Minería

Estados Unidos quiere el uranio y los reactores: Avanza la entrega del desarrollo nuclear argentino

Mientras el gobierno nacional insiste en presentar a la energía nuclear como uno de los pilares estratégicos del futuro argentino, puertas adentro avanza una dinámica mucho más ligada a la entrega de capacidades estatales que a la construcción de soberanía tecnológica. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) formalizó un procedimiento para habilitar la presentación de iniciativas privadas sobre activos nucleares del país y abrió así una instancia que permite a capitales nacionales y extranjeros acceder a documentación, información sensible e incluso recorrer instalaciones estratégicas distribuidas en el territorio argentino.

La medida aparece en medio de un escenario atravesado por la presión geopolítica de Estados Unidos sobre los llamados minerales críticos y por el interés creciente en el uranio argentino, recurso presente en provincias como Chubut, Mendoza y Salta. En paralelo, el jefe de Gabinete Manuel Adorni había asegurado semanas atrás ante Diputados que el "plan nuclear" anunciado por Javier Milei todavía no entró formalmente en vigencia. Sin embargo, los movimientos administrativos dentro de la CNEA parecen describir otra hoja de ruta: la apertura progresiva de activos públicos estratégicos al capital privado internacional.

Góndolas nucleares para capitales extranjeros

El nuevo procedimiento habilita que empresas interesadas puedan solicitar información técnica, acceder a predios y explorar oportunidades vinculadas con infraestructura, desarrollos tecnológicos y recursos bajo jurisdicción nuclear. La lógica que empieza a consolidarse recuerda más a un esquema de valorización de activos para potenciales compradores que a una política estatal orientada al fortalecimiento del sistema científico-tecnológico argentino.

La expectativa norteamericana sobre esos recursos ya había sido explicitada meses atrás por el funcionario estadounidense Scott Bessent, quien sostuvo que Argentina es "rica en uranio" y remarcó el interés por facilitar el ingreso de empresas privadas estadounidenses. La declaración no quedó aislada: el trasfondo político incluye la firma del memorándum de cooperación entre Argentina y Estados Unidos sobre cadenas globales de suministro de minerales críticos, uno de los ejes de la estrategia geopolítica norteamericana frente a China.

El ingeniero electricista Nicolás Malinovsky, especialista en energía nuclear, advierte que Washington busca simultáneamente dos objetivos: desarticular capacidades tecnológicas locales y consolidar a Argentina como proveedor subordinado de recursos estratégicos para el proceso de reindustrialización estadounidense. Según plantea, el control del uranio y de la infraestructura nuclear forma parte de la nueva doctrina de seguridad norteamericana en el hemisferio occidental.

Reactores desarrollados por el Estado, negocios para privados

Entre los activos más codiciados aparecen dos desarrollos emblemáticos de la industria nuclear argentina: el reactor modular Carem y el reactor multipropósito RA-10. Ambos fueron impulsados durante años mediante inversión pública, acumulación de conocimiento científico local y trabajo de organismos estatales.

El Carem -primer reactor nuclear de potencia diseñado íntegramente en Argentina- quedó prácticamente paralizado durante la gestión de Javier Milei cuando restaba alrededor de un 30% para finalizarlo. El proyecto colocaba al país en una posición de avanzada en materia de reactores modulares pequeños, un segmento estratégico de la nueva generación nuclear. Su eventual comercialización internacional podría representar miles de millones de dólares.

El RA-10, construido en el Centro Atómico Ezeiza, se encuentra mucho más avanzado y apunta principalmente a garantizar el autoabastecimiento de radioisótopos para medicina nuclear, indispensables para diagnósticos y tratamientos oncológicos. También posee capacidad exportadora. Según distintas estimaciones técnicas, su operación podría generar ingresos millonarios anuales para el país.

El problema de fondo no reside únicamente en la posibilidad de negocios privados alrededor de esos desarrollos, sino en la transferencia de capacidades estratégicas construidas durante décadas con recursos estatales. En distintos sectores del sistema científico crece la preocupación por la eventual venta de tecnologías a valores muy inferiores a su potencial real.

El uranio patagónico y la nueva disputa global

La Patagonia vuelve a ocupar un lugar central dentro de la disputa extractiva global. El uranio argentino aparece como un recurso particularmente atractivo para Estados Unidos en medio del reordenamiento energético internacional y de las restricciones impuestas a las importaciones provenientes de Rusia.

Argentina posee alrededor de 40 mil toneladas de reservas de uranio y buena parte de ese potencial se concentra en territorios patagónicos. Aunque las provincias son formalmente dueñas de sus recursos naturales, la tutela nuclear permanece bajo órbita de la CNEA, una superposición jurídica que desde hace años alimenta tensiones políticas y regulatorias.

Malinovsky sostiene que el objetivo actual no apunta a fortalecer el abastecimiento interno ni a expandir el desarrollo energético soberano, sino a garantizar exportaciones hacia el mercado estadounidense, que busca reemplazar el uranio ruso en su cadena de suministro. El antecedente remite directamente a los años noventa, cuando la minería de uranio fue desmantelada bajo la lógica neoliberal de apertura e importación barata.

La reedición de aquel esquema aparece ahora acompañada por un deterioro institucional profundo dentro del sistema nuclear argentino.

Ajuste, vaciamiento y deterioro institucional

Trabajadores de la CNEA vienen denunciando desde hace meses recortes presupuestarios, pérdida salarial, precarización y desplazamiento de perfiles técnicos con experiencia acumulada durante décadas. En informes recientes también alertaron sobre la incorporación de personal sin trayectoria en el sector nuclear para ocupar puestos directivos en un contexto de debilitamiento general de las capacidades estratégicas del organismo.

El físico Diego Hurtado trazó un paralelismo directo con el proceso vivido durante la década menemista: desfinanciamiento estatal, apertura a capitales privados y transferencia de activos públicos estratégicos hacia intereses externos. Según plantea, la ausencia deliberada de inversión pública empuja a los organismos científicos a buscar acuerdos privados en condiciones cada vez más desfavorables.

En el trasfondo aparece una pregunta estructural que atraviesa la historia reciente de la Argentina: si el país utilizará sus recursos estratégicos para construir autonomía tecnológica y desarrollo industrial o si volverá a ocupar el lugar periférico de proveedor de materias primas dentro de las disputas globales de las grandes potencias. La avanzada sobre el uranio patagónico parece empezar a responderla.