Subjetividad de plataformas y la nueva ultraderechaPor Carlos Andujar*
A dos años de iniciada la cuarta experiencia neoliberal vernácula, ya no son novedad los esfuerzos discursivos y mediáticos del actual gobierno por ensalzar el egoísmo, la competencia, la meritocracia y la denostación de todo lo que tenga que ver con lo público, estatal y lo común. Más allá de que tanto los discursos individualistas como las políticas públicas de desregulación, apertura y privatizaciones son similares a las anteriores experiencias, el contexto no lo es.
La popularización de los celulares inteligentes y el uso de las redes sociales a partir del año 2010 no solo ha modificado los modos en los que nos relacionamos con los otros sino lo que somos. La smartphonización de la vida, como explican Brailovsky y Mechón, se inicia mucho antes de que las y los niños tengan su "primer celular". Desde que nacen, se construye la identidad digital de los hijos/as sacando una primera foto y compartiéndola por las redes sociales (incluso antes, con la primera ecografía) dejando una huella digital que seguirá existiendo luego de su muerte física.
Se amamanta o se da la mamadera con la atención y la mirada en el celular y se calman los primeros llantos, "porque hay que hacer otras cosas más productivas", entregándoselo un rato para que vea algún video infantil. Se interrumpe el juego libre con el sonido del obturador de la cámara digital del celular con "una foto para el grupo de la familia" y se espera, junto a los niños/as, frente a la pantalla que respondan, mientras se ve otro video.
Los adultos trasmiten el modelo de atención capturada por las pantallas toda vez que están con ellos "sin estar", hamacando con una mano y con la otra scroleando tiktok, tardando en responder porque escuchan un audio "importante" o alivian el necesario aburrimiento (que tiene valor formativo) con la entrega temprana del celular en el que cada deseo efímero encontrará su inmediata y también efímera satisfacción.
De este modo, las niñeces y juventudes, a través de dispositivos técnicos-cognitivos del tipo reticulares, celulares y conectivos, irán entramando su subjetividad y conocerán el mundo.
El GPS del celular me lleva a donde quiero, en el tiempo justo sin que tenga que pensar en ello. Compro todo lo que necesito desde mi casa, con solo un click y me llega a la puerta sin tener que moverme o charlar con alguien. Quiero ver una película, la consigo en una plataforma. Me enojo y me descargo insultando anónimamente a través de una cuenta con nombre genérico a un Otro que no conozco ni quiero conocer. Cada nuevo reel, short, que la red social "me sugiere" confirma que estoy en lo cierto (que siempre lo estuve y que los demás no), que no hay otros mundos por conocer más que el que conozco. Las IA me responden justo lo que les pregunto y hacen lo que les pido, sin necesidad de acordar o ceder nada. Por fin el mundo se rinde ante mí... ¿o es al revés?
Plataformas
Más allá de cualquier máscara, el propósito del capitalismo de plataformas sea cual fuere la aplicación de que se trate, es obtener rentabilidad. Al ritmo de las notificaciones interminables y permanentes se moldea un sujeto a la medida de las necesidades del mercado.
Las interacciones (donde lo que importa es la cantidad y no la calidad) y esos vínculos (dependencia, ansiedad, etc.) que las y los jóvenes (y adultos) generan con los celulares inteligentes producen subjetividades que los vuelven seres más individualistas, consumistas, remitidos a sí mismos como medida de todas las cosas y, en definitiva, indiferentes hacia los otros, a quienes, a la larga, se deshumaniza.
En términos de Eric Sadín, nace la era del individuo tirano. Esta nueva condición civilizatoria, dado que implica un cambio del ethos social, tiene consecuencias negativas en la construcción de la ciudadanía que siempre precisa para ser tal del sentido de pertenencia a una comunidad política y el reconocimiento de dicha comunidad.
En este marco, los "nuevos/viejos" proyectos neoliberales y las actuales derechas alientan el individualismo extremo, la deshumanización y los discursos de odio en línea con las subjetividades tiranas y narcisistas que construye la atención capturada por las pantallas.
¿Qué hacer?
Más allá de esfuerzos individuales o de pequeños grupos, todo proyecto político que defienda y promocione los derechos humanos, la justicia social y la democracia, debe intervenir en esta realidad activamente.
Tres políticas públicas son necesarias y posibles (aunque no suficientes) para contribuir a la construcción de subjetividades solidarias, humanizadas y conscientes de la necesidad de sostener lo común. Debemos pausar la atención que capturan las pantallas. Las escuelas tienen que ser un espacio formativo libre de celulares.
Los mismos no deben entrar por defecto a las aulas (es decir, estar siempre) sino solo por intencionalidad pedagógica específica (como cuando se solicita un mapa o una cartulina), con el propósito, por ejemplo, de enseñar su uso cuidado y crítico.
Segundo, la implementación de políticas activas de fomento y desarrollo de los clubes de barrio como espacios de formación deportiva y encuentro con los otros en los que, la propia actividad, libere la atención capturada y la dirija a una actividad colectiva. Por último, la creación y el mantenimiento de espacios públicos (plazas, parques) en los que las personas puedan juntarse, estar con otros, compartir vida, en lugares no mercantilizados.
Solo entendiendo la contemporaneidad, podremos intervenir en ella, en pos de una sociedad más justa y democrática.
