La reforma laboral amplifica las desigualdades de género: "El proyecto no tiene nada de flexible ni de modernizador" Las últimas cifras del mercado laboral muestran un deterioro de las tasas de empleo y formalidad en el grueso de la población, aunque se profundiza en las mujeres, que históricamente han experimentado en mayor medida la precarización y el desempleo. También son quienes se concentran en los empleos con peores condiciones y quienes sostienen de manera desigual las tareas domésticas no remuneradas. Si bien todavía no se conocen los detalles, la reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional -orientada a flexibilizar la regulación del empleo- promete incidir de manera negativa en el acceso de las mujeres al mercado de trabajo formal. En Chubut, el panorama se agrava: a pesar de algunos indicadores favorables, se registra una de las brechas de género más altas del país y una tendencia a la masculinización en los sectores de mayor productividad. "Va a ser mucho más difícil para las mujeres poder obtener espacios de representación con estas formas mucho más flexibilizadas de representación gremial", advirtió la politóloga e investigadora Renta Hiller.
Del fallido DNU a la reforma laboral
El proyecto que el Gobierno nacional enviará el 9 de diciembre al Congreso incluiría varios puntos que modifican aspectos clave del mercado laboral formal, del que forma parte poco más de la mitad de la población activa. Con la reforma se buscaría implementar convenios colectivos por empresa en lugar de paritarias, modificación de las indemnizaciones, aumentos salariales por productividad y, entre los más debatidos, la ampliación de la jornada laboral. En síntesis, mayor flexibilidad en las condiciones laborales y menos regulaciones para los acuerdos salariales.
Consultada sobre este escenario, la politóloga e investigadora Renata Hiller advirtió que todavía no hay precisión sobre los detalles de la reforma: "Hay proyectos dando vueltas, pero no está muy claro. Lo que hay y lo que probablemente la reforma levanta son alguna de las cosas que estaban en el DNU 70/2023. Más allá de que no sabemos exactamente el contenido, no tiene nada de nuevo, ni de flexible ni de modernizador, porque son las mismas propuestas con las que se viene insistiendo con el DNU y antes, desde la década del ‘90, siempre con el argumento de que tenemos una legislación de la década del ‘40".
"Eso es mentira, hay un dato que es muy representativo de esto, y que además afecta específicamente a las mujeres; el DNU 70/2023, por ejemplo, derogaba el derecho a la desconexión, el poder cortar la jornada laboral de quienes hacen teletrabajo para poder dedicarse a otras tareas que son básicamente las tareas domésticas. Es decir que la legislación con la que nos estamos manejando no es una legislación de hace 80 años, la Ley de Teletrabajo es del 2021, y lo que quieren venir a modificar son justamente algunas de las prerrogativas que las y los trabajadores pudieron conseguir, por ejemplo, con esa ley", cuestionó Hiller.
Especialistas y referentes gremiales advierten que la reforma supone un avance directo sobre los derechos de los trabajadores, en un mercado laboral signado por una tasa creciente de informalidad, sueldos de pobreza y pluriempleo. Las medidas favorecen a un reducido sector empresarial mientras ejercen más presión sobre los trabajadores.
El Gobierno de Milei había incluido cambios similares en la legislación laboral a través del DNU 70/2023 y la Ley Bases. Ese decreto planteaba la derogación de la Ley 25.323 sobre indemnizaciones laborales, la reducción de indemnizaciones por antigüedad, restricciones al derecho de huelga, la creación de nuevos "ilícitos sindicales" y la eliminación de sanciones por empleo no registrado. El capítulo laboral del decreto fue declarado inconstitucional por diversos fallos judiciales que concluyeron que vulneraba derechos fundamentales. Además, argumentaron que el Ejecutivo no tiene la facultad de legislar de forma permanente sobre materia laboral, lo que violenta la separación de poderes, y que no existía una situación de urgencia que justificara el uso de un DNU.
A través de la Ley Bases el Ejecutivo logró implementar parte de los cambios en materia laboral, después del fracaso de la Ley Omnibus, que también planteaba modificaciones en este sentido. Entre ellas, la posibilidad de que el Ejecutivo implemente una reforma administrativa en los organismos del Estado, la regulación de las relaciones laborales no registradas sin pago de la penalidad por la ejecución del delito, la extensión de tres meses hasta un año del período de prueba y la incorporación de trabajadores como "colaboradores" en emprendimientos productivos sin necesidad de que medie un vínculo de dependencia. En síntesis, la flexibilización de la relación laboral, con más presión y menos derechos para los trabajadores.
Nota relacionada: La Ley Bases amenaza de lleno los derechos laborales y jubilatorios de millones de mujeres
El punto más álgido de las reformas estuvo vinculado al régimen previsional: la Ley Bases dispuso la eliminación de la moratoria, una medida que había permitido que millones de personas sin los aportes necesarios pudiera jubilarse completando el faltante mediante un plan de pagos.
