"A los hombres se los infantiliza para que no se responsabilicen de sus agresiones sexuales"Por Zuriñe Rodriguez
La investigadora feminista apunta que el punitivismo están funcionando, pero contra las mujeres, a base de demandas y de estrategias de aleccionamiento directo.
La politóloga e investigadora feminista Nerea Barjola (1980) ha dedicado las últimas décadas de su vida a explicar cómo opera la violencia sexual contra las mujeres. Lo ha hecho acuñando términos como el de microfísica sexista del poder, que nos ayuda a entender qué mecanismos sociales disciplinan los cuerpos de las mujeres. También ha investigado la violencia sexual en la infancia y el machismo contra las mujeres en la industria del cine y audiovisual. Cree profundamente en la autodefensa feminista y defiende que contar las violencias machistas que sufrimos es un acto político y transformador. Eso sí, está preocupada con la reacción antifeminista, el encubrimiento a hombres agresores y el auge del fascismo. De todo ello, habla con Pikara Magazine.
Llegamos a fin de año y toca hacer balance la violencia feminicida. Llevamos semanas añadiendo asesinatos al contador. ¿Qué análisis haces de la situación?
Me preocupa mucho la naturalización de los asesinatos. Hemos conseguido nombrarlos como violencia machista, pero forman parte de nuestro paisaje diario. Con esa normalización los estamos vaciando de contenido político y estamos dejando de explicar la ideología que hay detrás. El efecto es que inhibimos la respuesta y la posibilidad de transformación.
Parece que los últimos años se está visibilizando más la violencia contra la infancia, pero todavía cuesta entender que hay una violencia específica hacia ella. ¿Por qué?
Creo que no cuesta entender la existencia de esa violencia específica. Lo que cuesta es verbalizarla y visibilizarla. Hay muchos profesionales trabajando en la creación de espacios seguros para que puedan hablar. Pero vivimos en un sistema patriarcal y adultocéntrico donde los menores son desposeídos de sus derechos. Por eso, los victimizamos y vulnerabilizamos. La violencia sexual contra la infancia supone fraccionar todo el sistema relacional familiar. Supone romper la lealtad a la familia porque son los hombres cercanos, padres, amigos y primos, quienes la están ejerciendo. Significa tocar una tecla fundamental del sistema heteropatriarcal.
«La reacción antifeminista tiene que ver con la ruptura de la impunidad que estamos consiguiendo»
También ha sido el año de que hacer caer a algunos hombres con cierto poder: Luis Rubiales, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero o Paco Salazar ¿Se está quebrando la impunidad de los hombres con poder o es poca cosa?
No me interesa tanto que hayan caído hombres con poder, sino lo que estamos quebrando con ello. Cuando ellos caen estamos haciendo caer todo un sistema de valores y unas formas de hacer. Por eso, la gran reacción antifeminista tiene que ver con esta ruptura de la impunidad que estamos consiguiendo. Si están saliendo estos nombres es por la valentía de muchas mujeres que se están atreviendo a denunciar públicamente en un sistema que las va a victimizar y violentar. La violencia a las que se someten por romper el silencio es brutal, y eso hay que decirlo. Además, no están saliendo todo lo que debería. Hay medios de comunicación que no están publicando casos de agresión sexual que están completamente documentados para proteger a los agresores. Están silenciando a las víctimas.
Está costando. Además de algunos medios, hay una red muy grande gente que les sostiene. ¿Cómo está operando todo esto?
Se nos hace muy difícil mirar de frente a estos hombres, porque los queremos y son cercanos, pero también son agresores. Por eso esa red les sostiene. Mirarlos de frente supone romper con el estereotipo de que el agresor es alguien que está en un callejón oscuro y no tu compañero de vida.
«Por supuesto que está funcionando el punitivismo, pero contra nosotras»
También hay voces que dicen que hay venganza y poco cuidado en las estrategias para quebrar la impunidad patriarcal. Dicen que eso es punitivismo y que la solución pasa por otros lugares. ¿Qué te sugiere todo esto?
