Opinión

La Doctrina Monroe en la era de la piratería

Por Geraldina Colotti

Que las maniobras de agresión de EE. UU. en el Caribe no tenían como objetivo el narcotráfico, lo dicen los informes de las instituciones encargadas de analizar este fenómeno de alcance global: Informes de la ONU, de la DEA, de la Unión Europea y de la Organización Mundial de Aduanas, durante varios años, revelan que Venezuela es un país «irrelevante» en producción y tráfico de drogas. Tanto es así que Venezuela ha decomisado el 70% de lo que han intentado pasar por territorio venezolano, que no supera el 6 por ciento del tráfico total entre Ecuador, Colombia y Estados Unidos.

Que las intervenciones del imperialismo estadounidense en los cuatro rincones del mundo no fuesen precisamente por motivos «humanitarios» o democráticos, lo testimonia la larga estela de sangre que ha dejado en el Sur Global. Un reciente artículo del New York Times recuerda la lista impresionante de estas agresiones en el curso de la historia pasada y reciente: llegando hasta la idea de imponer al continente latinoamericano una nueva Doctrina Monroe, y a los «aliados» una nueva subalternidad económico-financiera y militar.

Que estaban en juego intereses gigantescos, lo dice la desproporción de medios militares y los altísimos costos que implican estas operaciones. Que estos intereses apuntan a apropiarse de los formidables recursos de Venezuela lo demuestran las declaraciones directas pronunciadas por Donald Trump y Marco Rubio, y el documento sobre la seguridad de EE. UU. Un texto que relata como el presidente es «el más lúcido» en años, ya que reconoce el fracaso de la hegemonía estadounidense de los últimos 80 años y busca refugio en el hemisferio occidental para obtener victorias.

Su estrategia no cambia en absoluto el carácter supremacista, intervencionista y agresor del imperialismo, sino que lo reformula. Intereses a los que la candidata a premio nobel de la paz Machado afirma querer abrir las puertas en caso de alcanzar sus objetivos de llegar al poder en Venezuela.

Trump necesita el petroleo de Venezuela. Las reservas de petróleo en Estados Unidos registraron la semana pasada una caída, mayor a la esperada por los analistas. Durante el periodo de siete días que finalizó el 5 de diciembre, los depósitos disminuyeron alrededor de 1,8 millones de barriles, mientras que los analistas preveían una baja de unos 1,3 millones de barriles. En total, sin la reserva estratégica, las existencias se situaron en 425,7 millones de barriles.

La reserva estratégica, por su parte, aumentó ligeramente hasta 411,9 millones de barriles, el nivel más alto desde septiembre de 2022. Este dato evidencia una reducción de los stocks comerciales de petróleo de EE. UU. que fue más significativa respecto a las expectativas del mercado en aquel periodo.

Pero el caso del petrolero abordado por EE. UU. hace patente el uso instrumental de la mentira de la lucha contra el narcotráfico. Es necesario relatar la piratería internacional y el paso a una nueva fase de violación del derecho internacional, iniciada de manera notoria con el genocidio en Palestina, para enmarcar esta acción. El robo del petrolero, que transportaba 1.900.000 barriles de crudo, es la expresión directa de la agresión económica y militar.

La acción denunciada por el gobierno bolivariano, por presidentes progresistas y movimientos populares recuerda que no es un incidente aislado, sino que se enmarca claramente en la estrategia imperialista de asfixia económica contra Venezuela, un país que, desde una perspectiva de solidaridad y autodeterminación, ha ofrecido apoyo petrolero a naciones vecinas. El bloqueo económico y las acciones de fuerza como esta golpean directamente al pueblo venezolano y a su gobierno en su capacidad para comerciar libremente, y amenazan a Cuba, Nicaragua y a todo el continente latinoamericano.

Este acto criminal revela una profunda motivación estratégica y geopolítica. El secuestro, ocurrido en aguas internacionales «mucho más al norte de Trinidad y Tobago, hacia las islas de Granada,» como confirmó el Presidente Nicolás Maduro, fue perpetrado en una zona de valor estratégico incalculable.

Es un hecho - muestra una investigación del periodista Marcos Salgado - que Estados Unidos ha instalado un radar de última generación en Trinidad y Tobago. La zona es de vital importancia para el transporte de cargas marítimas y de petróleo, sirviendo como vía de ingreso y egreso del Atlántico al Caribe y, estratégicamente, para el acceso al Canal de Panamá. La acción se enmarca así en una clara estrategia para controlar y militarizar esta crucial vía marítima que conecta el Atlántico con el Pacífico.

Además, se desestiman las especulaciones sobre un presunto destino cubano de la carga: el buque fue interceptado con un rumbo casi Este, saliendo del Mar Caribe hacia el Atlántico, y no Noroeste. Esto confirma que el objetivo no era una carga específica, sino la reafirmación de un control hegemónico mediante la piratería.

Este acto no solo viola flagrantemente el derecho internacional y la soberanía nacional, sino que también constituye un grave crimen humanitario, ya que los miembros de la tripulación fueron secuestrados y están actualmente desaparecidos. El Presidente Maduro ha denunciado con razón la inauguración de una «nueva era: la de la piratería naval, criminal en el Caribe.»

