Ulanovsky: "El periodismo tal como lo conocíamos dejó de ser"Su nuevo libro compila más de cuarenta entrevistas a toda clase de músicos en las últimas seis décadas. "Cada nota tiene el particular valor de haber sido escrita por un periodista respetuoso de la cultura, que no se presumía un especialista o un crítico", afirma en una entrevista en la que repasa la evolución del periodismo argentino.
Por Emanuel Respighi
¿Qué tienen en común, además de que se trata de grandes músicos, Mercedes Sosa, Leonardo Favio, Horacio Molina, Leon Gieco, Kevin Johansen, Julia Zenko, Horacio Fontova, Fito Páez, María Elena Walsh, Charly García, Facundo Cabral, Alfredo Zitarrosa, Osvaldo Pugliese, Caetano Veloso, Miguel Angel Estrella, Hugo Del Carril, Astor Piazzolla, Horacio Ferrer, Libertad Lamarque, Tania y Juan Tata Cedrón? Que todos fueron alguna vez y en muy diferentes épocas entrevistados por Carlos Ulanovsky, el periodista que contó la cultura argentina de los últimos sesenta años como ningún otro. Esos más de cuarenta reportajes que Ula hizo y publicó en diferentes medios desde 1967 hasta 2025, fueron recopilados en Notas musicales de un periodista cultural (Ed. Gourmet Musical), su último libro, el número 28 de su autoría.
Repasar las 47 entrevistas que Ula les realizó a músicos de los más variados géneros, ideologías y estilos es sacar un pasaje exquisito hacia la intimidad de cada uno de ellos, pero también a un pasado de formas y lenguajes muy distintos a los actuales. También para constatar la lógica y natural evolución de un hombre de la cultura que pasó por diferentes estados: desde aquel joven rebelde que en los "reportajes insolentes" para Confirmado intentaba incomodar a los entrevistados, al periodista difusor de artistas y tonos amables en el que se convirtió después. En cualquiera de esos "Ulas" profesionales, hay características que los hermana a todos, que forman parte de su esencia: la curiosidad para preguntar, la inteligencia para no dejar nada por sobreentendido, la atención para escuchar al o la interlocutora y la repregunta para profundizar. Pasa el tiempo y Ula sigue siendo un niño curioso.
Hay algunas perlitas en Notas musicales... que no deben dejarse pasar por alto, como cuando Ulanovsky le preguntó a Juan D'Arienzo si había empezado a dirigir orquestas "porque como violinista no lo quería nadie" y si era cierto que nunca había escrito una sola línea de música "porque carece de los conocimientos musicales imprescindibles". O cuando a un jovencito Astor Piazzolla lo chuceó -literal- a "quién le había ganado" allá por 1968. A Luis Alberto Spinetta lo definió en un reportaje que le hizo cuando el músico tenía 22 años como "flaco y joven", pero también "apagado y triste, en la vida y en sus canciones". También, hay que decir, que fue el periodista que a pura repregunta le sacó a Leonardo Favio una de sus frases más replicadas.
-¿Qué clase de peronista sos?, le preguntó en 1968 al músico y director de cine.
-El de siempre. ¿Se puede ser peronista de más de una manera? Sigo siendo un militante que cree y ama esa doctrina que me enseñó a ver la vida distinta.
-¿De qué manera?, le repreguntó.
-Que uno no puede ser feliz en soledad. Que el gran motivo de felicidad es ver la felicidad en los demás.
Al preguntarle sobre su vínculo con la música, Ula rastrea en su propia memoria con muchas preguntas y, tal vez, una única certeza que lo describe como hombre de radio.