*El autor es Docente del ISFD Nº41. UNLZ. CIIE
Fuente: Página 12
Por Carlos Andujar*
A dos años de iniciada la cuarta experiencia neoliberal vernácula, ya no son novedad los esfuerzos discursivos y mediáticos del actual gobierno por ensalzar el egoísmo, la competencia, la meritocracia y la denostación de todo lo que tenga que ver con lo público, estatal y lo común. Más allá de que tanto los discursos individualistas como las políticas públicas de desregulación, apertura y privatizaciones son similares a las anteriores experiencias, el contexto no lo es.
La popularización de los celulares inteligentes y el uso de las redes sociales a partir del año 2010 no solo ha modificado los modos en los que nos relacionamos con los otros sino lo que somos. La smartphonización de la vida, como explican Brailovsky y Mechón, se inicia mucho antes de que las y los niños tengan su "primer celular". Desde que nacen, se construye la identidad digital de los hijos/as sacando una primera foto y compartiéndola por las redes sociales (incluso antes, con la primera ecografía) dejando una huella digital que seguirá existiendo luego de su muerte física.
Se amamanta o se da la mamadera con la atención y la mirada en el celular y se calman los primeros llantos, "porque hay que hacer otras cosas más productivas", entregándoselo un rato para que vea algún video infantil. Se interrumpe el juego libre con el sonido del obturador de la cámara digital del celular con "una foto para el grupo de la familia" y se espera, junto a los niños/as, frente a la pantalla que respondan, mientras se ve otro video.
Los adultos trasmiten el modelo de atención capturada por las pantallas toda vez que están con ellos "sin estar", hamacando con una mano y con la otra scroleando tiktok, tardando en responder porque escuchan un audio "importante" o alivian el necesario aburrimiento (que tiene valor formativo) con la entrega temprana del celular en el que cada deseo efímero encontrará su inmediata y también efímera satisfacción.
De este modo, las niñeces y juventudes, a través de dispositivos técnicos-cognitivos del tipo reticulares, celulares y conectivos, irán entramando su subjetividad y conocerán el mundo.
El GPS del celular me lleva a donde quiero, en el tiempo justo sin que tenga que pensar en ello. Compro todo lo que necesito desde mi casa, con solo un click y me llega a la puerta sin tener que moverme o charlar con alguien. Quiero ver una película, la consigo en una plataforma. Me enojo y me descargo insultando anónimamente a través de una cuenta con nombre genérico a un Otro que no conozco ni quiero conocer. Cada nuevo reel, short, que la red social "me sugiere" confirma que estoy en lo cierto (que siempre lo estuve y que los demás no), que no hay otros mundos por conocer más que el que conozco. Las IA me responden justo lo que les pregunto y hacen lo que les pido, sin necesidad de acordar o ceder nada. Por fin el mundo se rinde ante mí... ¿o es al revés?
Plataformas
Más allá de cualquier máscara, el propósito del capitalismo de plataformas sea cual fuere la aplicación de que se trate, es obtener rentabilidad. Al ritmo de las notificaciones interminables y permanentes se moldea un sujeto a la medida de las necesidades del mercado.
Las interacciones (donde lo que importa es la cantidad y no la calidad) y esos vínculos (dependencia, ansiedad, etc.) que las y los jóvenes (y adultos) generan con los celulares inteligentes producen subjetividades que los vuelven seres más individualistas, consumistas, remitidos a sí mismos como medida de todas las cosas y, en definitiva, indiferentes hacia los otros, a quienes, a la larga, se deshumaniza.
En términos de Eric Sadín, nace la era del individuo tirano. Esta nueva condición civilizatoria, dado que implica un cambio del ethos social, tiene consecuencias negativas en la construcción de la ciudadanía que siempre precisa para ser tal del sentido de pertenencia a una comunidad política y el reconocimiento de dicha comunidad.
En este marco, los "nuevos/viejos" proyectos neoliberales y las actuales derechas alientan el individualismo extremo, la deshumanización y los discursos de odio en línea con las subjetividades tiranas y narcisistas que construye la atención capturada por las pantallas.
¿Qué hacer?
Más allá de esfuerzos individuales o de pequeños grupos, todo proyecto político que defienda y promocione los derechos humanos, la justicia social y la democracia, debe intervenir en esta realidad activamente.
Tres políticas públicas son necesarias y posibles (aunque no suficientes) para contribuir a la construcción de subjetividades solidarias, humanizadas y conscientes de la necesidad de sostener lo común. Debemos pausar la atención que capturan las pantallas. Las escuelas tienen que ser un espacio formativo libre de celulares.
Los mismos no deben entrar por defecto a las aulas (es decir, estar siempre) sino solo por intencionalidad pedagógica específica (como cuando se solicita un mapa o una cartulina), con el propósito, por ejemplo, de enseñar su uso cuidado y crítico.
Segundo, la implementación de políticas activas de fomento y desarrollo de los clubes de barrio como espacios de formación deportiva y encuentro con los otros en los que, la propia actividad, libere la atención capturada y la dirija a una actividad colectiva. Por último, la creación y el mantenimiento de espacios públicos (plazas, parques) en los que las personas puedan juntarse, estar con otros, compartir vida, en lugares no mercantilizados.
Solo entendiendo la contemporaneidad, podremos intervenir en ella, en pos de una sociedad más justa y democrática.
*El autor es Docente del ISFD Nº41. UNLZ. CIIE
Fuente: Página 12

