A 50 años de la dictadura militar: El valor de resistir siemprePor Carlos Aznárez*
Medio siglo después, la dictadura cívico-militar-empresarial y religiosa instaurada en Argentina el 24 de marzo de 1976, sigue dando mucho que hablar.No solo porque 50 años siempre es una cifra que convoca a evocar acontecimientos dolorosos o gratos, sino porque las consecuencias de ese atropello brutal a todo un pueblo está tan vigente en la actualidad.Tanto, que una gran mayoría de funcionarios del actual gobierno, empezando por el presidente y su vice, están empeñados en campañas negacionistas y se confiesan admiradores de los militares genocidas. De tal forma, que los pocos asesinos uniformados que aún quedan en prisión por crímenes de lesa humanidad, pueden llegar a salir libres e impunes por obra y gracia de un indulto presidencial.
La dictadura del 76 es como Hiroshima, ya que como ocurre con ese ataque criminal realizado, cuando no por Estados Unidos, contra población civil, en Argentina, no hay un día en que sus consecuencias políticas y económicas no se cuelan en los engranajes de los gobiernos que suelen llenarse la boca con la palabra «democracia». En las antípodas, lo mismo ocurre con quienes haciendo uso de una memoria fértil no han dejado de recordar y reivindicar a los 30 mil hombres y mujeres que fueron detenidos, desaparecidos y asesinados por luchar por una Revolución que aún sigue pendiente.
Es por ello que en este 50 aniversario, se hace necesario recordar que si bien la andanada criminal represiva apeló a una crueldad sin límites, recogiendo las enseñanzas de la Escuela de las Américas, monitoreada por EE.UU, como también la de la «escuela francesa» instrumentada contra la insurgencia argelina, también hubo en todos los años en que gobernaron los militares e incluso en el período «democrático» de Isabel Perón, una fuerte resistencia popular que abarcaba a todos los sectores de la sociedad.
La militancia argentina, con todos sus matices, política, sindical, social, y además la protagonizada por las organizaciones revolucionarias que asumieron una práctica armada, no dejaron de luchar contra la estrategia de aniquilamiento impuesta por los militares y sus cómplices. Estrategia que ya comenzó a avisorarse en 1975, con la actuación criminal de la Triple A, asesinando a cientos de militantes populares, y que provocó respuestas contundentes. En este último aspecto, con grandes movilizaciones sindicales, huelgas, cortes de rutas, tomas de fábricas, ocupación de facultades e innumerables acciones armadas, generando entre otras victorias, la caída del ministro de Economía, Celestino Rodrigo y el ministro de Bienestar Social e inspirador de la Triple A, José López Rega. Ambos, empeñados -como hoy lo hace el actual gobierno de Milei- en destruir las conquistas sociales de los trabajadores y trabajadoras.
¿Por qué para hablar de la dictadura del 76, es necesario remontarse con lo ocurrido uno o dos años antes? Sencillamente porque ese período fue el que abrió la puerta a lo que vendría después, Los militares y la oligarquía más recalcitrante no podían tolerar que el movimiento de masas con características claramente revolucionarias, esos miles de jóvenes que luchaban por una Patria Socialista, estuvieran a punto de "tocar el cielo con las manos". El fracaso del gobierno de Perón, quien se recostó en la franja más retrógrada y derechista de su movimiento, y la política entreguista de su esposa y sucesora, sumado a la connivencia con el estamento militar, decidieron a estos últimos dejar de lado intermediarios y hacerse con el poder en marzo de 1976..
Lo que vino después, en lo que hace a la represión, es bien conocido: un poderoso tsunami de horrores arrasó con todos los derechos, asesinando, encarcelando o enviando al destierro a decenas de miles de personas.
Sin embargo, y eso es algo muy importante de recordar ahora que este 50 aniversario vuelve a poner sobre la superficie tantos episodios de crueldad, nunca se dejó de resistir. Y esto se hizo en todos los ámbitos, por todas las formas.De eso, precisamente, es necesario hablar en este aniversario.
