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El crimen de Angel, reflejo de una realidad cruda: "la violencia contra las infancias es un tema estructural, hay un mirar para otro lado del mundo adulto"

El asesinato de Angel López en Comodoro Rivadavia reabrió un debate de larga data en torno a las falencias institucionales en la protección de las infancias. La muerte del menor, lejos de ser un caso aislado o propio de la realidad local, es un reflejo de un escenario nacional crítico. La psicóloga y activista por los derechos de la Infancia, Sonia Almada, dialogó con El Extremo Sur sobre el panorama de las políticas destinadas a la niñez en Argentina. "Los chicos siempre han ocupado un lugar minoritario en relación a la prevención y al cuidado: o se piensa el cuidado de una manera muy tutelar donde el niño es un objeto del adulto para ubicar en diferentes lugares o no hay nada", afirmó.

La especialista se refirió a la violencia contra los niños como "un tema sistémico en Argentina": "La crianza y el disciplinamiento a través de la violencia, los gritos, el zamarreo, los golpes y cosas muchísimo peores, es estructural". Si bien reconoció que casos como el de Angel generan una fuerte indignación social, también sostuvo que hay una naturalización de violencias cotidianas que pueden ser la antesala a violencias más extremas.

Subrayó que, en términos normativos, lo que persiste no es la ausencia de leyes adecuadas sino la falta de cumplimiento de las que ya existen, como la Ley 26.061 de Protección Integral de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes o la Ley Lucio.

Por otro lado, cuestionó el proyecto de ley de Falsas Denuncias: advirtió que implica un retroceso para los niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, un delito en el que comúnmente es complejo alcanzar pruebas.

Recientemente han ocupado la escena pública distintos casos que involucran maltrato a las infancias, como fue el caso de Angel López en Comodoro Rivadavia, y algunas veces pareciera que son casos extremos o excepcionales. ¿Cómo ves el panorama de las infancias en materia de derechos en Argentina?

Lo que está haciendo este Gobierno es la vulneración a todos los colectivos más frágiles, desde discapacidad, infancia, mujeres, disidencias. Realmente fue directo a atacar estos colectivos en particular. Eso me parece que, en términos generales, es realmente aterrador. Tanto en el consultorio o en territorio se nota muy fuerte el desánimo general, la decepción, la desesperación para comer, lo básico. Me comentaban colegas y trabajadoras de servicios locales que están haciendo un trabajo en restitución de derechos de algún niño porque hay situaciones de violencia o de negligencia en la casa y se encuentran con padres y niños que no comen hace cuatro o cinco días, que ya la restitución de derecho en relación a la violencia queda secundaria porque no aparece lo básico, hay gente que está sin comer. Este panorama nunca lo viví, esta desarticulación, la desesperación sobre todo de los servicios locales, los profesionales en general tratando de armar donde no hay nada, las docentes, porque en el medio de todo esto, además de un filicidio, como ocurrió con Angel, antes también tuvimos los tiroteos. Entonces también esto, los discursos de odio, la falta de control en las plataformas. En este momento Argentina es tierra de nadie, se podría decir, o tierra de los dueños de la riqueza. En general nunca hubo campañas de prevención de la violencia contra la infancia en todas sus formas y en este momento en particular es muchísimo peor.

En tus análisis sobre el maltrato infantil te referís a la "desresponsabilización social". ¿La sociedad alcanza a comprender los casos particulares como parte de una problemática estructural?

