Opinión

IA para vagos

Por Ramón Reig 

La Inteligencia Artificial (IA) no sólo ha llegado para quedarse y llevar a cabo excelentes servicios públicos sino también para que ese servicio público se extienda a los flojos, vagos e indolentes y de esa forma su utilidad pública sea aún mayor, eso sí, a costa de ir reduciendo el tamaño de la masa gris cerebral. Por ejemplo, en la universidad.

Comodidad e infantilismo

La IA es el remate de la sociedad ésa del "aprenda inglés en veinte días" o "adelgace sin esfuerzo". Y añade un elemento más que aumenta la infantilización de la sociedad: es el papá y el criado de los listos. ¿Quién no ha soñado con tener un sirviente? En este caso, el dueño se convierte en esclavo del algoritmo, como en la dinámica del amo y el esclavo de Hegel donde el dueño termina por resultar el lacayo del esclavo.

Así se intensifica la infantilización, la picaresca de que otro te haga los deberes. La infantilización está por todos lados, se observa incluso en los informativos audiovisuales donde caben "noticias" que son auténticos números infantiles en los que relevantes periodistas -como la señora Barceló en la SER- fingen risas con un arte teatral notable.

Siempre he creído que en la carrera de Periodismo hace falta una asignatura que enseñe a actuar y a fingir para esos momentos de los informativos en los que los periodistas creen que se han cansado los niños adultos receptores y hay que tocarles el bombo para que se rían, como en La Revuelta o con los muñequitos de El Hormiguero. Es que tanta guerra, tanta corrupción, tanta fachosfera y tanto suceso pueden deprimir a los nuevos niños y llega un momento en el que hay que echar mano de noticias divertidas al igual que en cualquier video en el que vemos a alguien hablando han de irrumpir ilustraciones con sonidos para hacerlo más llamativo, se supone.

Los radicales de la idiocracia

Los más radicales con este tipo de sociedad llaman a estos fenómenos el triunfo de la idiocracia. A mí me gusta poco usar palabras insultantes a pesar de que ganas no me falten, pero me parece que un profesor que se coloca todas las semanas delante de un grupo de alumnos -los más destacados, los demás están en la estratosfera chupando dinero público y de sus papás, generalmente- pues digo que un profesor debe cuidar más su lenguaje incluso fuera del aula -dentro se me escapa alguna palabrota pero no para insultar- lo cual no lo exime de largar las palabras rotundas que crea menester.

La IA de la dejadez humana va a favorecer la idiocracia, entendida como la derrota definitiva del cerebro propio y de eso que llaman mente crítica. La IA para vagos le da vacaciones a las neuronas y a sus sinapsis, roba aquello que antes llamábamos conciencia de clase, roba la consciencia en general y aumenta la población de trabajadores kleenex, los de usar y tirar.

El proceso hacia la vagancia

El proceso es el siguiente: antes de la era digital y de su IA, si se estaba investigando sobre algo, por ejemplo, elaborando una tesis doctoral, el investigador se veía obligado a mover mucho el trasero, de documento en documento, de libro en libro, de ficha en ficha y utilizando una máquina de escribir mecánica. Conozco a colegas que han removido Roma con Santiago a base de cartas de papel de las de toda la vida para hallar un dato concreto hasta que lo han encontrado en la Biblioteca del Congreso de EEUU, por ejemplo.

Igualmente, si estabas escribiendo un artículo o un ensayo y te entraba una duda cognitiva, para eso estaban las enciclopedias y los libros. La Espasa Calpe tenía más de cien tomos y necesitaba una estantería para ella sola. Venga, a mover nuevamente las nalgas y a consultar.

Llega el mundo digital y con él los buscadores y la Wikipedia. Adiós a tanto movimiento nalgón, se le pregunta la duda al buscador y ya está. Pero, cuidado, la Wikipedia ha mejorado bastante y sin embargo contiene errores de bulto que se vuelven globales. Una vez tenía servidor de ustedes -hasta cierto punto- que compartir mesa redonda con el maestro y gran amigo de Joaquín Sabina, el cantautor Javier Krahe. Para recordar su vida fui a la Wikipedia que me decía cosas que no me sonaban ciertas. Cuando me llegué a recoger a Krahe a su hotel para que los dos nos fuéramos al lugar de la mesa redonda me negó ciertas afirmaciones de Wikipedia sobre su vida. En la universidad, Wikipedia suele considerarse una fuente poco fiable, lo que dice de mí es cierto pero incompleto en su rigor académico. Espero que me lo arreglen. La IA ha copiado exactamente lo que recoge Wikipedia de mi persona.

Los buscadores, no obstante, permiten huir de Wikipedia y meterse en el mundo de los textos académicos. Perfecto, así es posible elaborar Trabajos Fin de Grado (TFG), Trabajos Fin de Máster (TFM) y por supuesto tesis doctorales.

