Ambiente

Para 2050, el calor extremo afectará a casi la mitad de la población mundial: el impacto en la salud

Por Daniel Cassola

El avance del calentamiento global proyecta un escenario alarmante para las próximas décadas. Según un estudio de la Universidad de Oxford publicado en la revista Nature Sustainability, cerca de 3.790 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, vivirán bajo condiciones de calor extremo hacia el año 2050, si el planeta alcanza un aumento de 2 °C respecto de los niveles preindustriales.

Más allá de lo climático

Los especialistas advierten que este fenómeno tendrá consecuencias profundas no solo en el clima, sino también en la salud, la economía y los sistemas sanitarios, con un impacto particularmente severo en los países en desarrollo.

Las cifras reflejan una aceleración marcada del problema. En 2010, el 23% de la población mundial estaba expuesta a calor extremo; en las próximas décadas, ese porcentaje escalará hasta el 41%. "El aumento del calor tendrá impactos negativos muy fuertes en prácticamente todas las dimensiones del desarrollo", explicó Radhika Khosla, investigadora de la Oxford Martin School y líder del Programa Future of Cooling. Según detalló, el calor excesivo afecta la salud, la educación, la igualdad de género, la productividad laboral y los sistemas alimentarios, poniendo en jaque los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Veinte países en alerta

El estudio identifica a 20 países como los más perjudicados por el incremento de los llamados Grados Día de Refrigeración (GDR), una medida que estima la necesidad de enfriamiento. Todos ellos son países en desarrollo, ubicados mayormente en zonas tropicales y subtropicales. En Africa, figuran naciones como Nigeria, Sudán del Sur, República Centroafricana, Mali y República Democrática del Congo. En América Latina, los más afectados serán Brasil, Venezuela y Paraguay, junto con Honduras, Guatemala y Nicaragua en Centroamérica. También aparecen países del sudeste asiático como Laos, Tailandia y Camboya.

"El impacto no será homogéneo", advirtió Luke Parsons, de The Nature Conservancy. Las naciones de bajos ingresos presentan una vulnerabilidad social mayor, lo que las deja peor preparadas para enfrentar olas de calor cada vez más intensas. A esto se suma que muchas poblaciones dependen de sistemas energéticos precarios o informales. "Energía que antes se usaba para iluminar o cocinar deberá destinarse a mantener ambientes frescos", explicó Khosla, lo que profundiza la desigualdad y la pobreza energética.

En América Latina, los efectos ya son visibles. Entre 2015 y 2024, el calor extremo le costó a la región unos 855 millones de dólares anuales, un aumento del 229% respecto de la década anterior. Solo en 2024, las pérdidas laborales asociadas al calor alcanzaron los 52.000 millones de dólares, equivalentes al 0,81% del PIB regional, afectando especialmente a sectores como la agricultura y la construcción. En paralelo, The Lancet Countdown Latinoamérica advirtió que la mortalidad asociada al calor aumentó un 103% en la región entre 1990 y 2021.

Tensión en el sistema sanitario

El sistema sanitario aparece como uno de los más tensionados frente a este escenario. El calor extremo incrementa las consultas por golpes de calor, deshidratación, enfermedades cardiovasculares y trastornos de salud mental. Además, la demanda energética para refrigeración puede desbordar incluso a países con redes consolidadas. En regiones tradicionalmente frías, como Canadá o el norte de Europa, se espera una duplicación o incluso triplicación de los días incómodamente calurosos, lo que representa un desafío adicional para infraestructuras no diseñadas para altas temperaturas.

Los especialistas coinciden en que la respuesta no puede limitarse a soluciones aisladas. "Existe un círculo vicioso: usamos más combustibles fósiles para refrigerarnos, lo que aumenta las emisiones y agrava el calentamiento", señaló Khosla. Por eso, el informe de Oxford subraya la urgencia de avanzar hacia estrategias de refrigeración sostenible, que incluyan energías limpias, mayor eficiencia energética y soluciones pasivas como la ventilación natural, la sombra urbana y la forestación.

La investigación destaca que la mayor parte del aumento en la demanda de refrigeración ocurrirá incluso antes de alcanzar el umbral de 1,5 °C, lo que obliga a actuar de inmediato. Según estimaciones de la ONU, adoptar opciones de refrigeración sostenibles podría ahorrar hasta 17 billones de dólares entre 2025 y 2050. Frente a un futuro cada vez más caluroso, la planificación energética, urbana y sanitaria será clave para evitar que el calor extremo se transforme en una crisis global de salud.

Fuente: www.curarconopinion.com