La crisis de la Cuenca del Golfo San Jorge, tanto en el sur de Chubut como en el norte de Santa Cruz, está enmarcada por varios aspectos que se conjugan y tienen diferentes dimensiones; algunos de esos elementos la potencian como el proceso crítico más grave de los últimos 30 años y otros todavía no alcanzan dicha dimensión. La investigación histórica realizada por El Extremo Sur muestra que en el terreno productivo se transita por la crisis más profunda desde 1996, con un retroceso extractivo de 35 millones de barriles que se traduce en una involución del 34%. En materia del empleo petrolero los casi 9.000 despidos de los últimos 10 años llevaron los puestos de trabajo al nivel del 2006, pero aún están por encima del desastre generado en 1998 cuando el barril llegó a 10 dólares. Todas las variables actuales son más profundas que la crisis del 2008/2009 con el derrumbe hipotecario de las "subprime". Una de las grandes diferencias es que los momentos críticos anteriores estuvieron enmarcados por diferentes bajas del precio del crudo, mientras que en la actualidad eso no se replica con un barril rondando por arriba de los 60 dólares -ahora superando los 90 dólares por la guerra en Medio Oriente-. Un factor adicional que se acopla y multiplica los rasgos negativos está dado por el impacto recesivo y de ajuste imperante a nivel nacional por parte de la administración libertaria de Javier Milei, lo que genera una combinación no vista en otros momentos históricos. Los alcances de la crisis actual, simbólicamente podrían ser comparables con devastación generada por la privatización menemista de YPF en 1992, ya que el panorama económico, productivo y laboral es desolador; a lo que se le suma el abandono de la petrolera nacional bajo conducción libertaria y la falta de alternativas productivas para compensar el desplome petrolero con vistas al futuro.
La CGSJ y un escenario nunca visto
En materia productiva la situación por la que atraviesa la Cuenca del Golfo San Jorge es más que preocupante. En los últimos 30 años el ritmo extractivo decreció un 34,3%, pasando de los 279 mil barriles diarios producidos en 1996 a los 183 mil barriles del 2025.
Los 67 millones de barriles extraídos el año pasado son inferiores a los 102 millones de hace tres décadas, con una contracción de 35 millones de barriles, mostrando además que la crisis se acrecentó los últimos dos años y revelando también que el declino se viene ahondando desde el 2015.
Entre los años 2017 y 2019 se logró una estabilización de la merma productiva en la Cuenca, equilibrando la extracción a los ritmos de la crisis de 1999, pero no se puede dejar de destacar la importante diferencia en torno del precio del crudo.
En el '99 el barril estaba a 15 dólares y entre el 2017 y el 2019 rondó entre los 50 y los 63 dólares, lo que habla a las claras que no se trató de una crisis de precios del mercado petrolero, sino una situación crítica inducida por la industria del sector que ya se estaba mudando con sus inversiones hacia los hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta.
Entre 2015 y 2017 la producción petrolera de la Cuenca se desplomó con la mutación de las operadoras, con YPF a la cabeza, hacia el fracking neuquino. Ahí aparece una de las claves principales del proceso crítico que se transita desde hace una década.
El golpe generado por la pandemia de COVID potenció el retroceso productivo ensamblándose con la migración a Vaca Muerta y los últimos dos años potenciaron la crisis a consecuencia la decisión de la YPF libertaria de abandonar los pozos convencionales para concentrarse en los de fracking.
A pesar de que el crudo rondó entre los 61 y los 75 dólares en los últimos cinco años, la retracción extractiva de petróleo se ahondó de manera constante.
La comparación de los últimos 30 años es lapidaria. Con el crudo Escalante a 19 dólares en 1996 en la Cuenca se extraían 109 mil barriles diarios, tres décadas más tarde la cotización del barril local trepó un 235% para ubicarse en el 2025 en los 63,8 dólares, pero la producción petrolera decreció un 34,6% dejando un saldo negativo de 96 mil barriles diarios menos producidos en el lapso analizado.
Estos elementos se han conjugado para la destrucción de empleo privado en el sector petrolero, proceso que viene generado una onda expansiva y recesiva en el conjunto de las ciudades y pueblos que son parte de la Cuenca.