Los feminismos resistieron de manera colectiva los distintos avances sobre materia laboral, enfatizando el impacto desigual que tienen sobre las mujeres. La moratoria, por ejemplo, había sido una herramienta fundamental para las mujeres que no habían alcanzado los aportes por su menor inserción en el mercado laboral formal y su dedicación a las tareas domésticas no remuneradas.
La nueva reforma laboral, si bien en su aplicación incide de lleno en sus derechos, en el proyecto no contempla la subrepresentación femenina en el empleo formal, la alta tasa de informalidad y desempleo entre las mujeres ni hace foco en el aporte fundamental de las tareas domésticas y de cuidado para la Economía.
Un mercado de trabajo desigual
La reforma podría suponer un impacto diferencial en las mujeres, dado que su actividad laboral presenta grandes diferencias con la de los varones. Históricamente las mujeres registran niveles menores de actividad y empleo formal, cifras que han fluctuado en los últimos años con ciertas coyunturas pero que todavía no muestran un cambio profundo.
Según datos del INDEC del 2º trimestre 2025 la tasa de actividad de los varones está casi 20 puntos por encima de las mujeres (69,9% vs 52,1%). La tasa de empleo registra niveles similares: 47,6% en las mujeres y 64,9% en los varones. Para el caso de la desocupación, la tasa femenina (8,5%) sigue superando a la masculina (6,8%). Respecto al 2024, se evidencia una leve caída en los niveles de empleo para ambos sexos, mientras que la desocupación se mantiene prácticamente igual.
La pandemia implicó una fuerte caída en los niveles de empleo entre la población en general. En cuanto a la población femenina, recién en 2023 comenzaron a vislumbrarse valores cercanos a la pre-pandemia, aunque seguía siendo la más afectada por el desempleo con algunos puntos por encima de los varones, brecha que se incrementó durante el 2024 y 2025. Los motivos se explican, en parte, por la caída de la participación de las mujeres en el empleo formal durante la pandemia.
A pesar de los avances en materia de género (que hoy sufren un retroceso) el mercado laboral formal continúa segregando a las mujeres, quienes se concentran en sectores de menor productividad y más precarización.
Las mujeres, más expuestas a la informalidad
En palabras de Javier Milei, la reforma del régimen laboral tiene como objetivo "darle previsibilidad a las empresas e incentivar la contratación formal". "Por demasiado tiempo, la incertidumbre jurídica respecto al contenido de los contratos de trabajo ha empujado a cientos de miles de trabajadores a la informalidad", señaló el Presidente, una problemática visible en la última década en Argentina, en la medida en que la cantidad de trabajadores en informalidad amenaza con superar el empleo formal.
Aunque hoy el escenario es desfavorable para el grueso de la población, fenómenos como el desempleo y la informalidad se acentúan en las mujeres. La distancia entre la informalidad masculina y femenina se acortó en los últimos años aunque se registra un aumento general, que en el segundo trimestre del 2025 alcanzó el 43,2%, lo que implica un aumento de 1,6 puntos respecto al mismo período de 2024 y el nivel más alto desde 2008. Esto equivale a unas 9 millones de personas sobre un total de 21,1 millones de ocupados.
Según el informe "Panorama del empleo informal y la pobreza laboral" elaborado por el Area de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del IIEP, 4 de cada 10 argentinos trabaja sin registrar, es decir, está fuera de la seguridad social, la cobertura legal y los aportes previsionales. Las tasas más bajas se registraron en la Patagonia y el Gran Buenos Aires, mientras que las más altas están en la región de Cuyo, el Noreste y Noroeste del país.
Mujeres y jóvenes son el grupo más afectado por la informalidad. La cifra de informalidad entre las mujeres supera por dos puntos a la de los varones en todos los grupos etarios y entre los jóvenes de 16 a 24 se concentra la tasa más alta. Es decir que las mujeres de ese rango etario son actualmente el grupo donde más se profundiza la precarización laboral.
Según detalla el informe respecto a datos del 2024, "cuando se combinan ambos atributos se observa que son las mujeres jóvenes quienes exhiben la tasa de informalidad promedio más elevada, del 68%. En el otro extremo, los hombres de 45 a 65 años registran la tasa de informalidad más baja de todos estos grupos (33,4%)".
Por otro lado, las mujeres están expuestas "a trabajos precarios, sin acceso a la seguridad social -aportes jubilatorios, obra social, entre otros- ni al resto de los derechos laborales", según señala el Informe "La participación de las mujeres en el trabajo, el ingreso y la producción. Primer trimestre de 2023". Además, tienden a ocupar puestos de trabajo en sectores de menor remuneración y dinamismo, fenómeno que se conoce como paredes de cristal. Generalmente se insertan en sectores que implican extensiones de responsabilidades de cuidado doméstico: empleo doméstico, educación, salud y atención al público.
