Economía

Tasas de interés negativas, ¿una salida frente a la crisis y al endeudamiento?

Por Alfredo Zaiat (SPUTNIK).

El colapso de la economía mundial por la pandemia COVID-19 impulsó a las bancas centrales de EEUU y la Unión Europea a bajar las tasas de interés al nivel del 0% anual.

Muchos pueden pensar que la política monetaria no puede hacer más de lo que hace con la tasa de interés en ese límite inferior. Pero, ¿puede haber una tasa de referencia negativa?

Economistas de reconocimiento internacional, como Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del FMI, plantean que es una opción posible y, más aún, deseable para evitar que se profundice la crisis.

Rogoff dice que una medida de ese tipo es más importante porque de ese modo la recuperación de la economía real sería vigorosa y no se fomentaría una nueva burbuja especulativa.

Propone que la Reserva Federal (banca central estadounidense) disminuya la tasa de interés a -3% anual. Esto implicaría que, por ejemplo, quien invirtiera 100 dólares en un bono del Tesoro de EEUU o depositara ese dinero en el banco recibiría 97 dólares al momento de cobrar el capital, valor al que además debería descontarse el efecto depreciación de la inflación.

El titular de la FED, Jerome Powell, rechazó públicamente esa posibilidad. Lo mismo hizo en estos días el presidente de la FED de Chicago, Charles Evans, en una reunión de la Cámara de Comercio de Lansing, celebrada a través de la plataforma Zoom.

Cuando se le preguntó sobre las tasas de interés negativas fue contundente: "No preveo que sea una herramienta que estaríamos usando en EEUU".

Sin embargo, en el mercado se empezaron a operar contratos a futuro para octubre de 2021 de tasa de interés de referencia con signo negativo, con una probabilidad de ocurrencia del 23%.

Coronavirus

El colapso global provocado por la crisis del coronavirus no sólo ha derivado en una disputa acerca de cómo funcionará la economía mundial, sino que se están empezando a pensar alternativas de políticas económicas.

La magnitud de la debacle es tal que en EEUU empezaron a ganar protagonismo los académicos que aseguran que las tasas de interés cercanas al 0% no son suficientes para salir de la crisis.

El pensamiento económico tradicional considera que tasas negativas son un experimento monetario sin antecedentes. Para gran parte de los economistas resulta una alteración de su lógica de análisis que inversores tengan que empezar a pagar por colocar su dinero en bancos de países como EEUU.

Pero quienes proponen tasas negativas no son economistas críticos del funcionamiento del capitalismo, sino economistas del establishment académico estadounidense.

Objetivo

La propuesta de Rogoff forma parte de un debate profundo acerca de cuál será el sendero de salida de la actual crisis, que se estima más profunda que la gran depresión de la de 1929.

En realidad, es una disputa entre el sistema financiero, dominante en la actual fase del capitalismo globalizado, y la economía real.

La tensión, en última instancia, remite a cómo se sale de la crisis: con más deuda y otra burbuja especulativa o destinando el dinero emitido al sector productivo y a fortalecer la demanda de la población.

Un escenario financiero internacional con tasas de interés negativas definiría, además, un cuadro de negociación diferente de los países deudores con los acreedores.

Por ejemplo, la propuesta argentina que plantea un canje de deuda y bajar la tasa promedio de casi el 6% anual por otra de 2,5% anual, no debería generar tanto rechazo por parte de los grandes fondos de inversión acreedores.

A la vez, la propuesta de condonación de deuda para los países más pobres, de líneas de crédito bilaterales con países desarrollados, tendría más posibilidades de concretarse, superando la instancia de las declaraciones de buena voluntad como hasta ahora.

La tasa de interés negativa fomentaría la reorientación de la emisión monetaria hacia actividades productivas, puesto que la mayoría de esas inversiones ofrecería la promesa de una rentabilidad por encima de cero, y sería un mecanismo que facilitaría la refinanciación de las deudas.

Aliviaría el peso de deudas de estados nacionales, provinciales, municipales y de corporaciones que ya estaban inmensas antes de la debacle por el coronavirus y que aumentaron sustancialmente en estos meses.

