecha salarial del país (34,4%), solo siendo superada por la provincia de Buenos Aires (35,4%).

Los datos contrastan con las declaraciones de figuras como Javier Milei, quien afirmó en reiteradas ocasiones que la brecha salarial no existe, argumentando que, si así fuera, las empresas contratarían mayoritariamente a mujeres para reducir costos. Estas afirmaciones no sólo van en contra de las estadísticas históricas de Argentina y la región sino que ignoran otros aspectos más complejos del fenómeno.

El ajuste que recae sobre las mujeres

En este escenario, las políticas implementadas por el Gobierno de Javier Milei implican una fuerte recesión en materia de derechos que profundiza la situación de precariedad laboral de las mujeres.

Una de las modificaciones que afectó de manera desproporcionada a las mujeres es la eliminación de la moratoria previsional, una herramienta que permitía a aquellos que no contaran con suficientes años de aporte acceder a una jubilación. La medida fue implementada el 21 de marzo de 2025, por lo cual, quienes se jubilen después de esa fecha y no tengan los años suficientes, podrán comprar los años faltantes en un único pago (que va desde 1 a 4 millones de pesos, dependiendo la cantidad de años) o solicitar la PUAM (Pensión Universal para el Adulto Mayor), que representa el 80% de la jubilación mínima.

Debido a las desigualdades estructurales del mercado laboral (brechas salariales, asimetrías en la dedicación a las tareas domésticas y de cuidado, mayores tasas de informalidad) buena parte de quienes no están en condiciones de jubilarse son mujeres. Según precisó la ex titular de ANSES de Comodoro Rivadavia, Renata Hiller, con la eliminación de la moratoria sólo podrá jubilarse 1 mujer de cada 10.

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De hecho, cerca del 70% de las prestaciones otorgadas por moratoria los años previos a su eliminación fueron destinadas a mujeres. El escenario actual marca un horizonte complejo para los derechos previsionales de la población femenina, sobre todo a partir de otras reformas que complejizan aún más el acceso al mercado laboral formal.

En febrero de este año, el Congreso debatió la llamada "Reforma Integral del Régimen Laboral para la Formalización y el Empleo" con el objetivo de "modernizar el mercado laboral argentino y aumentar la formalidad". El proyecto, aprobado el 27 de febrero, está caracterizado por "la desregulación del mercado de trabajo, el debilitamiento de la representación colectiva y una transferencia de recursos desde los trabajadores hacia el capital", según advierte el CEPA.

Si bien implica menos derechos para el grueso de la población, se profundiza en el caso de las mujeres. El proyecto ignora, por ejemplo, la dimensión económica de las tareas de cuidado y su sobrecarga histórica en las mujeres, enfocándose en un mercado que tiende a excluirlas.

"En este marco, cualquier reforma laboral tiene como punto de partida un mercado atravesado por profundas desigualdades, por lo que toda modificación normativa interactúa necesariamente con las brechas preexistentes y no puede analizarse al margen de la condiciones en las que las mujeres participan del circuito productivo", afirma el informe. Es decir, cada uno de los puntos del proyecto no hace más que amplificar brechas históricas.

Uno de los puntos establece la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que reemplaza el esquema tradicional de indemnización por un sistema de aportes mensuales equivalentes al 1% del salario de cada trabajador para grandes empresas y al 2,5% para las PyMES. Los aportes que financiaban jubilaciones, pensiones y asignaciones ahora financiarán el FAL.

El impacto, advierte el CEPA, no es neutro en términos de género, ya que las mujeres "enfrentan trayectorias laborales más fragmentadas y con mayores interrupciones vinculadas a responsabilidades de cuidado, lo que reduce su capacidad de recuperación ante la pérdida del empleo". A su vez, la disminución de aportes al sistema previsional resquebraja aún más sus posibilidades de acceder a una jubilación.