Tareas domésticas y de cuidado
Uno de los factores centrales a la hora de explicar las brechas de género en el mercado laboral es la distribución desigual del trabajo doméstico no remunerado. Las mujeres tienen una "doble jornada", compuesta por las horas dedicadas al trabajo remunerado y al trabajo doméstico, que supone grandes brechas para su formación, inserción laboral y ascenso profesional. En la última década los feminismos han logrado visibilizar el peso sustancial de estas tareas en la economía y la desproporción entre varones y mujeres. Hasta hace poco, también se había avanzado en el reconocimiento institucional de las tareas domésticas y de cuidado.
Un informe de la Dirección de Economía, Igualdad y Género, dependiente del Ministerio de Economía, analizó el aporte del trabajo no remunerado al Producto Bruto Interno (PBI) del país: en 2022 el trabajo doméstico y de cuidados representó cerca del 16% del PBI, convirtiéndose en la actividad con mayor aporte a la economía, por encima de la actividad industrial (13,2%) y comercio (13%).
En 2022 se publicó la actualización de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC. Los últimos datos disponibles eran del 2013 y venían de un módulo anexo a la Encuesta Permanente de Hogares. La movilización feminista logró poner en el centro del debate la importancia de discutir la distribución de los cuidados.
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A nivel nacional, el 91,6% de las mujeres participan en tareas domésticas y de cuidado, con un promedio de 6 horas y media por día, mientras que de los varones sólo lo hace el 73,9%, con un promedio de 3 horas y 40 minutos diarias. Los datos desagregados por provincia muestran un panorama unificado: en Patagonia, por ejemplo, el 93,6% de las mujeres y un 77% de los varones participan de las tareas domésticas. La otra diferencia se ve en el tiempo invertido en la ocupación, es decir, un empleo asalariado: en la región patagónica el 38,6% de las mujeres está ocupada mientras que en los varones esta cifra asciende al 53,3%.
El hecho de que una mayor proporción de mujeres realice trabajo no remunerado deriva en que su tasa de participación en el trabajo total (ya sea empleo asalariado o tareas domésticas) sea 4 puntos superior a la de los varones. Es decir, no trabajan menos sino que trabajan en mayor proporción en tareas no remuneradas. Aunque ha habido intentos de sistematizar y visibilizar estas tareas, sigue siendo una deuda del Estado implementar políticas de igualdad en torno a las tareas domésticas y de cuidado.
Una medida clave en este sentido se implementó en ANSES en 2021 con el Reconocimiento de aportes por tareas de cuidado, que permite a las madres completar sus aportes previsionales y acceder a la jubilación. Junto a la moratoria, habilitaban a muchas mujeres que se habían dedicado al trabajo no remunerado, y por ende, no habían podido participar plenamente del mercado laboral, a jubilarse.
Otro de los puntos que podrían estar presentes en la reforma está relacionado a las licencias por maternidad y paternidad, que históricamente han mostrado una notable distancia. Actualmente la licencia por maternidad es de 90 días corridos mientras que por paternidad es de 2 días corridos. La reforma del Ejecutivo ampliaría la licencia paternal a 14 días después del nacimiento del hijo, una cifra que todavía deja muy lejos la distribución equitativa de las tareas de cuidado.
Chubut, menos desempleo pero grandes brechas
Aunque las desigualdades persisten en todo el país, se acrecientan en ciertos contextos territoriales. Chubut muestra indicadores positivos de desocupación, desempleo y actividad en comparación a los valores nacionales. Sin embargo, si se miran los datos por género, la provincia todavía tiene grandes deudas con la plena incorporación de las mujeres al trabajo.
De acuerdo al informe de Fundar "¿Cómo trabajan las mujeres en las provincias argentinas?" (2023) Chubut tiene puntúa 74 sobre 100 en los índices de género, trabajo e ingresos, ubicándose entre las provincias con peor puntaje. El análisis mide diversas variables como la inserción laboral, el uso del tiempo y las oportunidades y la infraestructura de cuidados. Si bien señala que la igualdad en la tasa de actividad está por encima del promedio, con un 47% de mujeres activas, también se ubica como la provincia con la segunda brecha salarial más amplia del país: los varones cobran un ingreso un 33,6% que las mujeres.
Aunque algunas brechas provinciales lograron reducirse en los últimos años, todavía muestran diferencias de hasta 10 puntos con la brecha nacional, que según las últimas mediciones se ubica en un 25%. En 2023 Chubut y Santa Cruz lideraron el ranking de la brecha salarial, alcanzando el 35%. En el conglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, la brecha alcanzó la cifra más alta de todo el país, con 47,3%.