"¿Cuál habrá sido mi primer vínculo con la música? ¿Un arrorró que me ayudó a dormir, el aprendizaje del himno nacional en la clase de música en la escuela primaria, un enfervorizado cantito de cancha? Quién sabe... Seguro, un paso inicial fue la radio", arriesga en la entrevista con Página/12. "En los años 40 y 50, en mi casa familiar, se escuchaba radio, cuando este maravilloso medio ofrecía, de la mañana a la noche, todo tipo de variedades y géneros musicales, interpretados por figuras nacionales y extranjeras. Nada casualmente en el libro están entrevistados, entre muchos otros, Juan D'Arienzo, Pedro Vargas, Dámaso Pérez Prado y Antonio Tormo".
-¿Qué recordás de aquella infancia con la radio de fondo?
-Muchas emisoras tenían orquestas estables y hasta eficaces guitarristas o pianistas que acompañaban a los que, durante cada jornada, pasaban frente al micrófono. Aunque había programas con "selectas grabaciones" (así las presentaban los locutores) casi toda la música que salía de la caja mágica era en vivo. Nunca olvidé un programa que mi mamá no se perdía. Cada noche, mientras les daba el toque final a sus tareas domésticas, era oyente de un programa llamado Entre tangos y boleros. Sin sospecharlo también yo era oyente. Esa temprana banda musical me acompaña hasta hoy y pude reconocerla en mi condición de disc jockey aficionado eligiendo temas en cada programa de radio en los que trabajé. La gente escuchaba lo que salía de la radio y más temprano que tarde, iba a algún comercio a comprar su disco preferido, o también lo bailaba en milongas y clubes. Para completar mi incompleta formación musical, fui un chico de buen oído que estudió piano varios años y mucho más adelante batería, pero no me esforcé lo suficiente, y lo lamento.
-¿Por qué pensaste en la publicación de Notas musicales de un periodista cultural? ¿Cuál creés que es el valor del libro que recopila entrevistas a músicos hechas en distintas épocas?
-El libro es el resultado de la noble perseverancia de Leandro Donozo, el editor de Gourmet Musical. Mi primer libro, aparecido en 1969, fue una biografía, inicialmente autorizada sobre Palito Ortega y posteriormente desautorizada, judicializada, secuestrada e incinerada en un juzgado de Vicente López. Todavía conservo un ejemplar, debidamente recauchutado. En su momento había tenido siete u ocho entrevistas previamente consentidas con el ídolo de ese momento. Iba a su oficina (se llamaba Clan Ort, por Clan Ortega) con mi grabador portátil marca Geloso. Con esas cintas no fui tan cuidadoso como con mis impresos. ¿Dónde estarán? Donozo quería reeditarlo. Luego de pensarlo, creo que hice bien en decir que no.
-¿Por qué?
-Recuerdo aquella situación como algo sorprendente, difícil de explicar y doloroso. Era el año 1969, tenía 25 años, era mi primer libro. Me costó entender que no era solo una trapisonda que el mundo le tendía al joven periodista que era sino que podía ser una lección. Superarlo tuvo un costo pero por suerte no me paralicé: Notas Musicales es mi libro número 28. En mi ya larga tarea periodística hice entrevistas a músicos, cantantes, compositores, intérpretes, productores, disc jockeys. De a poco fui volviendo a ellos y entusiasmándome con la posibilidad de que recuperaran vida y actualidad en un libro, que compendiaran mis Notas Musicales. En relación al valor que pueda tener, no me toca decirlo a mí. Ojalá que lo digan los lectores. Aunque suene a frase hecha creo que, una vez publicado, el libro deja de pertenecerle al autor y pasa a ser un objeto de decisión del lector. Estoy seguro que cada una de las notas tienen el particular valor de haber sido escritas por un periodista respetuoso de la cultura, que ni antes ni ahora se presumía un especialista o un crítico, como tantos, muy buenos, que conocí: Jorge Aráoz Badí, Alfredo Rosso, Pompeyo Camps, Martín Pérez, Mariano del Mazo, Cynthia Lejbowicz, Jorge Andrés o Jorge Marziali, entre tantos.
-¿Cuál fue el criterio de selección de los artículos? ¿Se compilaron tal cual fueron publicados en cada medio o fueron reeditadas?
