Patagonia

"La ñata gaucha" y su chofer nadador, una de las historias de los canales de riego de Luis Beltrán

Por José Luis Denino

La historia del riego, los canales y el agua para ganarle vida al "desierto patagónico" está llena de aventuras. Las protagonizaron trabajadores y máquinas de leyenda. La que sigue, la del guinche ñato, ocurrió en Luis Beltrán, un pueblo del Valle Medio, en la provincia de Río Negro, que ronda los 10.000 habitantes. Su historia está ligada al desarrollo de la fruticultura y a la vida de los inmigrantes galeses, españoles e italianos que apostaron por el lugar. También se asentó aquí una colonia de rusos blancos. Hoy la producción se diversifica y por la crisis de la fruticultura y su concentración, los hijos de los chacareros se convirtieron en pequeños ganaderos.

Memorias atrás del óxido

En medio de tantas historias que atesora el Campamento de la ex Agua y Energía Eléctrica (AyE) de Luis Beltrán, la del camión guinche ñato es como para escribir un libro gordo de aventuras.

Aquí se contarán algunas de ellas. En especial, la del día en que se cayó y hundió en la bocatoma del río Negro. Su conductor, el "Pollo" Colón, salvó la vida a puro nado; y también, gracias a las manos y ramas que le tiraron desde la orilla los compañeros de trabajo.

Las del guinche son historias a las que pudimos acceder con una primera pasada, luego de verlo estacionado en su descanso ¿ya final? en el barrio Campamento.

Lucas Frank, gerente del Consorcio de Riego de segundo grado, ayudó a orientar la mira para reconstruir la vida de esta máquina pintoresca. Una máquina que ayudó a construir la historia de AyE en la zona, para que años más tarde Luis Beltrán sea reconocida como ciudad "Capital de los canales de riego".

Justo en la vereda que está frente al coqueto edificio blanco del Consorcio descansa el viejo camión. Pese al óxido de sus chapas, los abollones, algunos cables pelados y el símbolo de Agua y Energía despintado en las puertas, todavía impone respeto. Parece que está listo para arrancar con una vuelta de llave.

Detrás de tanto fierro oxidado hay mucho para contar. La función básica del guinche fue levantar pesos, así fueran compuertas, motores, autos, tractores y todo animal que hubiera caído a los desagües o canales.

Vacas, chanchos y caballos que trababan compuertas que tuvieron un trágico final y afectaban el cauce o las compuertas, volvieron a la superficie, ya sin vida.

También se lo utilizó para colocar los bloques de defensa en las costas del río Negro y las bombas de extracción de agua en las chacras.

Distintas fuentes aseguraron que el camión entró al país después de las dos guerras mundiales del Siglo XX.

La máquina en cuestión se trataría de un Autocar COE 4x4, una especie de camión tractor pontón, muy utilizado desde 1940 en adelante por los ejércitos de Estados Unidos y Alemania.

El Campamento de AyE de Beltrán nació por aquellos años, en 1944, para desarrollar las obras de riego del Valle Medio y garantizar la expansión de la agricultura.

Antes, en 1900, fueron los pioneros galeses quienes iniciaron la canalización bajo el mismo objetivo.

"Un rejuntado"

Francisco "Paquito" Godoy, Ricardo Sacks y Anselmo Carente se encargaron de ensamblar el viejo guinche, al que pasaron a llamar "La ñata gaucha". Así quedó con la forma que aún mantiene. Su primero conductor fue don Pasegui.

"La ñata" brindó servicios hasta 2016 y se retiró con orgullo: en funcionamiento y con patente actualizada.

"El camión es un rejuntado con motor Mercedes Benz 1114 y una cabina armada. Eran camiones del ejército que entraron al país con motor Chevrolet, Mack o algo de eso. Acá en el Campamento se hizo todo un rejuntado", explicó Erico Fandiño, ex trabajador de AyE.

Al brindar más detalles técnicos, sostuvo que el vehículo funcionaba con una caja, una reductora y como una volcadora. "Lo único es que la volcadora tiene un aditivo que mueve el engranaje para que levante el aceite. Y ese engranaje mueve de la reductora a una caja de cambios que va atrás, que es la que activa al trinquete para que gire la toma de fuerza", añadió.

