Minería

La batalla final por la minería: Arcioni y las empresas suben la apuesta contra los ambientalistas

La aprobación de la Ley de Ministerios que habilita la puesta en marcha del camuflado Ministerio de Hidrocarburos (y "Minería") que consiguió el gobernador Arcioni abrió en Chubut una batalla entre el lobby minero y los ambientalistas, que posiblemente alcance la misma magnitud e importancia de la iniciada en 2002. 

17 años después, ambos contendientes se vuelven a subir al ring de una disputa histórica que tiene final abierto pero que le otorgó el primer round a la avanzada promiera. 

La contienda no se transmite por ningún canal deportivo, se desarrolla en el territorio, pero es seguida atentamente por miles y millones de espectadores en todo el país y el mundo.

Desde 2002 no se producía en Chubut un avance minero como el que se concretó esta semana. La irrupción del Ministerio encubierto de Minería -cubierto por la cortina de humo del desmesurado aumento salarial del gobernador y los funcionarios políticos- es el golpe más duro que recibió el movimiento ambientalista en el territorio chubutense desde aquel histórico plebiscito que frenó la minería en la provincia.

Si bien es cierto que aún sigue en vigencia la Ley 5.001 que prohíbe la minería a cielo abierto y el uso de cianuro en la provincia, y que en paralelo no se instrumentó la tan buscada zonificación minera; no menos tangible es que por primera vez desde el inicio del siglo que no se lograba un avance tan consistente a favor del extractivismo minero en Chubut.

Mucho más que extractivismo

La nueva Ley de Ministerios y el Ministerio de Minería maquillado bajo la facha del de Hidrocarburos constituyen el paso más concreto dada a favor de la actividad minera en la provincia desde hace 17 años. Aunque no se haya tomado todavía la total dimensión de su significado, se transformó en el inicio de una nueva batalla de magnitud -quizás la contienda final- entre el poder político y empresarial y los movimientos ambientalistas que desde Esquel y Chubut se transformaron en un faro de referencia regional, nacional e internacional.

El avance prominero en Chubut no busca exclusivamente extraer y cuantificar en ganancia los enormes recursos minerales de yacimientos como Navidad, Suyai o los de uranio en la Meseta. También trata de doblegar definitivamente una resistencia que se convirtió en ejemplar y fue inspiradora de otras que surgieron con posterioridad -como en Mendoza y Córdoba- e inclusive la superaron con sus logros, que se transformaron en leyes de avanzada.

El No a la Mina de Esquel y sus extensiones o ramificaciones en el conjunto de Chubut son un proceso político y social que a través de la movilización popular lograron con la resistencia frenar las políticas extractivas.

También hicieron retroceder a las poderosas mineras internacionales de un modo que se había producido en muy pocas ocasiones a nivel mundial.

De Gastre a Esquel, el repudio

Esquel es quizás hoy el proceso antiminero más reconocido en el mundo entero por los sectores ambientalistas, pero no se puede perder de vista que desde Chubut surgió anticipadamente otro proceso de movilización ambiental triunfante que dio por tierra con la instalación del basurero nuclear en Gastre. Aquello ocurrió durante los años de esplendor y fortaleza del menemismo.

La histórica manifestación en Gastre se produjo el 17 de junio de 1996 cuando el por entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, impulsaba el proyecto de convertir a la región en el "basurero del mundo" y buscaba que el pequeño poblado chubutense albergara el primer y único "repositorio de residuos radioactivos de alta actividad".

Vale recordar -en primera persona- que quien escribe tuvo la oportunidad y la suerte de haber sido enviado como corresponsal por el diario El Patagónico para cubrir aquel acontecimiento histórico, guardando aún la experiencia del dificultoso viaje de llegada por una estrecha huella en el camino de tierra, la recorrida efectuada por el cerro donde supuestamente se albergarían las bóvedas para los residuos nucleares hasta donde nos guiaron los baqueanos, el encuentro en un boliche la noche previa con los corresponsales de varios medios nacionales compartiendo un plato de sopa caliente, la imposibilidad de conseguir alojamiento por la superpoblación ambientalista, y los inolvidables y emotivos recuerdos que dejó esa multitudinaria movilización que impactó sorpresivamente a todos en el medio de una "nada" plagada de historia ancestral en la Meseta chubutense.

No vale la pena discutir si el No a la Mina de Esquel es hijo del No al repositorio nuclear de Gastre, lo que sí es indudable es que en Chubut existe una conciencia ambiental añeja y triunfante que impregnó el devenir de varias generaciones con sus casi 25 años de lucha y resistencia. La mina en Esquel y el repositorio en Gastre no pudieron transformarse en realidad. ¿Podrá avanzar la minería ahora?.

Foto de la movilización en Gastre durante 1996 y el plebiscito del 2003 en Esquel. 

De Lizurume a Macri, Aranguren y Arcioni

Desde el legendario plebiscito del año 2003 que le dijo No a la Mina, todos los gobiernos provinciales intentaron franquear las barreras impuestas por el movimiento ambientalista. Ninguno consiguió doblegarlo, ni tampoco se animó a pagar el altísimo costo político que generaría habilitar la minería en Chubut.