-El guardador de papeles que fui y todavía soy conservó cada una de las notas publicadas. Frente a la posibilidad de reunirlas en un libro aparecieron disponibles cientos de ellas sintetizando 63 años de actividad, aquí y también en México donde viví y trabajé. Sería un mentiroso si dijera que esos materiales ordenados en sobres pedían a los gritos transformarse en un libro. Pero cuando lo hojeo veo que el libro mantiene una unidad y, en especial, que me representa. Son cuarenta y pico de entrevistas, todas aparecidas en medios gráficos y algunas en medios digitales. A la mayor parte hubo que re tipearlas para abrirles las puertas al mundo digital, pero están tal y cual como salieron originalmente.
-¿Qué te pasa por la cabeza al momento de releer los artículos tantos años después? ¿Te reconocés? ¿Te avergonzás de algo? Vos mismo decís que pasaste de ser "canchero y rabioso" a "humano y esencial"...
-Me parece interesante advertir que no pienso igual que cuando se publicaron, me río de mi costado agresivo de los inicios, pero no polemizo y mucho menos me avergüenzo. Ni siquiera de los "Reportajes Insolentes" (así le habían puesto a esa sección en el semanario Confirmado), que hay varios en el libro. Traían el sello de un clima de época, en donde el sueño del cambio estaba a la vuelta de cualquier esquina. Yo también fui un genuino representante de esa época. Al punto que, delirio de pibe, creía que sería inmortal. Posteriormente vendrían dos o tres oportunos sopapos que me pegó la vida hasta hacerme entender que en una entrevista quien debía brillar era el entrevistado y no el entrevistador. Esa convicción me acompaña hasta hoy.
-¿Qué preguntas o comentarios te llamaron la atención al momento de releer sus notas? Alguna vez Jorge Guinzburg, con quién trabajaste en radio, me dijo que ya no podría volver a hacer "la pregunta para romper cubito" porque tenía demasiados amigos en el medio. ¿Te pasó algo similar con el "reportaje insolente"?
-Vivía en México y el recordado Aquiles Fabregat, factótum de la fundamental revista Humor, me pidió que entrevistara a Alfredo Zitarrosa, prócer del canto popular uruguayo que llegaba a radicarse en otro paso de su exilio. Lo busqué, él aceptó charlar y hubo un momento único: los dos pudimos decirnos que no nos caíamos simpáticos. Luego, por suerte, el diálogo fluyó y lo interesante le pasó por encima a lo urgente. Puedo decir que a la mayoría de los entrevistados llegué por la autopista de la admiración, de la curiosidad, del interés artístico y cultural que cada uno me provocaba y, por que no, por la colectora del cholulismo. Releo el libro y me impresiona la cantidad de preguntas que hice, cómo las hice y para qué las hice. Me gusta entender cuánto pude escuchar a mis interlocutores y cuanto aprendí de las respuestas que me dieron.
-En tanto especialista y conocedor de la historia de los medios de comunicación en Argentina, ¿cómo analizás la actualidad del periodismo en el país?
-Mucho de lo que hoy pasa en los medios argentinos (en todos) debe entenderse desde un proceso grave de precarización que todo lo atraviesa. Parafraseando al famoso poema-homilía del pastor Martín Niemoller se podría decir que, primero, los diarios y revistas prescindieron de los correctores y confiaron esa tarea fundamental a las computadoras. Pero como yo no era corrector lo dejé pasar... Luego se extendió la costumbre de dejar de pagar las colaboraciones en tiempo y forma, pero como ya había dejado atrás el rango de colaborador no le di la suficiente importancia... Después, en radio y televisión, impusieron como moneda de cambio que para estar frente a un micrófono unas cámaras había que buscarse anunciantes, pero como cobraba un sueldo fijo miré para otro lado... Ahora vinieron por todo. El periodismo tal cómo nos lo enseñaron, lo aprendimos y supimos ejercer dejó de ser lo que fue. Pero a esta altura las posibilidades de quejarse son pocas.