Desde el punto de vista de la lucha de clases, el robo de este recurso y el ataque a la soberanía nacional representan un intento del capital financiero y el aparato estatal imperialista de reafirmar su dominio y destruir toda alternativa económica basada en la solidaridad y en la ruptura con los dictados neoliberales.

El incremento de la "presión" sobre Caracas es evidente también a través de la emisión de nuevas "sanciones" contra Venezuela, al imponer restricciones a seis petroleros y compañías navieras vinculadas con estos buques. Cuatro de estos petroleros, incluyendo el H. Constance, construido en 2002, y el Lattafa, de 2003, tienen bandera panameña, mientras que los otros dos tienen banderas de las Islas Cook y Hong Kong. Todos son superpetroleros que recientemente cargaron crudo en Venezuela.

La incautación del buque fue la primera de un cargamento de petróleo venezolano desde que están vigentes las "sanciones" de 2019 y la primera acción conocida tras el despliegue militar masivo de EE. UU. en la región. Tales acciones podrían generar retrasos a corto plazo en las exportaciones de crudo venezolano.

Más de 30 buques petroleros sancionados y que hacen negocios en Venezuela podrían estar en riesgo. Lo ocurrido ha alertado a agencias navieras y operadores, que están reconsiderando si zarparán de las aguas venezolanas. Incluso antes del secuestro, las sanciones habían dejado a varios petroleros cargados con el hidrocarburo esperando por semanas y hasta meses para poder zarpar.

En el momento del incidente, alrededor de 80 buques cargados con petróleo o en espera de cargar estaban en aguas territoriales venezolanas, incluyendo las 30 embarcaciones sancionadas. La compañía naviera Frontline estima que un 15% de la flota mundial de grandes buques transportadores de petróleo ha sido afectada por las sanciones impuestas por el país norteamericano.

A pesar de la agresión, la producción petrolera venezolana ha mostrado resiliencia. La producción petrolera (según informó la Ministra Delcy Rodríguez) aumentó a 1,17 millones de bpd en noviembre, desde los 1,13 millones de bpd del mes anterior, y se consolidó en 1 millón de barriles diarios (bpd) en octubre y noviembre, permaneciendo fuera del sistema de cuotas OPEP+.

La naturaleza «extrajudicial» de las operaciones de EE. UU. ha suscitado reacciones incluso en Europa:

El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, se ha mantenido en contacto constante con Nicolás Maduro para reafirmar el apoyo de Rusia al gobierno bolivariano y para ofrecer sus «dotes diplomáticas» ante el aseguramiento del buque petrolero. Este respaldo diplomático y la solidaridad rusa se enmarcan en una política de resistencia mutua a las medidas coercitivas unilaterales.

Moscú utiliza el mismo término de «piratería» para condenar las acciones estadounidenses en el Caribe, reafirmando que las operaciones «extrajudiciales son inaceptables porque debilitan el derecho internacional».

La respuesta más profunda de Rusia a la presión estadounidense se manifiesta en la aceleración y consolidación de la cooperación económica bilateral, especialmente en el sector energético, vital para ambos países que enfrentan "sanciones".

En noviembre de 2025, Venezuela y Rusia reforzaron su alianza energética con la prórroga de operaciones petroleras hasta el año 2041. Este acuerdo, que abarca campos como Boquerón y Perijá, implica una inversión estimada de 616 millones de dólares y busca mantener activos los proyectos conjuntos, con una meta de producción que rondaría los 91 millones de barriles totales.

A inicios de la segunda semana de diciembre de 2025, el Presidente Maduro anunció la firma de 19 nuevos acuerdos de cooperación entre Rusia y Venezuela. Estos documentos se suscribieron en un contexto de tensión creciente, consolidando una alianza estratégica que abarca energía, minería, finanzas y defensa, e incluye iniciativas para crear una infraestructura financiera independiente de los sistemas occidentales.

Esta profundización de la alianza económica con Rusia y otros actores del Sur Global (como China) no es solo una medida de supervivencia, sino la construcción práctica de un bloque alternativo al sistema capitalista-imperialista dominado por el dólar y por los dictados de Washington.

Por el mundo multipolar, la acción estadounidense se configura como un acto de piratería flagrante dirigido al control de los recursos estratégicos de Venezuela y a la destrucción de su soberanía económica, en un marco de crisis hegemónica global.

Y en el marco de la Internacional antifascista e de las Brigadas internacional de solidaridad con Venezuela, la plataforma Rompiendo fronteras comunicando alternativas - una plataforma internacional de comunicación antagonista y liberadora, con su trabajo constante en África, América, Asia y Europa y más de cincuenta nodos que participan en la Internacional antifascista -, cumpliendo su mandato de informar, formar y mobilizar, denuncia enérgicamente el acto de piratería internacional perpetrado por la administración estadounidense; exige la liberación inmediata del buque petrolero y sus legítimos bienes, la localización y liberación de la tripulación secuestrada, y la condena internacional de esta política de agresión económica y militar. Y llama los pueblos a la acción.