Corralito, motosierra y ancla: El diccionario del ajuste en ChubutPor Jorge Manuel Gil (*)
"Las metáforas no son adornos del lenguaje, sino
herramientas de demolición conceptual".
Ferrer, C. Análisis sobre el lenguaje y la violencia técnica. Bs As, 2026.
"La metáfora, tenga una finalidad u otra, siempre implica engaño,
decepción, como la mentira de aquel que pretende ser alguien
que no es, y muchas veces se usa para ocultar una intención".
Newmark, Peter. Manual de Traducción. Madrid. Ediciones Cátedra. 1995.
"Quien se expresa con metáforas aparentemente miente, habla en
forma confusa y sobre todo habla de otra cosa y proporciona una
información vaga. Por consiguiente, si un hablante habla violando todas estas máximas, y lo hace sin despertar sospechas de que es estúpido o necio, inmediatamente se activa una implicatura: es evidente que quería decir otra
cosa. Las mejores metáforas son las que muestran la cultura en acción".
Eco, U. Semiótica y filosofía del lenguaje. Editorial Lumen, 1990.
Las metáforas no son inocentes. Crean conciencia. El nuevo ciclo económico neoliberal se relata con imágenes de encierro, corte y sufrimiento. En la Patagonia, esas palabras pesan el doble.
Introducción
Metáfora es una palabra de origen griego que significa "traslación de significado". Una suerte de "yo transporto", como figura literaria que se refiere a una cosa mencionando otra de mejor capacidad descriptiva; es decir, es el desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad explicativa.
Las referencias que citamos muestran enfoques diferentes de interpretación de las metáforas. No es nuestro interés.
Al margen de esos enfoques en disputa, consideramos que no hay economía sin metáforas. Y conforman conciencia social y sentido común. Por eso es preciso analizarlas no como ficción literaria sino como constitutivas de la ideología.
Smith utilizaba la "mano invisible" para hablar del equilibrio de mercado. Keynes los "espíritus animales" para entender la especulación en finanzas. Marx explica la "mercancía fetiche" para ocultar el trabajo detrás del valor de los objetos. Perón hablaba de la "casa grande" donde vivir en comunidad y de la "torta" para repartir. Todas metáforas proactivas, blandas, que permiten un análisis desde cualquier ciencia humana, que ayudan a comprender.
Hoy, las metáforas son otras. Pesimistas, negativas, agresivas, destructivas, duras: corralito, motosierra, licuadora, ancla, grillete. Una conciencia del odio.
No explican. Amenazan. No integran. Castigan. Te voy a encerrar en un corralito. Te voy a aplicar la motosierra. Licuaré tu sueldo.
Leídas juntas conforman una gramática: las finanzas mandan, la política obedece y el dolor hoy es el precio de la salvación prometida y nunca alcanzada.
El corralito: el trauma que volvió amenaza
1° de diciembre de 2001. Cavallo limita la extracción bancaria a $250 por semana. "Corral" = encierro. Terminó con 39 muertos, un helicóptero y el fin de la Convertibilidad. 24 años después, el mismo Cavallo asesora informalmente al gobierno de Milei. Habla de "distorsiones" y "represión financiera". La diferencia es clave: el de 2001 fue desesperación. El de 2025 es preventivo.
No se llama corralito. Se llama cepo, brecha, reservas con deuda. Funciona igual: la plata no circula.
La memoria del trauma ahora es herramienta de gobierno: "Si no ajustás, volvés al corralito". El sujeto ajustado por el temor de acorralarlo.
En Chubut, el corralito tiene otro nombre: "la ruta 3 y la ruta 40 son intransitables". Encerrar la economía provincial es como encerrar Comodoro Rivadavia sin petróleo; Rawson sin pesca; o la cordillera sin turismo. El corralito financiero se ensaña con la Patagonia porque la plata de las ganancias de grandes empresas (PAE, YPF, Aluar, pesqueras, Benetton) que sale del Banco del Chubut hacia Buenos Aires no vuelve. Las reservas del Banco Central son el nuevo "corral" donde se guarda -para pagar deuda externa- el esfuerzo de los trabajadores petroleros, de las familias que cultivan los valles del Chubut medio y de las pymes que sobreviven en Trelew. Mientras la plata no circula, los pueblos de la Meseta se vacían y los jóvenes vuelven a hacer la maleta con destino a Neuquén o al exterior. El corralito de 2001 dejó cicatrices en Rawson; el de 2025, anunciado como "orden", es la misma jaula con otro candado.