En general se toma como un caso individual y se pone el enemigo afuera. Y bueno, le pasó esto a este nenito porque los padres hacen tal o cual cosa. Ayer yo venía caminando de presentar un libro y una mujer le empezó a gritar a la hija, una nena de 8 años, pero de tal modo le ponía la cara frente a frente, y se quedó congelada, la madre le gritaba, le gritaba y le gritaba. Y esto pasa en la calle con total impunidad. Si nosotros vemos esa escena hoy pero de un hombre gritándole a una mujer así en la calle, hay una intervención, casi diría, colectiva. Hay una intervención o por lo menos ya se sabe que eso está mal. Pero acá yo miré alrededor y a nadie le llamaba la atención. A nadie le llamó la atención la escena y eso es maltrato. Eso es una forma de maltrato de las que dañan psicológicamente, probablemente la dañe para toda la vida, pero no se toma como un antesala de que después pueden pasar otras cosas también. Porque eso era una descarga pura de esta mujer, era una descarga pura con toda la desigualdad de poder sobre esa niña que realmente no podía defenderse y no tenía nadie quien la defienda. Y eso también es una responsabilidad colectiva, ¿quiénes intervienen cuando hay una vulneración de ese estilo? El maltrato ha existido siempre, pero están las normas, las leyes para poder ponerle un coto a esto, un límite al maltrato, al destrato y a las formas de la violencia. Yo siempre cuento que primero existió la Ley de protección para los animales y luego vino la Ley de protección infantil. Así que los chicos siempre han ocupado un lugar minoritario en relación a la prevención y al cuidado. O se piensa el cuidado de una manera muy tutelar donde el niño es un objeto del adulto para ubicar en diferentes lugares o no hay nada. Es como si hubiese un vacío. Así que la violencia contra los niños es un tema sistémico en Argentina, la crianza y el disciplinamiento a través de la violencia, los gritos, el zamarreo, los golpes, y cosas muchísimo peores, es estructural. Y sí, cuando aparecen estos casos, todos nos ofendemos mucho, hay una irritación de todos, de cómo puede pasar esto, y qué pasó y quiénes fallaron.

En estos casos se tiende a buscar un culpable, pero no siempre se agota en una única instancia o un actor institucional concreto. ¿Cuáles son las principales falencias que hoy tiene el sistema?

Se va buscando el culpable en el servicio local, en la justicia y si hubo indicadores de estos casos extremos de infanticidios o homicidios y no se pudieron ver es porque falta capacitación también. La capacitación que existe tampoco se da en todos los lugares. Es la Ley Lucio, que nació con una ley panfletaria, absolutamente político-partidaria. No tuvo ni un trabajo dedicado para ver realmente que se tenía que llevar a los diferentes espacios para que tengan conocimiento, conciencia, empatía y sensibilidad, porque si vos enseñás esto a un funcionario, y después el funcionario va a la casa y le pega a su propio hijo, realmente falló. Vuelvo ahí a los servicios locales porque son la trinchera más cruda, la que recibe lo peor, lo más cruento de la violencia infantil. Entonces cuando les preguntás, ¿qué les parecen estas capacitaciones?, te dicen "es nada". Porque les enseñan los derechos del niño o algunas cuestiones de detección, que ya las conocen, ellos trabajan de eso. Entonces hay algo ahí de una falta de elaboración de un proyecto de ley. Si se quería hacer una ley para capacitar, tiene que ser de manera consistente, si no, no sirve, es una ley muerta que se dicta en algunos lugares y realmente no ha ayudado, te lo dice toda la gente que trabaja en esto. Es un tema estructural, falta prevención, falta capacitación y hay un mirar para otro lado del mundo adulto como si eso no estuviese pasando. La alerta mayor se ve cuando los chicos salen a los tiros tratando de pedir algún tipo de ayuda con todo lo que les está pasando, que terminan en foros aterradores buscando espacios de pertenencia e identidad, o niños muertos, en este caso, y mucha gente que no pudo ver la indefensión.

En este sentido, ¿es necesario discutir leyes nuevas destinadas a las infancias o fortalecer la normativa vigente?

Nosotros tenemos la Ley 26.060 de Protección Integral, que ya dicta la capacitación. Así que no necesitábamos otra ley nueva. Solamente bastaba con cumplir esa ley y armar capacitaciones reales que ayuden a las personas reales que trabajan con todas las formas de maltrato infantil, porque no es solo pegarle a los niños o la violencia sexual, hay compra y venta de niños en Argentina, de lo que no se habla. En 2015 cambió el Código Civil Penal y Comercial, donde la entrega directa está penada por la ley, pero sigue pasando, porque fallan un montón de otros mecanismos. Ahora se ven las ludopatías digitales, el exceso de pantallas en los niños, hay muchas formas en que los niños son agredidos por negligencia, por falta de cuidado, por desatención o por malos tratos que no se están viendo, la violencia sexual a través de medios digitales, no solo el grooming, hay muchas otras formas que también avanzan a pasos agigantados y no hay ni políticas dedicadas a esto ni campañas de prevención, los adultos desconocen además todo este tipo de prácticas. Dentro del mundo online están pasando una cantidad de cosas que dañan fuertemente a niños, niñas y adolescentes y que los adultos no se están enterando porque en este momento hay una brecha digital generacional enorme. Casi no hay forma de seguir el paso. Se debería trabajar en una política de salvaguarda organizacional para que cada espacio que trabaje con niños, desde la escuela hasta la justicia, la salud, puedan tener una política de alertas tempranas y que son mecanismos bastante simples que se hacen en el mundo. Me parece que el camino tiene que ir por ahí, por la conciencia social, por las políticas públicas, y por supuesto por la legislación que tenemos, nosotros tenemos una gran legislación. La Ley de Protección Integral es excelente, es pionera, es innovadora. Entonces desarrollando solamente la letra de la ley, nosotros quizás no necesitamos en este ámbito otras leyes. A lo mejor actualizar alguna en relación a las violencias digitales, o a la venta de niños, la imprescriptibilidad de los delitos de violencia sexual, la creación de comisiones de la verdad. Son algunas de las cuestiones que hay que revisar pero no llenarnos de leyes, no crear leyes porque sí para que terminen siendo para fines políticos partidarios, que engrosan las bolsas de los políticos, pero a la infancia ni la toca.