A mí me gustaría que estas críticas, además de que están construidas con frases fáciles y que impactan, tuviesen alguna argumentación. ¿A qué se refieren con venganza? ¿Venganza es romper el silencio con todo lo que cuesta hacerlo? ¿Venganza es identificar al agresor? ¿Qué es exactamente? Estos argumentos, en realidad, lo que demuestran es un desconocimiento tremendo de cómo funcionan las violencias sexuales y la reparación. El punitivismo hoy en día es otra cosa. Es lo que está sucediéndoles a compañeras que han puesto el cuerpo y que están siendo demandadas por algo tan antiguo como es el honor de los hombres. En este momento, la judicatura es el brazo ejecutor al que se están agarrando los agresores. Por supuesto que está funcionando el punitivismo, pero contra nosotras, a base de demandas que no podemos pagar y de estrategias de aleccionamiento directo. Hay una cosa que tiene que quedar clara: los agresores no caen nunca por el testimonio de las mujeres, los agresores caen por sus actos y eso implica una serie de consecuencias. A las mujeres se nos infantiliza para sexualizarnos y a ellos los infantilizamos para no responsabilizarles de sus agresiones sexuales.
Hay algunas propuestas a favor de la justicia restaurativa. ¿Qué es exactamente lo valioso de esa justicia y dónde están sus límites?
A mí me gusta más hablar de justicia reparadora. Cualquier iniciativa que busque reparar debe pasar por poner en el centro los deseos, tiempos y necesidades de las víctimas. Hay que cuidar los procesos y hay que hacerlo de forma colectiva. Tengo la sensación de que se habla de reparar muy a la ligera y que hay quien está entendiendo que reparar significa volver al punto anterior tras un tiempo de silencio. Eso no es posible. En un proceso de reparación no puede haber una única mediadora, sino un equipo multidisciplinar, experto en violencia sexual y en trauma. Las mujeres cuando están rompiendo el silencio lo están haciendo en términos de reparación y no de estrategia. Es una forma de permitirse soltar lo que llevan años callando y que ha tenido unos impactos en sus cuerpos y sus vidas tremendos. Por eso el testimonio es un acto político transformador.
También es verdad que cuesta creer en la justicia ordinaria. Hace unos días conocíamos la sentencia que absolvía a 21 fundamentalistas antiabortistas que coaccionaban a mujeres que iban a abortar. ¿De qué herramientas nos tenemos que dotar para acudir cuando queramos a ella y evitar la revictimización o la frustración?
Nos lo están poniendo difícil, la verdad, pero hay mujeres que no quieren denunciar y hay otras que quieren hacerlo. Por eso hay que pensar cómo acompañamos este derecho para evitar la revictimización y conseguir el reconocimiento. Lo verdadero y lo justo, a veces, son sustituidos por la sentencia. Teniendo en cuenta esto, y, sabiendo que el fin último no es el establecimiento de la verdad, que haya mujeres que estén consiguiendo pelearlo en el sistema me parece que es algo que hay que poner en valor más allá de argumentos punitivistas. No perdamos de vista que la pelea no es judicial, es siempre discursiva y simbólica.
Hay quien se está haciendo una gira vendiendo libros que hablan de denuncias falsas y negando la violencia machista. ¿Qué les dirías?
No les diría nada, les llamaría fascistas. Niegan la violencia porque la usan. Es su forma de justificarse y de validar su régimen.
Ahora en España todo es ambiente prelectoral. Llegan los grandes titulares y la construcción de los marcos mediáticos. La derecha aprovecha para meter su discurso racista y une violencia machista e inmigración. ¿Puede calar este marco?
Está calando. Es salvar al hombre blanco y decir que no agrede para lavar su imagen. Los datos demuestran que no es así. Con esto hay que ser radicales y nuestro discurso no solo tiene que ser feminista sino también antirracista.