Motosierra y licuadora: cortar y triturar
La "motosierra" es el símbolo de Milei. No es bisturí. Es ruido, es violencia, es talar de raíz. En economía significa: recorte del gasto público, Estado mínimo, despidos.
Tanto que hasta Kristalina Georgieva del FMI usó un pin con forma de motosierra en Washington en abril 2025. "Prefiero el pin a la real", le bromeó a Sturzenegger.
La anécdota lo dice todo: la real duele, es preferible tenerla lejos.
Pero la motosierra necesita a la "licuadora". Si una corta el gasto, la otra tritura el ingreso. La inflación (menor, pero inflación al fin) licúa salarios, jubilaciones y ahorros.
Milei mismo lo celebró: que la clase media venda "los dólares del colchón" para llegar a fin de mes.
No es efecto colateral. Es el plan. Mientras el Estado se achica, el poder de compra se evapora.
En Chubut, la motosierra tiene olor a bosque talado. No es una imagen metafórica, es una amenaza concreta: el recorte a los fondos de bosques nativos, el desarrollo de la megapinería de Benetton, la desfinanciación de los parques nacionales (Los Alerces, Lago Puelo) y el ajuste en las secretarías de ambiente que protegen la cuenca del río Futaleufú. Pero la motosierra más dolorosa es la que corta los puestos de trabajo del petróleo y del gas. YPF (antes), PAE, Pérez Companc y las operadoras en la Cuenca del Golfo San Jorge, Aluar en Puerto Madryn, el parque tecnológico de Trelew: todos miran con miedo el despido de personal y la quita de subsidios a la energía y el gas.
La motosierra no es un eslogan; es el sonido de una escuela rural cerrada en Cushamen, un hospital sin insumos en Esquel, una ruta provincial sin mantenimiento en Costa. Y la licuadora tritura los salarios de los estatales chubutenses que ya no llegan a fin de mes, mientras el Gobierno nacional licúa las coparticipaciones que antes financiaban obras en la provincia.
Ancla, grillete y guillotina: la economía del sometimiento
Las otras tres palabras describen el control.
Ancla cambiaria: Tipo de cambio fijo para "bajar la inflación". El problema: frena la economía, regala carry trade y vacía reservas. El ancla sujeta precios, pero también hunde la actividad.
Grillete: Encadenar la política monetaria. "Independencia del BCRA" = no emitir, no redistribuir. Se libera al mercado, se favorece a los especuladores y se encadena el consumo.
Guillotina fiscal: Corte seco. Sin gradualismo. Se bajan subsidios, partidas y programas de un día para otro para llegar al superávit. Cayó la cuchilla, listo.
En Chubut, el ancla no se llama "tipo de cambio", se llama "Puerto de Madryn sin actividad". Porque cuando el dólar se ancla, el turismo es más caro, el pescado se exporta pero el precio interno se desploma, y los trabajadores de la industria pesquera ven caer sus salarios reales. El ancla es la que frena el turismo internacional en la cordillera: el esquiador que venía a La Hoya y al Cerro Perito Moreno ahora prefiere Chile, donde el dólar rinde más. El grillete es la deuda que el Gobierno provincial arrastra desde 2016 con los holdouts, que ata cualquier posibilidad de financiamiento para obras hidroeléctricas como la represa del río Chubut o el acueducto del Valle. La guillotina cayó en cada uno de los 15 municipios de la provincia cuando se recortaron las partidas de ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que mantenían en pie los hospitales rurales de Paso de Indios, Gastre y Telsen. El someter se siente en el viento de la Meseta: la política obedece a Buenos Aires, y el dolor lo paga el chubutense.
Sinceramiento y milagro: el maquillaje del sacrificio
"Sincerar" hoy significa: sacar subsidios y mostrar el "precio real". Aunque ese precio sea impagable. Es transparencia que esconde brutalidad. El FMI ya habló de "autocracia neoliberal": ajuste por decreto, sin Congreso, sin debate. Todo esto se vende como "milagro". El dolor de hoy es la inversión para el paraíso de mañana.
Es la lógica religiosa del sacrificio: el mercado es Dios, y hay que ofrendar salarios y jubilaciones como tributo y pleitesía.
Ya la vimos con la Convertibilidad. Ya la vimos con el corralito.
