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Gamerro: Las alarmas de un entrenador de Gurkhas

Por Carlos Gamerro

Carlos Gamerro -uno de los grandes narradores contemporáneos de la Argentina- es el autor de "Las islas", la novela más extraordinaria que se haya escrito en torno de Malvinas junto a la fundacional "Los pichiciegos" de Rodolfo Fogwill. A 37 años del desembarco, publicamos en esta sección especial su ensayo "Las alarmas de un entrenador de Gurkhas", incluido en su libro "Shakespeare en Malvinas" editado por Espacio Hudson (www.espaciohudson.com) en 2018.

Gamerro es narrador, ensayista y docente. Su obra publicada incluye las novelas "Las Islas" (1998), "El sueño del señor juez" (2000), "El secreto y las voces" (2002), "La aventura de los bustos de Eva" (2004) y "Cardenio" (2016), los cuentos de "El libro de los afectos raros" (2005) y los ensayos "Ulises. Claves de lectura" (2008), "Facundo o Martín Fierro" (Premio de la crítica a la mejor obra literaria de 2015) y Borges y los clásicos (2016). Escribió junto a Rubén Mira el guión del film Tres de corazones (2007), dirigido por Sergio Renán. Su obra teatral Las Islas se estrenó con dirección de Alejandro Tantanian en el Teatro Alvear (2001).

LAS ALARMAS DE UN ENTRENADOR DE GURKHAS

El sábado 17 de marzo de 2007 tuvo lugar en Londres un encuentro entre ex combatientes, académicos, escritores y traductores argentinos y británicos, titulado "Recordando las Malvinas en la literatura y el cine argentinos", organizado por las doctoras Claire Lindsay de la Universidad de Londres, Joanna Page de la de Cambridge y Fernanda Peñaloza de la de Manchester.

Abrieron el juego los reconocidos traductores Nick Caistor y Amanda Hopkins, para presentar su versión de la novela fundacional de la guerra de Malvinas, Los pichiciegos (1983) de Rodolfo Fogwill, que la editorial Serpent's Tail publicará como Malvinas Requiem. La discusión sobre el título, finalmente zanjada por el editor, fue el punto de partida de su presentación. Una primera opción, Malvinas Moles (Topos de Malvinas), debió descartarse por la desconsideración de las chicatas criaturitas que tozudamente se han negado, hasta el presente, a horadar el suelo malvinense. También consideraron The Blind Armadillos (Los armadillos ciegos), ante lo cual el doctor Bernard McGuirk de la Universidad de Nottingham, afecto a los juegos de palabras, sugirió la variante The Warmadillos (Los Guerrarmadillos, con el inconveniente de que también puede leerse como Los armadillos tibios). Nick Caistor manifestó su sorpresa ante el hecho de que una novela escrita durante el conflicto mismo no condescendiera en ningún momento al patriotismo imperante: la premisa misma de la novela, que transcurre casi íntegramente en un refugio subterráneo que comparten los argentinos que escapan de la guerra, no lo permite; Amanda Hopkins, a su vez, quiso ver más allá de las islas, tomando la vasta madriguera de los ?pichis' como una metáfora de supervivencia en tiempos de dictadura. La lectura a dos voces de una serie de fragmentos fue testimonio de la dedicación y el trabajo de ambos y de las buenas perspectivas de la novela de Fogwill en su inminente invasión de las islas británicas. En la ronda de preguntas hizo su primera intervención el veterano de guerra Mike Seear, que actuó como oficial entrenador de los gurkhas y acaba de publicar With the Gurkhas in the Falklands sobre su experiencia. Seear señaló que la acción que la novela sitúa en Fitz Roy sólo pudo haber ocurrido en la zona de Puerto Argentino, y tras abrumar a todos los presentes con una interminable serie de datos que lo probarían opinó que el autor, o al menos sus traductores, podrían haberse tomado el trabajo de consultar un mapa. A lo largo del día su fervor revisionista y referencialista daría a los expositores más de un dolor de cabeza. No fui yo la excepción: cuando leí algunos fragmentos de mi novela Las Islas, en uno de los cuales el protagonista Felipe Félix propone que sólo a los ex combatientes argentinos les obsesiona el tema de volver a las islas, el mayor Seear se encargó de señalar su propia necesidad de regresar al lugar donde todo había sucedido, porque no sólo los derrotados, aclaró, sufren los traumas de la guerra.

