Detectan más contagios y menos prevención, la sífilis creció 71% en ArgentinaPor Daniel Cassola
El aumento sostenido de la sífilis volvió a encender señales de alerta en el sistema de salud argentino. Según los últimos datos del Boletín Epidemiológico Nacional, los casos notificados crecieron un 71% durante 2025, una suba que confirma que esta infección de transmisión sexual, lejos de estar erradicada, atraviesa una nueva etapa de expansión asociada a cambios en las conductas de prevención y percepción del riesgo.
Paradojas
La sífilis, causada por la bacteria Treponema pallidum, es una enfermedad conocida desde hace siglos y cuenta con diagnóstico sencillo y tratamiento eficaz. Sin embargo, su crecimiento reciente expone una paradoja sanitaria: la disponibilidad de herramientas preventivas y terapéuticas convive con un relajamiento de las medidas de cuidado, especialmente en lo que respecta al uso del preservativo.
Especialistas en enfermedades infecciosas advierten que uno de los factores centrales detrás de este fenómeno es la llamada "falsa sensación de seguridad". La mayor disponibilidad de tratamientos para el VIH y la expansión de la Profilaxis Preexposición (PrEP), una estrategia altamente efectiva para prevenir ese virus, modificaron las percepciones de riesgo en las relaciones sexuales. Si bien la PrEP cumple un rol clave en la prevención del VIH, no protege frente a otras infecciones de transmisión sexual, como la sífilis, la gonorrea o la clamidia.
"El problema es que muchas personas asocian la protección exclusivamente al VIH y descuidan el resto de las infecciones", explica el doctor Gerardo Laube, médico infectólogo del Hospital Muñiz y profesor titular de la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló. "Hoy en día las relaciones sexuales sin ningún tipo de protección influyen negativamente en el control no solo de la sífilis, sino también de otras enfermedades de transmisión sexual. El uso del preservativo sigue siendo la medida más eficaz y fácil de implementar", subraya.
Propagación silenciosa
La dinámica propia de la sífilis también contribuye a su propagación silenciosa. En sus etapas iniciales, la infección suele manifestarse con una úlcera indolora que desaparece de manera espontánea. Esa característica llevó históricamente a definirla como "la gran simuladora": los síntomas pueden ser leves, transitorios o directamente inexistentes, lo que hace que muchas personas no consulten y crean, de forma errónea, que el problema se resolvió solo.
Esa ausencia de señales claras favorece la transmisión. "Un individuo no diagnosticado es un individuo que contagia", resume Laube. La falta de síntomas visibles, combinada con prácticas sexuales sin métodos de barrera, sostiene una circulación continua de la bacteria en distintos grupos etarios y contextos sociales.
Los datos oficiales muestran que el aumento de casos no se limita a un segmento específico de la población. La sífilis afecta tanto a jóvenes como a adultos, y preocupa especialmente el crecimiento de los diagnósticos en mujeres embarazadas, dado el riesgo de transmisión al recién nacido. En esos casos, el impacto puede ser grave, con consecuencias que van desde partos prematuros hasta infecciones congénitas evitables con controles y tratamiento oportuno.
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que frenar la tendencia requiere reforzar estrategias conocidas, pero aplicadas de manera sistemática. El uso correcto del preservativo, desde el inicio hasta el final de todas las prácticas sexuales -vaginales, anales y orales-, sigue siendo la herramienta más efectiva para reducir el riesgo. A eso se suma la importancia del testeo regular: al menos una vez al año para personas sexualmente activas, y de manera obligatoria durante el embarazo.
Otro punto clave es el tratamiento simultáneo de las parejas sexuales. Ante un diagnóstico positivo, ambos deben recibir la medicación indicada, generalmente penicilina, para evitar reinfecciones sucesivas, un fenómeno conocido en la práctica clínica como "efecto ping-pong".
Cambiar conductas
Aunque la sífilis es curable, su detección tardía puede derivar en complicaciones neurológicas, cardiovasculares y sistémicas de gravedad. Por eso, los infectólogos insisten en no minimizar su impacto. El crecimiento del 71% registrado en 2025 no responde a una falla médica, sino a un cambio en las conductas preventivas. En ese contexto, la información, el acceso al diagnóstico y el sostenimiento de prácticas de cuidado siguen siendo las herramientas centrales para revertir una tendencia que vuelve a colocar a la sífilis en el centro de la agenda sanitaria.