Resistencia sindical
Hubo y mucha. Se luchó contra la represión, la intervención de gremios, las detenciones y asesinatos de delegados y comisiones internas de trabajadores de la producción, estatales o de servicios. Fueron precisamente los trabajadores el principal blanco de la dictadura militar, y se calcula que el 66% de los detenidos-desaparecidos son de ese sector. Era lógico, ya que desde el inicio, los militares prohibieron el derecho de huelga, amén que el plan económico del ministro José Martínez de Hoz, provocó, entre otras pervesidades, una pérdida importante del valor salarial
Para enfrentar esa realidad, la clase obrera realizó sabotajes, «trabajo a tristeza», huelgas, movilizaciones, y en algunos casos, se acompañaron las protestas más duras con el apoyo de organizaciones armadas, sobre todo en los dos primeros años del golpe militar. En ese momento, la organización Montoneros, había constituido en la clandestinidad la CGT en la Resistencia, que contaba con delegados de base que habían sobrevivido a las campañas de secuestros que se produjeron en las grandes fábricas de todo el país. Experiencias similares produjo el Ejército Revolucionario del Pueblo y otros grupos menores.
Pocos meses después de ese 24M, en octubre del 76 se produjo un paro de los trabajadores de Luz y Fuerza. La demanda salarial no se consiguió finalmente, y la represión se ensañó con delegados combativos, además de ser secuestrado y desaparecido el secretario general del gremio, Oscar Smith.
En ese mismo período, cuando el país empezaba a convertirse en un cementerio, también fueron a la huelga, los telefónicos, ferroviarios, trabajadores de subterráneos y de algunos ingenios azucareros.
Posteriormente, entre septiembre y noviembre de 1979, se produjeron en el país 60 conflictos obreros en empresas importantes, terminando varios de ellos en triunfos parciales o totales. Es significativo el aumento de salarios de los obreros de la Peugeot, que paralizaron tareas, y en su lugar de trabajo cantaron varias veces el himno nacional. Luego se sumaron otras empresas, todas por reclamos similares, como es el caso de Ducilo, Standard Electric, Chrisler y Gilera. estas dos últimas del gremio de mecánicos. Ese mismo año se produjo un paro general por parte de la «Comisión de los 25» (que agrupaba a varios gremios con mayoría peronista, de la producción). Esa medida de fuerza contó con un acatamiento del 50% en toda la rama industrial, y significó un fuerte desafío al gobierno militar.
Pero la más grande movilización, de carácter multisectorial, fue convocada por la combativa CGT Brasil, a cuyo frente estaba el dirigente cervecero Saúl Ubaldini, quien en los años venideros adquiriría un importante rol en el movimiento obrero. La marcha fue planteada a Plaza de Mayo y se llevó a cabo el 30 de marzo de 1982, bajo la consigna «Paz, Pan y Trabajo». El dictador Leopoldo Galtieri la prohibió pero decenas de miles de trabajadores ganaron las calles, hubo fuerte represión a balazos, siendo asesinado el obrero Benedicto Ortiz y encarcelados los principales dirigentes de la CGT Brasil, incluido Ubaldini. Dos días después de esa importante rebelión popular, la dictadura sacó de la galera una gigantesca maniobra distractiva, ocupando las Islas Malvinas, pero la «hazaña» terminó en un nuevo baño de sangre para los jóvenes argentinos que fueron enviados en esa expedición, mientras sus jefes se rendían cobardemente.
Después de esa derrota, la dictadura quedó debilitada, aunque no faltaron nuevas acciones represivas, pero el movimiento obrero siguió gestando conflictos salariales, y el 6 de diciembre de 1982 se produjo un nuevo paro general convocado por la CGT Brasil y la burocrática CGT de Azopardo, con apoyo multipartidario. En la multitudinaria marcha que acompañó al paro, fue asesinado el obrero metalúrgico Dalmiro Flores.
Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo
El accionar represivo de la dictadura impuso un método, que si bien tenía algunos antecedentes en años anteriores, no se había desarrollado masivamente, que fue el del secuestro y desaparición de personas, muchos de los cuales terminaban hacinados en campos de exterminio, y posteriormente,muchos eran asesinados. Frente a esta figura de la crueldad militar, se levantaron precisamente las madres de quienes eran violentamente detenidos y no se volvía a saber nada de su paradero. Después de recorrer infinidad de comisarías y cuarteles militares en su búsqueda, esas mujeres valientes decidieron salir a la calle a visibilizar su protesta, y el 30 de abril de 1977, comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Plaza de Mayo, primero en silencio y luego (todos los jueves, hasta el presente) exigiendo saber «donde están».