En Chubut prima, además, una marcada feminización de los empleos. Según datos del 2023, el 71,2% de los trabajadores de la Enseñanza y el 98,5% de quienes trabajan en casas particulares son mujeres. A la inversa, los varones se aglutinan en la Construcción, donde representan el 96,5% y en las actividades primarias, donde componen el 95,7%.
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Otros procesos inciden en la reconfiguración del mercado de trabajo provincial, como la crisis de la industria petrolera que supuso miles de despidos en Comodoro Rivadavia. Todavía no hay datos concretos que muestren cómo incidirá esta coyuntura en las brechas de género del empleo.
Derechos amenazados
Hiller enfatizó que es necesario tener en cuenta dos dimensiones para pensar el impacto de la reforma laboral: los derechos individuales y los derechos colectivos de la organización: "Me parece gravísimo sobre todo la segunda parte, porque los derechos individuales se pueden reconquistar, eventualmente, en otro momento; ahora si lo que afecta es la organización sindical y puntualmente a lo que se apunta es a la posibilidad de reemplazar los convenios colectivos de actividad por convenios colectivos por sector, por provincia, por empresa, eso es la muerte del sindicalismo".
La politóloga habló de un empeoramiento de las condiciones laborales de la población trabajadora en general y las mujeres en particular, sobre todo por el avance contra los derechos sindicales: "Esto afecta específicamente a las mujeres porque más allá de que no se logró sumar una mujer en el triunviro de la CGT -y eso también hay que decirlo-, se incorporaron criterios de paridad, de representación, y con lo que nos está costando este contexto, no quiero ni imaginar quienes van a ser los representantes de los trabajadores en estos gremios o como vayan a llamarse, que se den por empresa o por sector. Va a ser mucho más difícil para las mujeres poder obtener espacios de representación con estas formas mucho más flexibilizadas de representación gremial".
"Nosotrxs hablamos de la feminización del trabajo que no tiene que ver con mayor participación de mujeres sino con que las condiciones laborales de las mujeres hoy se extienden a las y los trabajadores más allá de su género, toda esta idea de la jornada flexible, de las vacaciones cuando quiere el empleador, definitivamente atentan contra derechos ya consagrados, y van flexibilizando y pauperizado cada vez más esas condiciones", enfatizó.
Hiller recordó que estas condiciones son derechos conquistados "que a las mujeres nos llevó muchísimo más tiempo adquirir", y citó como ejemplo la ley de formalización del trabajo de casas particulares (Ley 26.844, año 2013), un ámbito altamente feminizado. "Se logró como ley hace pocos años y aun así sigue siendo un porcentaje muy chico de trabajadoras registradas, y pensemos en esto, en que las condiciones laborales de todos los y las trabajadoras van a ser las mismas condiciones, y en las mismas condiciones de desigualdad que cuando una empleada de casas particulares le pregunta a su patrona si puede tomarse el día para llevar a su mamá al médico, o que le consulta cuando se va a poder tomar vacaciones, y que sus vacaciones no van a coincidir con la de sus hijxs", adelantó.
Y subrayó que "esa relación tan asimétrica que es la relación capital-trabajo solo puede tener algún tipo de resguardo si hay un tercero, en este caso el Estado, que media, brindando derechos".
"Yo invito a eso, imaginarnos a todas y a todes como trabajadores de casas particulares, no en desmedro de esa actividad pero sí reconociendo que es de las actividades con menor cobertura y que nos vamos a encontrar todos más o menos en esa condición", concluye.
En ninguno de los proyectos que han circulado hasta la fecha hay mención alguna a políticas orientadas a fortalecer la inserción laboral de mujeres y diversidades ni a subsanar la distribución desigual de las tareas de cuidado. Los puntos clave que se han discutido en torno a una reforma laboral prometen disparidad en el impacto en varones y mujeres y una notable amplificación de las desigualdades.
Aunque Javier Milei niega su existencia, la brecha de género creció en lo que va de su mandato. Las mujeres fueron las principales perjudicadas en la carrera del ahorro fiscal. Se registran aumentos en las tasas de desocupación y desempleo entre la población femenina, sobre todo en las jóvenes. El retroceso salarial fue mayor en las ramas más feminizadas y los recortes afectaron en mayor medida a los programas de ayuda social y asistencia alimentaria, cuyas principales beneficiarias son las jefas de hogar. A ello se suma el retroceso en las políticas previsionales y la invisibilización sistemática de las tareas domésticas y de cuidado.
Más allá del proyecto que sea presentado, la reforma implica una flexibilización de la regulación institucional del empleo formal, lo que había garantizado, en parte, la inserción y permanencia de mujeres en un mercado laboral que históricamente las había excluido.
