El Niño, los que faltaba: Argentina se prepara para lluvias extremas, inundaciones y olas de calorPor Daniel Cassola
La confirmación oficial del regreso del fenómeno climático El Niño encendió las alertas en distintos países del mundo y, especialmente, en Argentina, donde especialistas advierten sobre un escenario que podría traer lluvias intensas, inundaciones, olas de calor y efectos significativos sobre la salud, la producción y la infraestructura durante los próximos meses.
Consecuencias en el país
La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró oficialmente el inicio de El Niño y anticipó que existe un 63% de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante la segunda mitad del año. Según el organismo, las temperaturas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial continúan aumentando y podrían superar los 2 grados centígrados por encima de los valores normales, un umbral que caracteriza a los eventos más intensos registrados históricamente.
Aunque el fenómeno tiene alcance global, sus consecuencias en Argentina suelen ser especialmente relevantes. Los especialistas coinciden en que la primavera y el verano podrían presentar condiciones climáticas extremas, con precipitaciones superiores a lo normal en amplias regiones del país y temperaturas elevadas sostenidas.
La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Celeste Saulo, advirtió que un océano más cálido aporta mayor humedad y energía a la atmósfera, incrementando el riesgo de tormentas severas, inundaciones y olas de calor. Además, recordó que el último episodio intenso de El Niño, registrado entre 2023 y 2024, contribuyó a que se alcanzaran temperaturas récord a nivel global.
Zonas vulnerables
En Argentina, las zonas más vulnerables se encuentran en el Litoral, la Cuenca del Plata y gran parte de la región central. Provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Misiones podrían enfrentar un aumento considerable de lluvias, con riesgo de crecidas de ríos e inundaciones urbanas y rurales.
Los antecedentes históricos alimentan la preocupación. El fenómeno de El Niño de 1997, considerado uno de los más fuertes del siglo XX, provocó inundaciones masivas en distintas provincias argentinas, afectó miles de hectáreas productivas y generó importantes pérdidas económicas y sociales.
Las consecuencias no se limitan a las precipitaciones. Los expertos advierten que el aumento de la temperatura y la humedad favorece la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, chikungunya y zika. También se incrementan los riesgos de golpes de calor, deshidratación y complicaciones cardiovasculares, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Incertidumbre
A nivel productivo, el impacto puede ser contradictorio. Mientras algunas regiones podrían beneficiarse por una recuperación de las reservas hídricas luego de años de sequía, otras podrían sufrir pérdidas por excesos de agua, anegamientos y daños en cultivos e infraestructura rural.
Frente a este escenario, en mayo se conformó la Mesa de Preparación ante El Niño, integrada por organismos técnicos y representantes de provincias potencialmente afectadas. El objetivo es monitorear la evolución del fenómeno y fortalecer los mecanismos de respuesta ante posibles emergencias.
Los especialistas coinciden en que aún existe incertidumbre sobre la intensidad final del evento. Sin embargo, destacan que la combinación entre El Niño y el calentamiento global podría amplificar los impactos observados en episodios anteriores.
Fuente: www.curarconopinion.com
Por Daniel Cassola
La confirmación oficial del regreso del fenómeno climático El Niño encendió las alertas en distintos países del mundo y, especialmente, en Argentina, donde especialistas advierten sobre un escenario que podría traer lluvias intensas, inundaciones, olas de calor y efectos significativos sobre la salud, la producción y la infraestructura durante los próximos meses.
Consecuencias en el país
La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró oficialmente el inicio de El Niño y anticipó que existe un 63% de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante la segunda mitad del año. Según el organismo, las temperaturas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial continúan aumentando y podrían superar los 2 grados centígrados por encima de los valores normales, un umbral que caracteriza a los eventos más intensos registrados históricamente.
Aunque el fenómeno tiene alcance global, sus consecuencias en Argentina suelen ser especialmente relevantes. Los especialistas coinciden en que la primavera y el verano podrían presentar condiciones climáticas extremas, con precipitaciones superiores a lo normal en amplias regiones del país y temperaturas elevadas sostenidas.
La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Celeste Saulo, advirtió que un océano más cálido aporta mayor humedad y energía a la atmósfera, incrementando el riesgo de tormentas severas, inundaciones y olas de calor. Además, recordó que el último episodio intenso de El Niño, registrado entre 2023 y 2024, contribuyó a que se alcanzaran temperaturas récord a nivel global.
Zonas vulnerables
En Argentina, las zonas más vulnerables se encuentran en el Litoral, la Cuenca del Plata y gran parte de la región central. Provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Misiones podrían enfrentar un aumento considerable de lluvias, con riesgo de crecidas de ríos e inundaciones urbanas y rurales.
Los antecedentes históricos alimentan la preocupación. El fenómeno de El Niño de 1997, considerado uno de los más fuertes del siglo XX, provocó inundaciones masivas en distintas provincias argentinas, afectó miles de hectáreas productivas y generó importantes pérdidas económicas y sociales.
Las consecuencias no se limitan a las precipitaciones. Los expertos advierten que el aumento de la temperatura y la humedad favorece la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, chikungunya y zika. También se incrementan los riesgos de golpes de calor, deshidratación y complicaciones cardiovasculares, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Incertidumbre
A nivel productivo, el impacto puede ser contradictorio. Mientras algunas regiones podrían beneficiarse por una recuperación de las reservas hídricas luego de años de sequía, otras podrían sufrir pérdidas por excesos de agua, anegamientos y daños en cultivos e infraestructura rural.
Frente a este escenario, en mayo se conformó la Mesa de Preparación ante El Niño, integrada por organismos técnicos y representantes de provincias potencialmente afectadas. El objetivo es monitorear la evolución del fenómeno y fortalecer los mecanismos de respuesta ante posibles emergencias.
Los especialistas coinciden en que aún existe incertidumbre sobre la intensidad final del evento. Sin embargo, destacan que la combinación entre El Niño y el calentamiento global podría amplificar los impactos observados en episodios anteriores.
Fuente: www.curarconopinion.com

