Futa Malon en Puelmapu ilumina el futuro mapuchePor Adrián Moyano
A 150 años del Malón Grande, el periodista e investigador Adrián Moyano reconstruye uno de los episodios más decisivos de la resistencia mapuche en el Puelmapu frente a la expansión estatal-capitalista argentina. El texto examina las causas políticas, territoriales y económicas del Futa Malon, desmonta los relatos oficiales del despojo y propone una lectura de continuidad histórica entre aquella ofensiva mapuche y las luchas actuales por territorio, memoria y futuro.
La década de 1870 significó expansión para el capitalismo a escala planetaria y la Argentina no fue la excepción. Puede que en las rucas (casas) de los grandes loncos mapuches no se hablara de plusvalía o colonialismo, pero los responsables políticos del pueblo sabían perfectamente en qué consistía esa amenaza para su territorio y libertad. No se iban a quedar de brazos cruzados mientras trenes, telégrafos, nuevas fortificaciones y destacamentos militares se entrometían en la vastedad del Wallmapu (territorio mapuche ancestral).
Hacía décadas que en los trawün (encuentros) se leía. Desde fines del siglo XVIII había jóvenes mapuches capaz de leer en castellano y también de escribir. Durante las grandes asambleas en las que se adoptaban determinaciones políticas, era usual que se leyeran y releyeran las cartas que enviaban las autoridades argentinas o chilenas. En las poblaciones más cercanas a las ciudades huincas no era extraño que llegaran los periódicos que se editaban en Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe, de manera que las noticias preocupantes circulaban de manera corriente.
En unas líneas que había enviado en noviembre de 1875 al arzobispo de Buenos Aires, Manuel Namuncura demostró que estaba al tanto de los planes del "Superior Gobierno". Hijo del gran Kalfükura (Piedra Azul), Namunkura (Pie de Piedra) también era ñizol longko, es decir, lonco entre loncos. El espacio territorial bajo control de su gente no se limitaba a las célebres Salinas Grandes: además de incluir zonas de la actual provincia de La Pampa, abarcaba extensiones que hoy son de Buenos Aires. Hizo saber la autoridad mapuche a su interlocutor eclesiástico que la Argentina planeaba quitarle "los campos", "tomar posición del Carhué" y "seguir el ferrocarril" desde allí hasta Choele Choel, es decir, la isla del río Negro que queda bastante más al sur.
La amenaza era muy sensible para Namunkura porque dos años antes, en su lecho de muerte, su padre había recomendado fervientemente "no entregar Carhué al huinca". No se refería el toki (autoridad para la guerra) al lugar donde después de la usurpación territorial se levantó la localidad que hoy lleva ese nombre, sino a todo el espacio que codiciaban los sectores ganaderos: karü we significa lugar verde en mapuzungun, denominación que aludía al esplendor de esos vergeles. Para su hijo y sus compañeros, quedaba claro que esa codicia explícita "no anima a los buenos deseos de bienestar del país para con los demás Caciques que somos dueños de estos campos y no queremos que nos quiten los campos del Carhué". El texto solicitaba la intervención del funcionario eclesiástico y que "nos defienda como hijos en todos los asuntos".
La gota y el vaso
Pero del lado argentino, la expansión estatal-capitalista ya estaba decidida. En 1867, el Congreso había aprobado el avance de la frontera hasta el río Negro y desde agosto de 1875, el ministro de Guerra, Adolfo Alsina, había logrado dos importantes partidas presupuestarias para equipar al Ejército y llevar a la práctica aquella ley: la 215. La prensa cercana al poder comentaba con alborozo los designios que preocupaban a Namuncura y demás loncos, quienes no se limitarían a esperar las probablemente infructuosas gestiones eclesiásticas.
La gota que rebalsó el vaso fue la disposición gubernamental de trasladar forzosamente a las comunidades de Juan José Catriel desde el Kalfü sin destino preciso. "Indios amigos" por antonomasia, hacía cuatro décadas que los Catriel vivían del lado argentino de la frontera y estaban hacía tiempo militarizados, es decir, formaban parte del Ejército como tropas auxiliares. De hecho, al mando de Cipriano habían formado en el bando de los uniformados en la célebre batalla de San Carlos (1872). Esa determinación hizo que fuera ajusticiado por su propia gente dos años después. El Kalfü (Azul) era otro de los enclaves que anhelaba incorporar a su esquema económico la oligarquía bonaerense y de poco servían los antiguos servicios que los Catriel habían prestado. Con la guía de Juan José, las relaciones con los loncos mapuches en libertad se habían profundizado.