Respecto a los despidos discriminatorios, elimina la posibilidad del trabajador de reclamar la nulidad del despido y exigir su reincorporación. En su lugar, el despido se canaliza centralmente a través de una indemnización agravada. Esto afecta sobre todo a las mujeres que desean ser madres, "en un mercado laboral que no contempla la maternidad ni los tiempos de cuidado". El proyecto tampoco incorpora aspectos vinculados a la extensión de las licencias por paternidad, otra deuda pendiente en materia de políticas de cuidado.

El CEPA advierte que otros ítems presentados como opciones flexibles pueden traducirse en una menor previsibilidad de los tiempos, mayor subordinación de la vida personal a las exigencias productivas y una mayor carga mental a la hora de organizar la logística familiar y doméstica. La creación del "banco de horas" y el cambio en el régimen de las vacaciones resultan incompatibles con las exigencias de las tareas domésticas y de cuidado, y obligan a "anticipar problemas, reorganizar rutinas y administrar recursos escasos".

Uno de los puntos más sensibles es la modificación de la organización sindical: la reforma otorga primacía al convenio por empresa o por región por sobre el convenio colectivo de trabajo por actividad o de alcance nacional, privilegiando así los acuerdos individuales antes que colectivos.

"Este punto resulta trascendental ya que modifica el marco en el que se disputan las condiciones laborales, que serán más difíciles de abordar debido a la fragmentación de las trabajadoras a la hora de negociar, quedando sujetas a acuerdos aislados, con menor respaldo sindical y menor poder de presión", indica el informe del CEPA.

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En la misma línea, Hiller subrayaba la conquista de criterios de paridad y representación en el ámbito sindical, a pesar de su marcada masculinización, y la amenaza que implica para las mujeres las nuevas formas de acuerdos laborales: "Va a ser mucho más difícil para las mujeres poder obtener espacios de representación con estas formas mucho más flexibilizadas de representación gremial".

"El discurso antifeminista y homofóbico del Gobierno nacional se traduce en acciones concretas, destruyendo las políticas públicas creadas para mitigar las desigualdades estructurales que atraviesan a mujeres y diversidades", sintetiza el CEPA.

Hasta 2024, estas políticas se identificaban con la etiqueta "Presupuesto con Perspectiva de Género" (PPG), y podían ser monitoreadas por la ciudadanía a través del portal Presupuesto Abierto. Durante la gestión de Javier Milei se registra un importante ajuste en políticas y programas que estaban bajo esa etiqueta.

Las políticas más significativas, como la Moratoria Previsional, la Prestación Alimentar y la Asignación Universal por Hijo (AUH) representaban el 83,4% del gasto etiquetado como PPG en 2023. A excepción de la AUH, que muestra una variación del 74,6% si se comparan valores de 2023 y 2026, las otras presentan fuertes caídas: -41,71% en el caso de la Moratoria y -17,26% en la Prestación Alimentar.

También fueron ajustados programas destinados a reducir brechas, como el Potenciar Trabajo -que promueve la inclusión laboral y el desarrollo socio-productivo de personas en situación de vulnerabilidad-, el Programa Registradas -que promueve incentivos a la formalización del empleo en casas particulares- y el Potenciar Inclusión Joven -plantea ayuda económica a jóvenes de 18 a 29 años en situación de vulnerabilidad que participen de un proyecto productivo o social-.

De acuerdo al análisis del CEPA, entre 2024 y 2025 estos programas sufrieron recortes en términos reales de entre 62,6% y 100%: es decir, prácticamente desaparecieron. En el Presupuesto 2026 directamente no figuran partidas asignadas. En síntesis, 7,5 de cada 10 programas destinados a reducir brechas de género sufrieron ajustes presupuestarios o fueron directamente eliminados.

Por su parte, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) advierte que las barreras se amplifican en contextos regionales donde el tejido productivo es más limitado y donde la actividad económica se centra en sectores de alta productividad, históricamente masculinizados. No es menor señalar que en Chubut, por ejemplo, uno de los sectores con peores salarios y mayores reclamos es la docencia, fuertemente feminizada. Por el contrario, sectores con mayor presencia de varones -como la minería- están en el centro de las inversiones.