Fuente: Pikara Magazine
Por Zuriñe Rodriguez
La investigadora feminista apunta que el punitivismo están funcionando, pero contra las mujeres, a base de demandas y de estrategias de aleccionamiento directo.
La politóloga e investigadora feminista Nerea Barjola (1980) ha dedicado las últimas décadas de su vida a explicar cómo opera la violencia sexual contra las mujeres. Lo ha hecho acuñando términos como el de microfísica sexista del poder, que nos ayuda a entender qué mecanismos sociales disciplinan los cuerpos de las mujeres. También ha investigado la violencia sexual en la infancia y el machismo contra las mujeres en la industria del cine y audiovisual. Cree profundamente en la autodefensa feminista y defiende que contar las violencias machistas que sufrimos es un acto político y transformador. Eso sí, está preocupada con la reacción antifeminista, el encubrimiento a hombres agresores y el auge del fascismo. De todo ello, habla con Pikara Magazine.
Llegamos a fin de año y toca hacer balance la violencia feminicida. Llevamos semanas añadiendo asesinatos al contador. ¿Qué análisis haces de la situación?
Me preocupa mucho la naturalización de los asesinatos. Hemos conseguido nombrarlos como violencia machista, pero forman parte de nuestro paisaje diario. Con esa normalización los estamos vaciando de contenido político y estamos dejando de explicar la ideología que hay detrás. El efecto es que inhibimos la respuesta y la posibilidad de transformación.
Parece que los últimos años se está visibilizando más la violencia contra la infancia, pero todavía cuesta entender que hay una violencia específica hacia ella. ¿Por qué?
Creo que no cuesta entender la existencia de esa violencia específica. Lo que cuesta es verbalizarla y visibilizarla. Hay muchos profesionales trabajando en la creación de espacios seguros para que puedan hablar. Pero vivimos en un sistema patriarcal y adultocéntrico donde los menores son desposeídos de sus derechos. Por eso, los victimizamos y vulnerabilizamos. La violencia sexual contra la infancia supone fraccionar todo el sistema relacional familiar. Supone romper la lealtad a la familia porque son los hombres cercanos, padres, amigos y primos, quienes la están ejerciendo. Significa tocar una tecla fundamental del sistema heteropatriarcal.
«La reacción antifeminista tiene que ver con la ruptura de la impunidad que estamos consiguiendo»
También ha sido el año de que hacer caer a algunos hombres con cierto poder: Luis Rubiales, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero o Paco Salazar ¿Se está quebrando la impunidad de los hombres con poder o es poca cosa?
No me interesa tanto que hayan caído hombres con poder, sino lo que estamos quebrando con ello. Cuando ellos caen estamos haciendo caer todo un sistema de valores y unas formas de hacer. Por eso, la gran reacción antifeminista tiene que ver con esta ruptura de la impunidad que estamos consiguiendo. Si están saliendo estos nombres es por la valentía de muchas mujeres que se están atreviendo a denunciar públicamente en un sistema que las va a victimizar y violentar. La violencia a las que se someten por romper el silencio es brutal, y eso hay que decirlo. Además, no están saliendo todo lo que debería. Hay medios de comunicación que no están publicando casos de agresión sexual que están completamente documentados para proteger a los agresores. Están silenciando a las víctimas.
Está costando. Además de algunos medios, hay una red muy grande gente que les sostiene. ¿Cómo está operando todo esto?
Se nos hace muy difícil mirar de frente a estos hombres, porque los queremos y son cercanos, pero también son agresores. Por eso esa red les sostiene. Mirarlos de frente supone romper con el estereotipo de que el agresor es alguien que está en un callejón oscuro y no tu compañero de vida.
«Por supuesto que está funcionando el punitivismo, pero contra nosotras»
También hay voces que dicen que hay venganza y poco cuidado en las estrategias para quebrar la impunidad patriarcal. Dicen que eso es punitivismo y que la solución pasa por otros lugares. ¿Qué te sugiere todo esto?
