Mosconi: Memorias del petróleoPor Alberto Petrina*
Esbozar hace apenas dos meses una breve crónica sobre la saga del petróleo en la Argentina era, en todo caso, un ejercicio de memoria histórica acerca del asunto y sus protagonistas. Pero después de Venezuela y tras los demonios de la guerra desatados sobre el Golfo Pérsico, la dimensión geopolítica del tema impone un sesgo planetario sobre cualquier circunstancia local; y aunque ésta sea una ley de valor permanente, ahora nos estalla literalmente en la cara. Aun así, ceñiremos este relato a nuestra tierra: concretamente, a las dos décadas que van de 1910 a 1930.
Cuando el doctor Roque Sáenz Peña crea en diciembre de 1910 la Dirección General de Explotación del Petróleo en Comodoro Rivadavia --un virtual anticipo de YPF--, confía su presidencia al ingeniero Luis A. Huergo, quien denunciará en 1913 las maniobras de la Standard Oil estadounidense para sabotear la explotación estatal mediante el logro de concesiones en el territorio patagónico. El presidente conservador que en 1912 había impulsado el proyecto de reforma electoral que dio a la Nación la ley de sufragio universal, obligatorio y secreto que lleva su nombre, templaba así su gestión como un insospechado precursor del nacionalismo petrolero.
Pero será recién durante las presidencias de Hipólito Yrigoyen y Marcelo de Alvear que la cuestión asumirá un perfil tendiente a la consolidación de un Estado moderno: el 3 de junio de 1922, Yrigoyen crea por decreto la Dirección Nacional de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), primera empresa petrolera estatal del mundo, y el 16 de octubre de 1922 Alvear corona la tarea designando a su frente al entonces coronel Enrique Mosconi. Mas Alvear no se contentará con un nombramiento burocrático, otorga a YPF la más completa autonomía funcional: este aval político presidencial permitirá a Mosconi imprimir un extraordinario dinamismo a su gestión de ocho años al frente de la empresa, a fin de incrementar la producción petrolera desde la perspectiva del interés soberano del país. Mosconi no limitará su acción a la administración ágil, eficiente y proba que aplicó durante toda su gestión, ya que a la par deberá hacer frente a las permanentes presiones y zancadillas emanadas de los dos gigantescos emporios hidrocarburíferos actuantes en la región: la holando-británica Royal Dutch y la Standard Oil estadounidense de John Rockefeller. Será entonces que su estrategia geopolítica superará el límite natural de su función, extendiendo su campo de batalla a la totalidad del ámbito en el que ambos trusts ejercían su influencia: el de toda Iberoamérica.
Esta magistral operación ideológica desarrollada por Mosconi será de una envergadura y resultados que ameritan un indispensable resumen de la misma. Entre 1927 y 1928 recorre América Latina informando a las autoridades sobre la experiencia argentina en la materia, exaltando la necesidad del absoluto monopolio estatal sobre los combustibles fósiles y exhortando a coordinar medidas comunes y a promulgar leyes específicas en beneficio de los estados nacionales. Esta doctrina alcanzó fuerte impacto en México, Brasil, Bolivia y Uruguay. El ideario de Mosconi encontrará en México un fértil escenario a inicios de 1928, cuando invitado por el presidente Plutarco Elías Calles lo informe sobre nuestra política petrolera y le proponga un camino de cooperación recíproca, inicio que tendrá un exitoso final con la fundación de Pemex (Petróleos Mexicanos) el 7 de junio de 1938 por decisión delpresidente Lázaro Cárdenas. En 1929 convence a Edmundo Castillo, ministro uruguayo de Industrias, Trabajo y Comunicaciones, de la necesidad de establecer una refinería y una compañía energética estatal, que concluye en la creación de Ancap (Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland) en 1931. Pero el éxito más relevante alcanzado por la prédica de Mosconi se materializará en 1936, cuando tras la Guerra del Chaco el gobierno de Bolivia funde YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) siguiendo el modelo de la empresa argentina, y al año siguiente expropie la filial local de la Standard Oil. En 1938, la aplicación de estos mismos conceptos conducirá en Brasil a la formación del Consejo Nacional del Petróleo (CNP), y Mosconi será galardonado en reconocimiento a su labor.
La fulminante incursión iberoamericana de Mosconi despertó la creciente hostilidad de los poderosos trusts extranjeros, que se encargaron de boicotear el proyecto de monopolio estatal y de nacionalización de la industria petrolera por todos los medios a su alcance, incluidas la complicidad de la prensa oligárquica y la connivencia rentada de funcionarios y legisladores venales.
