Prohibido importar juguetes: el bloqueo israelí condena a los niños de Gaza a jugar con palos y latasPor Mohamed Solaimane - Jan Yunis (Franja de Gaza)
Amr Mahmoud, de cuatro años, baila agarrando un farol de Ramadán roto que su familia rescató de los escombros de su casa destruida en Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza. Este farol decorativo, que se usa para iluminar calles y hogares durante el mes sagrado para los musulmanes, ya no se enciende ni emite música: solo conserva la carcasa de plástico. Aun así, Amr y el corro de niños que lo rodean irradian alegría pura mientras celebran el Ramadán, que comenzó el pasado 17 de febrero. Es el único juguete que tienen.
La escena se desarrolla entre las tiendas de campaña para desplazados en la zona de Al Mawasi. Mientras Amr y sus siete hermanos cantan canciones tradicionales, otros niños golpean latas de refresco vacías para marcar el ritmo, convierten retales en balones improvisados y se intercambian palos de madera como si fueran juguetes. Entre risas, giran y se persiguen, ajenos a la devastación que los rodea.
Israel ha bloqueado las importaciones de juguetes a Gaza desde octubre de 2023, según confirma Maher al Taba'a, director de la Cámara de Comercio e Industria de Gaza. La prohibición afecta tanto al comercio como a la ayuda humanitaria, con una única excepción reciente: Unicef ha logrado introducir cantidades mínimas de material recreativo y escolar.
"Israel solo permite la entrada de alimentos y casi todo lo demás está completamente prohibido o entra en cantidades muy pequeñas a través del contrabando o por canales no oficiales", explica Al Taba'a. Incluso los precios de la carne congelada se han duplicado en comparación con los niveles anteriores a la guerra, señala, mientras que muchos productos cuestan hasta un 300% más. La escasez y el encarecimiento de los juguetes son otra cara de la dramática situación de la infancia en Gaza.
Israel solo permite la entrada de alimentos, y casi todo lo demás está completamente prohibido
Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU, desde el 7 de octubre de 2023, de los más de 72.000 gazatíes muertos por los ataques de Israel sobre Gaza, más de 20.000 son menores. Unicef lleva meses alertando de que el 100% de los menores de Gaza, alrededor de un millón de niños y niñas, necesita apoyo psicológico después de dos años de desplazamiento, bombardeos, hambre y miedo. Vinculada a la salud mental está la educación y casi 640.000 menores siguen sin tener acceso a una escolaridad formal presencial. Además, el 60% de los pequeños de entre seis y 24 meses sufren "pobreza alimentaria grave" y el organismo de Naciones Unidas proyecta que en 2026 unos 250.000 niños podrían padecer malnutrición aguda en un territorio con una población total de 2,1 millones de habitantes.
"Viejo y carísimo"
Amira Omar, de cinco años, gira en el centro de un círculo que forman los niños con sus cuerpos, riendo y cantando mientras sostiene el farol roto. Detrás de una barrera de hojas de palmera a unos metros de distancia, dos padres se secan las lágrimas. "Esto es el fin. Nuestros hijos antes vivían en sus casas, con sus juguetes, cómodos y felices. Ahora no encuentran nada con lo que jugar", dice Abu Abdel Rahman, que prefiere no dar su nombre completo.
El exprofesor, de 42 años, no ha vuelto a trabajar desde que fue desplazado por los bombardeos. "No tenemos dinero y lo poco que hay en los mercados es viejo y carísimo. Jugar es esencial para sus vidas, pero es insoportable verlos convertir madera, metal o ropa en algo que se parezca a un juguete", afirma. Su voz se eleva mientras se pregunta: "¿Qué amenaza para la seguridad puede suponer un balón, una muñequita o un juguete electrónico?".
Hilmi Barbakh, propietario de las tiendas de juguetes Al Qal'a (El Castillo), solía importar mercancía de China y adquirir localmente unos 30 camiones al año de juguetes y material educativo. Sus existencias se agotaron en los primeros seis meses de guerra y desde entonces no ha recibido permiso de Israel para reponerlas, al igual que otros comerciantes e importadores.
¿Qué amenaza para la seguridad puede suponer un balón, una muñequita o un juguete electrónico?
Abu Abdel Rahman
"Los precios subieron un 20% dos meses después del inicio de la guerra, pero una vez que se agotaron las existencias de la mayoría de los comerciantes, los precios se multiplicaron por 10 o más", afirma Barbakh. Una pequeña muñeca de tela que costaba tres dólares (2,54 euros) ahora se vende por 13 dólares (11,04 euros). Los juguetes electrónicos se han vuelto inasequibles para la mayoría de las familias. "Si la situación fuera normal, el Ramadán y el Eid [al Fitr, o fiesta de la ruptura del ayuno, que marca el fin del Ramadán] representarían la temporada alta de ventas", añade. Ahora debe responder a cada llamada de familias o minoristas con la misma frase: "No hay nada disponible".