En el Campamento aún recuerdan el día en que unos ingenieros de Mercedes Benz, impactados por la fama de la "ñata gaucha", vinieron a conocerla. La iniciativa de que terminara en museo de la automotriz no prosperó.

Colón, el chofer

Aníbal Colón va a cumplir 82 años en marzo, fue "el chofer" de la máquina y la definió como "un camión noble, que no se rompía nunca".

Ingresó a Agua y Energía en 1968, con 28 años de edad. Allí trabajó también su padre, como sereno. Aníbal trabajó antes en el aserradero de Cognini, mientras -en sus ratos libres- se destacaba en el fútbol en el equipo del Deportivo Beltrán.

Sus tareas en AyE las desarrolló en el taller, en herrería como soldador y también hizo de camionero. Así nació su vínculo especial con el guinche.

"Cuando entré al Campamento me contaron que el camión había llegado con un motor importado, pero ya le habían puesto el de un 1114. Cuando me jubilé, se jubiló el motor también. Nos duró 36 años sin hacerle nada", relató Colón.

Entre los viajes con el guinche, mencionó distintas tareas que realizaron con cuadrillas en Río Colorado, Conesa, Chimpay, Belisle, Darwin y en el canal Pomona-SAO.

"Marchaba por caminos de tierra, asfalto, o a la vera de los canales, era un orgullo verlo pasar", recordó Alberto Carrizo, un productor que recibió el servicio del vehículo. "No te cobraban nada, a veces se le pagaba el gasto de combustible por el traslado y la asistencia", indicó.

Con el camión al agua

Colón disfrutó mucho de su trabajo en AyE. Dice tener "siete vidas como los gatos" y que se defiende en el agua "como los sapos". Es que desde niño aprendió nadar en los canales de riego y saltar al agua desde los puentes que los cruzan.

Esa experiencia fue crucial para el día en que se encontraba manejando el guinche para quitar los troncos encajados en la zona de compuertas de la bocatoma. Estaba dando marcha atrás, con el cable tenso para levantar un peso del agua, cuando al camión se le cortó la manguera de aire y se quedó sin frenos.

El guinche se fue de cola al río. Dio un vuelco al entrar al agua y se hundió a cuatro metros de profundidad.

Pese a los golpes que recibió en la caída y a un leve desmayo, Aníbal relató que alcanzó a ver la luz desde el fondo por la ventanilla. "Si el camión caía recto hubiera quedado atrapado contra el techo de la cabina y no la contaba más", sostuvo con un dejo de angustia en la cara.

Pudo salir por la puerta sin ventanilla. Con unas rápidas brazadas y entre los troncos y ramas que flotaban, asomó a la superficie.

Era invierno. El peso de la campera y los botines le impedían trepar por el paredón de unos 80 cm. de alto que tiene la bocatoma.

Afuera, sus dos compañeros intentaron ayudarlo. "Morrón" Ibáñez, temiendo lo peor, corrió al otro lado de las compuertas para ver si lo habían chupado y lo tiraban.

Mauricio Ríos no le quitó sus ojos en todo momento. Le tiró una mano desde el muro, pero el peso de la ropa mojada, su cuerpo y el escalón alto y resbaladizo, le impidieron elevarlo.

La solución llegó con una rama larga. Mauricio le pidió que la agarrara y desde arriba lo fue arrastrando por la costa aguas arriba, hasta sacarlo hacia una zona playa.

"Vos te vas a morir el día en que lo decida el de arriba. Se ve que ese no era el momento", dijo Aníbal desde el sillón del patio de su casa en Beltrán, mientras recibe el mate reparador de Laura, su esposa, con quien tuvo dos hijos y una hija. Son muchas las emociones que vuelven a su memoria y el cariño por el oficio que junto a sus compañeros desempeñó como operario en el barrio de Agua y Energía.

"¿Sabés una cosa?", pregunta Colón antes de cerrar la entrevista.

Y lleno de entusiasmo y orgullo él mismo se responde: "la foto del guinche ñato se fue para Estados Unidos. Me la sacó un familiar de Roberto Rato -ex titular del Consorcio de Riego- que andaba de visita. El tipo no podía entender cómo hicimos para ensamblar este camión y todos los trabajos que hicimos".