Pueblos originarios

Un capítulo de la historia de resistencia y victoria mapuche frente a la Conquista del desierto

Por Adrián Moyano.

En 1881, el Ejército todavía no volvía a sus posiciones sobre los ríos Neuquén y Negro porque había marchado a sofocar la rebelión de Buenos Aires. Dos peñi que habían caído prisioneros «confesaron» que se venía un malón y las exiguas guarniciones salieron a ver qué había de cierto.

Al fortín Los Guañacos llegaron noticias: había una caballada que pastaba en un paraje cordillerano. El jefe dividió sus fuerzas para corroborar y encontró a la yeguada, pero nada más. Cuando la columna retornó a su posición, la encontró calcinada, con todos sus defensores muertos.

El longko Keupü había logrado desorientar a los usurpadores y al frente de 500 guerreros, atacó y destruyó la avanzada. Los milicos se habían acostumbrado a festejar triunfos sobre tolderías, pero ese día del 1881 supieron que tenían enfrente a un longko "digno del nombre de bravo" (comandante Prado dixit).

La victoria mapuche de Los Guañacos turbó de tal manera el espíritu castrense que hasta Villegas, en sus informes, clamaba venganza.

Desde 1879 se habían producido varios ataques contra los nuevos fuertes pero el que arrasó Los Guañacos fue el único categóricamente exitoso. Ocurrió 141 años atrás, un 19 de enero.

La Campaña al Desierto estuvo lejos de ser el paseo que Roca había vendido con éxito en Buenos Aires. Que la guerra de agresión colonialista implicara un genocidio no debe confundir: la resistencia mapuche fue enconada.

En ella brilló un hombre que para la historia colonialista fue un cacique menor o capitanejo. Para la anticolonialista, un gran estratega que jamás se rindió: el longko Keupü.

PD: la obra es ilustrativa porque, como el longko Keupü nunca se presentó, no hay imágenes suyas. De Francisco Madero Marenco.

Fuente: Resumen Latinoamericano