El 26 de diciembre sus "indios amigos" se negaron a perseguir un pequeño malón que había liderado el famoso Pincén y según fuentes militares, el 30 y 31 dio comienzo la serie de ataques y combates que quedó en la historia como Malón Grande. Se produjo 150 años atrás. Namuncura había concentrado unos 1.000 weichafe (guerreros) y pronto se reunieron otros 5.000 provenientes inclusive de Ngulumapu (Territorio del Oeste, hoy Chile). Por su lado, Pincén y Kuru Necul lideraron 1.500 guerreros que "arrasaron varios fortines" y para desventura de la Sociedad Rural Argentina, "arrearon unos 200.000 animales", según se encargó de resaltar el cura Meinrado Hux, religioso historiador que siempre estuvo listo para enfatizar la supuesta rapiña de sus biografiados. Por su parte, fuentes militares limitan en 3.500 la "horda" de "salvajes" que se congregó para defender la soberanía del pueblo mapuche en el noreste del Puelmapu.
Tamaña coordinación no pudo surgir de improviso ni fue exclusivamente asunto de hombres. Antes de acometer un malón, era menester forjar lanzas y laquis (boleadoras) mediante piedras envueltas en cuero caliente, que luego se estrechaba al secarse. Las mujeres se abocaban a preparar los víveres necesarios, sobre todo para quienes iban a cabalgar centenares de leguas antes de llegar al objetivo militar. Harina tostada y charqui, además de otros efectos útiles para afrontar la travesía y los enfrentamientos que se avecinaban.
Sucesivas usurpaciones
La ofensiva se descargó sobre zonas aledañas a Olavarría, Tandil, Azul, Tapalqué, Tres Arroyos y Alvear, poblaciones argentinas que no existían en mayo de 1810, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata iniciaron el proceso que finalmente, conduciría a la independencia respecto de España. Esas localidades se habían originado en las sucesivas usurpaciones del territorio mapuche libre que se venían produciendo desde 1820 en adelante. Los combates, malones y persecuciones se extendieron hasta marzo de 1876, cuando en un punto llamado Paragüil (General Lamadrid), las tropas argentinas al mando de Nicolás Levalle prevalecieron sobre los lanceros mapuches. Al cumplirse su centenario en 1976, la última dictadura cívico-militar se cuidó especialmente de celebrar el hecho de armas. Los intereses históricos de las fuerzas armadas y de las clases dominantes son muy difíciles de diferenciar en la Argentina.
Cuando tuvo que comparecer en el Congreso ante las exigencias de la oposición parlamentaria, el ministro Alsina farfulló: "No había ejemplo de una invasión tan numerosa, a lo que se agregaba la circunstancia especial y completamente nueva de una tribu sometida que se sublevaba en el momento más inesperado, doce leguas a retaguardia de la línea de defensa, a cuatro de un pueblo importante y vigorosamente auxiliada por todos los bárbaros de la Pampa. En cuanto a las causas reales de la sublevación, han quedado hasta ahora envueltas en el misterio".
Pamplinas. El Malón Grande fue el último intento masivo y consciente del pueblo mapuche por torcer el curso de la historia ante los indisimulables preparativos del despojo que se avecinaba. La resistencia armada continuó hasta 1885 e inclusive supo de algunos éxitos, pero ya nunca pudieron concentrarse tantos guerreros y para fines de aquella década, la División que llevaría a cabo la Campaña al Desierto estaba armada con rémingtons, es decir, los fusiles y carabinas de retrocarga que terminaron con la relativa paridad que hubo entre los contendientes durante un siglo.
Tomaron parte del Malón Grande los hombres que tuvieron como orientadores políticos a Namuncura, Pincén, Juan José Catriel, Reque Cura y Purrán. Los dos últimos tenían sus espacios territoriales en la actual provincia de Neuquén: el primero cerca de la cordillera en la cuenca del río Aluminé y el segundo hacia el norte, con la inclusión de campos que hoy forman parte del sur mendocino. Si bien los grandes loncos rankülche no fueron de la partida, hay algunas fuentes que afirman que también la gente de Baigorrita participó. Defendían sus familias, sus formas de vida, sus entrañables campos, sus territorios de caza y sus centenarias rastrilladas. ¿Qué tiene de misterioso?
Aquellos miles de jinetes fueron los que no aceptaron pasivamente el destino de sujeción capitalista y colonial que, entre el Ejército y la oligarquía, les habían deparado. En el pueblo mapuche y muchos otros, hoy se cuentan por miles sus continuadores. Entre las culturas que tienen otra manera de considerar el tiempo, no existe una separación taxativa entre pasado y presente, de manera que cualquier futuro que se pueda construir se ilumina por la comprensión de los sucesos históricos. Celosamente silenciado por la historia de los conquistadores coloniales y sus continuadores del presente, el Futra Malon (Malón Grande), es uno de ellos.
