Necropolítica climáticaPor Julia K. Steinberger*
Nuestro tiempo está lleno de necropolíticas: el genocidio en Gaza demuestra qué poco valor tienen las vidas palestinas para los gobiernos europeos y estadounidense (mientras que Israel simplemente los quiere muertos). Y la geopolítica para los Emiratos Árabes Unidos es necropolítica para millones de personas en Sudán. Nuestras fronteras-fortaleza son necropolítica para los migrantes, y la austeridad es simplemente necropolítica económica. Todo ello funciona como un recordatorio constante de que, para quienes detentan el poder, nuestras vidas no valen nada (o incluso menos que nada).
La necropolítica climática opera a una escala aún mayor y más prolongada. El abrasamiento global nos coloca en condiciones de una cercanía cada vez más frecuente con la muerte: olas de calor mortales, megaincendios, inundaciones masivas. El suministro de alimentos se vuelve incierto, el agua potable escasea, se propagan nuevas enfermedades. Cada año nos toca de alguna de estas formas, mientras el ángel de la muerte climática sobrevuela cada vez más cerca nuestras casas.
Es un juego de espera y sufrimiento. Este año, creo que mi familia sobrevivirá a la ola de calor. ¿Pero y el año que viene? ¿Y el siguiente? Este año aún puedo mantener algunos árboles en nuestra ciudad regados y vivos. ¿Y el próximo año? ¿Y el siguiente? En algún momento, no será suficiente. Este año, los bosques de nuestra región no sufrieron demasiado: apenas unos pocos árboles murieron. ¿Y el año que viene? ¿Y el siguiente? Algún día, serán demasiados los que se sequen. Es solo cuestión de tiempo antes de que veamos las llamas de los incendios forestales arrastrándose sobre nuestras antaño verdes colinas, bajando a llenar de humo nuestros valles.
Bajo la necropolítica, cada decisión que tomamos se convierte en una cuestión de supervivencia, en prolongar el juego de la espera. Qué ropa me protegerá mejor en la ola de calor, qué barrio es menos propenso a inundarse. Qué apartamento elegir: aquellos que solían ser seguros, incluso deseables, se han convertido ahora en trampas de calor mortales. ¿Y qué pasa con quienes toman las decisiones equivocadas o quienes no pueden permitirse las correctas? Pierden más rápido, mueren en mayor número.
La necropolítica climática implica que estamos siendo sacrificados. No hay nada pasivo ni natural en este proceso. Aimé Césaire hablaba del "búmeran imperial", el proceso mediante el cual la violencia que comenzó contra las colonias sería reimportada hacia los colonizados. La necropolítica climática es el último búmeran imperial: las grandes fuerzas económicas e industriales que impulsaron a los países europeos a apoderarse de tierras y riquezas están ahora volviendo a casa, a escala planetaria.
Las grandes compañías de combustibles fósiles son los grandes poderes de nuestro tiempo, algunas incluso adoptando forma de Estado. Exxon-Mobil, BP, Shell, Gazprom, Saudi Aramco: todas han decidido que el poder y la riqueza valen más que todas nuestras vidas. No vemos a los directores ejecutivos de las compañías fósiles (y, por supuesto, a todos los que los apoyan) recorrer nuestros vecindarios como emisarios del ángel de la muerte, de casa en casa, llevándose aquí a una persona, allí a otra, a los campos de exterminio. Pero lo hacen, y saben que lo hacen. Han hecho el cálculo y nuestras vidas, bueno, simplemente no les importan.
Sentada en medio de la ola de calor europea, a las 4 de la mañana, cuando afuera casi se puede soportar, me pregunto qué cambiaría si pudiéramos reconocer a estos monstruos (por lo que son). Si pudiéramos reconocer la necropolítica como un ataque contra todos nosotros, si pudiéramos sentirnos motivados a luchar y resistir. Como cualquier poder colonizador, la industria de los combustibles fósiles y sus amigos han creado infraestructuras para mantener su poder. Estas van desde trampas legales hasta la desinformación masiva, desde la corrupción política hasta la creación de una cultura neoliberal de individuos impotentes. El alcance y la magnitud de estas infraestructuras son de por sí sobrecogedores, pero también muestran que ellos saben que podríamos -y querríamos- derrocarlos si tuviéramos siquiera media oportunidad.
Preparándome para el calor del día, me pregunto dónde podríamos encontrar esa media oportunidad...