Las últimas cifras del mercado laboral muestran un deterioro de las tasas de empleo y formalidad en el grueso de la población, aunque se profundiza en las mujeres, que históricamente han experimentado en mayor medida la precarización y el desempleo. También son quienes se concentran en los empleos con peores condiciones y quienes sostienen de manera desigual las tareas domésticas no remuneradas. Si bien todavía no se conocen los detalles, la reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional -orientada a flexibilizar la regulación del empleo- promete incidir de manera negativa en el acceso de las mujeres al mercado de trabajo formal. En Chubut, el panorama se agrava: a pesar de algunos indicadores favorables, se registra una de las brechas de género más altas del país y una tendencia a la masculinización en los sectores de mayor productividad. "Va a ser mucho más difícil para las mujeres poder obtener espacios de representación con estas formas mucho más flexibilizadas de representación gremial", advirtió la politóloga e investigadora Renta Hiller.
Del fallido DNU a la reforma laboral
El proyecto que el Gobierno nacional enviará el 9 de diciembre al Congreso incluiría varios puntos que modifican aspectos clave del mercado laboral formal, del que forma parte poco más de la mitad de la población activa. Con la reforma se buscaría implementar convenios colectivos por empresa en lugar de paritarias, modificación de las indemnizaciones, aumentos salariales por productividad y, entre los más debatidos, la ampliación de la jornada laboral. En síntesis, mayor flexibilidad en las condiciones laborales y menos regulaciones para los acuerdos salariales.
Consultada sobre este escenario, la politóloga e investigadora Renata Hiller advirtió que todavía no hay precisión sobre los detalles de la reforma: "Hay proyectos dando vueltas, pero no está muy claro. Lo que hay y lo que probablemente la reforma levanta son alguna de las cosas que estaban en el DNU 70/2023. Más allá de que no sabemos exactamente el contenido, no tiene nada de nuevo, ni de flexible ni de modernizador, porque son las mismas propuestas con las que se viene insistiendo con el DNU y antes, desde la década del ‘90, siempre con el argumento de que tenemos una legislación de la década del ‘40".
"Eso es mentira, hay un dato que es muy representativo de esto, y que además afecta específicamente a las mujeres; el DNU 70/2023, por ejemplo, derogaba el derecho a la desconexión, el poder cortar la jornada laboral de quienes hacen teletrabajo para poder dedicarse a otras tareas que son básicamente las tareas domésticas. Es decir que la legislación con la que nos estamos manejando no es una legislación de hace 80 años, la Ley de Teletrabajo es del 2021, y lo que quieren venir a modificar son justamente algunas de las prerrogativas que las y los trabajadores pudieron conseguir, por ejemplo, con esa ley", cuestionó Hiller.
Especialistas y referentes gremiales advierten que la reforma supone un avance directo sobre los derechos de los trabajadores, en un mercado laboral signado por una tasa creciente de informalidad, sueldos de pobreza y pluriempleo. Las medidas favorecen a un reducido sector empresarial mientras ejercen más presión sobre los trabajadores.
El Gobierno de Milei había incluido cambios similares en la legislación laboral a través del DNU 70/2023 y la Ley Bases. Ese decreto planteaba la derogación de la Ley 25.323 sobre indemnizaciones laborales, la reducción de indemnizaciones por antigüedad, restricciones al derecho de huelga, la creación de nuevos "ilícitos sindicales" y la eliminación de sanciones por empleo no registrado. El capítulo laboral del decreto fue declarado inconstitucional por diversos fallos judiciales que concluyeron que vulneraba derechos fundamentales. Además, argumentaron que el Ejecutivo no tiene la facultad de legislar de forma permanente sobre materia laboral, lo que violenta la separación de poderes, y que no existía una situación de urgencia que justificara el uso de un DNU.
A través de la Ley Bases el Ejecutivo logró implementar parte de los cambios en materia laboral, después del fracaso de la Ley Omnibus, que también planteaba modificaciones en este sentido. Entre ellas, la posibilidad de que el Ejecutivo implemente una reforma administrativa en los organismos del Estado, la regulación de las relaciones laborales no registradas sin pago de la penalidad por la ejecución del delito, la extensión de tres meses hasta un año del período de prueba y la incorporación de trabajadores como "colaboradores" en emprendimientos productivos sin necesidad de que medie un vínculo de dependencia. En síntesis, la flexibilización de la relación laboral, con más presión y menos derechos para los trabajadores.
Nota relacionada: La Ley Bases amenaza de lleno los derechos laborales y jubilatorios de millones de mujeres
El punto más álgido de las reformas estuvo vinculado al régimen previsional: la Ley Bases dispuso la eliminación de la moratoria, una medida que había permitido que millones de personas sin los aportes necesarios pudiera jubilarse completando el faltante mediante un plan de pagos.