Fuente: Página/12 - Foto: Guadalupe Lombardo
Su nuevo libro compila más de cuarenta entrevistas a toda clase de músicos en las últimas seis décadas. "Cada nota tiene el particular valor de haber sido escrita por un periodista respetuoso de la cultura, que no se presumía un especialista o un crítico", afirma en una entrevista en la que repasa la evolución del periodismo argentino.
Por Emanuel Respighi
¿Qué tienen en común, además de que se trata de grandes músicos, Mercedes Sosa, Leonardo Favio, Horacio Molina, Leon Gieco, Kevin Johansen, Julia Zenko, Horacio Fontova, Fito Páez, María Elena Walsh, Charly García, Facundo Cabral, Alfredo Zitarrosa, Osvaldo Pugliese, Caetano Veloso, Miguel Angel Estrella, Hugo Del Carril, Astor Piazzolla, Horacio Ferrer, Libertad Lamarque, Tania y Juan Tata Cedrón? Que todos fueron alguna vez y en muy diferentes épocas entrevistados por Carlos Ulanovsky, el periodista que contó la cultura argentina de los últimos sesenta años como ningún otro. Esos más de cuarenta reportajes que Ula hizo y publicó en diferentes medios desde 1967 hasta 2025, fueron recopilados en Notas musicales de un periodista cultural (Ed. Gourmet Musical), su último libro, el número 28 de su autoría.
Repasar las 47 entrevistas que Ula les realizó a músicos de los más variados géneros, ideologías y estilos es sacar un pasaje exquisito hacia la intimidad de cada uno de ellos, pero también a un pasado de formas y lenguajes muy distintos a los actuales. También para constatar la lógica y natural evolución de un hombre de la cultura que pasó por diferentes estados: desde aquel joven rebelde que en los "reportajes insolentes" para Confirmado intentaba incomodar a los entrevistados, al periodista difusor de artistas y tonos amables en el que se convirtió después. En cualquiera de esos "Ulas" profesionales, hay características que los hermana a todos, que forman parte de su esencia: la curiosidad para preguntar, la inteligencia para no dejar nada por sobreentendido, la atención para escuchar al o la interlocutora y la repregunta para profundizar. Pasa el tiempo y Ula sigue siendo un niño curioso.
Hay algunas perlitas en Notas musicales... que no deben dejarse pasar por alto, como cuando Ulanovsky le preguntó a Juan D'Arienzo si había empezado a dirigir orquestas "porque como violinista no lo quería nadie" y si era cierto que nunca había escrito una sola línea de música "porque carece de los conocimientos musicales imprescindibles". O cuando a un jovencito Astor Piazzolla lo chuceó -literal- a "quién le había ganado" allá por 1968. A Luis Alberto Spinetta lo definió en un reportaje que le hizo cuando el músico tenía 22 años como "flaco y joven", pero también "apagado y triste, en la vida y en sus canciones". También, hay que decir, que fue el periodista que a pura repregunta le sacó a Leonardo Favio una de sus frases más replicadas.
-¿Qué clase de peronista sos?, le preguntó en 1968 al músico y director de cine.
-El de siempre. ¿Se puede ser peronista de más de una manera? Sigo siendo un militante que cree y ama esa doctrina que me enseñó a ver la vida distinta.
-¿De qué manera?, le repreguntó.
-Que uno no puede ser feliz en soledad. Que el gran motivo de felicidad es ver la felicidad en los demás.
Al preguntarle sobre su vínculo con la música, Ula rastrea en su propia memoria con muchas preguntas y, tal vez, una única certeza que lo describe como hombre de radio.
"¿Cuál habrá sido mi primer vínculo con la música? ¿Un arrorró que me ayudó a dormir, el aprendizaje del himno nacional en la clase de música en la escuela primaria, un enfervorizado cantito de cancha? Quién sabe... Seguro, un paso inicial fue la radio", arriesga en la entrevista con Página/12. "En los años 40 y 50, en mi casa familiar, se escuchaba radio, cuando este maravilloso medio ofrecía, de la mañana a la noche, todo tipo de variedades y géneros musicales, interpretados por figuras nacionales y extranjeras. Nada casualmente en el libro están entrevistados, entre muchos otros, Juan D'Arienzo, Pedro Vargas, Dámaso Pérez Prado y Antonio Tormo".