En Chubut, el "sinceramiento" no es un acto de transparencia, es un acto de despojo. Sincerar el precio de la luz en una provincia donde el invierno dura meses y la calefacción es obligatoria para una mínima calidad de vida es condenar a las familias de Esquel y Trevelin a elegir entre comer o calentarse. Sincerar el gas en Comodoro, donde el frío y el viento hacen que la factura de servicios se coma el 30% del salario, es un castigo a quienes generan la energía que el resto del país consume. Sincerar el boleto de colectivo en Trelew es aislar a los barrios periféricos, donde el transporte es el único lazo con el trabajo.
El "milagro" que prometen desde La Rosada es el mismo que nos vendieron en los '90 cuando se privatizó Gas del Estado, que dejó a la Patagonia con el gas más caro del país. El mismo milagro que prometió la Convertibilidad y terminó en el corralito. El milagro, en Chubut, siempre tiene olor a nafta cara, a luz cortada, a salario congelado.
No es milagro: es sacrificio rural, el mismo que los pueblos originarios conocieron cuando les quitaron las tierras, el mismo que los colonos galeses sufrieron cuando el ferrocarril no llegó.
Contragramática: otras palabras son posibles
Si el poder financiero del establishment usa metáforas de destrucción, la política nacional y popular debería usar metáforas de construcción. Perón hablaba de "casa" y "torta". Hoy hace falta otro vocabulario:
El Taller en vez de la motosierra: Reparar, capacitar, invertir. Estado que organiza y engrasa, no que corta. En Chubut, el taller es el Polo Tecnológico, el Instituto de Investigaciones, las Universidades Nacionales formando técnicos para la industria energética, del petróleo y la pesca.
El Termo en vez de la licuadora: Que mantenga caliente el salario y la jubilación, las fuentes del consumo interno. Paritarias e indexación real. El termo es el que lleva el mate del trabajador rural en la meseta y del petrolero en los yacimientos, el que mantiene caliente el café del estibador en el puerto de Madryn, el que está presente en las aulas universitarias.
El Puente en vez del ancla: Un tipo de cambio que conecte con la industria, no con la bicicleta financiera. En Chubut, el puente es el que une Comodoro con Caleta Olivia, el que cruza el río Chubut y permite que la producción del Valle llegue a los mercados. Un puente que amplie los horizontes de cada región, que no ate.
La Red en vez del grillete: Salud, educación, comedores. Contención solidaria, no encierro. La red en Chubut es el sistema de salud pública que atiende en el Hospital Regional de Comodoro, el de Trelew, el de Esquel. La red de escuelas rurales que mantienen viva la cultura en la Meseta.
La Brújula en vez de la guillotina: Distinguir gasto inútil de inversión. Ajustar con criterio. La brújula apunta al desarrollo productivo: la energía eólica del viento chubutense, la acuicultura en la costa, el turismo sustentable en la cordillera, la agricultura familiar en los valles.
La Semilla en vez del milagro: Desarrollo es trabajo, ciencia y tiempo. No magia. La semilla es la siembra en el Valle del Chubut, la lana de la oveja que pastorea en la Meseta, el trabajo en los campos petrolíferos, el conocimiento que se gesta en las universidades. La semilla es la paciencia del labrador, no la prisa del especulador.
Epílogo para el debate chubutense
La economía no es una ley natural. Es una construcción social. Y en Chubut, como en el resto de la Patagonia, esa construcción tiene nombre propio: es el petróleo que se llevan sin dejar desarrollo, es el gas que calienta Buenos Aires mientras nosotros pagamos la factura más cara, es el pescado que se exporta congelado y vuelve como sushi a precio de oro.
Lo que se construye con palabras de destrucción, se puede reconstruir con palabras de creación. Estos nombres -corralito, motosierra, ancla- no describen desarrollo. Describen cautiverio. Todo lo contrario del buen vivir y de la libertad. Todo lo contrario del ñande reko que los pueblos originarios de la Patagonia practicaban, y de la solidaridad galesa que fundó escuelas y bibliotecas en el desierto.
Hoy, en Chubut, hacen falta metáforas que reinstalen la potencia de lo colectivo, la planificación y el cuidado humano y de los recursos naturales. Hace falta hablar de "el viento" que mueve los aerogeneradores y no la ruleta financiera. De "la marea" que sube y baja con el trabajo del puerto. De "la cordillera" que une y no separa. De "el río" que irriga y no ahoga.
Denunciarlos es el primer paso para soltarlos.
Pero el segundo paso, el más importante, es nombrar de otra manera. Es construir, desde cada valle, cada puerto, cada escuela y cada comedor, un vocabulario nuevo. Porque quien nombra el mundo, lo transforma. Y en Chubut, todavía estamos a tiempo de hacerlo.