Muchas veces se argumentó desde las operadoras petroleras, que manejan los yacimientos concesionados por los Estados provinciales que son los dueños de los recursos, que las crisis productivas se relacionaban a los precios del barril y sus fluctuaciones descendentes.
Esta vez el precio del crudo no explica el proceso que transita la Cuenca: las explicaciones hay que encontrarlas en la desinversión y migración hacia Vaca Muerta, la falta de control estatal para marcar el ritmo de los niveles productivos y a la salida traumática de la YPF libertaria que se retira de los campos maduros que la hicieron crecer y potenciaron su posibilidad de desarrollo como una las primera y más importante compañía latinoamericanas.
Impacto histórico sobre el empleo
El panorama de la destrucción de puestos de trabajo en el ámbito petrolero es preocupante y no se observan elementos concretos para pensar que en el futuro inmediato se produzca un proceso inverso que posibilite una recuperación.
Los datos aportados por los organismos oficiales nacionales -informados por el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) dependiente del Ministerio de Capital Humano- se publican con muchos meses de retraso y por ahora solamente están disponibles los correspondientes al segundo trimestre del 2025.
El derrumbe que se puede observar da cuenta de la pérdida de 4.553 puestos de trabajo petroleros en dos años, pero si la comparación se extiende a los últimos 10 años la cantidad se eleva a 8.950 empleos perdidos; aunque si se compara con los datos del 1996 se observa un crecimiento de 8.993 puestos.
En la medida que vayan publicándose las actualizaciones que complementen el año 2025 y el arranque del 2026 se podrá determinar en toda su dimensión el impacto generado en el sector, aunque hay que esperar que los números por venir reflejen una profundización de la pérdida, quizás atenuada, del empleo en el rubro petrolero.
En base a una investigación de El Extremo Sur en los archivos ypefianos, pudo determinarse que históricamente la Administración Comodoro Rivadavia de YPF -que abarcaba el sur de Chubut y el norte de Santa Cruz- concentraba entre el 70 y el 80% de los empleos petroleros de la CGSJ. En 1976 alcanzó su punto más elevado: 8.323 obreros ypefianos trabajando la petrolera 100% estatal.
Durante el proceso de la dictadura cívico-militar se pulverizaron 3.026 empleos en la Cuenca y solamente quedaron 5.297 puestos en la Administración Comodoro Rivadavia durante 1983.
Antes de la privatización menemista la guadaña había seguido talando empleos petroleros. Entre 1983 y 1991 se destruyeron 2.354 puestos ypefianos, pero en 1992 con la transformación de la compañía en una Sociedad Anónima solamente se contabilizaron en la Cuenca 1.697 obreros de la nueva YPF. En el último golpe se pulverizaron 1.246 empleos solamente en la Administración Comodoro Rivadavia.
En 16 años desde la irrupción golpista de la dictadura y hasta el desguace menemista los puestos de trabajo en la Administración Comodoro Rivadavia se habían contraído en un 79,6%, lo que se tradujo en la destrucción de 6.626 empleos petroleros estatales.
Es de suponer -ya que no hay estadísticas oficiales- que de conjunto la Cuenca supo concentrar cerca de 11.000 obreros petroleros en el arranque de la dictadura y se contrajeron a cerca de 4.000 cuando avanzó el proceso privatista.
Comodoro mutaba de ser la Capital Nacional del Petróleo y se transformaba en la capital nacional de la desocupación, llegando al 13% en 1992 y al 14,8% en la mitad del '93; el efecto había sido devastador dejando a miles de obreros sin trabajo y obligándolos a buscar alguna salida laboral alternativa: algunos se pasaron al sector privado, mientras que muchos se ilusionaron poniendo kioscos, remises, taxis y despensas con sus indemnizaciones; al tiempo que proliferaron las cooperativas de servicios petroleros. Otros abandonaron la ciudad en un éxodo que apuntaba a la búsqueda de algún horizonte laboral y un grupo hundido en la tragedia cayó en el desmoronamiento psíquico, e inclusive en el suicidio.
