Ricachones conquistaron y disfrutan de la tierra mapuche en Villa La Angostura, la historia de la Lof Paichil AntriaoLa historia de la Lof Paichil Antreao en Villa La Angostura se inscribe en una disputa profunda por la memoria, el territorio y el sentido mismo de la investigación histórica. Frente al relato oficial que presenta esas tierras como "vacías" o disponibles para la colonización, emerge una reconstrucción basada en rastros, documentos y testimonios que permiten reponer la presencia mapuche previa al Estado nacional. En esta nota invitamos a leer el trabajo de investigación en conjunto entre cientificos del CONICET y la comunidad mapuche.
El trabajo de investigación hace referencia en la figura del rastreador retomada por Ricardo Piglia, pero que no desde una intuición individual sino de una lectura colectiva de huellas que el poder intentó borrar.
En ese sentido, el trabajo sobre la Lof Paichil Antreao se construye desde una voz coral, un "nosotros" que articula las memorias de la comunidad mapuche con el trabajo académico de investigadores y docentes. No hay jerarquías ni autoridades únicas: hay una investigación compartida que funciona como reparación histórica y como ejercicio político. Esa forma de producir conocimiento cuestiona el monopolio del Estado y de las élites sobre la verdad histórica, y desmonta la versión de los vencedores que naturaliza el despojo.
La documentación reunida durante más de quince años de investigación demuestra que José María Paichil, junto a Ignacio Antreao, fue uno de los pobladores originarios del territorio hoy en disputa en Villa La Angostura. Paichil provenía de la comunidad encabezada por Namuncurá, hijo de Calfucurá, y llegó a la región cordillerana tras huir de la avanzada militar del Estado argentino en las últimas décadas del siglo XIX. Su asentamiento en las cercanías del lago Correntoso no fue accidental ni clandestino, sino parte de un proceso de refugio y reterritorialización mapuche.
Lejos de la figura del "intruso", los registros históricos muestran que Paichil fue baqueano de la comisión de límites que trabajó en la zona a fines del siglo XIX. Es decir, no solo conocía profundamente el territorio, sino que ese saber fue utilizado por el propio Estado en la demarcación de fronteras. Este dato resulta clave: el Estado reconocía de hecho la presencia y el conocimiento mapuche, al mismo tiempo que avanzaba en un proceso de apropiación que luego negaría esos mismos derechos.
La reconstrucción histórica que sostiene la legitimidad territorial de la Lof Paichil Antreao se apoya en cartas, documentos oficiales, testimonios orales y vestigios materiales. Ese conjunto de pruebas permite afirmar que hubo un despojamiento sistemático y que la posterior concentración de tierras en manos privadas se sostuvo sobre una mistificación del pasado. El relato hegemónico no solo falsea la historia, sino que bloquea el presente al criminalizar los reclamos indígenas.
Por eso, afirmar que la Lof Paichil Antreao es dueña ancestral de esas tierras no es una consigna simbólica, sino una conclusión fundada en evidencia histórica. Se trata de disputar el sentido común construido por décadas y de restituir una memoria que el poder intentó sepultar. En Villa La Angostura, como en tantos otros territorios, la lucha mapuche no es por un privilegio, sino por el reconocimiento de un derecho previo al Estado y sistemáticamente negado desde su conformación.
Para leer el trabajo ingrea aquí.
Fuente: ANRed
La historia de la Lof Paichil Antreao en Villa La Angostura se inscribe en una disputa profunda por la memoria, el territorio y el sentido mismo de la investigación histórica. Frente al relato oficial que presenta esas tierras como "vacías" o disponibles para la colonización, emerge una reconstrucción basada en rastros, documentos y testimonios que permiten reponer la presencia mapuche previa al Estado nacional. En esta nota invitamos a leer el trabajo de investigación en conjunto entre cientificos del CONICET y la comunidad mapuche.
El trabajo de investigación hace referencia en la figura del rastreador retomada por Ricardo Piglia, pero que no desde una intuición individual sino de una lectura colectiva de huellas que el poder intentó borrar.
En ese sentido, el trabajo sobre la Lof Paichil Antreao se construye desde una voz coral, un "nosotros" que articula las memorias de la comunidad mapuche con el trabajo académico de investigadores y docentes. No hay jerarquías ni autoridades únicas: hay una investigación compartida que funciona como reparación histórica y como ejercicio político. Esa forma de producir conocimiento cuestiona el monopolio del Estado y de las élites sobre la verdad histórica, y desmonta la versión de los vencedores que naturaliza el despojo.
La documentación reunida durante más de quince años de investigación demuestra que José María Paichil, junto a Ignacio Antreao, fue uno de los pobladores originarios del territorio hoy en disputa en Villa La Angostura. Paichil provenía de la comunidad encabezada por Namuncurá, hijo de Calfucurá, y llegó a la región cordillerana tras huir de la avanzada militar del Estado argentino en las últimas décadas del siglo XIX. Su asentamiento en las cercanías del lago Correntoso no fue accidental ni clandestino, sino parte de un proceso de refugio y reterritorialización mapuche.
Lejos de la figura del "intruso", los registros históricos muestran que Paichil fue baqueano de la comisión de límites que trabajó en la zona a fines del siglo XIX. Es decir, no solo conocía profundamente el territorio, sino que ese saber fue utilizado por el propio Estado en la demarcación de fronteras. Este dato resulta clave: el Estado reconocía de hecho la presencia y el conocimiento mapuche, al mismo tiempo que avanzaba en un proceso de apropiación que luego negaría esos mismos derechos.
La reconstrucción histórica que sostiene la legitimidad territorial de la Lof Paichil Antreao se apoya en cartas, documentos oficiales, testimonios orales y vestigios materiales. Ese conjunto de pruebas permite afirmar que hubo un despojamiento sistemático y que la posterior concentración de tierras en manos privadas se sostuvo sobre una mistificación del pasado. El relato hegemónico no solo falsea la historia, sino que bloquea el presente al criminalizar los reclamos indígenas.
Por eso, afirmar que la Lof Paichil Antreao es dueña ancestral de esas tierras no es una consigna simbólica, sino una conclusión fundada en evidencia histórica. Se trata de disputar el sentido común construido por décadas y de restituir una memoria que el poder intentó sepultar. En Villa La Angostura, como en tantos otros territorios, la lucha mapuche no es por un privilegio, sino por el reconocimiento de un derecho previo al Estado y sistemáticamente negado desde su conformación.
Para leer el trabajo ingrea aquí.
Fuente: ANRed