Los feminismos resistieron de manera colectiva los distintos avances sobre materia laboral, enfatizando el impacto desigual que tienen sobre las mujeres. La moratoria, por ejemplo, había sido una herramienta fundamental para las mujeres que no habían alcanzado los aportes por su menor inserción en el mercado laboral formal y su dedicación a las tareas domésticas no remuneradas.
La nueva reforma laboral, si bien en su aplicación incide de lleno en sus derechos, en el proyecto no contempla la subrepresentación femenina en el empleo formal, la alta tasa de informalidad y desempleo entre las mujeres ni hace foco en el aporte fundamental de las tareas domésticas y de cuidado para la Economía.
Un mercado de trabajo desigual
La reforma podría suponer un impacto diferencial en las mujeres, dado que su actividad laboral presenta grandes diferencias con la de los varones. Históricamente las mujeres registran niveles menores de actividad y empleo formal, cifras que han fluctuado en los últimos años con ciertas coyunturas pero que todavía no muestran un cambio profundo.
Según datos del INDEC del 2º trimestre 2025 la tasa de actividad de los varones está casi 20 puntos por encima de las mujeres (69,9% vs 52,1%). La tasa de empleo registra niveles similares: 47,6% en las mujeres y 64,9% en los varones. Para el caso de la desocupación, la tasa femenina (8,5%) sigue superando a la masculina (6,8%). Respecto al 2024, se evidencia una leve caída en los niveles de empleo para ambos sexos, mientras que la desocupación se mantiene prácticamente igual.
La pandemia implicó una fuerte caída en los niveles de empleo entre la población en general. En cuanto a la población femenina, recién en 2023 comenzaron a vislumbrarse valores cercanos a la pre-pandemia, aunque seguía siendo la más afectada por el desempleo con algunos puntos por encima de los varones, brecha que se incrementó durante el 2024 y 2025. Los motivos se explican, en parte, por la caída de la participación de las mujeres en el empleo formal durante la pandemia.
A pesar de los avances en materia de género (que hoy sufren un retroceso) el mercado laboral formal continúa segregando a las mujeres, quienes se concentran en sectores de menor productividad y más precarización.
Las mujeres, más expuestas a la informalidad
En palabras de Javier Milei, la reforma del régimen laboral tiene como objetivo "darle previsibilidad a las empresas e incentivar la contratación formal". "Por demasiado tiempo, la incertidumbre jurídica respecto al contenido de los contratos de trabajo ha empujado a cientos de miles de trabajadores a la informalidad", señaló el Presidente, una problemática visible en la última década en Argentina, en la medida en que la cantidad de trabajadores en informalidad amenaza con superar el empleo formal.
Aunque hoy el escenario es desfavorable para el grueso de la población, fenómenos como el desempleo y la informalidad se acentúan en las mujeres. La distancia entre la informalidad masculina y femenina se acortó en los últimos años aunque se registra un aumento general, que en el segundo trimestre del 2025 alcanzó el 43,2%, lo que implica un aumento de 1,6 puntos respecto al mismo período de 2024 y el nivel más alto desde 2008. Esto equivale a unas 9 millones de personas sobre un total de 21,1 millones de ocupados.
Según el informe "Panorama del empleo informal y la pobreza laboral" elaborado por el Area de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del IIEP, 4 de cada 10 argentinos trabaja sin registrar, es decir, está fuera de la seguridad social, la cobertura legal y los aportes previsionales. Las tasas más bajas se registraron en la Patagonia y el Gran Buenos Aires, mientras que las más altas están en la región de Cuyo, el Noreste y Noroeste del país.
Mujeres y jóvenes son el grupo más afectado por la informalidad. La cifra de informalidad entre las mujeres supera por dos puntos a la de los varones en todos los grupos etarios y entre los jóvenes de 16 a 24 se concentra la tasa más alta. Es decir que las mujeres de ese rango etario son actualmente el grupo donde más se profundiza la precarización laboral.
Según detalla el informe respecto a datos del 2024, "cuando se combinan ambos atributos se observa que son las mujeres jóvenes quienes exhiben la tasa de informalidad promedio más elevada, del 68%. En el otro extremo, los hombres de 45 a 65 años registran la tasa de informalidad más baja de todos estos grupos (33,4%)".
Por otro lado, las mujeres están expuestas "a trabajos precarios, sin acceso a la seguridad social -aportes jubilatorios, obra social, entre otros- ni al resto de los derechos laborales", según señala el Informe "La participación de las mujeres en el trabajo, el ingreso y la producción. Primer trimestre de 2023". Además, tienden a ocupar puestos de trabajo en sectores de menor remuneración y dinamismo, fenómeno que se conoce como paredes de cristal. Generalmente se insertan en sectores que implican extensiones de responsabilidades de cuidado doméstico: empleo doméstico, educación, salud y atención al público.
