El 10 termina la expedición: los maravillosos hallazgos del CONICET en el Mar ArgentinoPor Pablo Esteban
Una nueva campaña submarina está llegando a su fin y este lunes, los investigadores a bordo del buque Falkor (Too) realizaron la última transmisión en vivo. El equipo, liderado por la bióloga María Emilia Bravo, estuvo conformado principalmente por expertos y expertas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, del Conicet y de otras instituciones científicas. Los tripulantes cumplieron con los dos objetivos trazados desde un comienzo: conocer en detalle las peculiares características de los ecosistemas extremos y, al mismo tiempo, divulgar los conocimientos a toda la sociedad.
En dirección a Puerto Madryn, la misión que se prolongó durante casi un mes está llegando a su punto final. Del 14 de diciembre al 10 de enero, los científicos a bordo examinaron como nunca antes cómo se producen las filtraciones de gas metano desde las profundidades del talud continental. Lo hicieron gracias al chiche con que cuenta la embarcación del Schmidt Ocean Institute: el mini sumbarino "SuBastian", capaz de sumergirse hasta 4.500 metros y de tomar con sus pinzas muestras invaluables.
Gracias a esta tecnología, los científicos de la UBA y del Conicet pudieron acceder de primera mano a los ecosistemas quimiosintéticos, esto es, aquellos terrenos extremos en donde habitan organismos que se alimentan del metano. El fondo del Mar Argentino posee vastos reservorios de este gas que, aunque tradicionalmente es nocivo para la mayoría de los seres vivos, favorece la supervivencia de algunos.
Sobre esos "algunos", precisamente, los investigadores locales colocaron la lupa. Son seres distintos a los ya conocidos, porque no realizan fotosíntesis (en las profundidades no llega la luz del Sol) y presentan una serie de características específicas, como nutrirse de las filtraciones de gases, ricos en energía.
Se trata de especies particulares, como los gusanos tubícolas, las almejas y algunos mejillones, que han sido poco estudiados a la fecha. Así es de rica la biodiversidad del planeta Tierra; tanto que aun, en pleno siglo XXI, sigue sorprendiendo a propios y extraños.
Un campo submarino de almejas
Durante las transmisiones que realizó el grupo de la UBA y el Conicet, y con la ayuda del robot SuBastian, los científicos pudieron observar con lujo de detalle un campo de almejas submarino en la Cuenca Malvinas, un auténtico universo inexplorado. Los investigadores contaron en tiempo real cómo estos organismos viven en simbiosis con bacterias que se alimentan de metano y de sulfuro de hidrógeno.
Asimismo, en otras partes del recorrido, observaron los llamados jardines de plumas de mar, los arrecifes de corales que se extendían por kilómetros, e incluso, se toparon con el esqueleto de una ballena. Tampoco faltaron los pulpos y sus colores asombrosos, las arañas de mar y las langostillas, las medusas y los calamares, que se hicieron presentes en muchas de las transmisiones realizadas por el grupo argentino.
Colocar una cámara con excelente definición en el fondo del mar también tuvo sus sinsabores. Lo que constituyó una mala noticia fue el hallazgo de plástico, que convive y afecta la enorme biodiversidad submarina. Una referencia ineludible de cómo los seres humanos, por intermedio de su contaminación provocada por un consumo desenfrenado, arruina sitios que ni siquiera ha visitado.
Conocer para cuidar
Muchas de las muestras tomadas durante la expedición serán estudiadas de forma detenida en los laboratorios de la UBA y luego pasarán a engrosar las filas de, entre otros, el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" de CABA.
Conocer las características biológicas, físicas y químicas de los ejemplares hallados, y examinar cómo soportan condiciones adversas, puede servir en el futuro para proyectar cómo otros organismos más complejos podrían ser capaces de hacer lo propio en situaciones similares. ¿Quién dice que alguna de las características de estos individuos submarinos luego no ayude a pensar cómo los seres humanos podrían habitar la Luna o, incluso, otros mundos con gases y condiciones dispares?
La divulgación, como en las otras misiones, también desempeñó un rol protagónico. El equipo comandado por Bravo realizó los habituales vivos e interactuó con el público, a partir de conversaciones, curiosidades y diversas actividades.
Un laboratorio de puertas abiertas que funcionó sin descanso (incluso no hubo pausa durante Navidad y Año Nuevo), con el único de objetivo de mostrar el trabajo que realizan los hombres y las mujeres de ciencia.
Conocer el Mar Argentino, en parte, también es un ejercicio de soberanía, porque no se puede defender aquello que ni siquiera se conoce.
