Comodoro Rivadavia, que durante muchos años el motor industrial de Chubut y de la Patagonia, atraviesa desde hace unos años una transformación profunda y silenciosa. La ciudad que durante más de un siglo creció al ritmo del petróleo enfrenta hoy el agotamiento de un modelo productivo que ya no garantiza empleo, ingresos fiscales ni cohesión social.
El fenómeno no es aislado ni coyuntural: es la contracara directa del auge de Vaca Muerta y de la reconfiguración estructural del sector energético argentino, que tiene ganadores claros y perdedores evidentes, indica un informe de Fundar, un centro nacional de estudios y diseño de políticas públicas que promueve una agenda de desarrollo sustentable e inclusivo, y de la Agencia Comodoro Conocimiento que lidera Rubén Zárate, una dependencia municipal que se encarga de formular e implementar estrategias para impulsar políticas públicas basada en la promoción y el desarrollo del conocimiento y la creatividad.
El informe de Fundar quedó plasmado en un trabajo de 37 páginas y se denomina "Comodoro Rivadavia y el fin de un ciclo. Hacia una transición productiva justa para la Cuenca del Golfo San Jorge", y lleva las firmas de Nicolás Sidicaro, Ana Julia Aneise, Juan Martín Argoitia, Carola della Paolera, Carlos Freytes y Daniel Schteingart.
El trabajo advierte que la situación que atraviesa la ciudad petrolera chubutense responde a un patrón conocido en las economías dependientes de recursos naturales: el ciclo de auge y caída. Durante los períodos de bonanza, el crecimiento acelerado suele reforzar la especialización primaria y postergar la diversificación productiva. Cuando el ciclo se revierte -por agotamiento del recurso, cambios tecnológicos o reorientación de inversiones-, la caída expone todas las fragilidades acumuladas.
La experiencia argentina tras la privatización de YPF en los años noventa es un antecedente elocuente: despidos masivos, crisis sociales y ausencia de una estrategia de reconversión dejaron marcas que aún persisten en varias ciudades petroleras.
Mientras la Cuenca Neuquina concentra inversiones millonarias, tecnología y puestos de trabajo, la Cuenca del Golfo San Jorge -histórico corazón del petróleo convencional- registra una caída sostenida de la producción. Los números son contundentes: entre 2017 y 2025, la extracción de gas retrocedió 33% y la de petróleo un 20%.
Por si fuera poco, el impacto en el empleo fue inmediato: en Chubut el trabajo petrolero cayó cerca de 17% y en Santa Cruz -la otra provincia que dependen de la Cuenca del Golfo San Jorge- más del 35%. A esto se sumó el retiro de grandes empresas de servicios, el cierre de pymes locales y la pérdida de capacidades técnicas que durante décadas sostuvieron la actividad, indica el informe de Fundar.
El golpe también se siente con fuerza en las finanzas públicas de Chubut: las regalías petroleras, que representan entre el 15% y el 20% de los ingresos provinciales, perdieron hasta un tercio de su valor real en los últimos años. Para Chubut y Santa Cruz, esto implica menos recursos para sostener servicios básicos, obra pública y políticas sociales.
En Comodoro Rivadavia, principal ciudad productora, el efecto es aún más directo: menos actividad petrolera significa menos consumo, menos comercio y un deterioro visible del entramado urbano.
Los indicadores sociales confirman el cambio de época. Históricamente, Comodoro se había destacado por tener salarios altos y niveles de pobreza inferiores al promedio nacional. Esa excepcionalidad comenzó a erosionarse a partir de 2012 y se profundizó con el declive reciente del sector. La tasa de empleo se estancó, cayó el peso del trabajo registrado y la pobreza por ingresos creció casi 17 puntos en poco más de una década, aseguran el informe de Fundar.
Paradójicamente, la desocupación aparece en mínimos históricos, pero no por un mercado laboral dinámico, sino por el "efecto desaliento": cada vez menos personas buscan trabajo porque las oportunidades se achican.
La transición energética global agrega una capa adicional de complejidad. La descarbonización avanza y, más temprano que tarde, reducirá la demanda mundial de combustibles fósiles. En ese contexto, el declive del petróleo convencional no es una anomalía, sino una señal anticipada de lo que vendrá. La pregunta ya no es si habrá transición, sino cómo se la gestiona.
Fundar plantea que Comodoro Rivadavia y la Cuenca del Golfo San Jorge todavía tienen margen para evitar un escenario de decadencia prolongada. La clave es una transición productiva justa, planificada y participativa. El potencial existe: energías renovables -especialmente la eólica-, pesca y acuicultura, minería, turismo y reconversión de servicios hidrocarburíferos hacia el mantenimiento industrial y los servicios tecnológicos.
También hay una base institucional y científico-tecnológica que puede jugar un rol central si se articula con políticas de largo plazo.
Pero el informe es claro: nada de esto ocurrirá de manera automática. La reconversión requiere liderazgo político, coordinación entre los distintos niveles del Estado, mayores acuerdos con sindicatos y empresas, y mecanismos estables de financiamiento. Sobre todo, exige anticipación. Esperar a que el declive se profundice solo incrementa los costos sociales y territoriales.
Comodoro Rivadavia se encuentra, así, ante una encrucijada histórica. Puede limitarse a administrar la caída de un ciclo que se apaga o asumir el desafío de redefinir su modelo de desarrollo.
El petróleo ya no ordena el futuro como lo hizo durante cien años. La transición está en marcha; lo que resta decidir es si será caótica e injusta, o planificada y con horizonte de futuro.