Tareas domésticas y de cuidado
Uno de los factores centrales a la hora de explicar las brechas de género en el mercado laboral es la distribución desigual del trabajo doméstico no remunerado. Las mujeres tienen una "doble jornada", compuesta por las horas dedicadas al trabajo remunerado y al trabajo doméstico, que supone grandes brechas para su formación, inserción laboral y ascenso profesional. En la última década los feminismos han logrado visibilizar el peso sustancial de estas tareas en la economía y la desproporción entre varones y mujeres. Hasta hace poco, también se había avanzado en el reconocimiento institucional de las tareas domésticas y de cuidado.
Un informe de la Dirección de Economía, Igualdad y Género, dependiente del Ministerio de Economía, analizó el aporte del trabajo no remunerado al Producto Bruto Interno (PBI) del país: en 2022 el trabajo doméstico y de cuidados representó cerca del 16% del PBI, convirtiéndose en la actividad con mayor aporte a la economía, por encima de la actividad industrial (13,2%) y comercio (13%).
En 2022 se publicó la actualización de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC. Los últimos datos disponibles eran del 2013 y venían de un módulo anexo a la Encuesta Permanente de Hogares. La movilización feminista logró poner en el centro del debate la importancia de discutir la distribución de los cuidados.
Nota relacionada: "Eso que llaman amor es trabajo no pago": Las tareas del hogar representan 16% del PBI nacional y recaen sobre mujeres
A nivel nacional, el 91,6% de las mujeres participan en tareas domésticas y de cuidado, con un promedio de 6 horas y media por día, mientras que de los varones sólo lo hace el 73,9%, con un promedio de 3 horas y 40 minutos diarias. Los datos desagregados por provincia muestran un panorama unificado: en Patagonia, por ejemplo, el 93,6% de las mujeres y un 77% de los varones participan de las tareas domésticas. La otra diferencia se ve en el tiempo invertido en la ocupación, es decir, un empleo asalariado: en la región patagónica el 38,6% de las mujeres está ocupada mientras que en los varones esta cifra asciende al 53,3%.
El hecho de que una mayor proporción de mujeres realice trabajo no remunerado deriva en que su tasa de participación en el trabajo total (ya sea empleo asalariado o tareas domésticas) sea 4 puntos superior a la de los varones. Es decir, no trabajan menos sino que trabajan en mayor proporción en tareas no remuneradas. Aunque ha habido intentos de sistematizar y visibilizar estas tareas, sigue siendo una deuda del Estado implementar políticas de igualdad en torno a las tareas domésticas y de cuidado.
Una medida clave en este sentido se implementó en ANSES en 2021 con el Reconocimiento de aportes por tareas de cuidado, que permite a las madres completar sus aportes previsionales y acceder a la jubilación. Junto a la moratoria, habilitaban a muchas mujeres que se habían dedicado al trabajo no remunerado, y por ende, no habían podido participar plenamente del mercado laboral, a jubilarse.
Otro de los puntos que podrían estar presentes en la reforma está relacionado a las licencias por maternidad y paternidad, que históricamente han mostrado una notable distancia. Actualmente la licencia por maternidad es de 90 días corridos mientras que por paternidad es de 2 días corridos. La reforma del Ejecutivo ampliaría la licencia paternal a 14 días después del nacimiento del hijo, una cifra que todavía deja muy lejos la distribución equitativa de las tareas de cuidado.
Chubut, menos desempleo pero grandes brechas
Aunque las desigualdades persisten en todo el país, se acrecientan en ciertos contextos territoriales. Chubut muestra indicadores positivos de desocupación, desempleo y actividad en comparación a los valores nacionales. Sin embargo, si se miran los datos por género, la provincia todavía tiene grandes deudas con la plena incorporación de las mujeres al trabajo.
De acuerdo al informe de Fundar "¿Cómo trabajan las mujeres en las provincias argentinas?" (2023) Chubut tiene puntúa 74 sobre 100 en los índices de género, trabajo e ingresos, ubicándose entre las provincias con peor puntaje. El análisis mide diversas variables como la inserción laboral, el uso del tiempo y las oportunidades y la infraestructura de cuidados. Si bien señala que la igualdad en la tasa de actividad está por encima del promedio, con un 47% de mujeres activas, también se ubica como la provincia con la segunda brecha salarial más amplia del país: los varones cobran un ingreso un 33,6% que las mujeres.
Aunque algunas brechas provinciales lograron reducirse en los últimos años, todavía muestran diferencias de hasta 10 puntos con la brecha nacional, que según las últimas mediciones se ubica en un 25%. En 2023 Chubut y Santa Cruz lideraron el ranking de la brecha salarial, alcanzando el 35%. En el conglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, la brecha alcanzó la cifra más alta de todo el país, con 47,3%.