El mecanismo fue similar al actual con "retiros voluntarios", a los que se sumaron despidos tras los paros convocados por la conducción SUPE a cargo del sindicalista Diego Ibáñez -acusado de "traidor" y "cómplice del menemismo"- y el señalamiento a los que se adherían a las medidas de fuerza para luego ser cesanteados.
El paralelismo se traduce en la falta de lucha colectiva contra el proceso privatista, situación que se replica en la actualidad. Los ex ypefianos encausaron sus frustraciones en la pelea por las acciones mal liquidadas en un reclamo que duró décadas.
De la privatización a la crisis del precio del barril
No habían pasado más que seis años hasta que un nuevo mazazo golpeó a una sociedad que en la Cuenca se había vuelto más violenta, menos esperanzada y que había acrecentado varios escalones la pobreza extendida a capas que jamás la habían padecido; las ocupaciones de tierras para construir viviendas precarias se multiplicaron buscando satisfacer lo que YPF y los Estados, municipales o provinciales, no respondían.
Quizás resulte un dato anecdótico y poco científico, pero cada vez que Comodoro transitó una fuerte crisis petrolera los cerros que la conforman temblaron como presagiando o asimilando el dolor social para transformarlo en deslizamientos de tierra. En febrero del '95 el cerro Chenque se desplazó arrastrando a la traza de la Ruta 3 y en enero de este año el cerro Hermitte -vecino al Chenque- se deslizó destruyendo cientos de viviendas, dejando a 400 familias sin sus hogares. La tierra habla cuando las crisis golpean a la sociedad.
La Cuenca y sus epicentros poblacionales no habían logrado sacar la cabeza del pozo en el que habían quedado hundidas por la privatización de YPF y un nuevo golpe sacudiría el empleo petrolero conjuntamente a la totalidad del entramado social.
A la salida del proceso privatista la Cuenca tenía entre 7.300 y 8.000 obreros petroleros, alcanzando su pico en el arranque de 1998 con 8.532 puestos de trabajo en ambas provincias; pero ese año concluirá con una brutal caída del precio del barril de petróleo que ubicó al Brent en 12,7 dólares y al Escalante en los 10,1 dólares.
El cimbronazo se trasladó rápidamente al mundo petrolero de la Cuenca y volvieron los despidos, aunque en esa oportunidad se montaron sobre los que había dejado el menemismo con la privatización.
De un plumazo se destruyeron 1.752 empleos petroleros a lo largo del '98, un año más tarde llegarían nuevas oleadas con el barril a 15,5 dólares y quedaron en el camino 2.657 puestos de trabajo en menos de dos años.
El sacudón afectó al conjunto de la Cuenca y transformó a Comodoro en su catalogación nacional. De ser la capital de los despidos la llevó a ser el epicentro nacional de la pobreza. El efecto de la privatización y la crisis petrolera del '98 destrozaron cualquier sueño de recuperación social, aunque en esa oportunidad y anticipándose a lo que sería el 2001 en el conjunto del país estallaron las protestas, los cortes de ruta, los piquetes y los propios petroleros desocupados tomaron la playa de tanques de Kilómetro 3 haciendo subir al gobernador Carlos Maestro para negociar una alternativa laboral y de subsidios.
La ladera del cerro Cheque no se deslizó, pero sí tembló con miles de comodorenses autoconvocados en una asamblea que reclamaba la generación de puestos de trabajo "genuinos" y la entrega de alimentos a los sectores más desprotegidos. Si los bolsones de comida no las proporcionaba el Estado, se los reclamaban a las grandes cadenas de supermercados.
Ese proceso se extendió por los barrios de casi todos los pueblos de la Cuenca y las rutas ardían con las cubiertas quemadas, un anticipo de ese hastío y bronca que se venía acumulando se vivenció en el "Comodorazo" del '95 con más de 4.000 personas ingresando al Concejo Deliberante por la fuerza para repudiar el desmesurado aumento de los impuestos municipales.