Fueron tachadas de «locas», de «terroristas», pero no cedieron, y uno de esos primeros jueves, encabezadas por Azucena Villaflor, decidieron ponerse a modo de pañuelo en la cabeza, un pañal de cuando sus hijos eran pequeños. Ese símbolo junto a una lucha tenaz y extremadamente valiente (varias de ellas fueron secuestradas y asesinadas) dio la vuelta al mundo y significó un golpe letal para la impunidad de los militares asesinos.
Resistir es vencer
«Si no se hubiera resistido por todas las formas posibles, la dictadura militar hubiera durado muchos años más», solía decir en sus intervenciones públicas, el fallecido dirigente montonero Roberto Perdía. Y es real que, más allá del miedo y la parálisis que podía provocar el temor a engrosar la lista de los desaparecidos, surgieron muchas iniciativas y militantes que hicieron lo posible e imposible para desgastar a los genocidas.
Hubo Resistencia Cultural, a través de una lucha no violenta, utilizando el arte, la literatura y la música para desafiar la censura y la represión. Se crearon espacios independientes y clandestinos para mantener viva la memoria y denunciar violaciones de derechos humanos. En los últimos dos años de la dictadura, cobró importancia Teatro Abierto, nacido en 1981 como respuesta de dramaturgos, actores y directores a la censura, persecución y prohibición artística impuesta por la dictadura.
En el caso de la Resistencia estudiantil, fue también muy compleja ya que la dictadura intervino todas las Universidades, organizó quema masiva de libros de izquierda o de pensamiento crítico. En septiembre de 1976, fuerzas represivas secuestraron y desaparecieron a estudiantes secundarios en La Plata que exigían derechos estudiantiles, marcando uno de los episodios más atroces de la represión, conocido como "La noche de los lápices". Los estudiantes participaron de la resistencia general junto a gremios y organizaciones de derechos humanos.
También hubo Resistencia Comunicacional, con numerosas publicaciones paralegales y algunas transmisiones radiales clandestinas organizadas por Montoneros y el ERP. En este rubro, se destacó a partir de mayo de 1976, la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA), dirigida por el periodista, escritor y militante montonero, Rodolfo Walsh. ANCLA significó la posibilidad de romper la censura total y suministrar en el país y en el exterior, información sobre lo que realmente estaba ocurriendo con la actuación criminal de la dictadura. Un pequeño grupo de comunicadores -entre los que estaba quien esto escribe- realizaron esa tarea durante un año y medio, hasta que Walsh fuera asesinado, otra de las compañeras del grupo fuera secuestrada en la ESMA, y parte de la redacción tuviera que partir al exilio, De esa manifestación de resistencia periodística, vale recordar la Carta a la Junta Militar, escrita por Walsh, denunciando todas las atrocidades de la dictadura..
Hubo también Resistencia armada, a pesar que las organizaciones revolucionarias estaban debilitadas por sufrir serios golpes represivos, pero de todas maneras se produjeron numerosos atentados y sabotajes en todo el país. En este mismo ámbito, Montoneros organizó una «contraofensiva» a partir de 1979, con el reingreso al país de militantes que se hallaban en el exilio. Dicha operación produjo varias acciones guerrilleras exitosas pero también sufrió golpes represivos que dejaron un saldo de numerosos militantes asesinados.
Por último, desde 1976 a 1983, puede decirse que hubo también una Resistencia silvestre, es decir, hombres y mujeres que se auto-organizaron en barrios, fábricas y universidades, a veces de forma legal y otras semiclandestina, para de distintas maneras, expresar su rechazo a la brutal militarización del país, a la tortura, a los crímenes y a la sinrazón de un gobierno que llegó para destruir todos los lazos sociales, hipotecar la soberanía y permitir el despojo impuesto por las multinacionales y el capitalismo. Un gobierno, aquel de los uniformes y las botas, con un programa corrosivo muy similar al actual.
Conclusión: 50 años después, el pueblo consciente -trabajadores, estudiantes, jubilados, militantes de derechos humanos- no solo vuelve a homenajear a los que lo dieron todo peleando contra la dictadura, sino que gesta todos los días nuevas acciones de resistencia. Como bien dijo la Madre de Plaza de Mayo, Norita Cortiñas, porque solo así «Venceremos».
*Periodista, escritor, director de Resumen Latinoamericano. militante social y político desde los años 70 hasta el presente.