Rana Abu Jaradeh, de 37 años, improvisa juegos para sus tres hijas -Dima (cuatro años), Dana (dos años) y Laila (siete meses)-, utilizando calcetines rellenos de papel como pelotas, pintando cajas de cartón vacías para que parezcan muñecas y fabricando juguetes con palos de leña. La licenciada en biología vive en una tienda de campaña al norte de Al Mawasi con su marido desempleado, un herrero que no puede utilizar sus herramientas. Dependen de la ayuda ocasional y de un comedor social cercano.
"¿Cómo puedo comprar juguetes a un precio 10 veces superior cuando no puedo permitirme verduras, carne congelada o fruta?", se pregunta Abu Jaradeh. Su hija mayor, Dima, ve vídeos en YouTube de niños de países vecinos en el teléfono de su madre y memoriza las historias de familias árabes que publican el día a día de sus hijos. "Mi hija mayor es consciente de que nosotros vivimos en una guerra y no tenemos juguetes y de que ellos, fuera de Gaza, están mejor", dice Abu Jaradeh. "Si Dios quiere, esto terminará y te compraré todo lo que quieras", dice la madre a la pequeña.
Tampoco Abu Abdel Rahman, desplazado del centro de Jan Yunis a Al Mawasi en mayo de 2025, puede proporcionar a sus hijos los juguetes que les compraba antes de la guerra: bloques para contar, dispositivos para pronunciar letras en árabe e inglés, balones de fútbol, muñecas o pequeños coches de plástico. Actualmente, nada de eso está disponible. "Cuando pregunto a los vendedores, me dicen que no hay nada en los mercados porque Israel impide la entrada, y lo que entra llega a través de organizaciones internacionales que lo distribuyen a los niños en cantidades limitadas, y algunas familias los venden para comprar comida", explica.
A medida que avanza el Ramadán, los niños de Gaza siguen cantando, bailando y jugando con lo que encuentran: faroles rotos, latas aplastadas o retales de tela. Sus padres los observan en silencio, preguntándose cuándo volverá la infancia a un lugar donde incluso los juguetes se han convertido en armas de guerra.
Fuente: El País
Por Mohamed Solaimane - Jan Yunis (Franja de Gaza)
Amr Mahmoud, de cuatro años, baila agarrando un farol de Ramadán roto que su familia rescató de los escombros de su casa destruida en Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza. Este farol decorativo, que se usa para iluminar calles y hogares durante el mes sagrado para los musulmanes, ya no se enciende ni emite música: solo conserva la carcasa de plástico. Aun así, Amr y el corro de niños que lo rodean irradian alegría pura mientras celebran el Ramadán, que comenzó el pasado 17 de febrero. Es el único juguete que tienen.
La escena se desarrolla entre las tiendas de campaña para desplazados en la zona de Al Mawasi. Mientras Amr y sus siete hermanos cantan canciones tradicionales, otros niños golpean latas de refresco vacías para marcar el ritmo, convierten retales en balones improvisados y se intercambian palos de madera como si fueran juguetes. Entre risas, giran y se persiguen, ajenos a la devastación que los rodea.
Israel ha bloqueado las importaciones de juguetes a Gaza desde octubre de 2023, según confirma Maher al Taba'a, director de la Cámara de Comercio e Industria de Gaza. La prohibición afecta tanto al comercio como a la ayuda humanitaria, con una única excepción reciente: Unicef ha logrado introducir cantidades mínimas de material recreativo y escolar.
"Israel solo permite la entrada de alimentos y casi todo lo demás está completamente prohibido o entra en cantidades muy pequeñas a través del contrabando o por canales no oficiales", explica Al Taba'a. Incluso los precios de la carne congelada se han duplicado en comparación con los niveles anteriores a la guerra, señala, mientras que muchos productos cuestan hasta un 300% más. La escasez y el encarecimiento de los juguetes son otra cara de la dramática situación de la infancia en Gaza.
Israel solo permite la entrada de alimentos, y casi todo lo demás está completamente prohibido
Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU, desde el 7 de octubre de 2023, de los más de 72.000 gazatíes muertos por los ataques de Israel sobre Gaza, más de 20.000 son menores. Unicef lleva meses alertando de que el 100% de los menores de Gaza, alrededor de un millón de niños y niñas, necesita apoyo psicológico después de dos años de desplazamiento, bombardeos, hambre y miedo. Vinculada a la salud mental está la educación y casi 640.000 menores siguen sin tener acceso a una escolaridad formal presencial. Además, el 60% de los pequeños de entre seis y 24 meses sufren "pobreza alimentaria grave" y el organismo de Naciones Unidas proyecta que en 2026 unos 250.000 niños podrían padecer malnutrición aguda en un territorio con una población total de 2,1 millones de habitantes.