(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).
Por Jorge Manuel Gil (*)
"Las metáforas no son adornos del lenguaje, sino
herramientas de demolición conceptual".
Ferrer, C. Análisis sobre el lenguaje y la violencia técnica. Bs As, 2026.
"La metáfora, tenga una finalidad u otra, siempre implica engaño,
decepción, como la mentira de aquel que pretende ser alguien
que no es, y muchas veces se usa para ocultar una intención".
Newmark, Peter. Manual de Traducción. Madrid. Ediciones Cátedra. 1995.
"Quien se expresa con metáforas aparentemente miente, habla en
forma confusa y sobre todo habla de otra cosa y proporciona una
información vaga. Por consiguiente, si un hablante habla violando todas estas máximas, y lo hace sin despertar sospechas de que es estúpido o necio, inmediatamente se activa una implicatura: es evidente que quería decir otra
cosa. Las mejores metáforas son las que muestran la cultura en acción".
Eco, U. Semiótica y filosofía del lenguaje. Editorial Lumen, 1990.
Las metáforas no son inocentes. Crean conciencia. El nuevo ciclo económico neoliberal se relata con imágenes de encierro, corte y sufrimiento. En la Patagonia, esas palabras pesan el doble.
Introducción
Metáfora es una palabra de origen griego que significa "traslación de significado". Una suerte de "yo transporto", como figura literaria que se refiere a una cosa mencionando otra de mejor capacidad descriptiva; es decir, es el desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad explicativa.
Las referencias que citamos muestran enfoques diferentes de interpretación de las metáforas. No es nuestro interés.
Al margen de esos enfoques en disputa, consideramos que no hay economía sin metáforas. Y conforman conciencia social y sentido común. Por eso es preciso analizarlas no como ficción literaria sino como constitutivas de la ideología.
Smith utilizaba la "mano invisible" para hablar del equilibrio de mercado. Keynes los "espíritus animales" para entender la especulación en finanzas. Marx explica la "mercancía fetiche" para ocultar el trabajo detrás del valor de los objetos. Perón hablaba de la "casa grande" donde vivir en comunidad y de la "torta" para repartir. Todas metáforas proactivas, blandas, que permiten un análisis desde cualquier ciencia humana, que ayudan a comprender.
Hoy, las metáforas son otras. Pesimistas, negativas, agresivas, destructivas, duras: corralito, motosierra, licuadora, ancla, grillete. Una conciencia del odio.
No explican. Amenazan. No integran. Castigan. Te voy a encerrar en un corralito. Te voy a aplicar la motosierra. Licuaré tu sueldo.
Leídas juntas conforman una gramática: las finanzas mandan, la política obedece y el dolor hoy es el precio de la salvación prometida y nunca alcanzada.
El corralito: el trauma que volvió amenaza
1° de diciembre de 2001. Cavallo limita la extracción bancaria a $250 por semana. "Corral" = encierro. Terminó con 39 muertos, un helicóptero y el fin de la Convertibilidad. 24 años después, el mismo Cavallo asesora informalmente al gobierno de Milei. Habla de "distorsiones" y "represión financiera". La diferencia es clave: el de 2001 fue desesperación. El de 2025 es preventivo.
No se llama corralito. Se llama cepo, brecha, reservas con deuda. Funciona igual: la plata no circula.
La memoria del trauma ahora es herramienta de gobierno: "Si no ajustás, volvés al corralito". El sujeto ajustado por el temor de acorralarlo.
En Chubut, el corralito tiene otro nombre: "la ruta 3 y la ruta 40 son intransitables". Encerrar la economía provincial es como encerrar Comodoro Rivadavia sin petróleo; Rawson sin pesca; o la cordillera sin turismo. El corralito financiero se ensaña con la Patagonia porque la plata de las ganancias de grandes empresas (PAE, YPF, Aluar, pesqueras, Benetton) que sale del Banco del Chubut hacia Buenos Aires no vuelve. Las reservas del Banco Central son el nuevo "corral" donde se guarda -para pagar deuda externa- el esfuerzo de los trabajadores petroleros, de las familias que cultivan los valles del Chubut medio y de las pymes que sobreviven en Trelew. Mientras la plata no circula, los pueblos de la Meseta se vacían y los jóvenes vuelven a hacer la maleta con destino a Neuquén o al exterior. El corralito de 2001 dejó cicatrices en Rawson; el de 2025, anunciado como "orden", es la misma jaula con otro candado.