Fuente: www.curarconopinion.com
Por Daniel Cassola
El aumento sostenido de la sífilis volvió a encender señales de alerta en el sistema de salud argentino. Según los últimos datos del Boletín Epidemiológico Nacional, los casos notificados crecieron un 71% durante 2025, una suba que confirma que esta infección de transmisión sexual, lejos de estar erradicada, atraviesa una nueva etapa de expansión asociada a cambios en las conductas de prevención y percepción del riesgo.
Paradojas
La sífilis, causada por la bacteria Treponema pallidum, es una enfermedad conocida desde hace siglos y cuenta con diagnóstico sencillo y tratamiento eficaz. Sin embargo, su crecimiento reciente expone una paradoja sanitaria: la disponibilidad de herramientas preventivas y terapéuticas convive con un relajamiento de las medidas de cuidado, especialmente en lo que respecta al uso del preservativo.
Especialistas en enfermedades infecciosas advierten que uno de los factores centrales detrás de este fenómeno es la llamada "falsa sensación de seguridad". La mayor disponibilidad de tratamientos para el VIH y la expansión de la Profilaxis Preexposición (PrEP), una estrategia altamente efectiva para prevenir ese virus, modificaron las percepciones de riesgo en las relaciones sexuales. Si bien la PrEP cumple un rol clave en la prevención del VIH, no protege frente a otras infecciones de transmisión sexual, como la sífilis, la gonorrea o la clamidia.
"El problema es que muchas personas asocian la protección exclusivamente al VIH y descuidan el resto de las infecciones", explica el doctor Gerardo Laube, médico infectólogo del Hospital Muñiz y profesor titular de la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló. "Hoy en día las relaciones sexuales sin ningún tipo de protección influyen negativamente en el control no solo de la sífilis, sino también de otras enfermedades de transmisión sexual. El uso del preservativo sigue siendo la medida más eficaz y fácil de implementar", subraya.
Propagación silenciosa
La dinámica propia de la sífilis también contribuye a su propagación silenciosa. En sus etapas iniciales, la infección suele manifestarse con una úlcera indolora que desaparece de manera espontánea. Esa característica llevó históricamente a definirla como "la gran simuladora": los síntomas pueden ser leves, transitorios o directamente inexistentes, lo que hace que muchas personas no consulten y crean, de forma errónea, que el problema se resolvió solo.
Esa ausencia de señales claras favorece la transmisión. "Un individuo no diagnosticado es un individuo que contagia", resume Laube. La falta de síntomas visibles, combinada con prácticas sexuales sin métodos de barrera, sostiene una circulación continua de la bacteria en distintos grupos etarios y contextos sociales.
Los datos oficiales muestran que el aumento de casos no se limita a un segmento específico de la población. La sífilis afecta tanto a jóvenes como a adultos, y preocupa especialmente el crecimiento de los diagnósticos en mujeres embarazadas, dado el riesgo de transmisión al recién nacido. En esos casos, el impacto puede ser grave, con consecuencias que van desde partos prematuros hasta infecciones congénitas evitables con controles y tratamiento oportuno.
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que frenar la tendencia requiere reforzar estrategias conocidas, pero aplicadas de manera sistemática. El uso correcto del preservativo, desde el inicio hasta el final de todas las prácticas sexuales -vaginales, anales y orales-, sigue siendo la herramienta más efectiva para reducir el riesgo. A eso se suma la importancia del testeo regular: al menos una vez al año para personas sexualmente activas, y de manera obligatoria durante el embarazo.
Otro punto clave es el tratamiento simultáneo de las parejas sexuales. Ante un diagnóstico positivo, ambos deben recibir la medicación indicada, generalmente penicilina, para evitar reinfecciones sucesivas, un fenómeno conocido en la práctica clínica como "efecto ping-pong".
Cambiar conductas
Aunque la sífilis es curable, su detección tardía puede derivar en complicaciones neurológicas, cardiovasculares y sistémicas de gravedad. Por eso, los infectólogos insisten en no minimizar su impacto. El crecimiento del 71% registrado en 2025 no responde a una falla médica, sino a un cambio en las conductas preventivas. En ese contexto, la información, el acceso al diagnóstico y el sostenimiento de prácticas de cuidado siguen siendo las herramientas centrales para revertir una tendencia que vuelve a colocar a la sífilis en el centro de la agenda sanitaria.
Fuente: www.curarconopinion.com