La crisis de finales de los '90 en la Cuenca fue anticipatoria de la que se desataría a nivel nacional en el 2001, ambas situaciones se complementaron y retroalimentaron por el avance de la desocupación combinada con la profunda recesión. Las puebladas neuquinas de Cutral Có en 1996, donde se fue asesinada la joven trabajadora Teresa Rodríguez, son parte de ese mismo proceso extendido donde el Estado sumió a sus habitantes en el abandono y la miseria.
Cuando estalló diciembre del 2001 en todo el país, la Cuenca había comenzado a remontar lentamente la crisis del precio del petróleo con un barril que había trepado a 27 dólares en el 2000 y manteniéndose en los 20 dólares durante los dos años siguientes; pero fundamentalmente había acumulado una experiencia de lucha que se traduciría años más tarde en el sector extractivo.
Del alza obrera al pleno empleo
A partir del 2003 la Cuenca comenzó su remontada, el barril rondaba los 29 dólares y los yacimientos volvieron a llenarse de obreros jóvenes que venían de luchar en las calles por alimentos y de viejos experimentados petroleros que tenían los efectos de la privatización entre ceja y ceja.
Esa combinación se tradujo en una oleada de empleo muy importante. De los casi 6.000 empleos que había en el '99 se pasó a 12.000 del 2004, en cinco años se duplicaron los puestos de trabajo en la Cuenca y eso reactivó la economía regional empalmándose con un proceso nacional de recuperación con los altos precios de los commodities.
Inmediatamente se encadenó, a la recuperación productiva y la incorporación de trabajadores, un proceso de luchas por mejores condiciones laborales, aumentos salariales y seguridad en los yacimientos que a partir del 2006 se tradujeron en una disparada del empleo en el sector.
Miles de trabajadores pasaron a tener una vida mejor en los pozos y las bases petroleras, muchos de actividades conexas (limpieza y otras tareas no directamente vinculadas a la producción) engrosaron los sindicatos petroleros a ambas orillas de la Cuenca. También surgieron nuevos gremios como "Dragones" de la UOCRA o el de los Jerárquicos petroleros.
Esas mejoras no fueron sencillas de conquistar, sino que debieron ser arrancadas con tomas de playas de tanques, piquetes y huelgas al poder económico de las operadoras y al propio poder político que se resistió a otorgarlas; pero finalmente ambas partes tuvieron que ceder a la fortaleza y organización obrera propiciando nuevos convenios colectivos de trabajo junto a mejoras salariales. Hasta se llegó a pagar el ítem de "paz social" cuando los trabajadores no hacían huelgas.
La crisis de las "subprime" producida en el 2008 y 2009 frenó el crecimiento del empleo en la Cuenca, pero un año más tarde se retomaría la senda alcista. En el 2012 se comienza a dar vuelta la taba y tras la derrota de los "Dragones" en la toma del yacimiento se estanca el proceso de alza obrera, el que en Chubut mantenía un alto nivel de organización sindical y en el norte santacruceño era más visceral y desordenado.
A pesar del freno, en el 2015 se alcanza el mayor nivel de empleo petrolero en la Cuenca con 25.859 puestos de trabajo, sumando la friolera de 20 mil trabajadores desde los cerca de 6.000 que había mientras se privatizaba YPF.
La nueva crisis y los miles de despidos
De ahí en más hubo un retroceso en el empleo petrolero de la Cuenca, pero también en las luchas obreras. Las dirigencias sindicales mutaron del enfrentamiento a la negociación y lentamente se fueron esmerilando las conquistas de los trabajadores. Los referentes fueron despedidos de manera selectiva y la intensidad de los enfrentamientos con el sector empresario se fueron esfumando. Llegó el momento de una nueva crisis.
Atrás quedaron los años del barril internacional por arriba de los 100 dólares y el Escalante posicionándose encima de los 70 dólares entre 2011 y 2014. Las operadoras aprovecharon las bajas del barril de 2016 y 2020 -con la pandemia- para iniciar un proceso de recuperación de poder para sacar del juego a miles de obreros y así aumentar la productividad bajando los costos productivos.
En paralelo, la oleada de despidos tiene aroma a "vendetta" por la toma de la Playa de Tanques, los piquetes, las huelgas y la humillación de tener que bajar a negociar con los "cabecita negra" en los años de esplendor de la conflictividad.