Fuente: Página 12
Por Pablo Esteban
Una nueva campaña submarina está llegando a su fin y este lunes, los investigadores a bordo del buque Falkor (Too) realizaron la última transmisión en vivo. El equipo, liderado por la bióloga María Emilia Bravo, estuvo conformado principalmente por expertos y expertas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, del Conicet y de otras instituciones científicas. Los tripulantes cumplieron con los dos objetivos trazados desde un comienzo: conocer en detalle las peculiares características de los ecosistemas extremos y, al mismo tiempo, divulgar los conocimientos a toda la sociedad.
En dirección a Puerto Madryn, la misión que se prolongó durante casi un mes está llegando a su punto final. Del 14 de diciembre al 10 de enero, los científicos a bordo examinaron como nunca antes cómo se producen las filtraciones de gas metano desde las profundidades del talud continental. Lo hicieron gracias al chiche con que cuenta la embarcación del Schmidt Ocean Institute: el mini sumbarino "SuBastian", capaz de sumergirse hasta 4.500 metros y de tomar con sus pinzas muestras invaluables.
Gracias a esta tecnología, los científicos de la UBA y del Conicet pudieron acceder de primera mano a los ecosistemas quimiosintéticos, esto es, aquellos terrenos extremos en donde habitan organismos que se alimentan del metano. El fondo del Mar Argentino posee vastos reservorios de este gas que, aunque tradicionalmente es nocivo para la mayoría de los seres vivos, favorece la supervivencia de algunos.
Sobre esos "algunos", precisamente, los investigadores locales colocaron la lupa. Son seres distintos a los ya conocidos, porque no realizan fotosíntesis (en las profundidades no llega la luz del Sol) y presentan una serie de características específicas, como nutrirse de las filtraciones de gases, ricos en energía.
Se trata de especies particulares, como los gusanos tubícolas, las almejas y algunos mejillones, que han sido poco estudiados a la fecha. Así es de rica la biodiversidad del planeta Tierra; tanto que aun, en pleno siglo XXI, sigue sorprendiendo a propios y extraños.
Un campo submarino de almejas
Durante las transmisiones que realizó el grupo de la UBA y el Conicet, y con la ayuda del robot SuBastian, los científicos pudieron observar con lujo de detalle un campo de almejas submarino en la Cuenca Malvinas, un auténtico universo inexplorado. Los investigadores contaron en tiempo real cómo estos organismos viven en simbiosis con bacterias que se alimentan de metano y de sulfuro de hidrógeno.
Asimismo, en otras partes del recorrido, observaron los llamados jardines de plumas de mar, los arrecifes de corales que se extendían por kilómetros, e incluso, se toparon con el esqueleto de una ballena. Tampoco faltaron los pulpos y sus colores asombrosos, las arañas de mar y las langostillas, las medusas y los calamares, que se hicieron presentes en muchas de las transmisiones realizadas por el grupo argentino.
Colocar una cámara con excelente definición en el fondo del mar también tuvo sus sinsabores. Lo que constituyó una mala noticia fue el hallazgo de plástico, que convive y afecta la enorme biodiversidad submarina. Una referencia ineludible de cómo los seres humanos, por intermedio de su contaminación provocada por un consumo desenfrenado, arruina sitios que ni siquiera ha visitado.
Conocer para cuidar
Muchas de las muestras tomadas durante la expedición serán estudiadas de forma detenida en los laboratorios de la UBA y luego pasarán a engrosar las filas de, entre otros, el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" de CABA.
Conocer las características biológicas, físicas y químicas de los ejemplares hallados, y examinar cómo soportan condiciones adversas, puede servir en el futuro para proyectar cómo otros organismos más complejos podrían ser capaces de hacer lo propio en situaciones similares. ¿Quién dice que alguna de las características de estos individuos submarinos luego no ayude a pensar cómo los seres humanos podrían habitar la Luna o, incluso, otros mundos con gases y condiciones dispares?
La divulgación, como en las otras misiones, también desempeñó un rol protagónico. El equipo comandado por Bravo realizó los habituales vivos e interactuó con el público, a partir de conversaciones, curiosidades y diversas actividades.
Un laboratorio de puertas abiertas que funcionó sin descanso (incluso no hubo pausa durante Navidad y Año Nuevo), con el único de objetivo de mostrar el trabajo que realizan los hombres y las mujeres de ciencia.
Conocer el Mar Argentino, en parte, también es un ejercicio de soberanía, porque no se puede defender aquello que ni siquiera se conoce.
Fuente: Página 12