La Imagen de portada es parte de una pintura de Augusto Gómez Romero
Fuente: Resumen Latinoamericano
Por Adrián Moyano
A 150 años del Malón Grande, el periodista e investigador Adrián Moyano reconstruye uno de los episodios más decisivos de la resistencia mapuche en el Puelmapu frente a la expansión estatal-capitalista argentina. El texto examina las causas políticas, territoriales y económicas del Futa Malon, desmonta los relatos oficiales del despojo y propone una lectura de continuidad histórica entre aquella ofensiva mapuche y las luchas actuales por territorio, memoria y futuro.
La década de 1870 significó expansión para el capitalismo a escala planetaria y la Argentina no fue la excepción. Puede que en las rucas (casas) de los grandes loncos mapuches no se hablara de plusvalía o colonialismo, pero los responsables políticos del pueblo sabían perfectamente en qué consistía esa amenaza para su territorio y libertad. No se iban a quedar de brazos cruzados mientras trenes, telégrafos, nuevas fortificaciones y destacamentos militares se entrometían en la vastedad del Wallmapu (territorio mapuche ancestral).
Hacía décadas que en los trawün (encuentros) se leía. Desde fines del siglo XVIII había jóvenes mapuches capaz de leer en castellano y también de escribir. Durante las grandes asambleas en las que se adoptaban determinaciones políticas, era usual que se leyeran y releyeran las cartas que enviaban las autoridades argentinas o chilenas. En las poblaciones más cercanas a las ciudades huincas no era extraño que llegaran los periódicos que se editaban en Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe, de manera que las noticias preocupantes circulaban de manera corriente.
En unas líneas que había enviado en noviembre de 1875 al arzobispo de Buenos Aires, Manuel Namuncura demostró que estaba al tanto de los planes del "Superior Gobierno". Hijo del gran Kalfükura (Piedra Azul), Namunkura (Pie de Piedra) también era ñizol longko, es decir, lonco entre loncos. El espacio territorial bajo control de su gente no se limitaba a las célebres Salinas Grandes: además de incluir zonas de la actual provincia de La Pampa, abarcaba extensiones que hoy son de Buenos Aires. Hizo saber la autoridad mapuche a su interlocutor eclesiástico que la Argentina planeaba quitarle "los campos", "tomar posición del Carhué" y "seguir el ferrocarril" desde allí hasta Choele Choel, es decir, la isla del río Negro que queda bastante más al sur.
La amenaza era muy sensible para Namunkura porque dos años antes, en su lecho de muerte, su padre había recomendado fervientemente "no entregar Carhué al huinca". No se refería el toki (autoridad para la guerra) al lugar donde después de la usurpación territorial se levantó la localidad que hoy lleva ese nombre, sino a todo el espacio que codiciaban los sectores ganaderos: karü we significa lugar verde en mapuzungun, denominación que aludía al esplendor de esos vergeles. Para su hijo y sus compañeros, quedaba claro que esa codicia explícita "no anima a los buenos deseos de bienestar del país para con los demás Caciques que somos dueños de estos campos y no queremos que nos quiten los campos del Carhué". El texto solicitaba la intervención del funcionario eclesiástico y que "nos defienda como hijos en todos los asuntos".
La gota y el vaso
Pero del lado argentino, la expansión estatal-capitalista ya estaba decidida. En 1867, el Congreso había aprobado el avance de la frontera hasta el río Negro y desde agosto de 1875, el ministro de Guerra, Adolfo Alsina, había logrado dos importantes partidas presupuestarias para equipar al Ejército y llevar a la práctica aquella ley: la 215. La prensa cercana al poder comentaba con alborozo los designios que preocupaban a Namuncura y demás loncos, quienes no se limitarían a esperar las probablemente infructuosas gestiones eclesiásticas.
La gota que rebalsó el vaso fue la disposición gubernamental de trasladar forzosamente a las comunidades de Juan José Catriel desde el Kalfü sin destino preciso. "Indios amigos" por antonomasia, hacía cuatro décadas que los Catriel vivían del lado argentino de la frontera y estaban hacía tiempo militarizados, es decir, formaban parte del Ejército como tropas auxiliares. De hecho, al mando de Cipriano habían formado en el bando de los uniformados en la célebre batalla de San Carlos (1872). Esa determinación hizo que fuera ajusticiado por su propia gente dos años después. El Kalfü (Azul) era otro de los enclaves que anhelaba incorporar a su esquema económico la oligarquía bonaerense y de poco servían los antiguos servicios que los Catriel habían prestado. Con la guía de Juan José, las relaciones con los loncos mapuches en libertad se habían profundizado.