Aunque el impacto producido por la crisis económica mundial de 1929 constituyó una de las causas del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, la cuestión petrolera fue un decisivo factor adicional para el derrocamiento de un presidente que sostenía que "el subsuelo mineral de la República no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma". Sin duda la opinión de los embajadores de los Estados Unidos y el Imperio Británico no coincidía en nada con la de Yrigoyen, por lo que inmediatamente después del golpe anunciaron al dictador Uriburu que las potencias que representaban reconocían al gobierno de facto (lo que abría a la Standard Oil y a la Royal Dutch una oportuna brecha en las murallas que Mosconi había levantado a lo largo de ocho años). Comprendiendo que su tarea al frente de YPF sería desde entonces inviable por su lealtad al presidente derrocado y su manifiesta actitud antiimperialista, Mosconi presentó su renuncia indeclinable a la dirección de la empresa y fue inmediatamente detenido.
A la luz de la actual circunstancia de disolución nacional propugnada una vez más por un neoliberalismo rampante que exalta la renuncia explícita a todo designio autónomo, estas acciones dignas del Quijote señalan un contraste moral tan violento que parecen producto de otra instancia humana. Sin embargo, ellas fueron adoptadas por tres presidentes argentinos --un conservador y dos radicales--, con el aporte técnico-ideológico de un ingeniero y general de la Nación que honró como pocos su uniforme militar, con la segura naturalidad de quienes no calcularon opción alguna a la defensa de nuestra soberanía.
Hace pocos días, la Cámara de Apelaciones de Nueva York revocó la sentencia contra la Argentina impulsada por el grupo buitre Burford Capital y reconoció la legitimidad de la expropiación del 51% de las acciones de YPF gestionada en 2012 por la presidenta Cristina Kirchner y su entonces ministro de Economía Axel Kicillof, fundamental para el posterior desarrollo de la cuenca petrolera de Vaca Muerta. ¿Será entonces la hora de Némesis, descargando la furia de los dioses por el abandono de los deberes que conlleva el justo ejercicio del poder? Porque, como tan bellamente lo expresara León Gieco: "Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia".
*Alberto Petrina es profesor consulto UBA.
Fuente: Página 12
Por Alberto Petrina*
Esbozar hace apenas dos meses una breve crónica sobre la saga del petróleo en la Argentina era, en todo caso, un ejercicio de memoria histórica acerca del asunto y sus protagonistas. Pero después de Venezuela y tras los demonios de la guerra desatados sobre el Golfo Pérsico, la dimensión geopolítica del tema impone un sesgo planetario sobre cualquier circunstancia local; y aunque ésta sea una ley de valor permanente, ahora nos estalla literalmente en la cara. Aun así, ceñiremos este relato a nuestra tierra: concretamente, a las dos décadas que van de 1910 a 1930.
Cuando el doctor Roque Sáenz Peña crea en diciembre de 1910 la Dirección General de Explotación del Petróleo en Comodoro Rivadavia --un virtual anticipo de YPF--, confía su presidencia al ingeniero Luis A. Huergo, quien denunciará en 1913 las maniobras de la Standard Oil estadounidense para sabotear la explotación estatal mediante el logro de concesiones en el territorio patagónico. El presidente conservador que en 1912 había impulsado el proyecto de reforma electoral que dio a la Nación la ley de sufragio universal, obligatorio y secreto que lleva su nombre, templaba así su gestión como un insospechado precursor del nacionalismo petrolero.
Pero será recién durante las presidencias de Hipólito Yrigoyen y Marcelo de Alvear que la cuestión asumirá un perfil tendiente a la consolidación de un Estado moderno: el 3 de junio de 1922, Yrigoyen crea por decreto la Dirección Nacional de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), primera empresa petrolera estatal del mundo, y el 16 de octubre de 1922 Alvear corona la tarea designando a su frente al entonces coronel Enrique Mosconi. Mas Alvear no se contentará con un nombramiento burocrático, otorga a YPF la más completa autonomía funcional: este aval político presidencial permitirá a Mosconi imprimir un extraordinario dinamismo a su gestión de ocho años al frente de la empresa, a fin de incrementar la producción petrolera desde la perspectiva del interés soberano del país. Mosconi no limitará su acción a la administración ágil, eficiente y proba que aplicó durante toda su gestión, ya que a la par deberá hacer frente a las permanentes presiones y zancadillas emanadas de los dos gigantescos emporios hidrocarburíferos actuantes en la región: la holando-británica Royal Dutch y la Standard Oil estadounidense de John Rockefeller. Será entonces que su estrategia geopolítica superará el límite natural de su función, extendiendo su campo de batalla a la totalidad del ámbito en el que ambos trusts ejercían su influencia: el de toda Iberoamérica.