"Viejo y carísimo"
Amira Omar, de cinco años, gira en el centro de un círculo que forman los niños con sus cuerpos, riendo y cantando mientras sostiene el farol roto. Detrás de una barrera de hojas de palmera a unos metros de distancia, dos padres se secan las lágrimas. "Esto es el fin. Nuestros hijos antes vivían en sus casas, con sus juguetes, cómodos y felices. Ahora no encuentran nada con lo que jugar", dice Abu Abdel Rahman, que prefiere no dar su nombre completo.
El exprofesor, de 42 años, no ha vuelto a trabajar desde que fue desplazado por los bombardeos. "No tenemos dinero y lo poco que hay en los mercados es viejo y carísimo. Jugar es esencial para sus vidas, pero es insoportable verlos convertir madera, metal o ropa en algo que se parezca a un juguete", afirma. Su voz se eleva mientras se pregunta: "¿Qué amenaza para la seguridad puede suponer un balón, una muñequita o un juguete electrónico?".
Hilmi Barbakh, propietario de las tiendas de juguetes Al Qal'a (El Castillo), solía importar mercancía de China y adquirir localmente unos 30 camiones al año de juguetes y material educativo. Sus existencias se agotaron en los primeros seis meses de guerra y desde entonces no ha recibido permiso de Israel para reponerlas, al igual que otros comerciantes e importadores.
¿Qué amenaza para la seguridad puede suponer un balón, una muñequita o un juguete electrónico?
Abu Abdel Rahman
"Los precios subieron un 20% dos meses después del inicio de la guerra, pero una vez que se agotaron las existencias de la mayoría de los comerciantes, los precios se multiplicaron por 10 o más", afirma Barbakh. Una pequeña muñeca de tela que costaba tres dólares (2,54 euros) ahora se vende por 13 dólares (11,04 euros). Los juguetes electrónicos se han vuelto inasequibles para la mayoría de las familias. "Si la situación fuera normal, el Ramadán y el Eid [al Fitr, o fiesta de la ruptura del ayuno, que marca el fin del Ramadán] representarían la temporada alta de ventas", añade. Ahora debe responder a cada llamada de familias o minoristas con la misma frase: "No hay nada disponible".
Rana Abu Jaradeh, de 37 años, improvisa juegos para sus tres hijas -Dima (cuatro años), Dana (dos años) y Laila (siete meses)-, utilizando calcetines rellenos de papel como pelotas, pintando cajas de cartón vacías para que parezcan muñecas y fabricando juguetes con palos de leña. La licenciada en biología vive en una tienda de campaña al norte de Al Mawasi con su marido desempleado, un herrero que no puede utilizar sus herramientas. Dependen de la ayuda ocasional y de un comedor social cercano.
"¿Cómo puedo comprar juguetes a un precio 10 veces superior cuando no puedo permitirme verduras, carne congelada o fruta?", se pregunta Abu Jaradeh. Su hija mayor, Dima, ve vídeos en YouTube de niños de países vecinos en el teléfono de su madre y memoriza las historias de familias árabes que publican el día a día de sus hijos. "Mi hija mayor es consciente de que nosotros vivimos en una guerra y no tenemos juguetes y de que ellos, fuera de Gaza, están mejor", dice Abu Jaradeh. "Si Dios quiere, esto terminará y te compraré todo lo que quieras", dice la madre a la pequeña.
Tampoco Abu Abdel Rahman, desplazado del centro de Jan Yunis a Al Mawasi en mayo de 2025, puede proporcionar a sus hijos los juguetes que les compraba antes de la guerra: bloques para contar, dispositivos para pronunciar letras en árabe e inglés, balones de fútbol, muñecas o pequeños coches de plástico. Actualmente, nada de eso está disponible. "Cuando pregunto a los vendedores, me dicen que no hay nada en los mercados porque Israel impide la entrada, y lo que entra llega a través de organizaciones internacionales que lo distribuyen a los niños en cantidades limitadas, y algunas familias los venden para comprar comida", explica.
A medida que avanza el Ramadán, los niños de Gaza siguen cantando, bailando y jugando con lo que encuentran: faroles rotos, latas aplastadas o retales de tela. Sus padres los observan en silencio, preguntándose cuándo volverá la infancia a un lugar donde incluso los juguetes se han convertido en armas de guerra.
Fuente: El País