En Chubut prima, además, una marcada feminización de los empleos. Según datos del 2023, el 71,2% de los trabajadores de la Enseñanza y el 98,5% de quienes trabajan en casas particulares son mujeres. A la inversa, los varones se aglutinan en la Construcción, donde representan el 96,5% y en las actividades primarias, donde componen el 95,7%.
Nota relacionada: El impacto desigual de la crisis petrolera en las mujeres: "Es probable que las brechas de género se hayan acrecentado"
Otros procesos inciden en la reconfiguración del mercado de trabajo provincial, como la crisis de la industria petrolera que supuso miles de despidos en Comodoro Rivadavia. Todavía no hay datos concretos que muestren cómo incidirá esta coyuntura en las brechas de género del empleo.
Derechos amenazados
Hiller enfatizó que es necesario tener en cuenta dos dimensiones para pensar el impacto de la reforma laboral: los derechos individuales y los derechos colectivos de la organización: "Me parece gravísimo sobre todo la segunda parte, porque los derechos individuales se pueden reconquistar, eventualmente, en otro momento; ahora si lo que afecta es la organización sindical y puntualmente a lo que se apunta es a la posibilidad de reemplazar los convenios colectivos de actividad por convenios colectivos por sector, por provincia, por empresa, eso es la muerte del sindicalismo".
La politóloga habló de un empeoramiento de las condiciones laborales de la población trabajadora en general y las mujeres en particular, sobre todo por el avance contra los derechos sindicales: "Esto afecta específicamente a las mujeres porque más allá de que no se logró sumar una mujer en el triunviro de la CGT -y eso también hay que decirlo-, se incorporaron criterios de paridad, de representación, y con lo que nos está costando este contexto, no quiero ni imaginar quienes van a ser los representantes de los trabajadores en estos gremios o como vayan a llamarse, que se den por empresa o por sector. Va a ser mucho más difícil para las mujeres poder obtener espacios de representación con estas formas mucho más flexibilizadas de representación gremial".
"Nosotrxs hablamos de la feminización del trabajo que no tiene que ver con mayor participación de mujeres sino con que las condiciones laborales de las mujeres hoy se extienden a las y los trabajadores más allá de su género, toda esta idea de la jornada flexible, de las vacaciones cuando quiere el empleador, definitivamente atentan contra derechos ya consagrados, y van flexibilizando y pauperizado cada vez más esas condiciones", enfatizó.
Hiller recordó que estas condiciones son derechos conquistados "que a las mujeres nos llevó muchísimo más tiempo adquirir", y citó como ejemplo la ley de formalización del trabajo de casas particulares (Ley 26.844, año 2013), un ámbito altamente feminizado. "Se logró como ley hace pocos años y aun así sigue siendo un porcentaje muy chico de trabajadoras registradas, y pensemos en esto, en que las condiciones laborales de todos los y las trabajadoras van a ser las mismas condiciones, y en las mismas condiciones de desigualdad que cuando una empleada de casas particulares le pregunta a su patrona si puede tomarse el día para llevar a su mamá al médico, o que le consulta cuando se va a poder tomar vacaciones, y que sus vacaciones no van a coincidir con la de sus hijxs", adelantó.
Y subrayó que "esa relación tan asimétrica que es la relación capital-trabajo solo puede tener algún tipo de resguardo si hay un tercero, en este caso el Estado, que media, brindando derechos".
"Yo invito a eso, imaginarnos a todas y a todes como trabajadores de casas particulares, no en desmedro de esa actividad pero sí reconociendo que es de las actividades con menor cobertura y que nos vamos a encontrar todos más o menos en esa condición", concluye.
En ninguno de los proyectos que han circulado hasta la fecha hay mención alguna a políticas orientadas a fortalecer la inserción laboral de mujeres y diversidades ni a subsanar la distribución desigual de las tareas de cuidado. Los puntos clave que se han discutido en torno a una reforma laboral prometen disparidad en el impacto en varones y mujeres y una notable amplificación de las desigualdades.
Aunque Javier Milei niega su existencia, la brecha de género creció en lo que va de su mandato. Las mujeres fueron las principales perjudicadas en la carrera del ahorro fiscal. Se registran aumentos en las tasas de desocupación y desempleo entre la población femenina, sobre todo en las jóvenes. El retroceso salarial fue mayor en las ramas más feminizadas y los recortes afectaron en mayor medida a los programas de ayuda social y asistencia alimentaria, cuyas principales beneficiarias son las jefas de hogar. A ello se suma el retroceso en las políticas previsionales y la invisibilización sistemática de las tareas domésticas y de cuidado.
Más allá del proyecto que sea presentado, la reforma implica una flexibilización de la regulación institucional del empleo formal, lo que había garantizado, en parte, la inserción y permanencia de mujeres en un mercado laboral que históricamente las había excluido.