* Investigadora y economista ecológica
Fuente: Climática
Por Julia K. Steinberger*
Nuestro tiempo está lleno de necropolíticas: el genocidio en Gaza demuestra qué poco valor tienen las vidas palestinas para los gobiernos europeos y estadounidense (mientras que Israel simplemente los quiere muertos). Y la geopolítica para los Emiratos Árabes Unidos es necropolítica para millones de personas en Sudán. Nuestras fronteras-fortaleza son necropolítica para los migrantes, y la austeridad es simplemente necropolítica económica. Todo ello funciona como un recordatorio constante de que, para quienes detentan el poder, nuestras vidas no valen nada (o incluso menos que nada).
La necropolítica climática opera a una escala aún mayor y más prolongada. El abrasamiento global nos coloca en condiciones de una cercanía cada vez más frecuente con la muerte: olas de calor mortales, megaincendios, inundaciones masivas. El suministro de alimentos se vuelve incierto, el agua potable escasea, se propagan nuevas enfermedades. Cada año nos toca de alguna de estas formas, mientras el ángel de la muerte climática sobrevuela cada vez más cerca nuestras casas.
Es un juego de espera y sufrimiento. Este año, creo que mi familia sobrevivirá a la ola de calor. ¿Pero y el año que viene? ¿Y el siguiente? Este año aún puedo mantener algunos árboles en nuestra ciudad regados y vivos. ¿Y el próximo año? ¿Y el siguiente? En algún momento, no será suficiente. Este año, los bosques de nuestra región no sufrieron demasiado: apenas unos pocos árboles murieron. ¿Y el año que viene? ¿Y el siguiente? Algún día, serán demasiados los que se sequen. Es solo cuestión de tiempo antes de que veamos las llamas de los incendios forestales arrastrándose sobre nuestras antaño verdes colinas, bajando a llenar de humo nuestros valles.
Bajo la necropolítica, cada decisión que tomamos se convierte en una cuestión de supervivencia, en prolongar el juego de la espera. Qué ropa me protegerá mejor en la ola de calor, qué barrio es menos propenso a inundarse. Qué apartamento elegir: aquellos que solían ser seguros, incluso deseables, se han convertido ahora en trampas de calor mortales. ¿Y qué pasa con quienes toman las decisiones equivocadas o quienes no pueden permitirse las correctas? Pierden más rápido, mueren en mayor número.
La necropolítica climática implica que estamos siendo sacrificados. No hay nada pasivo ni natural en este proceso. Aimé Césaire hablaba del "búmeran imperial", el proceso mediante el cual la violencia que comenzó contra las colonias sería reimportada hacia los colonizados. La necropolítica climática es el último búmeran imperial: las grandes fuerzas económicas e industriales que impulsaron a los países europeos a apoderarse de tierras y riquezas están ahora volviendo a casa, a escala planetaria.
Las grandes compañías de combustibles fósiles son los grandes poderes de nuestro tiempo, algunas incluso adoptando forma de Estado. Exxon-Mobil, BP, Shell, Gazprom, Saudi Aramco: todas han decidido que el poder y la riqueza valen más que todas nuestras vidas. No vemos a los directores ejecutivos de las compañías fósiles (y, por supuesto, a todos los que los apoyan) recorrer nuestros vecindarios como emisarios del ángel de la muerte, de casa en casa, llevándose aquí a una persona, allí a otra, a los campos de exterminio. Pero lo hacen, y saben que lo hacen. Han hecho el cálculo y nuestras vidas, bueno, simplemente no les importan.
Sentada en medio de la ola de calor europea, a las 4 de la mañana, cuando afuera casi se puede soportar, me pregunto qué cambiaría si pudiéramos reconocer a estos monstruos (por lo que son). Si pudiéramos reconocer la necropolítica como un ataque contra todos nosotros, si pudiéramos sentirnos motivados a luchar y resistir. Como cualquier poder colonizador, la industria de los combustibles fósiles y sus amigos han creado infraestructuras para mantener su poder. Estas van desde trampas legales hasta la desinformación masiva, desde la corrupción política hasta la creación de una cultura neoliberal de individuos impotentes. El alcance y la magnitud de estas infraestructuras son de por sí sobrecogedores, pero también muestran que ellos saben que podríamos -y querríamos- derrocarlos si tuviéramos siquiera media oportunidad.
Preparándome para el calor del día, me pregunto dónde podríamos encontrar esa media oportunidad...
* Investigadora y economista ecológica
Fuente: Climática