Está en la primera línea, es uno de los más bajos del grupo, se lo ve tieso, serio, hundido en el uniforme del presidio. A sus pies alguien tipeó el número 4. La foto fue tomada en Ushuaia en 1932, antes de partir hacia Buenos Aires; antes del fin. Tránsito Toledo cuenta en el libro Historia de la fundación y progreso de General Roca (1972), que "Mauricio Pérez, [era] un indiecito inteligente y fiel, que llevando dentro la rebelión de su raza se embanderó en las primeras luchas de justicia social y por ello fue llevado a la cárcel muriendo lejos de su pueblo natal".
Pocas palabras le dedicó Toledo al tipógrafo y militante de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), pero a pesar de lo breve, y del tono paternalista, esa mención es uno de los pocos testimonios hallados sobre el "buen operario", "personalmente muy bueno y correcto",
Incorporaron a los indios no solo en su condición de explotados, lo hicieron también en cuanto actores de la lucha emancipadora. Algo excepcional, porque las y los indios (al igual que las y los negros) poco aparecen en las historias obreras de Argentina de fines del siglo XIX y de las primeras décadas del XX. Incluso el discurso anarquista en aquellos tiempos, atravesado por la tensión civilización o barbarie, fluctuaba entre la admiración por el que había defendido su territorio, a pesar de la disparidad de fuerzas, y la imagen negativa, sinónimo de atraso; pasando, claro, por una serie de matices.
Los desposeídos
"El proletario indígena era el más pobre y el que peor vivía, siendo muy raro que lo hiciera en el pueblo con su prole; debía conformarse con hacer su rancho en campo fiscal del poco que quedaba o en la serranía próxima donde hubiera alguna aguada de donde salía ambulando por trabajo; también lo hacían en la costa del río donde formaban su mísera y sucia vivienda instalándose con su mujer y sus hijos", señala Toledo. Asegura, además, que "en las poblaciones no eran apreciados y tenían la fama de ser ‘indios ladrones', el mote discriminatorio que le adjudicaron los huincas, mientras se les despojaba impugnemente (sic) de sus tierras y modestos medios, como eran el lugar donde vivir y los animales de subsistencia".
El historiador también destaca que en las primeras décadas del siglo XX los mapuche y tehuelche intervenían en los trabajos más rudos que se realizaban en el Alto Valle del río Negro, el desmonte de los campos. "Ellos se unían en cuadrillas como los extranjeros y eran de origen de nuestras tierras y chilenos en especial ‘temucanos', como se les llamaba a los aborígenes oriundos de esa zona chilena."
Toledo hace hincapié en la laboriosidad de éstos y subraya que "a pesar de ello, tan mala fama se le había endilgado al indio, que se le consideraba inferior, aprovechándose esta circunstancia para pagarle menos jornal, situación que les deprimía y les llenaba de indignación".
El historiador roquense afirma que ante esa situación, en silencio, abandonaban el trabajo; pero no todos reaccionaban así.
"Nada indica que sientan nostalgia por la existencia de susque nació en Gral. Roca, Río Negro, en el seno de "una humilde familia local".
La historia de Mauricio Pérez es también historia colectiva, en ella están representados otros y otras. "Aquí también los ‘indios', los ‘gallegos' y los ‘gringos', se han hundido en estrecho y fraternal abrazo, para marchar unidos como un solo hombre bajo el rojo pendón de la F.O.R.A. Comunista", escribía Rafael Alcaraz, al referirse a la Sociedad de Oficios Varios de Cipolletti (La Protesta, 23.04.1922).
En menciones fugaces Toledo y Alcaraz incorporan a los indios al universo de los que crearon el Alto Valle del río Negro. No solo la inmigración europea y asiática conformó la clase obrera y forjó la riqueza valletana, algo tan obvio como solapado.
Uriburu, Villa Devoto, Ushuaia
En los primeros días de 1931 se sucedieron allanamientos y detenciones de militantes anarquistas en Río Negro, un despliegue represivo que no guardaba relación con las reducidas fuerzas de sus organizaciones.
El 19 de enero comenzaron las detenciones en Cipolletti, que se extendieron en tiempo y en espacio, concluyeron los primeros días de febrero y llegaron hasta Río Colorado. El 29 de enero Río Negro deslizó que a raíz de atentados explosivos perpetrados en Buenos Aires, el Gobierno Provisional había ordenado "una campaña en toda la República contra los elementos anárquicos". El 12 de febrero el periódico brindó más detalles, en el operativo habían detenido a diecinueve personas, la mayoría tenía antecedentes policiales y eran conocidas figuras peligrosas. De acuerdo a la versión policial, incautaron propaganda contra el Gobierno Provisional, "libros de química y textos sobre materiales explosivos".
Toledo afirma que fue muy recordada la detención de Mauricio Pérez, aunque no explica por qué. ¿Porque había nacido en el lugar, a diferencia de sus compañeros de desgracia? ¿Porque no volvió? Pérez fue trasladado a la cárcel porteña de Villa Devoto y alojado en el cuadro 3 bis, reservado para militantes anarquistas y comunistas. El 14 de agosto lo embarcaron rumbo a la Penitenciaría Nacional de Ushuaia. ¿Por qué lo trasladaron? Fue el único de los detenidos en Río Negro que corrió esa suerte, otro fue deportado (Mariano Rubio, que desembarcó en Montevideo y retornó al país), el resto permaneció Villa Devoto hasta su liberación el 20 de febrero de 1932.
En Tierra del Fuego estuvo una corta temporada. En marzo de 1932 llegó a Buenos Aires y el 13 de junio murió. El periódico anarquista La Protesta lo afirmó sin ambages, Asesinado por la dictadura. "Murió en el hospital Muñiz donde se atendía de una enfermedad gravísima y que trajo el camarada sobre sus espaldas, como una herencia de la trágica vida en Ushuaia". "Villa Devoto con sus camas heladas de mosaicos, con su sombra permanente, con sus bazofias nauseabundas. Y después Ushuaia". Además de las condiciones de encierro, denunciaba otras torturas. "Grande es la fuerza de aquel que cae por militante revolucionario, por consciente. Aguantó a Cernadas [el director del Penal], a Sampedro [el subalcaide] y a sus siervos borrachos. Vino con los arrancados de la muerte, con los compañeros llegados del Sur. Vino y murió". La Protesta no dudó: "Uriburu, Villa Devoto, Ushuaia: he aquí sus asesinos".
En la imagen se lo ve en primera línea, tieso, serio, hundido en el uniforme del presidio. Quizá la foto la tomaron poco antes de retornar a Buenos Aires. Mauricio Pérez tiene rostro, tiene cuerpo, tiene historia. Su rostro, su cuerpo, su foto, le prestan palabras a las historias no encontradas.