Hace poco el proyecto de ley de Falsas Denuncias logró dictamen favorable en el Congreso, y uno de los puntos es agravar las penas en los casos que involucren violencia contra las infancias. ¿Cuál es tu opinión sobre el proyecto? ¿Qué efectos podría tener sobre las víctimas?

Me parece aterrador. Tengo bastante miedo que salga, me parece un modo de disciplinamiento de las infancias que pueden hablar, porque no todas pueden. Hablar es un privilegio. Poder contarlo en el momento en que está pasando es un privilegio tremendo porque está la amenaza del pederasta, la posibilidad de que la familia no te crea, que es lo más habitual en los casos de violencia sexual. Entonces muchos niños acuden quizás a la maestra, a un psicólogo, a otros espacios, porque dentro de la familia muchas veces estos crímenes son silenciados y mucho más en instituciones religiosas. También en ámbitos deportivos, como ya hemos tenido casos importantes como el de Independiente. Poder hablar ya es un privilegio porque uno puede estar siendo explotado, siendo agredido sexualmente dentro del ámbito familiar o dentro de un ámbito clerical y realmente tenés que mantener silencio. A veces conseguís adultos protectores que pueden acompañar el proceso de ayudarte, contenerte y además llevar adelante una denuncia. Si se criminalizan estos procesos vamos a quedar más en silencio. Por el temor a no tener las pruebas, porque finalmente se trata de que quizás la justicia a veces te dice, "bueno, esto no es así", pero por la falta de pruebas. En violencia sexual, es muy difícil alcanzar una prueba a no ser que haya habido acceso carnal, o que haya fotos o videos. Es realmente la palabra del niño, niña o adolescente y por supuesto el diagnóstico, la secuela psicológica y psiquiátrica que padece la víctima. Con eso contamos, no hay otra manera de probarlo, por eso la violencia sexual en la infancia es el crimen más impune de la historia de la humanidad. Yo me pregunto, por qué tanto énfasis con un grupo muy específico de personas que están diciendo que fueron acusadas injustamente y que salen a hablar, que es mínimo en relación a la magnitud de la violencia sexual padecida en la infancia. Uno de cada cinco mujeres y uno de cada siete varones han sido víctimas antes de los 18 años. Entonces, ante esa magnitud, ¿por qué una senadora y organizaciones acompañan con tal furor un proyecto de ley, de falsas denuncias que además ya está tipificado en el Código Penal? ¿Por qué es específico para la infancia y para las mujeres? Es importante hacerse esa pregunta. Me parece que hace muchísimo daño, que va a silenciar a las víctimas, a los profesionales, a las personas, a los adultos que acompañan estos procesos. Hace años que ya tenemos problemas para conseguir psicólogos que atiendan víctimas de violencia sexual porque tenemos todo un proceso, eso que nosotros le decimos backlash, que es como el golpe en contra porque hay una persecución hacia quienes protegen a las infancias. Si a esto se le suma que además te pueden culpar por falso testimonio porque sí, bueno, sería aterrador. Yo no dudo de que haya casos, por supuesto. Eso existe y tiene que ser sancionado con todo el peso de la ley. Pero llevarlo a un proyecto de ley y anunciarlo como si esto fuese absolutamente común, es una injusticia y realmente va a dañar.