La Cuenca del Golfo San Jorge transita una larga crisis que desató en el 2024 y aún hace sentir sus coletazos. El sector petrolero cruje junto con el de la construcción y extienden su onda expansiva sobre el resto de la economía regional. En las dos provincias que la integran se destruyeron 18.230 empleos privados, de los cuales 12.400 se concentraron en la actividad petrolera y la construcción. La pérdida de empleo de calidad se extendió sobre el resto del mundo asalariado y generó un efecto cascada con el consumo en pleno proceso recesivo. En las dos provincias cerraron sus puertas 868 empresas desde la asunción de Javier Milei. En el norte de Santa Cruz los nuevos desocupados protagonizaron protestas en reclamo de trabajo genuino. La mayoría de los sectores estatales santacruceños enfrentan con dureza el ajuste salarial, mientras que en Chubut la protesta social asoma como más contenida. A ambos lados de la Cuenca se optó por la emisión de deuda en dólares como alternativa para sortear la crisis.
Empleo en retroceso
La caída del empleo privado arrancó en el sector petrolero a partir de la decisión de la YPF libertaria de abandonar los yacimientos maduros en la Cuenca, pero se potenció con la paralización de la obra pública que impuso el Gobierno nacional de Javier Milei apenas asumido en diciembre de 2023.
De conjunto ambas provincias sufrieron la destrucción de 18.230 empleos privados en ese período, de los cuales 9.486 corresponden a Chubut y 8.744 a Santa Cruz. En esta última provincia ya para abril del 2024 habían caído 3.300 puestos de trabajo, pero aún quedaban más por llegar.
En junio de 2024 ese número trepó a casi 8.000 a partir de la paralización de las obras en las represas. La tendencia expulsiva continuó con ritmo estable hasta que se concretó el abandono de YPF y los números de petroleros fuera de los yacimientos de la zona norte aumentaron. El ritmo de puestos de trabajo perdidos volvió a alcanzar un pico a finales del 2025 y en el arranque de este año fue aminorando.
En Chubut el proceso de achicamiento de la masa laboral tuvo un ritmo bastante diferente en cuanto a su intensidad ya que en el 2024 la mayor caída de puestos de trabajo se dio en septiembre de ese año con poco más de 2.300 empleos perdidos.
Hasta la primera mitad del 2025 la intensidad fue disminuyendo, pero junio del 2025 creció al contabilizarse 6.200 trabajadores y el máximo se encadenó en julio al llegar a casi 7.800 empleos menos.
A contramano de la vecina provincia, en Chubut se potenció la caída de empleo privado desde mediados del año pasado y se mantuvo casi estable, aunque se profundizó en el comienzo de este 2026.
En febrero hubo 7.140 puestos de trabajo menos y fue el segundo registro más bajo de todo el período comprendido entre diciembre de 2023 y marzo de este año. El abandono de YPF y la llegada de las nuevas operadoras potenciaron la destrucción de empleo, acoplándose el retroceso en la construcción por la paralización de la obra pública.
Este panorama se complementa con los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) donde se reveló que entre diciembre del 2023 y marzo de este año cerraron un total de 868 empresas en ambas provincias. De ese total 624 bajaron sus persianas en Chubut y 244 lo hicieron en Santa Cruz.
Solamente en el último año y hasta marzo cerraron entre comercios y Pymes de servicios un total de 370 empresas en territorio chubutense; mientras que en el santacruceño la cifra se ubicó en 258 empresas desaparecidas.
Crisis petrolera
Una de las principales aristas de la crisis que impacta en Santa Cruz y Chubut está relacionada a la constante caída de la producción petrolera. Ese proceso tiene dos vertientes de origen: por un lado, la ya mencionada salida de YPF de la Cuenca y, por otro, el decrecimiento productivo que se viene dando desde hace varios años producto de la migración de las inversiones hacia Vaca Muerta por el boom del fracking.
Nuevamente es el territorio santacruceño el más afectado por el decrecimiento productivo. Entre el 2023 y los primeros cuatro meses del 2026 la retracción extractiva se elevó al 13%, pasando de 64.485 barriles diarios a los poco más de 56 mil actuales.
Pero si se observa el proceso a más largo plazo se detecta que en los últimos 20 años el achicamiento de la producción santacruceña se eleva al 54%. En el 2006 se extraían 123.032 barriles diarios y en el comienzo de este 2026 solamente 56.130 barriles.
En la porción chubutense de la Cuenca el panorama es relativamente similar, aunque con dimensiones menores. Entre el 2023 y la actualidad se perdió el 14% del ritmo productivo y se equiparó con el retroceso santacruceño, pasando de los 136.377 barriles diarios a los 117.686 actuales.
Al igual que en la porción vecina de la Cuenca el proceso viene larga data y frente al 2006 el achicamiento productivo se eleva al 29%. Hace 20 años en Chubut se extraían 165.350 barriles diarios y actualmente esa cantidad se contrajo en 47 mil barriles.
Esa caída productiva tiene correlato en la pérdida de empleo en el sector petrolero: desde finales del 2023 y hasta el cuarto trimestre del 2025 significó la destrucción de 6.200 puestos de trabajo según los recientes datos del Observatorio del Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) del Ministerio de Capital Humano.