Fuente: TeleSur
Por Carlos Aznárez*
Medio siglo después, la dictadura cívico-militar-empresarial y religiosa instaurada en Argentina el 24 de marzo de 1976, sigue dando mucho que hablar.No solo porque 50 años siempre es una cifra que convoca a evocar acontecimientos dolorosos o gratos, sino porque las consecuencias de ese atropello brutal a todo un pueblo está tan vigente en la actualidad.Tanto, que una gran mayoría de funcionarios del actual gobierno, empezando por el presidente y su vice, están empeñados en campañas negacionistas y se confiesan admiradores de los militares genocidas. De tal forma, que los pocos asesinos uniformados que aún quedan en prisión por crímenes de lesa humanidad, pueden llegar a salir libres e impunes por obra y gracia de un indulto presidencial.
La dictadura del 76 es como Hiroshima, ya que como ocurre con ese ataque criminal realizado, cuando no por Estados Unidos, contra población civil, en Argentina, no hay un día en que sus consecuencias políticas y económicas no se cuelan en los engranajes de los gobiernos que suelen llenarse la boca con la palabra «democracia». En las antípodas, lo mismo ocurre con quienes haciendo uso de una memoria fértil no han dejado de recordar y reivindicar a los 30 mil hombres y mujeres que fueron detenidos, desaparecidos y asesinados por luchar por una Revolución que aún sigue pendiente.
Es por ello que en este 50 aniversario, se hace necesario recordar que si bien la andanada criminal represiva apeló a una crueldad sin límites, recogiendo las enseñanzas de la Escuela de las Américas, monitoreada por EE.UU, como también la de la «escuela francesa» instrumentada contra la insurgencia argelina, también hubo en todos los años en que gobernaron los militares e incluso en el período «democrático» de Isabel Perón, una fuerte resistencia popular que abarcaba a todos los sectores de la sociedad.
La militancia argentina, con todos sus matices, política, sindical, social, y además la protagonizada por las organizaciones revolucionarias que asumieron una práctica armada, no dejaron de luchar contra la estrategia de aniquilamiento impuesta por los militares y sus cómplices. Estrategia que ya comenzó a avisorarse en 1975, con la actuación criminal de la Triple A, asesinando a cientos de militantes populares, y que provocó respuestas contundentes. En este último aspecto, con grandes movilizaciones sindicales, huelgas, cortes de rutas, tomas de fábricas, ocupación de facultades e innumerables acciones armadas, generando entre otras victorias, la caída del ministro de Economía, Celestino Rodrigo y el ministro de Bienestar Social e inspirador de la Triple A, José López Rega. Ambos, empeñados -como hoy lo hace el actual gobierno de Milei- en destruir las conquistas sociales de los trabajadores y trabajadoras.
¿Por qué para hablar de la dictadura del 76, es necesario remontarse con lo ocurrido uno o dos años antes? Sencillamente porque ese período fue el que abrió la puerta a lo que vendría después, Los militares y la oligarquía más recalcitrante no podían tolerar que el movimiento de masas con características claramente revolucionarias, esos miles de jóvenes que luchaban por una Patria Socialista, estuvieran a punto de "tocar el cielo con las manos". El fracaso del gobierno de Perón, quien se recostó en la franja más retrógrada y derechista de su movimiento, y la política entreguista de su esposa y sucesora, sumado a la connivencia con el estamento militar, decidieron a estos últimos dejar de lado intermediarios y hacerse con el poder en marzo de 1976..
Lo que vino después, en lo que hace a la represión, es bien conocido: un poderoso tsunami de horrores arrasó con todos los derechos, asesinando, encarcelando o enviando al destierro a decenas de miles de personas.
Sin embargo, y eso es algo muy importante de recordar ahora que este 50 aniversario vuelve a poner sobre la superficie tantos episodios de crueldad, nunca se dejó de resistir. Y esto se hizo en todos los ámbitos, por todas las formas.De eso, precisamente, es necesario hablar en este aniversario.