El doctor McGuirk, que acaba de concluir su pormenorizado estudio Falklands-Malvinas. An Unfinished Business, presentó a continuación material del nuevo libro que proyecta, dedicado al humor gráfico de ambos países durante la guerra. Con apoyo de numerosos ejemplos destacó el carácter cíclico de la imaginación bélica inglesa, mostrando por ejemplo cómo los alemanes e italianos de la Segunda guerra reencarnaron en los argentinos de ésta, y también cómo el conflicto fue utilizado por Margaret Thatcher para librar una segunda guerra, más solapada, contra el enemigo interno: los huelguistas, los punks, la izquierda... Una de sus propuestas más interesantes fue la de señalar la asimetría en la caracterización del enemigo por parte de los dos bandos en pugna: mientras que en los chistes ingleses los argentinos aparecen denigrados o tratados con condescendencia, en lo que llamó la ?abyectización' del enemigo (un ejemplo: un charro con sombrero mejicano sentado sobre las islas, y decenas de cañones que convergen sobre él formando la bandera inglesa) en el humor gráfico argentino, en cambio el inglés no aparece ?abyectizado' sino demonizado, lo cual, de alguna manera, lo coloca en un plano de superioridad relativa. No es lo mismo el miedo que el desprecio.

En el intervalo los académicos, escritores y traductores nos fuimos por un lado y los soldados, ingleses y argentinos, por el otro. Una vez terminada la guerra, es notorio que las grietas pasan menos por las divisiones nacionales que por las profesionales: los veteranos de guerra, aunque pertenezcan a bandos enfrentados, se entenderán y se sentirán mejor entre ellos que con quienes no estuvieron en la guerra y nunca podrán entender lo que vivieron. Y viceversa. Pero como para tender puentes entre militares y civiles se me acerca un capitán de fragata argentino y de sopetón me comenta: ?Leí su novela.' This is it, me digo, acá me la dan. Me preparo para las amenazas o los insultos (siempre supe que este momento iba a llegar) pero en cambio escucho, no sin azoramiento: ?Muy buena. Eso sí, algo excesiva, y muy terrible, la escena del primer capítulo.' Estoy demasiado desconcertado para sentir alivio. La situación a la que se refiere, presumo, es la de Fausto Tamerlán violando a su hijo adulto en presencia de visitas; admito que no es lo que se dice livianita, pero no deja de sorprenderme que a uno de los militares de la última dictadura, habiendo hecho lo que hicieron, le haya quedado resto para impresionarse con la escena de una novela.

Concluida el descanso la doctora Joanna Page presentó tres films argentinos relacionados con la guerra de Malvinas. Describió Los chicos de la guerra (Bebe Kamin, 1984) como un film generacional, que recurre al conflicto bélico para hablar de la transición democrática, la relación entre el machismo inscripto en la cultura y el militarismo por entonces imperante - valores que habrían preparado a los argentinos para la guerra, pero solo en la opción ?victoria' del menú - y observó la tendencia de utilizar la situación de la guerra para presentar los conflictos entre las distintas clases sociales y regiones del país, algo que también sucede en la novela de Fogwill. La deuda interna (Miguel Pereira, 1988) amplía la perspectiva presentando la guerra como la culminación de un proceso de conflictos seculares (Buenos Aires-provincias, indios-blancos): desde el propio título lo que se enfatiza es la división interna, y en consonancia con esto el enemigo inglés no aparece bajo ninguna forma. Estas dos películas, señaló, se centran en los conflictos que dividían y dividen a la sociedad argentina, sugiriendo - y en esto sus conclusiones no difieren mucho de las de McGuirk- que toda guerra es, en última instancia, guerra civil. Iluminados por el fuego (Tristán Bauer, 2005) fue elogiada como una excelente película de Hollywood, tanto por sus muy logrados efectos especiales, su decisión de dar preeminencia a los conflictos personales por encima de los generacionales y sociales, como por ofrendar al protagonista y, en consecuencia, al público, una catarsis liberadora, en la secuencia en que el soldado Esteban vuelve a las islas, visita el pozo de zorro y llora mientras suena el tema "La memoria" de León Gieco. En su decisión de enfatizar el elemento nacionalista y poner el foco en la guerra contra el enemigo exterior, en desmedro de los conflictos internos, la película de Bauer fue vista como un retroceso, en términos ideológicos si no tecnológicos, respecto de Los chicos de la guerra, algo en lo que coincidieron varias de las intervenciones posteriores.