Vaca Muerta ya había comenzado a funcionar con el impulso estatal a través de millonarios subsidios al sector privado y acuerdos secretos como el firmado por el kirchnerismo con Chevron. Poco a poco el negocio en la Cuenca Neuquina se fue expandiendo y las operadoras que estaban desde hace décadas en los campos maduros migraron sus inversiones hacia el fracking.
La nueva YPF estatizada parcialmente expropiando a la española Repsol no logró consolidar un proceso de recuperación del petróleo. Su entramado de funcionamiento posibilitó que en tiempos del macrismo e inclusive del albertismo siga cayendo la producción petrolera de la Cuenca; mientras que los puestos de trabajo habían retrocedido un escalón con entre 4.000 y 5.000 obreros menos estabilizándose en los 21.000 empleos.
La irrupción de Javier Milei en el Gobierno nacional, transformando a YPF en libertaria de la mano de Horacio Marín -un ex Tecpetrol del Grupo Techint- abrió un nuevo proceso de crisis que posiblemente sea equiparable a la seguidilla ya vivida entre la privatización del '92 hasta el desplome del barril del '98.
La petrolera con mayoría estatal votó en su directorio en el 2024 desprenderse de las áreas convencionales en todo el país, impactando de lleno en la Cuenca.
No menos cierto es que, aunque el petróleo fluctuó entre los 75 dólares en el 2022 y los 63,8 dólares del 2025, la producción petrolera siguió decreciendo de manera constante. En el 2016 se habían igualado los niveles extractivos de 1999 con el barril a 10 dólares, pero en la actualidad se encuentra muy debajo de esos ritmos productivos y se llegó al nivel más bajo de los últimos 30 años.
El empleo petrolero de la Cuenca se desplomó en la primera mitad del 2025 con el plan de abandono de la YPF libertaria de los yacimientos maduros -que avalaron todos los integrantes del Directorio que representaron a las provincias productoras-, pero los alcances presagian ser aún mayores cuando se conozcan las estadísticas actualizadas.
Respecto del cuarto trimestre del 2023 se destruyeron en la Cuenca 4.553 puestos de trabajo en el petróleo y si la comparación se efectúa con el pico de empleo del 2015 la pérdida ascendió a los 8.950 empleos en tan sólo diez años para ubicarse en los niveles del 2006 cuando comenzó la remontada conquistada por las luchas obreras.
La mayor destrucción de puestos de trabajo se produjo en el norte santacruceño con 4.899 empleos menos que en el 2015, mientras que en el sur chubutense se perdieron 3.345 puestos de trabajo.
Si bien el petróleo no se terminó en la Cuenca, ni se va a terminar en el mediano plazo, los alcances de la crisis actual no se pueden dimensionar en toda su proporción, aunque la onda expansiva ya golpea al conjunto de la economía de ambas provincias.
Esta nueva crisis se emparenta mucho con la de los años '90 encadenando una secuencia de destrucción de empleos petroleros, con recesión económica por factores nacionales y empobrecimiento social generalizado en las ciudades y pueblos involucrados.
La gran diferencia entre crisis es que a la de los '90 le siguió una recuperación económica y un altísimo nivel de organización que se conjugó en las luchas de los petroleros y el resto de la sociedad. Hoy esa convulsión social no aparece en el horizonte y los despidos se acumulan con la misma pasividad con la que se desarrolló la privatización menemista.
Muchos le prenden velas a la exploración de los no convencionales de la formación D-129 para ver si el fracking logra transformarse en un salvavidas para la generación de empleo, pero por ahora no hay indicios concretos de encaminarse en esa dirección; más allá de las consecuencias ambientales en juego y abultado uso del agua en una región donde el vital fluido escasea cada vez más.
La historia se está escribiendo y es dinámica, resulta complejo sacar conclusiones apresuradas, aunque no menos real es que por ahora el epicentro petrolero se corrió a Vaca Muerta y difícilmente las operadoras vayan a incentivar la producción convencional como para que se recuperen los miles de empleos destruidos, resultando ilusorio que se impulse una reactivación económica que vaya en una dirección contraria a la recesión nacional.