Resistencia sindical
Hubo y mucha. Se luchó contra la represión, la intervención de gremios, las detenciones y asesinatos de delegados y comisiones internas de trabajadores de la producción, estatales o de servicios. Fueron precisamente los trabajadores el principal blanco de la dictadura militar, y se calcula que el 66% de los detenidos-desaparecidos son de ese sector. Era lógico, ya que desde el inicio, los militares prohibieron el derecho de huelga, amén que el plan económico del ministro José Martínez de Hoz, provocó, entre otras pervesidades, una pérdida importante del valor salarial
Para enfrentar esa realidad, la clase obrera realizó sabotajes, «trabajo a tristeza», huelgas, movilizaciones, y en algunos casos, se acompañaron las protestas más duras con el apoyo de organizaciones armadas, sobre todo en los dos primeros años del golpe militar. En ese momento, la organización Montoneros, había constituido en la clandestinidad la CGT en la Resistencia, que contaba con delegados de base que habían sobrevivido a las campañas de secuestros que se produjeron en las grandes fábricas de todo el país. Experiencias similares produjo el Ejército Revolucionario del Pueblo y otros grupos menores.
Pocos meses después de ese 24M, en octubre del 76 se produjo un paro de los trabajadores de Luz y Fuerza. La demanda salarial no se consiguió finalmente, y la represión se ensañó con delegados combativos, además de ser secuestrado y desaparecido el secretario general del gremio, Oscar Smith.
En ese mismo período, cuando el país empezaba a convertirse en un cementerio, también fueron a la huelga, los telefónicos, ferroviarios, trabajadores de subterráneos y de algunos ingenios azucareros.
Posteriormente, entre septiembre y noviembre de 1979, se produjeron en el país 60 conflictos obreros en empresas importantes, terminando varios de ellos en triunfos parciales o totales. Es significativo el aumento de salarios de los obreros de la Peugeot, que paralizaron tareas, y en su lugar de trabajo cantaron varias veces el himno nacional. Luego se sumaron otras empresas, todas por reclamos similares, como es el caso de Ducilo, Standard Electric, Chrisler y Gilera. estas dos últimas del gremio de mecánicos. Ese mismo año se produjo un paro general por parte de la «Comisión de los 25» (que agrupaba a varios gremios con mayoría peronista, de la producción). Esa medida de fuerza contó con un acatamiento del 50% en toda la rama industrial, y significó un fuerte desafío al gobierno militar.
Pero la más grande movilización, de carácter multisectorial, fue convocada por la combativa CGT Brasil, a cuyo frente estaba el dirigente cervecero Saúl Ubaldini, quien en los años venideros adquiriría un importante rol en el movimiento obrero. La marcha fue planteada a Plaza de Mayo y se llevó a cabo el 30 de marzo de 1982, bajo la consigna «Paz, Pan y Trabajo». El dictador Leopoldo Galtieri la prohibió pero decenas de miles de trabajadores ganaron las calles, hubo fuerte represión a balazos, siendo asesinado el obrero Benedicto Ortiz y encarcelados los principales dirigentes de la CGT Brasil, incluido Ubaldini. Dos días después de esa importante rebelión popular, la dictadura sacó de la galera una gigantesca maniobra distractiva, ocupando las Islas Malvinas, pero la «hazaña» terminó en un nuevo baño de sangre para los jóvenes argentinos que fueron enviados en esa expedición, mientras sus jefes se rendían cobardemente.
Después de esa derrota, la dictadura quedó debilitada, aunque no faltaron nuevas acciones represivas, pero el movimiento obrero siguió gestando conflictos salariales, y el 6 de diciembre de 1982 se produjo un nuevo paro general convocado por la CGT Brasil y la burocrática CGT de Azopardo, con apoyo multipartidario. En la multitudinaria marcha que acompañó al paro, fue asesinado el obrero metalúrgico Dalmiro Flores.
Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo
El accionar represivo de la dictadura impuso un método, que si bien tenía algunos antecedentes en años anteriores, no se había desarrollado masivamente, que fue el del secuestro y desaparición de personas, muchos de los cuales terminaban hacinados en campos de exterminio, y posteriormente,muchos eran asesinados. Frente a esta figura de la crueldad militar, se levantaron precisamente las madres de quienes eran violentamente detenidos y no se volvía a saber nada de su paradero. Después de recorrer infinidad de comisarías y cuarteles militares en su búsqueda, esas mujeres valientes decidieron salir a la calle a visibilizar su protesta, y el 30 de abril de 1977, comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Plaza de Mayo, primero en silencio y luego (todos los jueves, hasta el presente) exigiendo saber «donde están».