Esta magistral operación ideológica desarrollada por Mosconi será de una envergadura y resultados que ameritan un indispensable resumen de la misma. Entre 1927 y 1928 recorre América Latina informando a las autoridades sobre la experiencia argentina en la materia, exaltando la necesidad del absoluto monopolio estatal sobre los combustibles fósiles y exhortando a coordinar medidas comunes y a promulgar leyes específicas en beneficio de los estados nacionales. Esta doctrina alcanzó fuerte impacto en México, Brasil, Bolivia y Uruguay. El ideario de Mosconi encontrará en México un fértil escenario a inicios de 1928, cuando invitado por el presidente Plutarco Elías Calles lo informe sobre nuestra política petrolera y le proponga un camino de cooperación recíproca, inicio que tendrá un exitoso final con la fundación de Pemex (Petróleos Mexicanos) el 7 de junio de 1938 por decisión delpresidente Lázaro Cárdenas. En 1929 convence a Edmundo Castillo, ministro uruguayo de Industrias, Trabajo y Comunicaciones, de la necesidad de establecer una refinería y una compañía energética estatal, que concluye en la creación de Ancap (Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland) en 1931. Pero el éxito más relevante alcanzado por la prédica de Mosconi se materializará en 1936, cuando tras la Guerra del Chaco el gobierno de Bolivia funde YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) siguiendo el modelo de la empresa argentina, y al año siguiente expropie la filial local de la Standard Oil. En 1938, la aplicación de estos mismos conceptos conducirá en Brasil a la formación del Consejo Nacional del Petróleo (CNP), y Mosconi será galardonado en reconocimiento a su labor.
La fulminante incursión iberoamericana de Mosconi despertó la creciente hostilidad de los poderosos trusts extranjeros, que se encargaron de boicotear el proyecto de monopolio estatal y de nacionalización de la industria petrolera por todos los medios a su alcance, incluidas la complicidad de la prensa oligárquica y la connivencia rentada de funcionarios y legisladores venales.
Aunque el impacto producido por la crisis económica mundial de 1929 constituyó una de las causas del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, la cuestión petrolera fue un decisivo factor adicional para el derrocamiento de un presidente que sostenía que "el subsuelo mineral de la República no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma". Sin duda la opinión de los embajadores de los Estados Unidos y el Imperio Británico no coincidía en nada con la de Yrigoyen, por lo que inmediatamente después del golpe anunciaron al dictador Uriburu que las potencias que representaban reconocían al gobierno de facto (lo que abría a la Standard Oil y a la Royal Dutch una oportuna brecha en las murallas que Mosconi había levantado a lo largo de ocho años). Comprendiendo que su tarea al frente de YPF sería desde entonces inviable por su lealtad al presidente derrocado y su manifiesta actitud antiimperialista, Mosconi presentó su renuncia indeclinable a la dirección de la empresa y fue inmediatamente detenido.
A la luz de la actual circunstancia de disolución nacional propugnada una vez más por un neoliberalismo rampante que exalta la renuncia explícita a todo designio autónomo, estas acciones dignas del Quijote señalan un contraste moral tan violento que parecen producto de otra instancia humana. Sin embargo, ellas fueron adoptadas por tres presidentes argentinos --un conservador y dos radicales--, con el aporte técnico-ideológico de un ingeniero y general de la Nación que honró como pocos su uniforme militar, con la segura naturalidad de quienes no calcularon opción alguna a la defensa de nuestra soberanía.
Hace pocos días, la Cámara de Apelaciones de Nueva York revocó la sentencia contra la Argentina impulsada por el grupo buitre Burford Capital y reconoció la legitimidad de la expropiación del 51% de las acciones de YPF gestionada en 2012 por la presidenta Cristina Kirchner y su entonces ministro de Economía Axel Kicillof, fundamental para el posterior desarrollo de la cuenca petrolera de Vaca Muerta. ¿Será entonces la hora de Némesis, descargando la furia de los dioses por el abandono de los deberes que conlleva el justo ejercicio del poder? Porque, como tan bellamente lo expresara León Gieco: "Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia".
*Alberto Petrina es profesor consulto UBA.
Fuente: Página 12