La IA asalta la universidad

La IA está provocando que los buscadores pasen a mejor vida. ¿Para qué buscar nada?, ¿para qué teclear y leer si se le pregunta al Chatgpt, a Gemini, a Mistral, etc., y te lo dan todo mascado? ¿Para qué encargar al alumnado trabajos prácticos si no los hacen ellos? En los exámenes, hay que revisar por supuesto los móviles y exigir que se dejen a un lado, pero es que yo mismo he descubierto a un alumno que copió presuntamente una pregunta por medio de su reloj inteligente y ahora hay que tener cuidado también con las gafas inteligentes que pueden grabar aquello que ven, responden notificaciones, en China es posible pagar con ellas y por tanto aspiran a ser una prolongación del móvil.

Vamos, que los exámenes pueden no hacerse en el interior del aula sino con un compinche donde sea, algo que obliga a cambiar de dinámica y en ésas estamos. Ahora bien, no es fácil cambiar de dinámica cuando en la lista de clase hay 80 o 100 alumnos.

Existe en Francia un movimiento de profesores bastante numeroso que han firmado manifiestos contra la utilización irregular de la IA. Personas muy competentes en el campo de la innovación llevan años afirmando que el alumnado no sólo debe ser receptor de su formación, sino que debe construirla él mismo bajo la orientación del profesorado. Esa formación se delega en la IA en un número elevado de casos. Derivada de una sociedad blandita, a la universidad llegan cantidad de personas con una finalidad esencial: que les den un papel donde conste que ya tienen una carrera. El fin de lograr el papelito justifica los medios del abuso de la IA. El fin de conectarse dos horas a las redes sociales, entre otros ocios y "vicios de recreativos", justifica mucho más la existencia y asistencia de la IA.

Víctor Yepes, catedrático en el área de Ingeniería de la Construcción en la Universitat Politècnica de València, ha escrito que la irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa (GenAI, por sus siglas en inglés), "ha hecho saltar por los aires el «contrato de confianza» que sustentaba la evaluación académica. Lo que antes era un acuerdo implícito -que el estudiante era el único autor de cada palabra- hoy se ha transformado en una arquitectura de la sospecha".

La universidad, generalmente considerada, está preocupada seriamente tanto por este tema como por el del absentismo. Pero no se implantan (hoy se dice se "implementan" que queda más fino) normas que orienten a los profesores sobre qué hacer en esta encrucijada. ¿Será porque los alumnos votan y hay gestores que son más servidores de la política que de la ciencia y la docencia?

Por el momento, cada cual se las arregla como puede. Yo he colocado ejercicios de redacción periodística en clase, para desarrollarlos allí mismo, en el aula, conmigo delante, que, a pesar de todo, sé que han sido paridos en gran medida por la IA. Pero no he suspendido esos ejercicios, al revés, como la IA progresa muy adecuadamente, los he aprobado y con nota. ¿Por qué? Porque eso es lo que van a encontrar los futuros profesionales de la Comunicación en sus trabajos, algo que, poco a poco, como sucederá en otras profesiones, los irá eliminando a ellos que se irán con sus cerebros convertidos en uvas pasa a buscarse la vida donde sea, en esos nuevos trabajos que dicen que van a surgir y que ni los conocemos aún. En todo caso, serán de alto standing.

Idiomas y tecnologías

A fin de cuentas, ¿qué esperamos de nuestros jóvenes? Que sepan muchos idiomas, muchos recursos tecnológicos, mucha listeza para trepar y meterse de lleno en el mercado, sea o no salvaje. Mucho yo, yo, yo competitivo, es decir, lo contrario para que una especie pueda sobrevivir. La Filosofía, la Historia y todos esos "rollos" no son necesarios, aunque nos hablen tanto de los estoicos para combatir el estrés. Eso también es negocio.

Ahora bien, los inventores e impulsores de toda esta nueva etapa de la evolución humana no olvidan las materias citadas. ¿Por qué? Porque saben que deben conducir el mundo y lo deben hacer con mantequilla, sobre todo, y menos con cañones. Detrás de todo gran gobernante hay pensadores, filósofos, por eso ellos mandan y nosotros encomendamos nuestro cuerpo y nuestra alma exclusivamente a la IA, a algoritmos que ni sabemos quién los carga, desde dónde, cómo y por qué.

Por ahora no hay arreglo

Tranquilos, esto por ahora -y aunque me dé asco afirmarlo- no tiene arreglo. ¿Razón? Echo mano de la neurociencia: primero, nuestro cerebro tiende a no complicarse la vida ("no me comas el coco, tío"). Segundo, siempre será mayor el número de vagos y mediocres que esperan que les solucionen sus problemas al de personas que los solucionan por sí mismas. Y lo peor es que los seres vagos y mediocres son a menudo gestores de la sociedad.

La IA no será de quienes la sirven para vaguear sino de quienes la utilizan para confirmar lo que otra IA más rigurosa o el conocimiento ancestral escondido en los libros, en otros documentos, en la observación y la experiencia determinen. El conocimiento no llega desde la vagancia sino desde el esfuerzo que conlleva la pluralidad auténtica de fuentes. Si no fuera así el mundo se convertiría del todo en la distopía que ya es visible.

Fuente: Rebelión