Motosierra y licuadora: cortar y triturar
La "motosierra" es el símbolo de Milei. No es bisturí. Es ruido, es violencia, es talar de raíz. En economía significa: recorte del gasto público, Estado mínimo, despidos.
Tanto que hasta Kristalina Georgieva del FMI usó un pin con forma de motosierra en Washington en abril 2025. "Prefiero el pin a la real", le bromeó a Sturzenegger.
La anécdota lo dice todo: la real duele, es preferible tenerla lejos.
Pero la motosierra necesita a la "licuadora". Si una corta el gasto, la otra tritura el ingreso. La inflación (menor, pero inflación al fin) licúa salarios, jubilaciones y ahorros.
Milei mismo lo celebró: que la clase media venda "los dólares del colchón" para llegar a fin de mes.
No es efecto colateral. Es el plan. Mientras el Estado se achica, el poder de compra se evapora.
En Chubut, la motosierra tiene olor a bosque talado. No es una imagen metafórica, es una amenaza concreta: el recorte a los fondos de bosques nativos, el desarrollo de la megapinería de Benetton, la desfinanciación de los parques nacionales (Los Alerces, Lago Puelo) y el ajuste en las secretarías de ambiente que protegen la cuenca del río Futaleufú. Pero la motosierra más dolorosa es la que corta los puestos de trabajo del petróleo y del gas. YPF (antes), PAE, Pérez Companc y las operadoras en la Cuenca del Golfo San Jorge, Aluar en Puerto Madryn, el parque tecnológico de Trelew: todos miran con miedo el despido de personal y la quita de subsidios a la energía y el gas.
La motosierra no es un eslogan; es el sonido de una escuela rural cerrada en Cushamen, un hospital sin insumos en Esquel, una ruta provincial sin mantenimiento en Costa. Y la licuadora tritura los salarios de los estatales chubutenses que ya no llegan a fin de mes, mientras el Gobierno nacional licúa las coparticipaciones que antes financiaban obras en la provincia.
Ancla, grillete y guillotina: la economía del sometimiento
Las otras tres palabras describen el control.
Ancla cambiaria: Tipo de cambio fijo para "bajar la inflación". El problema: frena la economía, regala carry trade y vacía reservas. El ancla sujeta precios, pero también hunde la actividad.
Grillete: Encadenar la política monetaria. "Independencia del BCRA" = no emitir, no redistribuir. Se libera al mercado, se favorece a los especuladores y se encadena el consumo.
Guillotina fiscal: Corte seco. Sin gradualismo. Se bajan subsidios, partidas y programas de un día para otro para llegar al superávit. Cayó la cuchilla, listo.
En Chubut, el ancla no se llama "tipo de cambio", se llama "Puerto de Madryn sin actividad". Porque cuando el dólar se ancla, el turismo es más caro, el pescado se exporta pero el precio interno se desploma, y los trabajadores de la industria pesquera ven caer sus salarios reales. El ancla es la que frena el turismo internacional en la cordillera: el esquiador que venía a La Hoya y al Cerro Perito Moreno ahora prefiere Chile, donde el dólar rinde más. El grillete es la deuda que el Gobierno provincial arrastra desde 2016 con los holdouts, que ata cualquier posibilidad de financiamiento para obras hidroeléctricas como la represa del río Chubut o el acueducto del Valle. La guillotina cayó en cada uno de los 15 municipios de la provincia cuando se recortaron las partidas de ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que mantenían en pie los hospitales rurales de Paso de Indios, Gastre y Telsen. El someter se siente en el viento de la Meseta: la política obedece a Buenos Aires, y el dolor lo paga el chubutense.
Sinceramiento y milagro: el maquillaje del sacrificio
"Sincerar" hoy significa: sacar subsidios y mostrar el "precio real". Aunque ese precio sea impagable. Es transparencia que esconde brutalidad. El FMI ya habló de "autocracia neoliberal": ajuste por decreto, sin Congreso, sin debate. Todo esto se vende como "milagro". El dolor de hoy es la inversión para el paraíso de mañana.
Es la lógica religiosa del sacrificio: el mercado es Dios, y hay que ofrendar salarios y jubilaciones como tributo y pleitesía.
Ya la vimos con la Convertibilidad. Ya la vimos con el corralito.