Con la llegada del macrismo al gobierno nacional, la impronta prominera se transformó en un lobby con mayor audacia y el desembarco de funcionarios nacionales fue una constante con el objetivo de quebrantar las prohibiciones. La herramienta elegida fue la zonificación minera, dejando a Esquel fuera de sus alcances y habilitando la explotación en casi todo el resto de la provincia.

La constancia y extensión del movimiento ambientalista bloqueó las apetencias macristas, claramente expresadas por el ahora procesado ex ministro de Energía Juan José Aranguren cuando desembarcó en la localidad de Telsen con un paper que dejó al desnudo los escasos beneficios y el poco trabajo que generaría la minería en Chubut.

Aunque la minería a cielo abierto y la megaminería están prohibidas en la provincia, el macrismo promocionó y ofertó cada vez que pudo, en cuanta feria internacional que se hizo, las bondades de los yacimientos mineros chubutenses; inclusive ahora en plena retirada del Ejecutivo nacional.

El propio presidente saliente citó a diputados provinciales y nacionales para presionarlos con la finalidad de abrir definitivamente la actividad en Chubut.

Ninguno de esos intentos dio frutos jugosos en su momento, pero fueron acumulando poder para una embestida que ahora tomó velocidad y conquistó el primer logro significativo en casi 20 años.

La creación del Ministerio de Hidrocarburos (y Minería) es una herramienta prominera conseguida por el lobby empresario y mediático, y el mérito de su conquista está en manos de los 22 diputados provinciales que lo votaron por unanimidad el jueves casi a medianoche y del gobernador electo Mariano Arcioni; pero también de la mayoría de la clase política dirigente de la provincia que por apoyo u omisión acompaña el proceso.

¿Será Arcioni quien pase a la historia por lograr imponer la minería en Chubut? Es una pregunta que aún no se puede responder y que tiene final abierto, aunque no menos cierto es que desde el 2003 en adelante logró algo que no habían conseguido el radical José Luís Lizurume, el fallecido justicialista Mario Das Neves -en ninguno de sus dos mandatos-, y el peronista Martín Buzzi. El bronce otorgado por lobby o el repudio social pueden ser los galardones de un gobernador que asume por cuatro años desde mañana.

Bien explica el colega Pablo Quintana en su columna de opinión sobre cómo la doctrina del shock y la crisis de diseño llevó a la sociedad chubutense a crisis recurrentes durante los últimos dos años, lo que de alguna manera generó un proceso desigual y combinado para que la provincia intente impulsar condiciones más propicias para que la minería se convierta en una falaz alternativa de solución a los problemas existentes.

Rodear a la vigente Ley 5.001 de normativas que habiliten la minería parece ser la estrategia para derrumbarla definitivamente e imponer el avance prominero en la provincia, que podría ser total si la resistencia decae. En su defecto dejará afuera a las poblaciones más rebeldes y concentrará el extractivismo minero a través de la muchas veces intentada zonificación.

El salto de calidad producido en esta última semana y los alcances que para el mismo fueron diseñados en la gestión de Arcioni comienzan a pesar con miras al futuro.

En paralelo se sumó la creación de la Cámara de Proveedores Mineros Centro-Oeste del Chubut con sede en Esquel y más de 50 afiliados que en tono desafiante le advirtieron a los ambientalistas que "El No a la Mina tiene que entender que nuestra institución llegó para quedarse".

El aire político dado por el presidente electo Alberto Fernández a Mariano Arcioni quizás lo haya envalentonado para lanzarse sin tapujos hacia el camino de la minería.

Posiblemente el avance minero haya sido una de las condiciones de supervivencia para el gobernador, y también el costo político que deberá pagar para sostenerse en el cargo que asume con el beneplácito presidencial.

Resistencia ¿desgastada?

El movimiento en contra de la minería tuvo altibajos a lo largo de estos 17 años de lucha. Muchos de sus impulsores en 2002 siguen vigentes y no se cansan de repetir que "la única lucha que se pierde, es la que se abandona".

Vale mencionar que -con la mayor veracidad posible y mal que pese- la respuesta social a la Ley de Ministerios fue cuanto menos escasa y dejó sorprendidos a muchos.

Casi dos décadas de luchas, movilizaciones y embates constantes han desgastado en parte al ambientalismo cordillerano.

Muchos de sus integrantes son los mismos que en el último año y medio han tenido que enfrentar las políticas de ajuste del arcionismo y las largas jornadas de lucha contra el pago escalonado y los atrasos salariales.

Si bien el No a la Mina se extendió en casi toda la provincia, haciéndose fuerte especialmente en Comodoro Rivadavia, Rawson y Puerto Madryn, el corazón y la mayor fortaleza sigue estando en Esquel y así lo demuestran las movilizaciones más allá de sus altibajos.

El proceso de movilización y resistencia ambientalista se ha ido llenando de jóvenes en los últimos años. Son los hijos del No a la Mina y ahora tienen en su manos la enorme y difícil tarea de convertirse en el motor que realimente la respuesta al lobby prominero que obtuvo su mayor logro en 17 años.

El final esta abierto, los dos contrincantes se subieron al ring. El poderoso lobby ganó un primer round, aunque no se sabe cuán extensa será la pelea ni cuál será reacción que habrá de parte de quienes rechazan la minería con vistas al futuro. La batalla se encuentra en pleno desarrollo y la estamos viendo en vivo y en directo.