Cultura

A 48 años del debut de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Por Facundo Sinatra Soukoyan

"Ese fue el verdadero debut de la banda, porque hasta ese momento no habíamos hecho más que boludear. Y suponía un bautismo de fuego: era la primera vez que íbamos a tocar delante de un público que no estaba compuesto por amigotes".

Con esa contundente frase, describe el show del 6 de enero de 1978 el propio Carlos "Indio" Solari en su libro de memorias "Recuerdos que mienten un poco".

El escenario de ese bautismo fue el Polaco Bar, ubicado en la calle Dean Funes 82, propiedad de Héctor Aleksandrowicz, tugurio ubicado a pocos metros de la Plaza 9 de Julio, principal de la capital salteña, un reducto que aglutinaba artistas, poetas y bohemios de la ciudad.

La velada, del 6 de enero de 1978 (que tuvo su segundo episodio al día siguiente) fue por momentos caótica, y quedó descrita con crudeza por Solari en sus memorias: "El bar donde tocamos se llamaba ‘El Polaco' y el concierto en sí mismo fue un desastre. Había más gente arriba del escenario que abajo. Pero de todos modos armamos la clase de quilombo que era nuestra especialidad".

Al norte

La conexión con Salta llega de la mano de Skay Beilinson, guitarrista y fundador de la banda. "La historia empezó en el año 76, que vino el golpe militar. La Plata se puso muy jodida, tuvimos dos allanamientos y nos salió la posibilidad de ir a Salta. Mi viejo había comprado unas tierras ahí con otra gente. Era a 300 kilómetros de la ciudad de Salta. Cuando llegamos y vimos lo que era eso... un delirio total. Estuvimos ahí en Salta viviendo casi tres o cuatro años", relata Beilinson en una entrevista con la revista Rock Salta.

Aquella experiencia de Skay y su compañera Poli en el campo salteño servirá para comenzar a explorar la mística norteña. "Aprovechando que estábamos allá, recorríamos todo el Norte. Conocimos gente preciosa y les contábamos que teníamos una banda de músicos delirantes, que eran Los Redondos, que en aquel momento ni siquiera teníamos nombre. Entonces empezamos a buscar un lugar para hacer algo".

Por su parte, el cantante de aquella banda de artistas delirantes, Carlos "Indio" Solari, relata en sus memorias: "Un día llegan Skay y Poli de Salta, donde administraban un campo de los Beilinson. Me vienen a ver, me dicen que quieren reunir a Los Redondos. Entonces nos largamos a hacer las primeras canciones... y estaban buenas, qué sé yo. Skay armaba las bases, yo hacía las melodías y ponía las letras (...) Yo seguía trabajando en una estampería de City Bell, y uno de nuestros clientes, a quien le vendíamos mucho, era el Mono Cohen, Rocambole. El Mono tenía en La Plata un negocio que se llamaba Indra (...) como nos compraba mucho, le dábamos crédito. Pero un día se fundió. Y nos debía guita. Entonces dijo: Lo que sí puedo hacer es pagarles el micro para ir a Salta".

La otra punta del ovillo de la conexión salteña es la figura de Pancho Silva, para muchos la materialización de Patricio Rey, nacido en La Plata y quien formaba parte de la Cofradía de la Flor Solar, conocía a los músicos, y años antes había recalado en la vallista localidad de Cafayate para vivir una vida por fuera del sistema.

Un viaje lisérgico

"El ómnibus lo manejaba un tal Rubén. No nos matamos de pedo...", relata Solari en "Recuerdos que mienten un poco",, dando marco a la alocada aventura que el grupo de artistas trashumantes, comenzaba a transitar.

En este delirante contexto comienza el camino a Salta, inmersos en un viaje lisérgico e iniciático. De aquella ruta camino al Norte, Solari rememora: "Me vienen a la mente postales del viaje. Estábamos todos de ácido. En un momento me senté en una ventanilla, con la mitad del cuerpo afuera. Yo tenía un acullico en la boca y una botella de Criadores en la mano. Y abajo estaba el abismo, el puto precipicio".

"Viajamos con unos franceses con los que habíamos trabado relación (...) Cuando llegamos a la ruta, ya nos habíamos chupado todo el whisky. Lo hicimos en plena dictadura. ¡Nos paraban en todas partes! Al bondi le decíamos ‘El ex preso imaginario', porque efectivamente transportaba a varios ex convictos (...) pero planificamos para la mierda. Llegamos a Santiago del Estero al mediodía, bajo el sol ardiente. Antes habíamos hecho una parada, nos empezaron a rodear pibes que nos ofrecían sandías frescas. ¡Parecían haber salido de abajo de las piedras! Cuando caímos en Río Hondo, preguntamos dónde había una pileta pública. Necesitábamos refrescarnos, desesperadamente. Nos recomendaron un lugar y fuimos. Nos tiramos de una, abrasados por el calor... y descubrimos que el agua estaba hirviendo. ¡Hacía más calor dentro de la pileta que afuera! Después comimos un chivito de mierda... muy mal hecho, quiero decir, y seguimos viaje", completa Solari describiendo una escena dantesca.

El debut

De aquellos días surgen crónicas publicadas en el diario El Tribuno; la primera describe la presentación de la banda en Salta de esta manera: "Para los días viernes y sábado de este fin de semana se anuncia la actuación en el local de ‘Polaco' (Deán Funes 82) de esta ciudad, del novedoso conjunto denominado ‘Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota', integrado por 10 músicos artistas que interpretan jazz, música negra y danzas rituales mechadas con humor cómico. Algunos de sus miembros pertenecían a la llamada ‘Cofradía de la Luz Solar'".

Bajo el título "‘Patricio Rey y sus redonditos ‘hoy", la crónica del 7 de enero remarca: "Luego de un breve ensayo realizado el jueves en presencia de El Tribuno (los integrantes de) la agrupación musical de rock ‘Patricio Rey y sus redonditos de ricota' se presentaron exitosamente anoche en Polaco, Deán Funes 82. La actuación del grupo musical de La Plata, despertó interés y fue coronada con el aplauso de la numerosa concurrencia".

Si en algo coinciden tanto protagonistas del show como público presente, es que aquel recital poco tuvo de trascendental a nivel artístico, parecía una locura más de las tantas que se podían vivir en Polaco Bar cada noche, o en alguna de las performances que la troupe artística platense venía realizando en diferentes escenarios del under.

El contraste entre un lugar pequeño y lúgubre, y una propuesta musical rupturista, fue parte del sello original de la banda. La experiencia de tocar en Salta, lejos de las escenas habituales de La Plata, también formó parte del viaje "lisérgico", cargado de anécdotas y postales del norte argentino que quedaron en la memoria colectiva de la troup artística transhumante.

A 48 años de aquella noche, la historia asume múltiples capas: ya no es sólo el dato cronológico de un debut, sino el gesto inaugural de una forma de entender la música que desafiaba las convenciones. Fue, como dijo el Indio, el momento en que la banda dejó de "boludear" y enfrentó a un público desconocido; un paso hacia lo que con los años sería una obra gigantesca en términos culturales para la historia del rock nacional.

Hoy, a casi medio siglo de distancia, más que un concierto se celebra el alumbramiento de una banda que irrumpió en la escena con una fuerza magnánima: aquel 6 de enero no fue un simple recital, sino el punto de partida de un mito; fue aquella noche en que Los Redondos comenzaron a transformarse en leyenda. De aquello, Salta y su público, fueron los elegidos.

Fuente: Página 12