El 26 de diciembre sus "indios amigos" se negaron a perseguir un pequeño malón que había liderado el famoso Pincén y según fuentes militares, el 30 y 31 dio comienzo la serie de ataques y combates que quedó en la historia como Malón Grande. Se produjo 150 años atrás. Namuncura había concentrado unos 1.000 weichafe (guerreros) y pronto se reunieron otros 5.000 provenientes inclusive de Ngulumapu (Territorio del Oeste, hoy Chile). Por su lado, Pincén y Kuru Necul lideraron 1.500 guerreros que "arrasaron varios fortines" y para desventura de la Sociedad Rural Argentina, "arrearon unos 200.000 animales", según se encargó de resaltar el cura Meinrado Hux, religioso historiador que siempre estuvo listo para enfatizar la supuesta rapiña de sus biografiados. Por su parte, fuentes militares limitan en 3.500 la "horda" de "salvajes" que se congregó para defender la soberanía del pueblo mapuche en el noreste del Puelmapu.
Tamaña coordinación no pudo surgir de improviso ni fue exclusivamente asunto de hombres. Antes de acometer un malón, era menester forjar lanzas y laquis (boleadoras) mediante piedras envueltas en cuero caliente, que luego se estrechaba al secarse. Las mujeres se abocaban a preparar los víveres necesarios, sobre todo para quienes iban a cabalgar centenares de leguas antes de llegar al objetivo militar. Harina tostada y charqui, además de otros efectos útiles para afrontar la travesía y los enfrentamientos que se avecinaban.
Sucesivas usurpaciones
La ofensiva se descargó sobre zonas aledañas a Olavarría, Tandil, Azul, Tapalqué, Tres Arroyos y Alvear, poblaciones argentinas que no existían en mayo de 1810, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata iniciaron el proceso que finalmente, conduciría a la independencia respecto de España. Esas localidades se habían originado en las sucesivas usurpaciones del territorio mapuche libre que se venían produciendo desde 1820 en adelante. Los combates, malones y persecuciones se extendieron hasta marzo de 1876, cuando en un punto llamado Paragüil (General Lamadrid), las tropas argentinas al mando de Nicolás Levalle prevalecieron sobre los lanceros mapuches. Al cumplirse su centenario en 1976, la última dictadura cívico-militar se cuidó especialmente de celebrar el hecho de armas. Los intereses históricos de las fuerzas armadas y de las clases dominantes son muy difíciles de diferenciar en la Argentina.
Cuando tuvo que comparecer en el Congreso ante las exigencias de la oposición parlamentaria, el ministro Alsina farfulló: "No había ejemplo de una invasión tan numerosa, a lo que se agregaba la circunstancia especial y completamente nueva de una tribu sometida que se sublevaba en el momento más inesperado, doce leguas a retaguardia de la línea de defensa, a cuatro de un pueblo importante y vigorosamente auxiliada por todos los bárbaros de la Pampa. En cuanto a las causas reales de la sublevación, han quedado hasta ahora envueltas en el misterio".
Pamplinas. El Malón Grande fue el último intento masivo y consciente del pueblo mapuche por torcer el curso de la historia ante los indisimulables preparativos del despojo que se avecinaba. La resistencia armada continuó hasta 1885 e inclusive supo de algunos éxitos, pero ya nunca pudieron concentrarse tantos guerreros y para fines de aquella década, la División que llevaría a cabo la Campaña al Desierto estaba armada con rémingtons, es decir, los fusiles y carabinas de retrocarga que terminaron con la relativa paridad que hubo entre los contendientes durante un siglo.
Tomaron parte del Malón Grande los hombres que tuvieron como orientadores políticos a Namuncura, Pincén, Juan José Catriel, Reque Cura y Purrán. Los dos últimos tenían sus espacios territoriales en la actual provincia de Neuquén: el primero cerca de la cordillera en la cuenca del río Aluminé y el segundo hacia el norte, con la inclusión de campos que hoy forman parte del sur mendocino. Si bien los grandes loncos rankülche no fueron de la partida, hay algunas fuentes que afirman que también la gente de Baigorrita participó. Defendían sus familias, sus formas de vida, sus entrañables campos, sus territorios de caza y sus centenarias rastrilladas. ¿Qué tiene de misterioso?
Aquellos miles de jinetes fueron los que no aceptaron pasivamente el destino de sujeción capitalista y colonial que, entre el Ejército y la oligarquía, les habían deparado. En el pueblo mapuche y muchos otros, hoy se cuentan por miles sus continuadores. Entre las culturas que tienen otra manera de considerar el tiempo, no existe una separación taxativa entre pasado y presente, de manera que cualquier futuro que se pueda construir se ilumina por la comprensión de los sucesos históricos. Celosamente silenciado por la historia de los conquistadores coloniales y sus continuadores del presente, el Futra Malon (Malón Grande), es uno de ellos.
La Imagen de portada es parte de una pintura de Augusto Gómez Romero
Fuente: Resumen Latinoamericano