Fueron tachadas de «locas», de «terroristas», pero no cedieron, y uno de esos primeros jueves, encabezadas por Azucena Villaflor, decidieron ponerse a modo de pañuelo en la cabeza, un pañal de cuando sus hijos eran pequeños. Ese símbolo junto a una lucha tenaz y extremadamente valiente (varias de ellas fueron secuestradas y asesinadas) dio la vuelta al mundo y significó un golpe letal para la impunidad de los militares asesinos.
Resistir es vencer
«Si no se hubiera resistido por todas las formas posibles, la dictadura militar hubiera durado muchos años más», solía decir en sus intervenciones públicas, el fallecido dirigente montonero Roberto Perdía. Y es real que, más allá del miedo y la parálisis que podía provocar el temor a engrosar la lista de los desaparecidos, surgieron muchas iniciativas y militantes que hicieron lo posible e imposible para desgastar a los genocidas.
Hubo Resistencia Cultural, a través de una lucha no violenta, utilizando el arte, la literatura y la música para desafiar la censura y la represión. Se crearon espacios independientes y clandestinos para mantener viva la memoria y denunciar violaciones de derechos humanos. En los últimos dos años de la dictadura, cobró importancia Teatro Abierto, nacido en 1981 como respuesta de dramaturgos, actores y directores a la censura, persecución y prohibición artística impuesta por la dictadura.
En el caso de la Resistencia estudiantil, fue también muy compleja ya que la dictadura intervino todas las Universidades, organizó quema masiva de libros de izquierda o de pensamiento crítico. En septiembre de 1976, fuerzas represivas secuestraron y desaparecieron a estudiantes secundarios en La Plata que exigían derechos estudiantiles, marcando uno de los episodios más atroces de la represión, conocido como "La noche de los lápices". Los estudiantes participaron de la resistencia general junto a gremios y organizaciones de derechos humanos.
También hubo Resistencia Comunicacional, con numerosas publicaciones paralegales y algunas transmisiones radiales clandestinas organizadas por Montoneros y el ERP. En este rubro, se destacó a partir de mayo de 1976, la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA), dirigida por el periodista, escritor y militante montonero, Rodolfo Walsh. ANCLA significó la posibilidad de romper la censura total y suministrar en el país y en el exterior, información sobre lo que realmente estaba ocurriendo con la actuación criminal de la dictadura. Un pequeño grupo de comunicadores -entre los que estaba quien esto escribe- realizaron esa tarea durante un año y medio, hasta que Walsh fuera asesinado, otra de las compañeras del grupo fuera secuestrada en la ESMA, y parte de la redacción tuviera que partir al exilio, De esa manifestación de resistencia periodística, vale recordar la Carta a la Junta Militar, escrita por Walsh, denunciando todas las atrocidades de la dictadura..
Hubo también Resistencia armada, a pesar que las organizaciones revolucionarias estaban debilitadas por sufrir serios golpes represivos, pero de todas maneras se produjeron numerosos atentados y sabotajes en todo el país. En este mismo ámbito, Montoneros organizó una «contraofensiva» a partir de 1979, con el reingreso al país de militantes que se hallaban en el exilio. Dicha operación produjo varias acciones guerrilleras exitosas pero también sufrió golpes represivos que dejaron un saldo de numerosos militantes asesinados.
Por último, desde 1976 a 1983, puede decirse que hubo también una Resistencia silvestre, es decir, hombres y mujeres que se auto-organizaron en barrios, fábricas y universidades, a veces de forma legal y otras semiclandestina, para de distintas maneras, expresar su rechazo a la brutal militarización del país, a la tortura, a los crímenes y a la sinrazón de un gobierno que llegó para destruir todos los lazos sociales, hipotecar la soberanía y permitir el despojo impuesto por las multinacionales y el capitalismo. Un gobierno, aquel de los uniformes y las botas, con un programa corrosivo muy similar al actual.
Conclusión: 50 años después, el pueblo consciente -trabajadores, estudiantes, jubilados, militantes de derechos humanos- no solo vuelve a homenajear a los que lo dieron todo peleando contra la dictadura, sino que gesta todos los días nuevas acciones de resistencia. Como bien dijo la Madre de Plaza de Mayo, Norita Cortiñas, porque solo así «Venceremos».
*Periodista, escritor, director de Resumen Latinoamericano. militante social y político desde los años 70 hasta el presente.
Fuente: TeleSur