-¿Qué recordás de aquella infancia con la radio de fondo?
-Muchas emisoras tenían orquestas estables y hasta eficaces guitarristas o pianistas que acompañaban a los que, durante cada jornada, pasaban frente al micrófono. Aunque había programas con "selectas grabaciones" (así las presentaban los locutores) casi toda la música que salía de la caja mágica era en vivo. Nunca olvidé un programa que mi mamá no se perdía. Cada noche, mientras les daba el toque final a sus tareas domésticas, era oyente de un programa llamado Entre tangos y boleros. Sin sospecharlo también yo era oyente. Esa temprana banda musical me acompaña hasta hoy y pude reconocerla en mi condición de disc jockey aficionado eligiendo temas en cada programa de radio en los que trabajé. La gente escuchaba lo que salía de la radio y más temprano que tarde, iba a algún comercio a comprar su disco preferido, o también lo bailaba en milongas y clubes. Para completar mi incompleta formación musical, fui un chico de buen oído que estudió piano varios años y mucho más adelante batería, pero no me esforcé lo suficiente, y lo lamento.
-¿Por qué pensaste en la publicación de Notas musicales de un periodista cultural? ¿Cuál creés que es el valor del libro que recopila entrevistas a músicos hechas en distintas épocas?
-El libro es el resultado de la noble perseverancia de Leandro Donozo, el editor de Gourmet Musical. Mi primer libro, aparecido en 1969, fue una biografía, inicialmente autorizada sobre Palito Ortega y posteriormente desautorizada, judicializada, secuestrada e incinerada en un juzgado de Vicente López. Todavía conservo un ejemplar, debidamente recauchutado. En su momento había tenido siete u ocho entrevistas previamente consentidas con el ídolo de ese momento. Iba a su oficina (se llamaba Clan Ort, por Clan Ortega) con mi grabador portátil marca Geloso. Con esas cintas no fui tan cuidadoso como con mis impresos. ¿Dónde estarán? Donozo quería reeditarlo. Luego de pensarlo, creo que hice bien en decir que no.
-¿Por qué?
-Recuerdo aquella situación como algo sorprendente, difícil de explicar y doloroso. Era el año 1969, tenía 25 años, era mi primer libro. Me costó entender que no era solo una trapisonda que el mundo le tendía al joven periodista que era sino que podía ser una lección. Superarlo tuvo un costo pero por suerte no me paralicé: Notas Musicales es mi libro número 28. En mi ya larga tarea periodística hice entrevistas a músicos, cantantes, compositores, intérpretes, productores, disc jockeys. De a poco fui volviendo a ellos y entusiasmándome con la posibilidad de que recuperaran vida y actualidad en un libro, que compendiaran mis Notas Musicales. En relación al valor que pueda tener, no me toca decirlo a mí. Ojalá que lo digan los lectores. Aunque suene a frase hecha creo que, una vez publicado, el libro deja de pertenecerle al autor y pasa a ser un objeto de decisión del lector. Estoy seguro que cada una de las notas tienen el particular valor de haber sido escritas por un periodista respetuoso de la cultura, que ni antes ni ahora se presumía un especialista o un crítico, como tantos, muy buenos, que conocí: Jorge Aráoz Badí, Alfredo Rosso, Pompeyo Camps, Martín Pérez, Mariano del Mazo, Cynthia Lejbowicz, Jorge Andrés o Jorge Marziali, entre tantos.
-¿Cuál fue el criterio de selección de los artículos? ¿Se compilaron tal cual fueron publicados en cada medio o fueron reeditadas?