En Chubut, el "sinceramiento" no es un acto de transparencia, es un acto de despojo. Sincerar el precio de la luz en una provincia donde el invierno dura meses y la calefacción es obligatoria para una mínima calidad de vida es condenar a las familias de Esquel y Trevelin a elegir entre comer o calentarse. Sincerar el gas en Comodoro, donde el frío y el viento hacen que la factura de servicios se coma el 30% del salario, es un castigo a quienes generan la energía que el resto del país consume. Sincerar el boleto de colectivo en Trelew es aislar a los barrios periféricos, donde el transporte es el único lazo con el trabajo.
El "milagro" que prometen desde La Rosada es el mismo que nos vendieron en los '90 cuando se privatizó Gas del Estado, que dejó a la Patagonia con el gas más caro del país. El mismo milagro que prometió la Convertibilidad y terminó en el corralito. El milagro, en Chubut, siempre tiene olor a nafta cara, a luz cortada, a salario congelado.
No es milagro: es sacrificio rural, el mismo que los pueblos originarios conocieron cuando les quitaron las tierras, el mismo que los colonos galeses sufrieron cuando el ferrocarril no llegó.
Contragramática: otras palabras son posibles
Si el poder financiero del establishment usa metáforas de destrucción, la política nacional y popular debería usar metáforas de construcción. Perón hablaba de "casa" y "torta". Hoy hace falta otro vocabulario:
El Taller en vez de la motosierra: Reparar, capacitar, invertir. Estado que organiza y engrasa, no que corta. En Chubut, el taller es el Polo Tecnológico, el Instituto de Investigaciones, las Universidades Nacionales formando técnicos para la industria energética, del petróleo y la pesca.
El Termo en vez de la licuadora: Que mantenga caliente el salario y la jubilación, las fuentes del consumo interno. Paritarias e indexación real. El termo es el que lleva el mate del trabajador rural en la meseta y del petrolero en los yacimientos, el que mantiene caliente el café del estibador en el puerto de Madryn, el que está presente en las aulas universitarias.
El Puente en vez del ancla: Un tipo de cambio que conecte con la industria, no con la bicicleta financiera. En Chubut, el puente es el que une Comodoro con Caleta Olivia, el que cruza el río Chubut y permite que la producción del Valle llegue a los mercados. Un puente que amplie los horizontes de cada región, que no ate.
La Red en vez del grillete: Salud, educación, comedores. Contención solidaria, no encierro. La red en Chubut es el sistema de salud pública que atiende en el Hospital Regional de Comodoro, el de Trelew, el de Esquel. La red de escuelas rurales que mantienen viva la cultura en la Meseta.
La Brújula en vez de la guillotina: Distinguir gasto inútil de inversión. Ajustar con criterio. La brújula apunta al desarrollo productivo: la energía eólica del viento chubutense, la acuicultura en la costa, el turismo sustentable en la cordillera, la agricultura familiar en los valles.
La Semilla en vez del milagro: Desarrollo es trabajo, ciencia y tiempo. No magia. La semilla es la siembra en el Valle del Chubut, la lana de la oveja que pastorea en la Meseta, el trabajo en los campos petrolíferos, el conocimiento que se gesta en las universidades. La semilla es la paciencia del labrador, no la prisa del especulador.
Epílogo para el debate chubutense
La economía no es una ley natural. Es una construcción social. Y en Chubut, como en el resto de la Patagonia, esa construcción tiene nombre propio: es el petróleo que se llevan sin dejar desarrollo, es el gas que calienta Buenos Aires mientras nosotros pagamos la factura más cara, es el pescado que se exporta congelado y vuelve como sushi a precio de oro.
Lo que se construye con palabras de destrucción, se puede reconstruir con palabras de creación. Estos nombres -corralito, motosierra, ancla- no describen desarrollo. Describen cautiverio. Todo lo contrario del buen vivir y de la libertad. Todo lo contrario del ñande reko que los pueblos originarios de la Patagonia practicaban, y de la solidaridad galesa que fundó escuelas y bibliotecas en el desierto.
Hoy, en Chubut, hacen falta metáforas que reinstalen la potencia de lo colectivo, la planificación y el cuidado humano y de los recursos naturales. Hace falta hablar de "el viento" que mueve los aerogeneradores y no la ruleta financiera. De "la marea" que sube y baja con el trabajo del puerto. De "la cordillera" que une y no separa. De "el río" que irriga y no ahoga.
Denunciarlos es el primer paso para soltarlos.
Pero el segundo paso, el más importante, es nombrar de otra manera. Es construir, desde cada valle, cada puerto, cada escuela y cada comedor, un vocabulario nuevo. Porque quien nombra el mundo, lo transforma. Y en Chubut, todavía estamos a tiempo de hacerlo.
(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).