Como se detalló en un artículo anterior, a fines de 2019 la deuda mundial (soberana y corporativa) sumó 253,2 billones (millones de millones) de dólares en 2019. Ese monto equivale a 322% del producto interno global, que es la generación material de bienes y servicios en el mundo.

El último informe del Instituto Internacional de Finanzas registra que la emisión de deuda en lo que va de 2020 ya sumó 14 billones de dólares. Es un monto que supera en 40% los 10 billones emitidos en todo 2019. La mayor parte de esos nuevos pasivos corresponden a los Estados.

Tasas de interés negativas evitaría que sea muy grande la ola de impagos en los próximos meses.

¿Cómo funcionaría?

El esquema monetario de tasas de interés negativa sería de este modo: si la tasa de interés se reduce por debajo de cero significa que las bancas centrales le cobran a los bancos comerciales por guardar el dinero. Y los bancos comerciales, por su parte, reducirían la tasa de interés que cobran a sus clientes por la misma cantidad.

El objetivo de la banca central con esa medida sería el de aumentar la actividad económica, que puede suceder porque:

Los bancos prestan más a los hogares y empresas, en vez de quedarse con el efectivo, que ahora se ha vuelto costoso.

Las empresas pueden invertir más, ya que la financiación de la inversión ahora es más barata.

Los hogares podrían ahorrar menos, o pedir prestado para gastar más.

La demanda de moneda podría caer. Esto podría llevar a la depreciación de la moneda, a un aumento en el precio de los bienes importados y a un crecimiento de la demanda de las exportaciones del país, ahora más baratas.

Los economistas Jennifer Blanke, del Banco Mundial, y Signe Krogstrup, del FMI, publicaron en la página web del Word Economic Forum un texto sobre tasas de interés negativas. Dicen que se suele considerar como una política "no convencional", pero en realidad se "puede ver como una continuación de la práctica de política monetaria perfectamente normal" para dar respuesta a una crisis económica.

En relación a las experiencias que ya existen (Japón, Alemana, Suiza, Dinamarca), indican que probablemente evitaron presiones deflacionarias más graves, pero las reducciones muy tímidas por debajo de cero no fueron suficientes para proporcionar un impulso efectivo en esas economías.

Para concluir que "la medicina funciona, pero se necesitarían dosis mucho más fuerte para una cura". Una dosis de -3%, como propone Rogoff, quien, a la vez, advierte acerca de que se requieren varios pasos importantes para que "las tasas negativas profundas sean factibles y efectivas".

Explica que el paso más importante es impedir el acaparamiento de efectivo a gran escala por parte de:

Empresas financieras;

Fondos de pensiones;

Compañías de seguros.

Riesgos

Tasas de interés negativas es una medida novedosa y existe poca experiencia. En el mundo económico se está siguiendo con sorpresa este nuevo fenómeno monetario.

Algunos analistas advierten acerca de consecuencias negativas por la disminución de la rentabilidad de los bancos y el exceso de toma de riesgo por parte de inversores ante la menor rentabilidad de las colocaciones a plazo en las entidades. Existe el riesgo de crear burbujas en algunos sectores, como en el de los inmuebles.

Un documento del Banco Mundial detalla cuáles son los países que actualmente tienen tasas de interés negativa:

Dinamarca (-0,65%);

Suiza (-0,75%);

Suecia (-0,35%);

Japón (-0,1%).

El Banco Central Europeo (ECB) también tiene tasas de interés negativas, de -0,3%.

Defaults

La clave para evaluar la estrategia de las políticas monetaria y fiscal se encuentra en la respuesta acerca de qué pronto culminará la crisis y cuán fuerte será la recuperación.

Si se evalúa que habrá una inmediata y sostenida reactivación, las actuales medidas expansivas serían suficientes, como lo fueron en la crisis financiera 2008, aunque el resultado fue la creación de otra burbuja especulativa.

En cambio, como estima Rogoff, si la recuperación rápida no se materializa y lleva años para que la economía de EEUU y la global alcancen los niveles anteriores al coronavirus, la opción sería aplicar ahora tasas de interés negativas.

Sería la medida para que la mayoría de las empresas sigan siendo viables, evitando quiebras masivas, y que gran parte de los países no tengan que declarar el default de sus deudas.