-El guardador de papeles que fui y todavía soy conservó cada una de las notas publicadas. Frente a la posibilidad de reunirlas en un libro aparecieron disponibles cientos de ellas sintetizando 63 años de actividad, aquí y también en México donde viví y trabajé. Sería un mentiroso si dijera que esos materiales ordenados en sobres pedían a los gritos transformarse en un libro. Pero cuando lo hojeo veo que el libro mantiene una unidad y, en especial, que me representa. Son cuarenta y pico de entrevistas, todas aparecidas en medios gráficos y algunas en medios digitales. A la mayor parte hubo que re tipearlas para abrirles las puertas al mundo digital, pero están tal y cual como salieron originalmente.
-¿Qué te pasa por la cabeza al momento de releer los artículos tantos años después? ¿Te reconocés? ¿Te avergonzás de algo? Vos mismo decís que pasaste de ser "canchero y rabioso" a "humano y esencial"...
-Me parece interesante advertir que no pienso igual que cuando se publicaron, me río de mi costado agresivo de los inicios, pero no polemizo y mucho menos me avergüenzo. Ni siquiera de los "Reportajes Insolentes" (así le habían puesto a esa sección en el semanario Confirmado), que hay varios en el libro. Traían el sello de un clima de época, en donde el sueño del cambio estaba a la vuelta de cualquier esquina. Yo también fui un genuino representante de esa época. Al punto que, delirio de pibe, creía que sería inmortal. Posteriormente vendrían dos o tres oportunos sopapos que me pegó la vida hasta hacerme entender que en una entrevista quien debía brillar era el entrevistado y no el entrevistador. Esa convicción me acompaña hasta hoy.
-¿Qué preguntas o comentarios te llamaron la atención al momento de releer sus notas? Alguna vez Jorge Guinzburg, con quién trabajaste en radio, me dijo que ya no podría volver a hacer "la pregunta para romper cubito" porque tenía demasiados amigos en el medio. ¿Te pasó algo similar con el "reportaje insolente"?
-Vivía en México y el recordado Aquiles Fabregat, factótum de la fundamental revista Humor, me pidió que entrevistara a Alfredo Zitarrosa, prócer del canto popular uruguayo que llegaba a radicarse en otro paso de su exilio. Lo busqué, él aceptó charlar y hubo un momento único: los dos pudimos decirnos que no nos caíamos simpáticos. Luego, por suerte, el diálogo fluyó y lo interesante le pasó por encima a lo urgente. Puedo decir que a la mayoría de los entrevistados llegué por la autopista de la admiración, de la curiosidad, del interés artístico y cultural que cada uno me provocaba y, por que no, por la colectora del cholulismo. Releo el libro y me impresiona la cantidad de preguntas que hice, cómo las hice y para qué las hice. Me gusta entender cuánto pude escuchar a mis interlocutores y cuanto aprendí de las respuestas que me dieron.
-En tanto especialista y conocedor de la historia de los medios de comunicación en Argentina, ¿cómo analizás la actualidad del periodismo en el país?
-Mucho de lo que hoy pasa en los medios argentinos (en todos) debe entenderse desde un proceso grave de precarización que todo lo atraviesa. Parafraseando al famoso poema-homilía del pastor Martín Niemoller se podría decir que, primero, los diarios y revistas prescindieron de los correctores y confiaron esa tarea fundamental a las computadoras. Pero como yo no era corrector lo dejé pasar... Luego se extendió la costumbre de dejar de pagar las colaboraciones en tiempo y forma, pero como ya había dejado atrás el rango de colaborador no le di la suficiente importancia... Después, en radio y televisión, impusieron como moneda de cambio que para estar frente a un micrófono unas cámaras había que buscarse anunciantes, pero como cobraba un sueldo fijo miré para otro lado... Ahora vinieron por todo. El periodismo tal cómo nos lo enseñaron, lo aprendimos y supimos ejercer dejó de ser lo que fue. Pero a esta altura las posibilidades de quejarse son pocas.
Fuente: Página/12 - Foto: Guadalupe Lombardo