En su ya para entonces esperada y temida intervención el mayor Mike Seear se encargó de señalar que los soldados argentinos con los que él se encontró durante la rendición no hubieran podido levantar un pie del suelo, cuanto menos jugarse un picadito como el que muestra la película ; en tanto que la arenga patriótica del cálido y paternal general interpretado por Juan Leyrado no pudo haber sucedido en las calles del pueblo rendido, en las cuales los generales, afectuosos o no, brillaban por su ausencia. Aún así, concedió, el cine argentino, con todos sus errores, había prestado mucha mayor atención que el de su país a la guerra que le tocó en suerte.

La doctora Claire Lindsay, por su parte, presentó Fuckland (José Luis Marqués, 2000) film filmado clandestinamente en las Malvinas que adhiere formalmente al "voto de castidad" del Manifiesto Dogma y cuyo argumento (un argentino viaja a las Malvinas para inseminar a las isleñas con un preservativo pinchado para empezar a poblar las islas de argentinos) es parodia evidente de las ?políticas de seducción' del alguna vez canciller Guido Di Tella y de los diversos planes de recuperación de las islas, incluyendo el de la invasión de 1982.

El doctor Jens Andermann de la Universidad de Londres destacó que las tres primeras películas, al proponer como protagonistas a ?los chicos' (?los changos' en el caso de La deuda interna) construían una oposición entre estos y la juventud revolucionaria que los había precedido, proponiendo, de modo tácito, la necesidad de colocar a los jóvenes bajo la tutela de un adulto responsable, constituyéndolos como objetos en lugar de sujetos, infantilizándolos a la par que los convierten en víctimas. El pueblo argentino, en tanto sujeto político, sostuvo, está ausente de estos films; pareciera que no tuvo responsabilidad alguna en la guerra, ni a favor ni en contra. Los films tranquilizan las buenas conciencias diciéndoles que la guerra fue cosa de los militares, falacia reforzada en algunos de ellos por la inclusión de un personaje que encarna los valores ?correctos', como paz, solidaridad, tolerancia y que siempre resulta, oh casualidad, ser un civil de clase media: el ?maistro' Fabián en La deuda interna, el soldado Esteban en Iluminados por el fuego. En Fuckland, en cambio, la infamia de la trama y del protagonista, junto con el recurso a la cámara subjetiva y los ?apartes' en que Fabián se dirige al público, nos vuelve cómplices de una misión de reconquista sucia y contaminada, que es a la vez invasión y engaño. Y señaló un hecho interesante aunque de alguna manera predecible: los otros tres films tuvieron gran éxito en Argentina pero poco interesaron en Inglaterra, mientras que con Fuckland ocurrió lo contrario: fue vilipendiada y escarnecida en su país de origen. Revisando las críticas argentinas le sorprendió que muchas se preocuparan de que el film pudiera resultar ofensivo para los ingleses: un caso típico de proyección, opina Andermann, ya que la película es mucho más incómoda para los argentinos.

Finalmente, la doctora Fernanda Peñaloza de la Universidad de Manchester sostuvo que las complejidades de todo lo que abarca el término ?Malvinas' han sido mejor exploradas en la literatura que en el cine, pero que incluso así se habría evitado o bloqueado una perspectiva femenina, algo que fatalmente sucede con el género bélico, masculino si los hay. Las mujeres aparecen como estereotipos, abnegadas madres o novias o esposas de soldados, eso es, vistas desde una óptica utilitaria, puramente masculina (nuevamente, la excepción sería Fuckland, que le da la última palabra a la isleña Camila). También se preguntó por la poesía, género siempre muy vinculado con la guerra y el fervor patriótico pero ausente de las discusiones del día, y se preguntó por qué toda la poesía de Malvinas, incluyendo al Yupanqui de "La hermanita perdida" y al Borges de "Juan López y John Ward", era tan pero tan mala. McGuirk propuso dos excepciones a la regla: "Poema con traducción simultánea español-español" de Susana Thénon y "las tías" de Néstor Perlongher .

El mayor Mike Seear no pudo con su genio e insertó el bocadillo de cierre: dijo haber visto con sus propios ojos a Juan López y John Ward, en el monte Tumbledown, abrazados y cubiertos por la nieve. "Estoy emotivamente vinculado a esa imagen," dijo, "y para mí el poema de Jorge Luis Borges es correcto." La presencia incómoda del veterano y su irritante propensión a salirse del juego una vez más había recordado, en un ambiente a veces saturado de conceptos, representaciones y teorías, la presencia bruta de los sentimientos de los participantes directos, de sus vivencias, de los muertos.