Vaca Muerta y la consolidación de un modelo económico para pocosPor Marco Kofman*
La concentración económica es un fenómeno típico de las actividades que ingresan en un sendero de consolidación de sus negocios. Después de algunos años de cambios significativos, Vaca Muerta cerró 2025 bajo un nuevo orden. Si bien la inestabilidad en materia de actores dominantes es propia de cualquier actividad en crecimiento, el mapa de poder del sector no convencional parece haber encontrado su centro de gravedad en un puñado de empresas.
La estadística es contundente. Al cierre del año, apenas cinco empresas explicaron más del 80% de la producción de Vaca Muerta. Es un avance voraz: la misma cuota de mercado se repartía entre ocho compañías hace doce meses.
Mientras tanto, el sector convencional vive un proceso inverso: el repliegue de YPF forzó una redimensión donde actores más pequeños, pero algunos con larga trayectoria en la actividad, recogen los restos de la operadora estatal
El avance de la concentración económica se replica en el comercio exterior. Cada vez menos empresas concentran un mayor porcentaje de las exportaciones de crudo: sólo cinco firmas, encabezadas por VISTA, acapararon el 75% de las exportaciones de petróleo en 2025.
La maduración del sector se dio en un marco económico de desregulación y falta de control sobre los capitales. El resultado podía preverse: en el año del boom productivo y exportador, las petroleras registraron niveles récord de endeudamiento y fuga de divisas. La sangría financiera alcanzó los 3.547 millones de dólares, devorándose el 65% del saldo comercial que el propio sector generó.
El modelo macroeconómico actual ha convertido al endeudamiento petrolero en uno de sus principales respiradores artificiales. Durante 2025, ingresaron 7.025 millones de dólares por créditos externos de las energéticas; para las urgencias del Banco Central, estos dólares financieros fueron más vitales que los obtenidos por la venta externa de petróleo.
Hay un dato adicional que no debe saltarse: Según los registros oficiales, dos de cada tres dólares de la "nueva deuda" bajo la gestión Milei corresponden a contratos intrafirma. Es decir: empresas que se deben dinero a sí mismas. Una maniobra de valorización financiera que garantiza ganancias a estos actores hipotecando el equilibrio externo del país de los próximos años.
La industria y la producción local retroceden y el proyecto de reprimarización de la economía avanza. Los sectores extractivos, mientras tanto, de la mano de la concentración económica y del cambio tecnológico, ya están mostrando serias limitaciones para la creación de nuevos puestos de trabajo. No todos y no todas tienen lugar en la Argentina potencia exportadora de energía, minerales, cereales y oleaginosas.
*Economista del Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental
Fuente: EJES.org.ar
Por Marco Kofman*
La concentración económica es un fenómeno típico de las actividades que ingresan en un sendero de consolidación de sus negocios. Después de algunos años de cambios significativos, Vaca Muerta cerró 2025 bajo un nuevo orden. Si bien la inestabilidad en materia de actores dominantes es propia de cualquier actividad en crecimiento, el mapa de poder del sector no convencional parece haber encontrado su centro de gravedad en un puñado de empresas.
La estadística es contundente. Al cierre del año, apenas cinco empresas explicaron más del 80% de la producción de Vaca Muerta. Es un avance voraz: la misma cuota de mercado se repartía entre ocho compañías hace doce meses.
Mientras tanto, el sector convencional vive un proceso inverso: el repliegue de YPF forzó una redimensión donde actores más pequeños, pero algunos con larga trayectoria en la actividad, recogen los restos de la operadora estatal
El avance de la concentración económica se replica en el comercio exterior. Cada vez menos empresas concentran un mayor porcentaje de las exportaciones de crudo: sólo cinco firmas, encabezadas por VISTA, acapararon el 75% de las exportaciones de petróleo en 2025.
La maduración del sector se dio en un marco económico de desregulación y falta de control sobre los capitales. El resultado podía preverse: en el año del boom productivo y exportador, las petroleras registraron niveles récord de endeudamiento y fuga de divisas. La sangría financiera alcanzó los 3.547 millones de dólares, devorándose el 65% del saldo comercial que el propio sector generó.
El modelo macroeconómico actual ha convertido al endeudamiento petrolero en uno de sus principales respiradores artificiales. Durante 2025, ingresaron 7.025 millones de dólares por créditos externos de las energéticas; para las urgencias del Banco Central, estos dólares financieros fueron más vitales que los obtenidos por la venta externa de petróleo.
Hay un dato adicional que no debe saltarse: Según los registros oficiales, dos de cada tres dólares de la "nueva deuda" bajo la gestión Milei corresponden a contratos intrafirma. Es decir: empresas que se deben dinero a sí mismas. Una maniobra de valorización financiera que garantiza ganancias a estos actores hipotecando el equilibrio externo del país de los próximos años.
La industria y la producción local retroceden y el proyecto de reprimarización de la economía avanza. Los sectores extractivos, mientras tanto, de la mano de la concentración económica y del cambio tecnológico, ya están mostrando serias limitaciones para la creación de nuevos puestos de trabajo. No todos y no todas tienen lugar en la Argentina potencia exportadora de energía, minerales, cereales y oleaginosas.
*Economista del Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental
Fuente: EJES.org.ar

