Patagonia

Patagonia en peligro: inversión extranjera, energía "verde" y la política de Milei para la venta de tierras

La Patagonia vuelve a quedar en el centro de una discusión que mezcla inversión extranjera, recursos naturales y decisiones políticas de alto impacto. En una zona de mesetas y cursos de agua todavía poco intervenidos, un empresario de origen qatarí adquirió unas 10.000 hectáreas con la intención de levantar un desarrollo turístico de alta gama acompañado por tres pequeñas centrales hidroeléctricas destinadas a abastecer al propio complejo.

El proyecto, presentado como una apuesta por la energía renovable, despertó alertas entre organizaciones ambientalistas, vecinos y especialistas en gestión hídrica. Aunque se trata de instalaciones de baja escala en comparación con grandes represas, su localización en un ecosistema frágil y de alto valor biológico reabre una pregunta recurrente en la región: quién controla el agua y con qué reglas se permite intervenir en territorios casi vírgenes.

Un territorio sensible

Las cuencas cordilleranas patagónicas concentran bosques nativos, mallines, fauna endémica y cursos de agua alimentados por deshielos. Cualquier alteración en esos sistemas puede tener efectos acumulativos, desde cambios en la disponibilidad hídrica hasta impactos sobre peces, aves y corredores naturales de especies silvestres.

En este caso, la polémica no gira solo alrededor de la infraestructura energética, sino también del modelo de desarrollo asociado. Complejos turísticos exclusivos, residencias privadas y centros recreativos de élite suelen implicar caminos nuevos, movimientos de suelo, captación de agua y servicios que transforman paisajes que hasta ahora habían quedado fuera del circuito inmobiliario intensivo.

La política nacional entra en escena

El debate local se potencia en un contexto político más amplio. El gobierno de Javier Milei impulsa una agenda de desregulación económica que incluye la revisión del régimen que limita la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. Esa normativa, vigente desde hace más de una década, establecía topes para evitar concentraciones excesivas y preservar el control nacional sobre superficies consideradas estratégicas.

Desde el Ejecutivo se argumenta que flexibilizar esas restricciones puede atraer inversiones, dinamizar economías regionales y acelerar proyectos productivos. Sin embargo, desde sectores ambientales, académicos y organizaciones territoriales surgen críticas contundentes. Señalan que eliminar barreras sin mecanismos fuertes de control puede profundizar la extranjerización del suelo, especialmente en regiones donde la tierra no es solo un activo inmobiliario, sino también la llave de acceso al agua, a minerales y a ecosistemas únicos.

Una mirada crítica al rumbo oficial

La objeción central hacia la política del gobierno nacional es que prioriza la llegada de capitales por encima de la planificación ambiental y social de largo plazo. En un país atravesado por sequías más frecuentes, incendios forestales extremos y conflictos por el uso del agua, relajar normas que ordenan la propiedad rural es visto por muchos como una señal riesgosa.

También se cuestiona la falta de participación ciudadana en proyectos de gran escala y la velocidad con la que se buscan modificar marcos regulatorios que, con defectos y todo, fueron pensados para proteger bienes comunes. Para sus críticos, la Patagonia no debería ser tratada como un tablero abierto a la especulación global, sino como un territorio estratégico donde el Estado debe garantizar acceso público, conservación ambiental y desarrollo equilibrado.

Más que un caso aislado

Lo que ocurre en estas hectáreas patagónicas funciona como espejo de tensiones más amplias: la transición energética, la presión sobre los recursos naturales y el rol que Argentina quiere ocupar en un mundo marcado por la crisis climática. ¿Puede hablarse de energía limpia cuando los beneficios quedan encerrados en un emprendimiento privado? ¿Cómo se compatibiliza la atracción de inversiones con la protección de ecosistemas que tardaron miles de años en formarse?

Para una generación joven cada vez más atenta a la agenda ambiental, la discusión excede a un magnate extranjero o a tres centrales hidroeléctricas. Se trata de definir qué modelo de país se proyecta para las próximas décadas: uno basado en la apertura irrestricta del territorio al capital global o uno que combine desarrollo económico con soberanía sobre la tierra, el agua y la biodiversidad.

Mientras las máquinas todavía no llegan al terreno, la controversia ya está instalada. Y promete seguir creciendo en un país donde la Patagonia no es solo paisaje y postal turística, sino una reserva clave de recursos naturales y uno de los escenarios más sensibles frente al cambio climático.

Fuente La Política Ambiental