Ambiente

EE.UU. sufre la peor sequía en 1200 años

El fenómeno del cambio climático está exacerbando la frecuencia, duración y gravedad de las sequías en todo el mundo. La comunidad científica coincide en sus proyecciones sobre el futuro climático, anticipando sequías que podrían ser hasta diez veces peor que las actuales a corto y medio plazo.

En algunas regiones del mundo ya están experimentando situaciones extremas como, por ejemplo, el suroeste de los Estados Unidos, que está enfrentando una "megasequía" que lleva ya 23 años y se cataloga como la peor en los últimos 1.200 años.

La megasequía se caracteriza por ser una crisis climática prolongada que afecta a los ecosistemas naturales, los sistemas agrícolas y los recursos hídricos humanos. A pesar de su impacto, los investigadores aún tienen una comprensión limitada de este fenómeno.

Los expertos advierten que situaciones como esta se volverán cada vez más comunes si no se logra detener el calentamiento global mediante una drástica reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Instituto de Investigación de la Atmósfera Seca de la Universidad de Virginia Occidental (WVU por sus siglas en inglés) está investigando este evento climático extremo. Utilizando datos de redes de estaciones científicas distribuidas en toda la región, están analizando las condiciones que han agotado las aguas subterráneas y la humedad del suelo, así como identificando las especies vegetales más afectadas en áreas conocidas como "tierras secas", donde la disponibilidad de agua limita la salud de los ecosistemas.

El término "tierras secas" se refiere a regiones donde la cantidad de agua en el suelo y en el aire determina la salud de la vegetación, como el caso de Utah, donde el clima cálido y seco predomina, a diferencia de Virginia Occidental, que cuenta con abundante agua. Según señala Kannenberg, uno de los investigadores, la salud de la vegetación está estrechamente ligada a la disponibilidad de agua en estas áreas.

Los árboles y las sequías

Para comprender mejor la historia climática de la región, los científicos también están utilizando métodos como el análisis de los anillos de crecimiento de los árboles. Estos análisis han revelado que la sequía actual, que lleva 23 años, es la más intensa de los últimos doce siglos.

Kannenberg está integrando datos de los anillos de crecimiento de los árboles con mediciones de humedad del suelo, niveles de aguas subterráneas y flujos de ecosistemas utilizando torres de flujo de covarianza de remolinos, conocidas como sofisticadas estaciones meteorológicas capaces de captar la respiración del ecosistema.

"Estas torres pueden cuantificar la cantidad de carbono que las plantas absorben de la atmósfera durante la fotosíntesis diurna y la cantidad que liberan durante la respiración nocturna, de manera similar a cómo respiramos nosotros", explica Kannenberg. Además, pueden medir la entrada de agua a través de la lluvia, la salida a la atmósfera a través de las plantas y la evaporación desde la superficie del suelo.

Se prevé un aumento en la frecuencia y gravedad de las megasequías en las próximas décadas, y los datos compilados por Kannenberg pueden servir para informar a los investigadores sobre diversos biomas, tanto en áreas secas como en aquellas no secas.

Las observaciones de Kannenberg respaldan los hallazgos de un estudio publicado hace dos años en Nature Climate Change por un equipo liderado por Park Williams, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Además, su investigación se enfoca en la captura de carbono. La capacidad de almacenamiento de carbono de la vegetación en tierras áridas está directamente influenciada por su tasa fotosintética, la cual depende de la disponibilidad de agua. Mientras que en los bosques del este de Estados Unidos este proceso es relativamente constante, en las tierras secas resulta impredecible.

"Tradicionalmente, las megasequías han sido eventos poco comunes, aunque a lo largo de la historia ha habido varios casos, y se espera que aumenten tanto en frecuencia como en severidad en el futuro", advierte Kannenberg.

Fuente: Noticias Ambientales