Las estadísticas oficiales tienen un retraso de seis meses, pero muestran que en Santa Cruz cayeron 3.109 empleos petroleros (3.074 en actividades de servicios y 35 en perforación), mientras que en Chubut se contabilizan 3.100 puestos de trabajo (613 en perforación y 2.487 en servicios) menos que en el cuarto trimestre del 2023.
Si bien la decisión de YPF de abandonar los yacimientos maduros de la Cuenca potenció el actual momento crítico, no menos cierto es que desde hace largos años el entramado productivo petrolero de la región viene afectado por la desinversión empresaria.
Construcción paralizada
El sector de la construcción es el segundo en importancia en cuanto a los efectos de la crisis, tanto por el parate de la obra pública como privada.
Los datos oficiales del OEDE reflejan en nueve trimestres la destrucción de 6.224 puestos de trabajo en Santa Cruz y Chubut, multiplicando el impacto negativo en territorio santacruceño con 4.179 empleos menos y 2.045 en el chubutense.
El efecto sustancialmente mayor en Santa Cruz se debió a la parálisis de la obra de las represas y con el paso de los meses críticos ambas provincias intentaron reactivar algunas obras públicas con fondos propios o municipales.
Eso generó que la caída de puestos de trabajo se vaya achicando, pero muy lentamente. Los datos del El Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC) revelaron que en marzo se perdieron respecto de diciembre del 2023 un total de 3.242 empleos en Santa Cruz y 1.443 en Chubut.
Los números más actualizados reflejan un leve achicamiento de la pérdida de empleo, aunque aún se está lejos de retornar a los niveles previos a la llegada de Milei al gobierno.
Consumo en picada
Este panorama laboral y productivo en los rubros más importantes y dinámicos de la economía regional se traduce en desplomes del consumo en las provincias. Tanto Chubut como Santa Cruz se encuentran fuertemente afectadas por la crisis de empleo desatada en la Cuenca, pero al mismo se combina el proceso recesivo nacional como consecuencia de la caída del poder adquisitivo de los sueldos.
Los niveles de consumo se contrajeron fuertemente en el comienzo del 2024 y en la segunda mitad del año se redujo el impacto en las ventas de los supermercados. En tanto que desde el segundo semestre del 2025 la intensidad de la contracción del consumo se volvió a profundizar y en abril alcanzó nuevamente niveles altos.
Los números de la facturación en las grandes superficies de comercialización existente en ambas provincias reflejan que en Chubut las caídas son un poco mayores que en Santa Cruz.
Conflictos por salarios y trabajo
En medio de un panorama crítico en cuanto al empleo y el consumo, sumado a la inestabilidad de las arcas provinciales, la situación se volvió mucho más compleja sobre finales del año pasado y comienzos del actual.
Santa Cruz transita el peor de los escenarios de conflictividad social. Las protestas estallaron tanto durante el primer semestre de este año en el norte como el resto de la provincia, aunque la dirigencia -particularmente la petrolera- ha logrado poner freno a los desbordes.
Los desocupados generados por la crisis petrolera volvieron a salir a las rutas reclamando empleo digno, tanto en Las Heras como en el resto del corredor norte.
El principal problema para el Gobierno provincial vienen siendo los trabajadores estatales que se enfrentan al congelamiento salarial que se quiso imponer en este 2026.
Con los docentes de ADOSCAC, los trabajadores de ATE y con los agrupamientos policiales que se sumaron luego, la provincia se convirtió en un hervidero.
Agobiado por la situación, el gobernador Claudio Vidal debió retroceder con su postura de ajuste inflexible, aunque todavía no consiguió desarticular el alto nivel de conflictividad en una provincia sin clases, con organismos estatales paralizados y con policías protestando por las calles frecuentemente.
Buscando salir por arriba de la crisis, Vidal mandó a la Legislatura un proyecto de ley para tomar endeudamiento por 650 millones de dólares; pero no logra que se lo aprueben.
En Chubut el panorama de la conflictividad es bastante menor y sólo se reflejó entre el sector de los docentes y los auxiliares de la educación. Los trabajadores del sector se autoconvocaron y desbordaron a la conducción de ATECh y de ATE, pero los reclamos fueron encaminados transitoriamente con mejoras salariales. En el sector privado el rubro de los obreros petroleros se encuentra contenido. En el resto de las actividades afectadas, como el comercio o la construcción, no se produjeron desbordes.
La gestión provincial debió emitir deuda en pesos para poder hacer frente al pago de salarios, jubilaciones y gastos corrientes; además de reemitir el endeudamiento del BOCADE por 650 millones de dólares con la perspectiva de poner en marcha obras públicas y achicar los vencimientos en moneda extranjera.
La crisis por la que atraviesa la Cuenca, que se irradia sobre el conjunto de la sociedad regional, muestra un frágil equilibrio que momentáneamente no se traduce en altos niveles de conflictividad; salvo los ejemplos mencionados de los estatales santacruceños.
El veranito de los altos precios del barril de petróleo parece estar llegando a su fin o cuanto menos reduciendo considerablemente su incidencia en las cuentas públicas de las dos provincias.
El mundial de fútbol posiblemente corra la atención hasta finales de julio, pero después se iniciará con fuerza la campaña electoral con vistas al 2027 y cualquier profundización de la inestabilidad podría abrir las puertas a un panorama de alta volatilidad.