A mí me gustaría que estas críticas, además de que están construidas con frases fáciles y que impactan, tuviesen alguna argumentación. ¿A qué se refieren con venganza? ¿Venganza es romper el silencio con todo lo que cuesta hacerlo? ¿Venganza es identificar al agresor? ¿Qué es exactamente? Estos argumentos, en realidad, lo que demuestran es un desconocimiento tremendo de cómo funcionan las violencias sexuales y la reparación. El punitivismo hoy en día es otra cosa. Es lo que está sucediéndoles a compañeras que han puesto el cuerpo y que están siendo demandadas por algo tan antiguo como es el honor de los hombres. En este momento, la judicatura es el brazo ejecutor al que se están agarrando los agresores. Por supuesto que está funcionando el punitivismo, pero contra nosotras, a base de demandas que no podemos pagar y de estrategias de aleccionamiento directo. Hay una cosa que tiene que quedar clara: los agresores no caen nunca por el testimonio de las mujeres, los agresores caen por sus actos y eso implica una serie de consecuencias. A las mujeres se nos infantiliza para sexualizarnos y a ellos los infantilizamos para no responsabilizarles de sus agresiones sexuales.
Hay algunas propuestas a favor de la justicia restaurativa. ¿Qué es exactamente lo valioso de esa justicia y dónde están sus límites?
A mí me gusta más hablar de justicia reparadora. Cualquier iniciativa que busque reparar debe pasar por poner en el centro los deseos, tiempos y necesidades de las víctimas. Hay que cuidar los procesos y hay que hacerlo de forma colectiva. Tengo la sensación de que se habla de reparar muy a la ligera y que hay quien está entendiendo que reparar significa volver al punto anterior tras un tiempo de silencio. Eso no es posible. En un proceso de reparación no puede haber una única mediadora, sino un equipo multidisciplinar, experto en violencia sexual y en trauma. Las mujeres cuando están rompiendo el silencio lo están haciendo en términos de reparación y no de estrategia. Es una forma de permitirse soltar lo que llevan años callando y que ha tenido unos impactos en sus cuerpos y sus vidas tremendos. Por eso el testimonio es un acto político transformador.
También es verdad que cuesta creer en la justicia ordinaria. Hace unos días conocíamos la sentencia que absolvía a 21 fundamentalistas antiabortistas que coaccionaban a mujeres que iban a abortar. ¿De qué herramientas nos tenemos que dotar para acudir cuando queramos a ella y evitar la revictimización o la frustración?
Nos lo están poniendo difícil, la verdad, pero hay mujeres que no quieren denunciar y hay otras que quieren hacerlo. Por eso hay que pensar cómo acompañamos este derecho para evitar la revictimización y conseguir el reconocimiento. Lo verdadero y lo justo, a veces, son sustituidos por la sentencia. Teniendo en cuenta esto, y, sabiendo que el fin último no es el establecimiento de la verdad, que haya mujeres que estén consiguiendo pelearlo en el sistema me parece que es algo que hay que poner en valor más allá de argumentos punitivistas. No perdamos de vista que la pelea no es judicial, es siempre discursiva y simbólica.
Hay quien se está haciendo una gira vendiendo libros que hablan de denuncias falsas y negando la violencia machista. ¿Qué les dirías?
No les diría nada, les llamaría fascistas. Niegan la violencia porque la usan. Es su forma de justificarse y de validar su régimen.
Ahora en España todo es ambiente prelectoral. Llegan los grandes titulares y la construcción de los marcos mediáticos. La derecha aprovecha para meter su discurso racista y une violencia machista e inmigración. ¿Puede calar este marco?
Está calando. Es salvar al hombre blanco y decir que no agrede para lavar su imagen. Los datos demuestran que no es así. Con esto hay que ser radicales y nuestro discurso no solo tiene que ser feminista sino también antirracista.
Fuente: Pikara Magazine

